Apuntes del paso de Íñigo Errejón (Podemos, España) por Buenos Aires






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fecha de publicación23.09.2015
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Martín Szulman

Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires (UBA)

szulmanm@gmail.com
Apuntes del paso de Íñigo Errejón (Podemos, España) por Buenos Aires
Abstract:
La irrupción de los indignados como actor y sujeto político emergente de esta crisis económica que atraviesa Europa en general, y España en particular, el domingo 15 de mayo de 2011 en Puerta de Sol, Madrid, tomó a todo mundo por sorpresa. Los altos niveles de aprobación que obtuvieron dichas protestas, en contraposición con la creciente deslegitimación de la clase política española, colocó en una posición incómoda a los principales actores políticos tradicionales desde la sanción de la Constitución en 1978. Sin embargo, la necesidad de “dar el salto político” hacia la disputa electoral, sumada a la falta de representatividad del conjunto del arco político, no tuvo otra consecuencia que la aparición de Podemos para ocupar ese vacío en la sociedad española. El paso de Íñigo Errejón por Buenos Aires el pasado marzo en el marco del Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad, dejó varias puntas de análisis acerca de este fenómeno llamado Podemos que son dignas de repasar. Crisis orgánica, ruptura del Contrato Social, identidades, guerras de posiciones, Grecia y Syriza, América Latina, Izquierda Unida y la Casta son algunas categorías que están comprendidas en este análisis y que invito a pensar y a reflexionar.

Apuntes del paso de Íñigo Errejón (Podemos, España) por Buenos Aires
Introducción
Entre el pasado 12 y 14 de marzo, se desarrollaron las jornadas del Foro por la Emancipación y la Igualdad, organizado por la Secretaría Estratégica del Pensamiento Nacional que conduce el filósofo e intelectual Ricardo Forster. Dicho evento albergó la visita de diversos referentes del pensamiento académico y político de 17 países de América y Europa. Entre ellas, se destacó la presencia de Íñigo Errejón, Secretario Político y Jefe de Campaña de Podemos; la fuerza política emergente del movimiento social en España conocido como 15-M, que como vienen marcando algunas de las principales encuestas, lidera la intención de voto en España para las elecciones generales que se desarrollarán durante año en éste país.
Errejón, de 31 años y doctor en ciencia política por la Universidad Complutense de Madrid, disertó en dos mesas del foro desarrollado entre el jueves 12 y sábado 14 de marzo último en el teatro nacional Cervantes. Allí compartió la mesa titulada “América Latina y Europa en espejo” junto a el director del prestigioso diario francés Le Monde Diplomatique, el español Ignacio Ramonet, y el actual vicepresidente de la República Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera. En la jornada del sábado coincidió en la mesa denominada “La Nueva Generación ante la disputa del presente” junto al ministro de economía argentino, Axel Kicillof; la líder del movimiento estudiantil chileno y actual diputada nacional por el Partido Comunista Chileno (PCCh), Camila Vallejo; la juvenil presidenta de la Cámara de Diputados de la República del Ecuador, Gabriela Rivadeneira; la eurdopituada portuguesa por el Bloco de Esquerda e integrante del bloque Partido de Izquierda Europea en el Parlamento Europeo, Marisa Matias; y el presidente de Aerolíneas Argentinas, dirigente de La Cámpora y precandidato a Jefe de Gobierno por el Frente Para la Victoria (FPV), Mariano Recalde. A su vez, Errejón disertó en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Desde su irrupción en al arena política, sorprendiendo a todos al convertirse en la cuarta fuerza del país con 1.253.837 votos (7,98%) y la obtención de cinco escaños en el Parlamento Europeo, Podemos se ha instalado como la principal amenaza de los dos partidos tradicionales de España; el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En octubre último, el escenario político español se vio sacudido cuando el diario El País publicó un estudio de la consultora Metroscopia donde revelaba que Podemos encabezaba la intención de voto para las elecciones generales, superando a los partidos tradicionales. A partir de allí, dejaba de existir como la amenaza latente que podía ser parte del momento de descontento social que atraviesa la sociedad española, para pasar a ser una fuerza con capacidad de disputa de poder y de romper el contrato político hispánico.
En este sentido, la relevancia del paso por Buenos Aires, convirtiéndolo en casi un rockstar, del que es considerado como el ideólogo de Podemos, es que sus palabras y su análisis tienen la impronta que reviste y nace en mi interés por entender este fenómeno que si bien es español, también tiene un anclaje de carácter continental.
¿Qué es Podemos?, ¿Cómo concibe la crisis española?, ¿Cuáles son sus perspectivas para el 2015?, ¿Qué relación tiene con América Latina?, ¿Es un fenómeno exclusivamente español o de mayor trascendencia?, ¿Qué alcance hay con Syriza y Grecia?
El punto de partida: 15-M
Definitivamente no se puede comprender el fenómeno de Podemos, ni empezar a hablar de él, sin primero observar lo que en España se conoció como el Movimiento 15-M de los indignados.
El domingo 15 de mayo de 2011, se produjo de forma espontánea el acampe de un puñado de personas en la histórica plaza Puerta de Sol, en Madrid. Pese a ser desalojados al día siguiente, miles de personas decidieron volver a Sol y continuar con el acampe. El efecto inmediato de bola de nieve que tuvo tal fenómeno, produjo que en las semanas subsiguientes se diera un apoyo masivo de miles y miles de españoles. Sin embargo, la derecha gobernante cometió la torpeza de volver a reprimir, pensando que eso espantaría a los poco organizados manifestantes y que todo culminaría allí. El resultado fue el contrario: el acampe en Sol no sólo se multiplicó, sino que se reprodujo en más de 200 acampes según los organizadores en distintas plazas del país ibérico y en otras partes de Europa y el mundo [1]. Aunque sin forma ni definiciones concretas y con ideas difusas en cuanto al qué querían y al cómo volver efectivas sus demandas, este conglomerado de manifestantes conformado en un principio por pequeños colectivos como #DemocraciaRealYA (DRY), Juventud sin Futuro o Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), más las decenas de miles de ciudadanos españoles sin pertenencia a algún colectivo que se acoplaron a las protestas, eran ya conocidos en el mundo como los Indignados españoles. Los apoyos eran más que importantes: la consultora Simple Lógica indicaba que el 73,3% de los españoles aprobaba las manifestaciones producidas desde el 15 de mayo, sobre todo en la franja joven donde el apoyo superaba más del 80% [2].
El éxito inicial que tuvo la irrupción en la arena política y social de los Indignados no podía quedarse en el acampe de Sol y otras plazas. Este emergente como producto de la crisis económica española iniciada en 2008, mantenía demandas claras como la promoción de una democracia más participativa y más allá de la alternancia bipartidista del PP y el PSOE, el fin del control político y económico por parte del sistema bancario y financiero y una reformulación de la democracia como mecanismo de inclusión y protección social. Sin embargo, la falta de horizonte y plataforma político-partidaria que carecía el movimiento, anunciaba una premisa clara y concisa: la indignación debía convertirse en organización.
Estos acontecimientos y reflexiones, sumados a los arrasadores triunfos del PP en las elecciones municipales, autonómicas y generales de 2011; la continuidad del bipartidismo pese a las inmensas manifestaciones y su efecto rebote; y la falta de una alternativa real de gobierno, eran seguidas con atención por los promotores de Podemos.
En este sentido, Iglesias, Errejón, Monedero y compañía lograron distinguir dos rasgos inmediatos de esta efervescencia social: por un lado que los actores que tradicional y, hasta natural y teóricamente, debían ser los que conduzcan el proceso movilizador, los sindicatos como la Unión General de Trabajadores (UGT) o Comisiones Obreras (CC.OO.) y la izquierda partidaria tradicional representada en Izquierda Unida (IU), no eran quienes dirigieron a semejante masa movilizada. Por el contrario, estos actores políticos ocuparon un lugar de espectadores y hasta eran vistos con bastante rechazo; rechazo que se vio cristalizado en las elecciones generales de noviembre, donde si bien la IU logró aumentar su caudal de votos y escaños, seguía ocupando un lugar marginal en el tablero político. Quienes sí participaban, aunque sin la capacidad ni la estructura política de dirigir este desborde, producto de la naturaleza del mismo, fueron actores emergentes como la PAH, Juventud sin Futuro, DRY y otros tantos.
El segundo aspecto que lograron distinguir los futuros impulsores de Podemos, fue que las demandas, y también los demandantes, no se reclamaban como demandantes ni demandas de izquierdas o derechas. No eran demandas ideologizadas, ni revolucionarias ni con algún carácter por las que se las pueda pensar como una cepa pre-revolucionaria. De hecho, eran reclamos bastante liberales (en los términos que concebimos al liberalismo en la Argentina) o más bien conservadores o de centro en términos más propios. Así, intuyen que la contradicción fundamental o la dicotomía actual no es más izquierda-derecha, sino entre las grandes mayorías (categorizadas como ciudadanos) y una élite gobernante a la que categorizaron como la casta. Es decir, ahora la disputa de poder era entre los muchos versus los pocos; ahora la realidad se lee ciudadanos-casta.
Así, entendieron que el 15-M dejaba dos consignas de referencia dominante en el nuevo escenario sociopolítico español: “Democracia real ya” y “No nos representan”. En otras palabras, el Contrato Social que regía desde el fin del franquismo y, más precisamente, a partir de la sanción de la Constitución de 1978, se había roto; pero además el sistema bipartidista ya no generaba representación en las grandes mayorías, como así tampoco lo hacían las organizaciones teóricamente representativas del interés de ellas. Comprendieron a su vez, como bien lo expone Pablo Rodríguez Suanzes, que “algo se había roto en el mecanismo de transmisión del mensaje político. Y por ello se abría, por primera vez en mucho tiempo, un espacio valiosísimo en el espectro político que se podía ocupar” [3]. A raíz de ello, lograron concluir su análisis bajo la idea de que en España se agotó el ciclo político que rige desde hace cuarenta años y que se vive un momento de excepción [4]. Así, en esa excepcionalidad es que se abre juego para el surgimiento de una fuerza como Podemos que logre “ocupar la centralidad del tablero político” [5].
Contrato Social y Crisis Orgánica
Durante la primera exposición de Íñigo Errejón, en el marco de la mesa “América Latina y Europa en espejo”, en el Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad, el Secretario Político y Jefe de Campaña de Podemos, afirmó que España atravesaba un momento decisivo de su historia, pero que esa determinación también lo era para el conjunto de Europa. En este sentido, elaboró un profundo diagnóstico que a su juicio permite entender la situación política actual en este país. Dicho diagnóstico, al cual apela fuertemente a elementos y conceptos de la obra del italiano Antonio Gramsci, parte de lo que denomina “el agotamiento del ciclo político abierto por la Constitución de 1978”. [6] Así como también de sus actores y consensos fundamentales, sus principales instituciones, certezas y también de un tipo de articulación social. Como última noción introductoria, añade que estos elementos son los que conforman el bloque de poder que ha regido la vida de España durante los últimos 35 años, por lo que se permitió precisar que se está en presencia de una verdadera crisis orgánica del régimen circunscripto a la Constitución de 1978.
De esta forma, Errejón planteaba que esta crisis orgánica se ordena y explica sobre la base de siete puntos fundamentales. Al primero lo señala como la ofensiva oligárquica. Allí destaca el desarrollo de un proceso por el cual los sectores privilegiados y dominantes han roto los principales consensos y compromisos, es decir, que han roto el Contrato o Pacto Social que rigió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa: el Estado de Bienestar. La ruptura de este Contrato Social, implica el desequilibrio en la convivencia de los diversos sectores y estratos que componen las sociedades particularmente europeas, lo que en una construcción conceptual implicaría decir que se han roto las garantías y el acuerdo social. En este sentido, Errejón puntea que la consecuencia directa es el avance En el Estado de estos sectores de privilegio por sobre los subalternos, provocando concentración de la riqueza, poder y capacidad en las directrices del Estado. Mientras que los efectos sobre su contracara no serán otros que el empobrecimiento, el aumento de la brecha entre éstos últimos y los primeros, y un distanciamiento de la participación en la vida política. En resumen, este primer punto lo nomina como la ruptura de los compromisos por parte de los sectores favorecidos.
En segundo lugar, el desprestigio de los actores políticos fundamentales y la pérdida de cohesión de las élites. Aquí subraya la crisis de representación en la que está sumergida España: “mandan porque mandan”, “voto, pero no me ilusiona”, “voto pero no me entusiasma”, “voto pero ya no me lo creo”. Es decir, ya no son capaces de representar las esperanzas de progreso y avance de las grandes mayorías. Votan, pero votan con desgano, con desinterés y sin ilusión. Sin embargo, Errejón afirma que esa situación se está desarmando y que viene con el fin del ciclo político. En otras palabras, avista la apertura de un nuevo ciclo en base a que la gente esta encontrando en Podemos una alternativa a esa enorme desilusión.
En tercer orden, la crisis de las instituciones y del Estado de derecho. Bajo ese rótulo, pretende explicar la complejidad del entramado que se ha edificado entre las instituciones públicas y las corporaciones económico-financieras. Este entramado ha provocado una escisión de lo que es, o debiera ser, el Estado de derecho y su correcto funcionamiento.
El cuarto elemento de esta crisis orgánica es catalogado como la crisis del modelo de desarrollo. Aquí explica que el modelo de desarrollo español con las recientes turbulencias financieras, se ha mostrado extraordinariamente débil. Con este carácter, expulsa a sus jóvenes más formados, ya que, al aceptar las condiciones de la Unión Europea que lo condena a ocupar un papel de economía periférica, los obliga a salir a buscar en los países centrales mayores y mejores posibilidades de desarrollo profesional. Así, el país queda relegado a los márgenes de la economía europea, con servicios de bajo valor agregado, poco conocimiento, librada a la especulación y al turismo. En consecuencia, no encuentra más remedio que competir por devaluación salarial, de derechos, de garantías sociales y de servicios públicos. Concluyendo que en la caracterización de la sociedad para los sectores dominantes, ésta se divide en tres tercios, en donde afirma que “un tercio les sobra y al otro lo relega”.
En quinto lugar, subraya con ímpetu la crisis de las promesas de certidumbre y de ascenso social, y tiene que ver con la idea de que cada generación viviría mejor que la anterior, es decir, la idea del progreso y la movilidad social ascendente. Esto –señala Errejón– se ha quebrado y afecta profundamente a las capas medias, donde antigua y tradicionalmente tenían la certidumbre de que si cumplían con una serie de itinerarios o pasos, se verían recompensadas con el ascenso social individual. Esas razones que ayer llevaban a votar al PP o al PSOE sin distinción, ya que ambos mantenían ese consenso, se ha quebrado y hoy se traduce en una pérdida de lealtad de estos sectores.
En sexto lugar, la importancia de Europa. Este punto se monta sobre el trazado de un eje geopolítico claro: Madrid-Bruselas-Berlín-Atenas. Eje que ya fue roto por Atenas con el triunfo de la coalición de izquierdas, Syriza, encabezada por Alexis Tsipras. Pero este eje o alineamiento común, explica Errejón, funcionaba con la política de austeridad como principal articulador del paquete de medidas aplicadas en países como España y Grecia, e impartidas desde Bruselas y Berlín. Así, se lograba un sometimiento tal que se logró instalar que “no se puede hacer otra cosa porque viene de Bruselas, si no hacemos esos deberes vamos a caer en un pozo de atraso, de pobreza, de caos”. Precisamente, coloca a Grecia como ejemplo del resquebrajamiento de esas premisas que revela dos cuestiones. Por un lado el despliegue del colapso institucional. Sin embargo, señala que este colapso institucional no los sitúa tanto a Syriza como a Podemos al frente de una visión euroescéptica o contrarios a la idea de Europa, sino que, por el contrario, apuntan contra las élites financieras quienes han conducido a tal colapso. Mientras que por otro lado, signa lo que denomina el margen de la política, es decir quiénes son los actores reales del juego de la política. Con esto, destaca que en Grecia los márgenes se han corrido para que una gran coalición de izquierdas, Syriza, pase a ocupar la centralidad en el tablero político. Esto fue tomado en cuenta por los sectores conservadores de España (y por qué no también del resto de Europa Central), en donde entendían que entre Grecia y España existía una correlación y un silogismo claro: si ganaba Syriza, gana Podemos. Lo cual fue reflejado en que Mariano Rajoy se traslade hasta Atenas para dar su apoyo al candidato conservador y entonces Primer Ministro, Antonis Samarás, mientras que por el otro lado, Pablo Iglesias participaba del cierre de campaña de Tsipras.
El séptimo y último punto o elemento para entender la crisis orgánica en España es definido como el Movimiento 15-M. Este movimiento, que es entendido como el sujeto político nacido del ciclo de protestas y movilización colectiva, es el que ha recuperado la política para la gente corriente, explica Errejón. En este sentido, centra su análisis de este punto en la idea de que en España no se vive una crisis de Estado, es decir, no va a quebrar el ordenamiento territorial ni el monopolio de la violencia legítima. Lo que ocurre es que hay una crisis de régimen político, lo que en otras palabras significa que hay una crisis de representación, una disociación entre la clase política y el conjunto de la sociedad. Así, avanza sobre la idea de que la acumulación de protestas no fuera suficiente, lo cual no las coloca como inútiles, sino que expresa que con protestar no alcanza, ya que sólo con ellas no se ha logrado alterar los equilibrios de poder en el Estado. Allí Errejón discute con la posición que sitúa por estas razones al Movimiento 15-M como impotente por no alterar dicho orden, como contra quienes sostienen una posición de que éste debe mantenerse por fuera de las esferas de disputa del poder estatal. Por tanto, ofrece una visión superadora de estas perspectivas al decir si bien no consiguió alterar el equilibrio de dicho poder, logró instaurar un nuevo clima de época que contribuyó a incomodar a las élites. Y es gracias a este movimiento que se han abierto posibilidades políticas en España para quienes siempre estuvieron al margen de la disputa de poder, para la gente corriente [7].
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