13 transformaciones económicas. Proceso de desamortización y cambios agrarios. Las peculiaridades de la incorporación de españa a la revolución industrial. Modernización de las infraestructuras: el impacto del ferrocarril






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fecha de publicación16.08.2015
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13.1. TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS. PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS. LAS PECULIARIDADES DE LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. MODERNIZACIÓN DE LAS INFRAESTRUCTURAS: EL IMPACTO DEL FERROCARRIL.
1. INTRODUCCION.
La evolución de la economía española se enmarca en el contexto de la revolución industrial europea, en este ámbito el S. XIX español fue un periodo de lento crecimiento y atraso y, aunque en algunas zonas se inicia tempranamente, España formó parte del conjunto de países y regiones periféricas de deficiente industrialización.
Podemos dividir el periodo en dos fases:

a) Primera mitad del S. XIX (hasta los años 40): fase de estancamiento, marcado por las guerras y la pérdida de las colonias. Se mantienen las estructuras económicas del Antiguo Régimen.

b) Segunda mitad del S. XIX: Se produce la progresiva implantación del liberalismo económico. Fase de crecimiento lento, mayor durante la Restauración debido a la mayor estabilidad social.

2. TRANSFORMACIONES AGRARIAS. EL PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN.
La agricultura fue la principal actividad económica durante el siglo; generaba más de la mitad de la renta nacional y ocupaba a dos tercios de la población activa. A lo largo de este periodo sufre importantes transformaciones, sobre todo en lo que se refiere al régimen de propiedad: se llevan a cabo tres medidas fundamentales:


  • La supresión de los mayorazgos (Mendizabal, 1836) que transformó los bienes vinculados a ellos en propiedades plenas y libres.

  • Abolición del régimen señorial (Mendizabal, 1837).

  • Las desamortizaciones, que consistieron en la expropiación, por parte del Estado, de las tierras eclesiásticas y municipales para su posterior puesta en venta a particulares en pública subasta. Aunque se dieron algunos precedentes (la inicia ya Godoy, se contempla en la legislación de las Cortes de Cádiz y se retoma durante el Trienio) el verdadero proceso desamortizador se desarrolló a partir de 1837. No fue un proceso homogéneo, sino que sufrió avances (durante los gobiernos progresistas) y retrocesos (con los moderados). Se realiza fundamentalmente en dos fases:

    • La desamortización de Mendizabal, (ley de 1837) también llamada religiosa, consistió en la supresión de las órdenes religiosas regulares, excepto las dedicadas a la enseñanza o al cuidado de hospitales, con la consecuente nacionalización de sus bienes.

    • La desamortización de Madoz (ley de 1855), incluía todo tipo de tierras: las de la iglesia, aún no vendidas y las de los municipios.


Objetivos de las desamortizaciones:

1. El prioritario fue conseguir ingresos extraordinarios para pagar la deuda pública y obtener nuevos fondos para costear la guerra carlista y para financiar la construcción de infraestructuras (sobre todo la de Madoz).

2. El objetivo político consistía en ampliar el número de simpatizantes del liberalismo entre los compradores de bienes desamortizados.
Consecuencias:

1. Se redujo la deuda pública y aumentó la superficie cultivada y la producción.

2. La estructura de la propiedad no varió significativamente.

3. Se beneficia sobre todo la alta burguesía y la nobleza y salen perjudicados los campesinos (a los que no se les reconocieron sus derechos sobre las tierras señoriales o municipales, ni se les facilitó el acceso a las tierras desamortizadas) y el clero, que se aleja del liberalismo y apoya al carlismo.

4. No estimuló el desarrollo industrial ni la modernización del país, al contrario, fue, posiblemente, una de las causas del retraso de la revolución industrial, ya que desvió capital privado de la industria a la compra de tierras.
Al margen de las transformaciones en el régimen de propiedad, en lo que se refiere a las innovaciones técnicas, la agricultura española permaneció estancada y pese a que aumentó la superficie cultivada y la producción, la productividad lo hizo muy poco.
Pese a todo, se producen algunas importantes novedades como el retroceso de la transhumancia (debido a la utilización de piensos y la estabulación) y el aumento de la especialización regional y, aunque el cultivo tradicional de vid, olivo y sobre todo cereal, sigue siendo el dominante, se desarrollan los cultivos especializados dedicados a la exportación (vino, aceites, cítricos…).
Pero las transformaciones no serán generales, sino que se limitan a zonas concretas, fundamentalmente periféricas, destacando Cataluña, Levante y la cornisa cantábrica. Al final del periodo la actividad agraria seguía siendo la más importante de la economía nacional, en 1900, el sector agrario representaba el 40% del total del producto nacional y ocupaba al 70% de la población activa.

3. LAS PECULIARIDADES DE LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
A grandes rasgos podemos establecer dos rasgos peculiares en la industrialización española.
3.1. EL ATRASO CON RESPECTO A OTROS PAÍSES EUROPEOS: El desarrollo industrial español fue lento, incompleto y desequilibrado, debido a múltiples razones:
a) Atraso de la agricultura, que no cumple su papel impulsor en el proceso de industrialización.

b) Escasez de fuentes de energía y materias primas: sobre todo del carbón (fundamental en la primera revolución industrial), que se concentraba en Asturias y León, pero era escaso, caro y de baja calidad.

c) Retraso en la explotación minera: España era rica en algunas materias primas minerales (hierro, plomo, cobre, pirita, mercurio y cinc) pero la minería permaneció prácticamente inactiva hasta el último tercio del siglo.

d) Dificultades del transporte: consecuencia del relieve, la falta de ríos navegables y el endémico bandolerismo. La falta de una red de transportes adecuada dificultó la articulación del mercado nacional.

e) Falta de capitales, tanto públicos como privados.

  • Público: la deuda pública no dejó de crecer a lo largo del siglo (guerras, pérdida de colonias, reforma de la hacienda insuficiente…).

  • Privado: buena parte del capital privado no se dirige hacia la industria sino hacia la compra de bienes desamortizados, la deuda y la especulación.

  • Como consecuencia se produjo un predominio del capital extranjero, francés (63%) y británico (21%) fundamentalmente dirigido hacia la compra de deuda, ferrocarril y minería. La entrada de capital extranjero contribuyó a la industrialización del país aunque, como es lógico, orientándose más hacia el beneficio del país inversor que al de España y generando una dependencia técnica del exterior.

f) Otras causas que explican el atraso industrial fueron:

  • La escasez del mercado interno: raquítico por el bajo nivel de vida de la mayoría de la población.

  • La política proteccionista que se mantuvo, aunque con altibajos, durante todo el siglo. Como consecuencia los productos españoles fueron poco competitivos en el mercado internacional (más caros y de menor calidad)

  • La falta de una mentalidad empresarial: excepto en Cataluña, en la sociedad española predominaba la mentalidad aristocrática.

  • Razones de índole política como las continuas guerras, la pérdida de territorios americanos y los constantes conflictos revolucionarios.


3.2. EL CARÁCTER LOCALIZADO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN.
El desarrollo industrial se limitó, prácticamente, a dos focos periféricos: la textil catalana y, a finales de siglo, la siderurgia vasca.
A) Industria textil catalana:

Sigue el modelo inglés: predominio de la mediana empresa de carácter familiar y utilización de capitales autóctonos (autofinanciación). Su prosperidad se debió a:

  • La burguesía catalana era emprendedora (tradición medieval) y supo modernizar sus industrias desde muy pronto con la incorporación de máquinas y nuevas técnicas de producción.

  • La protección arancelaria le permitió orientar su producción hacia el mercado nacional sin tener que soportar la competencia inglesa.

  • La existencia de materia prima abundante y barata: el algodón cubano (Indianas).

Su fase de mayor expansión se produce durante el reinado efectivo de Isabel II, en torno a Barcelona.

B) Siderurgia:

La localización de la siderurgia fue variando a lo largo del siglo:

  1. Primero en Andalucía (Málaga), para explotar los yacimientos de hierro de la zona.

  2. El segundo intento tuvo como escenario Asturias, que contaba con abundante carbón.

  3. Por último, en la última década del siglo XIX se impone la siderurgia vasca. A partir de 1880 el País Vasco se puso a la cabeza de la siderurgia española, acaparando el 83% de la producción.

    • El despegue vasco se produce en torno a Bilbao, gracias a la abundancia de hierro de la zona y a la compra de carbón inglés (más caro que el asturiano pero de alta calidad y, por tanto, más rentable).

    • A diferencia del textil catalán, se caracterizó por su alta concentración industrial y su alto nivel tecnológico (propio de la segunda revolución industrial). Paralelamente a la siderurgia, sobre todo a partir de 1914, se desarrolla una importante industria metalúrgica de transformación.


Al margen de estos dos grandes núcleos, se desarrollan otra serie de actividades industriales, (que, en realidad, se constituyen como las verdaderamente representativas del siglo XIX español), en pequeñas fábricas muy diversificadas como harineras, conserveras, colorantes, explosivos, astilleros… Por último debemos prestar atención a la Minería, sector en el que, a partir de 1868 con la promulgación de la Ley de Bases sobre Minas (que facilitaba la llegada de capital extranjero que los extraía para su exportación en bruto a sus países de origen), creció con fuerza: cobre (Riotinto), plomo (Linares), mercurio (Almadén), plata, carbón, hierro, zinc... España se convirtió en un importante exportador de minerales. Al estar en manos extranjeras, una buena parte de los beneficios salieron del país, aunque otros se reinvirtieron aquí, contribuyendo al desarrollo económico.
En conclusión: pese a que se produce un obvio crecimiento industrial y se sientan las bases del desarrollo posterior, España al final del siglo sigue siendo un país poco desarrollado en relación con otras potencias europeas.

4. MODERNIZACIÓN DE LAS INFRAESTRUCTURAS. EL IMPACTO DEL FERROCARRIL.
Paralelamente al desarrollo económico se produce una modernización de las infraestructuras (carreteras, puertos, pantanos…). De entre todas destaca, por su impacto, el ferrocarril. Su construcción se inició tarde y se llevó a cabo demasiado deprisa.

  • Las primeras líneas férreas son tramos cortos: Barcelona-Mataró en 1848, Madrid-Aranjuez en 1851.

  • En 1855 se promulga la Ley de Ferrocarriles que inicia la fiebre constructora (55/66). Esta ley concedió enormes privilegios a las compañías constructoras (subvenciones, desgravación, importación de materiales…) y facilitó la llegada de capital y tecnología extranjeras (fundamentalmente francés). El impulso partió del Estado que subvencionó la construcción con la condición de que las líneas férreas construidas pasaran a ser de propiedad estatal transcurridos 99 años. Todo ello tuvo una serie de consecuencias negativas:

    • No estimuló la siderurgia nacional (a diferencia de otros países) ya que las compañías extranjeras importaban material ferroviario. A largo plazo implicó una dependencia tecnológica.

    • Su planificación fue irracional, al final existían medios de transportes pero apenas había mercancías que transportar.

  • La fiebre constructora se interrumpió con la crisis financiera del 66. Con la Restauración se inició un nuevo impulso constructor. A comienzos del siglo XX existían más de 11.000 Km. de líneas férreas.


Se planteó un modelo radial de construcción, es decir un modelo centralizado, más por razones de rentabilidad económica que por cuestiones políticas y se cometió el error de utilizar un ancho de vía superior al del resto de Europa.

TEMA 13.2. TRANSFORMACIONES SOCIALES. CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO. DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA SOCIEDAD DE CLASES. GÉNESIS Y DESARROLLO DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ESPAÑA.
I. EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA.

La población española se caracterizó a lo largo del periodo que estudiamos por:
A. Lento crecimiento: a lo largo del siglo la población crece: pasamos de 10,5 millones de habitantes en 1797 a 18,5 en 1900, pero por debajo de la media europea. Este lento crecimiento se debe al mantenimiento de altas tasas de mortalidad y a la persistencia de la mortalidad catastrófica. Podemos afirmar, por tanto, que a lo largo del siglo XIX España se mantiene dentro del ciclo demográfico antiguo (altas natalidad y mortalidad) y, excepto en Cataluña, la transición al ciclo moderno (alta natalidad, baja mortalidad) no se produce hasta el siglo XX.
B. Crecimiento no homogéneo: Mayor peso demográfico de la periferia. Las zonas más desarrolladas crecen más y pasan antes al nuevo ciclo demográfico.
C. Junto al aumento de la población, se intensifican los movimientos migratorios, en una doble dirección:

  • Del campo a la ciudad (fundamentalmente a las grandes ciudades: Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao) que crecen aceleradamente a partir del último 1/3 del siglo.

  • Hacia el exterior, sobre todo hacia América, consecuencia de la incapacidad de la escasa industrialización para absorber el crecimiento demográfico.


2. TRANSFORMACIONES SOCIALES: DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA SOCIEDAD DE CLASES.
La revolución liberal burguesa supuso la transformación de la sociedad estamental en la actual sociedad de clases. En ella, todos los individuos son iguales ante la ley, siendo el único criterio realmente importante de división social el económico. A diferencia de la estamental, se trata de una sociedad abierta, en la que se producen ascensos y descensos según su enriquecimiento.

En España, al igual que su modelo político, la estructura social se caracterizó por su conservadurismo y por las fuertes desigualdades. Diferenciamos los siguientes grupos:
2.1. LA NUEVA CLASE DOMINANTE.


  • La nobleza: Pierde su posición relevante en la sociedad y disminuye en número; pero siguió teniendo gran poder e influencia durante todo el siglo, sobre todo alta nobleza conserva sus títulos honoríficos y se integra en los grupos dirigentes de la nueva sociedad (a través de matrimonios y negocios). Aparece, además, una nueva nobleza, que se permeabiliza con la vieja procedente de las élites militares, políticas y económicas (títulos concedidos por los monarcas).

  • Las burguesías: Clase emergente, dedicada a “los negocios”, poseedora de grandes patrimonios. En función de sus actividades podemos dividirlas en cuatro grandes grupos: comercial, industrial, financiera y agraria.


Entre ambos grupos (nobleza y burguesía) hubo una confluencia de intereses (los primeros buscaban acercarse a los poderosos a través de matrimonios o la participación en el consejo de las empresas, y los segundos trataban de acercarse a las formas aristocráticas que constituían su ideal de vida. Juntos constituirán una oligarquía de marcado carácter conservador, que dominará la vida política durante el siglo.
2.2. LAS CLASES MEDIAS.
Un grupo en crecimiento, pero menos numeroso que en otros países y aún con poco peso en el siglo XIX; muy heterogéneo con fronteras muy imprecisas entre las clases dominantes por arriba y el pueblo por abajo; estaba formado por medianos propietarios rurales no terratenientes, pequeños comerciantes, dueños de talleres, funcionarios, profesionales liberales, rentistas…. Controlan gran parte de la administración pública, la cultura, la enseñanza y la información; constituyeron, pues, un grupo muy influyente caracterizado por su gran compromiso político. Intenta, en la medida de sus posibilidades, adoptar las formas de vida de las élites.

2.3. LAS CLASES POPULARES.


  • Campesinos: Siguen siendo la mayor parte de la población. Los campesinos fueron los grandes sacrificados de las reformas liberales, lo que explica su permanente oposición. Grupo también heterogéneo formado por:

    • pequeños propietarios minifundistas, fundamentalmente en el norte;

    • arrendatarios y aparceros, sujetos, en su mayoría, a contratos de corta duración;

    • jornaleros, es el grupo más numeroso, sobre todo en el sur, con unas durísimas condiciones de vida (salarios de hambre y paro estacional) que explican su permanente agitación.

  • Clases bajas urbanas: aumentan a lo largo del siglo, sobre todo en los núcleos industriales, procedentes del éxodo rural y de los antiguos artesanos arruinados. Entre ellos diferenciamos desde trabajadores de arraigada cultura gremial (albañiles, zapateros, sastres, tipógrafos…), trabajadores del servicio doméstico, dependientes, repartidores, trabajadores de las fábricas, ferroviarios, mineros… Todos ellos con unas condiciones de vida terribles y una total inexistencia de todas las prestaciones sociales del actual Estado del Bienestar.

  • Marginados: Constituyen este grupo mendigos, vagos, vagabundos, maleantes, presidiarios, prostitutas… El censo de 1877 recogía un total de 409.000 personas dentro de este grupo (aproximadamente un 3% del total) y aumentan hacia el final del siglo.


3. GÉNESIS Y DESARROLLO DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ESPAÑA.
El movimiento obrero en España pasó por las siguientes fases:
3.1. Primeras manifestaciones, anteriores al 68.
La mayor parte de la clase obrera mantuvo una actitud pasiva durante buena parte del S. XIX, y no fue hasta 1868 cuando surgió una toma de conciencia que dio inicio al movimiento organizado. Hasta entonces solo hubo manifestaciones escasas, aisladas y violentas:

  • En Cataluña, se producen las primeras manifestaciones luditas (incendio de la fábrica Bonaplata en 1835)

  • A partir de los años 40 se crean las primeras asociaciones obreras (sociedades de socorros mutuos) y las primeras huelgas.

  • Agitaciones campesinas, fundamentalmente en Andalucía, con ocupaciones de tierras.


3.2. El movimiento obrero durante el Sexenio.
Dos elementos explican el espectacular crecimiento del movimiento obrero:

  • El reconocimiento de la libertad de asociación (Constitución del 69) permitió a las organizaciones obreras salir a la luz y expandirse.

  • La llegada de las ideologías obreras ligadas a la Primera Internacional. La división interna de ésta entre marxistas y anarquistas se reproduce en España:

    • El anarquismo: llega primero (En 1868 Bakunin envió a Guiseppe Fanelli a organizar la sección española de la AIT). Será la corriente dominante, y se desarrolla sobre todo en Andalucía y Cataluña. En 1870 se constituyó la Federacion Regional Española (FRE).

    • El Marxismo: llega más tarde (en 1871 Marx envía a su yerno Paul Lafargue, para reconducir hacia el marxismo a la sección española) y se asentará sobre todo en Madrid donde Pablo Iglesias funda una nueva federación.

Durante el sexenio el movimiento obrero adoptó una actitud abiertamente revolucionaria y de oposición frontal a los distintos gobiernos. El General Serrano decretará en 1874 la ilegalidad de la AIT y de las asociaciones obreras.
3.3. El movimiento obrero durante la Restauración.
Desde 1874, tras la prohibición de Serrano, el movimiento obrero se desarrolla en la clandestinidad. A partir de 1881 (primer gobierno de Sagasta) el clima se distendió y comienzan a salir a la luz hasta su legalización en 1887. Paralelamente aumenta su importancia debido al desarrollo industrial.
El movimiento continúa dividido entre anarquistas y socialistas:

  • Anarquistas: sigue siendo la corriente mayoritaria. Presenta varias tendencias; la sindicalista y la terrorista, cada vez más difundida.

  • Socialistas: eran un grupo reducido, con base en Madrid y dirigidos por Pablo Iglesias, fundan en 1879 el PSOE (con un ideario muy radical, sus objetivos eran la abolición de clases con la supresión de la propiedad privada y la posesión del poder político por la clase trabajadora) y en 1888 la UGT.

13.3. TRANSFORMACIONES CULTURALES. CAMBIO EN LAS MENTALIDADES. LA EDUCACIÓN Y LA PRENSA.

 

1. TRANSFORMACIONES CULTURALES:
El periodo que analizamos fue de cambios radicales: de la España del Antiguo Régimen, rural y absolutista, de principios del siglo, evolucionamos hacia una España liberal y en vías de transformación económica.
Básicamente la cultura española del siglo XIX se caracterizó por:


  • La influencia de las corrientes culturales europeas: El régimen liberal permitió a los intelectuales y artistas acercarse a las nuevas corrientes europeas, de esta forma durante la primera mitad del siglo llegaron a España el Neoclasicismo y Romanticismo y durante la segunda mitad el Realismo y Naturalismo.

  • La difícil y persistente convivencia entre tradición y progreso: desde el primer momento y durante todo el siglo XIX chocaron tradicionalismo e innovación:

    • Por una parte: las ideas revolucionarias que cruzan los Pirineos y que fueron ganando adeptos en los círculos intelectuales. Los pensadores liberales defendían una cultura abierta a las novedades del pensamiento europeo para superar el atraso cultural y científico.

    • Frente a ellos gran parte de los privilegiados y la gran masa de la población rural y analfabeta apostaban por mantener las ideas y valores tradicionales.

  • El elevado analfabetismo y el escaso interés por la cultura y la ciencia.


2. CAMBIO EN LAS MENTALIDADES. A nivel de mentalidades en la sociedad española podemos diferenciar tres grupos:
Las clases altas: la sociedad española estuvo dominada por una oligarquía conservadora. Su mentalidad no era propiamente burguesa y su principal empeño era consolidar su posición y mantener el orden establecido. La oligarquía imponía su mentalidad en las costumbres y creencias y puede resumirse en los siguientes principios:

  • Defensa de la propiedad en general y consideración de la propiedad de la tierra como símbolo de prestigio social.

  • Mantenimiento de la jerarquía social (uno de los principales objetivos de muchos burgueses fue obtener un título mediante compra, matrimonio o concesión real) y ostentación pública de riqueza (casas, vestimenta…).

  • Imposición de la moral católica.


Las clases medias: Eran, en general, más progresistas que las altas pero ideológicamente muy heterogéneas. Muchos de sus componentes imitan las formas de vida de los grupos dominantes, junto a ellos, y sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo, va apareciendo una nueva mentalidad, modernizadora, regeneracionista y democrática, que busca romper con los privilegios de clase (a través del desarrollo de los derechos cívicos y políticos, el reconocimiento de los sociales y la separación entre Iglesia y Estado). En este orden de ideas conviene hablar de:

  • Difusión del proceso de secularización de la sociedad.

  • Irrupción de las corrientes culturales europeas como el Positivismo, Darwinismo y sobre todo el Krausismo y, a finales de siglo, el regeneracionismo. Pretenden la europeización del país y la reforma de las costumbres.


Las clases populares: con una miserables condiciones de vida, sobre ellas irán predominando las mentalidades revolucionarias, aumentando la influencia del movimiento obrero anarquista y marxista.
Se trata, por tanto, de una sociedad profundamente dividida, con diferentes formas de vida, distintos espacios sociales y espectáculos propios:

  • Los barrios se clasificaban según la renta y sus viviendas eran fiel reflejo de la distribución de la riqueza de la nueva sociedad de clases.

  • Se establecen centros de ocio diversificados: La alta burguesía y la aristocracia se reunían el los salones de sus palacios para celebrar tertulias artísticas o literarias (como las de Emilia Pardo Bazán) además de fiestas particulares. La clase media se reunía en los cafés (como La Fontana de Oro), para sus charlas cotidianas o políticas; y a menudo allí se fraguaban las revueltas. Los ateneos (como el Ateneo de Madrid) tenían una finalidad más elitista y cultural, y en ellos se iniciaban los futuros políticos y se discutían temas literarios o sociales. Las clases populares se reunían en las tabernas, o la ópera, en donde solían ocupar el gallinero. La fiesta de los toros era otra de las más populares y a las que acudían todas las clases sociales.

Habría que diferenciar, por último, entre el mundo urbano y el rural, donde las variaciones culturales son menores.

4. LA EDUCACIÓN.
La preocupación por la educación se inicia con la Ilustración. Este ideal revive y se desarrolla con el Estado Liberal (ya la Constitución de 1812 recoge el derecho a la educación básica).
A lo largo del siglo XIX la tasa de analfabetismo fue decreciendo: de casi el 100% en 1800, pasa al 75% en 1850, y al 50% en 1900. (En todo caso España quedó muy por detrás de Italia, Bélgica, Francia e Inglaterra, ésta última con un mínimo de un 2% en 1910). El paso fundamental se dio durante el reinado de Isabel II, con la promulgación de la Ley de Instrucción Pública (Ley Moyano de 1857) que se mantiene hasta 1970. La nueva ley establecía:


  • Un sistema educativo de carácter dual; parte estatal y parte privado.

  • Divide la enseñanza en tres niveles:

    • Primaria: (6-9 años), la ley Moyano declaró obligatoria la enseñanza primaria y encargó su financiación a los Ayuntamientos (y gratuita para quienes acreditaran no tener dinero).

    • Secundaria: Impartida por los institutos (públicos) y por colegios religiosos (de pago). La falta de presupuesto dificultó la apertura de institutos (59 frente a 511 colegios religiosos en 1890).

    • Superior: universitaria, reservada al Estado, a la que sólo accedían las élites. Los profesores, empleados del Estado, carecían de libertad de cátedra y, sobre todo durante la Restauración, fueron frecuentes las expulsiones. (Castelar, Salmerón, Montero Ríos, Azcárate, Sanz del Río, Francisco Giner de los Ríos… fueron expulsados de sus cátedras).

  • Le dio un importante contenido ideológico conservador a las materias explicadas. Además los contenidos quedaron sometidos a la estricta vigilancia de la Iglesia.


En general, se mantuvo el sistema de enseñanza tradicional, basada en métodos anticuados y poco críticos. Todo ello provocó un gran atraso en el desarrollo y en la investigación científica.
Al margen del sistema público de enseñanza primaria y secundaria, se emprendieron algunas iniciativas privadas de alcance muy limitado pero de enorme interés desde el punto de vista de sus planteamientos pedagógicos y sociales:
a) La Institución Libre de Enseñanza: fundada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos (catedrático de filosofía, discípulo de Sanz del Río, expulsado de su cátedra en Madrid), con el fin de aplicar los principios filosóficos del Krausismo al ámbito de la educación. (Krause, filósofo idealista alemán del primer tercio del siglo XIX, proponía la libertad y la armonía del ser humano con el universo y con Dios, creía en la capacidad de perfección del ser humano a través del conocimiento racional y de una adecuada labor educativa).
La Institución propugnaba:

  • Una educación integral y activa, incorporaba nuevas materias y actividades (educación física, canto, excursiones, visitas a lugares de interés…).

  • Frente a los tradicionales métodos memorísticos y librescos, utiliza métodos racionalistas.

  • Establece la coeducación chichos/as y un ambiente de tolerancia, laicismo y libertad de opinión.


La ILE era un centro de segunda enseñanza y universidad, privado, laico y alternativo a la cultura oficial; rechazaba la afiliación política y religiosa de profesores y alumnos. Sus resultados fueron brillantes: en ella estudiaron importantes intelectuales como Lorca, Vicente Alexandre, Prieto, Machado..., y su proyecto cultural ha formado y condicionado a varias generaciones de profesores y pedagogos. Pese a todo, no dejó de ser una institución minoritaria y elitista, de la que sólo se beneficiaron los hijos de una pequeña burguesía intelectual.
b) Las Escuelas de Ave María: Creadas a partir de 1888 en Granada, aplicaban principios similares a la Institución Libre de Enseñanza, pero diferenciándose de ella en dos aspectos fundamentales: su carácter religioso y su orientación social hacia sectores marginados (niños de la comunidad gitana que pretenden retirar de la calle).
c) La Escuela Moderna: Fundada en Barcelona por Francisco Ferrer Guardia, rechazaba la pedagogía tradicional y pretendía inculcar valores libertarios de igualdad y solidaridad inspirados en el anarquismo. Fue el primer intento de experiencia pedagógica vinculada al movimiento obrero. Se extendió por Cataluña y Andalucía.


5. LA PRENSA.
El periodismo nació con la libertad de prensa declarada en 1810 (Cortes de Cádiz), tuvo un marcado carácter político y creció constantemente a lo largo del siglo XIX. Su papel fue decisivo:


  1. En la difusión de las ideas liberales, aunque tuvo que luchar contra las prohibiciones y censuras que le impusieron el absolutismo de Fernando VII primero y los gobiernos moderados después (a lo largo del siglo se suceden alternativamente etapas de represión y de libertad de prensa en las que el número de periódicos aumenta notablemente).

  2. En la difusión de la cultura: fue vehículo de difusión de las corrientes culturales europeas y estuvo ligada a los movimientos literarios (romanticismo y realismo), a través de ella se dieron a conocer las obras de los principales escritores e intelectuales (Larra, Becquer, Valera, Galdos…)


A lo largo del siglo se producen grandes variaciones en la prensa:

  • Los primeros periódicos apenas incluían informaciones (trataban básicamente temas políticos o científicos), solían tener pequeño formato y estaban escritos a 1 columna, con un aspecto bastante aburrido.

  • Posteriormente surgen otros más parecidos a los actuales, aunque la mayoría tienen una vida efímera y escasa tirada; son fundamentalmente periódicos de opinión, defensores de un partido político concreto. Surgieron también revistas ilustradas ligadas a movimientos literarios.

  • A partir del 68 surge una prensa más madura, independiente e informativa, periódicos de información general e impacto nacional. Su aspecto externo es más ameno y se alcanzan mayores tiradas, aparecen nuevas secciones de crítica literaria, pasatiempos, anécdotas y humor; dedican más espacio a la publicidad e insertan folletines (novelas por capítulos) con muy buena acogida por los lectores. Aunque su contenido no se limitaba a temas políticos, éstos eran claves y la prensa reproducía la lucha ideológica entre conservadores (con periódicos como La Vanguardia en Barcelona o el ABC) y liberales (como El Heraldo o El Imparcial).

Paralelamente surgió la prensa obrera, que difundía los proyectos políticos socialistas (El Socialista) o anarquistas (Tierra y Libertad) y revistas ilustradas satíricas como La Flaca y el Motín.

  • El paso definitivo se consiguió a finales de siglo con la creación de las grandes empresas editoriales que hicieron uso de nuevas tecnologías para abaratar el periódico y hacerle más ameno.


Pese a su crecimiento y su indiscutible importancia, la alta proporción de analfabetos y el escaso poder adquisitivo de la mayoría de la población hace que la prensa siga siendo, durante todo el siglo, un producto solo para minorías.

ANEXO. PRINCIPALES MANIFESTACIONES LITERARIAS Y ARTÍSTICAS.

 

Literatura:

Distinguimos en el siglo XIX dos periodos separados por el Sexenio Democrático. En el primero el romanticismo histórico, impulsado por la influencia de Chateubriand y Walter Scott, da lugar a un romanticismo tradicionalista y antiliberal. El romanticismo liberal aparecerá hacia 1834, influido por la obra de Victor Hugo, siendo sus principales representantes Larra, Martínez de la Rosa y José de Espronceda. Tendrá también un componente regional como ocurre con la Renaixença catalana. A mediados de siglo se impone el realismo, representado por las obras costumbristas de Fernán Caballero. No obstante el Romanticismo continuará tanto en la obra de Bécquer como en la de Rosalía de Castro. El segundo periodo el realismo se impone en su vertiente naturalista, destacando Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas “Clarín”, Valera, Blasco Ibáñez o Pardo Bazán que nos muestran una España urbana y rural desde un punto de vista crítico. Entre los años 1898 y 1914 triunfan las tesis modernistas de los hombres de la generación del 98 y del regeneracionismo.
Música:

Se produce un auténtico afán nacionalista, inspirado en la riqueza del folklore: Sarasate, Albéniz, Granados, Turina y, sobre todo, Falla y Rodrigo. 
Arquitectura:

Compaginó elementos modernistas (ensanches de Barcelona y Madrid) con la historicista (neoclásico, neogótico, neomudéjar). A finales del siglo XIX tiene en el arquitecto catalán Antonio Gaudí el máximo exponente de la arquitectura modernista.
Pintura:

Fue más rica y variada. El siglo se inicia con neoclasicismo y romanticismo (en España la pintura neoclásica se retrasó algunos años; los motivos podrían estar en la guerra de la independencia que paralizó al país de toda actividad artística). La figura clave del periodo fue Goya autor original, de difícil clasificación. Hacia mediados de siglo se impone el academicismo de tipo histórico, destacando Eduardo Rosales, Gisbert, Pradilla y Mariano Fortuny. Y a finales de siglo entran el realismo y las vanguardias donde destacan Casas, Rusiñol, Zuloaga y un joven Picasso. También se puede hablar de un arte de exaltación del regionalismo en autores como Sorolla (Valencia) o Romero de Torres (Andalucía).

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