La revolucion de 1868. El sexenio revolucionario (1868-1874)






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Francisco Pi y Margall. El Nuevo Régimen (semanario federal). Madrid, 11 de Febrero de 1891

Nació en Barcelona, un 23 de Abril de 1824, en el seno de una familia obrera, pues su padre se ganaba la vida trabajando en la industria textil como tejedor. Se supone que ya en los primeros años de la niñez apuntaría inteligencia y afición al estudio, motivo por el cual sus padres le ingresaron en el seminario a la edad de siete años. Entonces, como hasta hace pocas décadas, la única manera que tenían las gentes humildes de intentar que sus hijos tuvieran estudios era intentando que los admitiesen en los seminarios: latín y teología. Tras su paso por el seminario, y a la edad de diecisiete años, Francisco Pí y Margall accedió a la Universidad de Barcelona, donde completó sus estudios de Filosofía, y a los veinticuatro años había terminado la carrera de Derecho. Su acumulación de saberes era ya entonces enorme, destacando sus profundos conocimientos en temas tan dispares como la lógica y la astronomía, la filosofía y la física y las matemáticas, aparte del derecho y la filosofía. Además del latín y el griego, leía directamente del francés, el inglés y el italiano, y años más tarde, del alemán. Resaltan sus biógrafos que el adolescente Pí y Margall se costeaba los estudios y ayudaba a su familia dando clases particulares.

Se afirma que ya en su primera juventud se daba a escribir versos y obras de teatro, y en 1841, con 17 años, publicó su primer libro. Se trataba del primer tomo, y el único que se imprimió, de la obra “La España Pintoresca”; este primer volumen escrito por Pí estaba dedicado a Cataluña. Hay que suponer que también le tocaría vivir y padecer las sublevaciones que tuvieron lugar en Barcelona a finales de 1842 y en 1843, en las que la ciudad fue sañudamente cañoneada desde la fortaleza de Montjuich y, posteriormente, objeto de una dura y reiterada represión.

En 1847 se marchó a Madrid, quizás con la pretensión de vivir de la literatura y desarrollar su pasión por el Arte y la crítica artística. Empezó colaborando como meritorio en el periódico artístico “El Renacimiento”. Poco tiempo después, consiguió pasar al diario “El Correo”, periódico político promovido por el asturiano Escosura. En esta publicación le encargaron, ya con derecho a paga, de la crítica teatral, lo que enseguida le proporcionó cierta fama en los ambientes literarios madrileños. Pero este periódico tuvo que dejar de publicarse poco después y, según parece, el motivo fue la publicación del primer artículo político de Pí y Margall. Son los tiempos de la dictadura de Narváez.

Sin trabajo y sin ingresos, consiguió un puesto en la sucursal madrileña de una casa de banca catalana. Inició entonces Pí un estudio a fondo de las operaciones bancarias y bursátiles y de la economía en general, materia esta última en la que, con el paso de los años, sería un consumado especialista. En este empleo ya tuvo ocasión de probar una de las virtudes que más le caracterizarían: la honradez. Tiempo más tarde, recibió la proposición de continuar la obra “Recuerdos y Bellezas de España”, iniciada en 1839 por Pablo Piferrer y que estaba paralizada desde la muerte de éste. Francisco Pí y Margall tomó el relevo y concluyó el tomo segundo dedicado a Cataluña. Durante los años 1849 a 1851 viajó en numerosas ocasiones por Andalucía para estudiar los monumentos y obras de arte de esa región. Fruto de esa ardua labor de investigación fueron los tomos dedicados a Granada y Sevilla.

Como consecuencia lógica de sus ideas y de su atracción por el activismo político, Pí se afilió en 1849 al Partido Democrático que acababa de ser fundado por los disidentes de izquierda del partido progresista de Espartero. Confluyeron en el nuevo partido junto con el democratismo radical, el republicanismo conspirativo de las sociedades secretas y el socialismo pre-internacionalista. Se unió, pues, Pí a Nicolás María Rivero, que era diputado en Cortes, a José Mª Orense, a Fernando Garrido y Sixto Cámara, a Ordax Avecilla, que también era diputado...

En 1851 publicó su “Historia de la Pintura”, libro que le iba a traer grandes complicaciones. Al hacer la crítica de la pintura medieval, Pí y Margall incluyó en un apartado una referencia al cristianismo con sus opiniones acerca de la religión. Se encontró con el famoso “con la Iglesia hemos topado...” Ocurrió, además, que como la publicación era de lujo y coste elevado, el editor se había dirigido a las personas acaudaladas y, entre ellas, a las altas dignidades del clero. En fin, que, como es fácil de suponer, llovieron sobre Pí y Margall más anatemas y excomuniones que sobre Salman Rushdie. Se suspendió la publicación en el primer tomo, que aún así se pudo distribuir y vender. Los obispos y arzobispos presionaron de tal manera sobre el gobierno que Bravo Murillo tuvo que ordenar la recogida de la obra. Pí y el editor se libraron de los tribunales porque la denuncia interpuesta no fue admitida por estar fuera de plazo. Por supuesto, Pí y Margall tuvo que abandonar la redacción de “Recuerdos y Bellezas de España” y renunciar a la publicación de todo el material que tenía preparado. Sus artículos en los periódicos tuvieron que aparecer con seudónimo y todos los rayos de la reacción cayeron otra vez sobre su cabeza cuando ese mismo año de 1851 publicó sus “Estudios sobre la Edad Media”, obra que fue prohibida también por la iglesia católica española.

Por esas mismas fechas inició su colaboración en la “Enciclopedia de Legislación y Jurisprudencia” con una serie de trabajos especializados. Recopiló y reseñó la obra de Juan P. de Mairena y escribió el prólogo para la colección Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra. En 1852 inició su obra titulada: “¿Qué es la economía política? ¿Qué debe ser?” No pudo concluirla porque el fiscal ordenó el secuestro de la primera entrega.

En el agitado año de 1854, Pí era ya uno de los miembros más activos del Partido Democrático, formando en su ala izquierda, socializante y proletaria, que encabezaban Sixto Cámara y Fernando Garrido, frente al sector de los Orense y Rivero. Por eso, cuando estallaron los movimientos insurreccionales de ese año de 1854, que en cierta medida se pueden definir como meros ajustes de cuentas entre las facciones del régimen isabelino, Pí y Margall es el agitador, el revolucionario que trata de orientar y guiar al pueblo que defiende las barricadas de Madrid hacia la toma del poder. Publicó una hoja volandera, “El eco de la Revolución”, donde se  pide el armamento general del pueblo y la convocatoria de Cortes Constituyentes por sufragio universal que estableciesen la libertad de imprenta, la de conciencia, la de enseñanza, la de reunión, la de asociación...  Demasiado avanzado para la época, no puede sorprendernos que, a pesar de la derrota de los gubernamentales, Pí y Margall fuera detenido y permaneciera algún tiempo en prisión.

Estamos en el bienio progresista del gobierno Espartero-O’Donnel, y el pueblo de Barcelona propone a Pi y Margall como candidato a diputado en las Constituyentes de ese año de 1854, mas no saldrá elegido. En la segunda vuelta, por pocos votos de diferencia, fue derrotado por el general Prim, miembro del partido Progresista.

En 1855 escribió una de sus obras más famosas: “La reacción y la revolución”. Solamente pudo publicar el primer tomo. El segundo, en el que Pí abordaba la cuestión religiosa, consideró el fiscal que debía de ser sometido a la censura eclesiástica antes de su publicación. Pí y Margall no aceptó semejante injerencia clerical ni la excepcionalidad jurídica que la amparaba,  por lo que dicho tomo no se pudo publicar. Ese mismo año editó la revista política y literaria La Razón, que contó con colaboradores tan importantes como Canalejas. Se publicó esta revista hasta el golpe de estado de O’Donnel del año siguiente, cuando Pí y Margall tuvo que retirarse a Vergara, de donde era natural su esposa, Petra Arsuaga.

Durante el año de 1955 y hasta su marcha a Vergara, Pí y Margall había comenzado a dar lecciones de política y economía en una habitación de la calle Desengaño. La afluencia de jóvenes de todas clases, de obreros y de intelectuales se fue haciendo en poco tiempo tan numerosa que llenaban pasillos y escalera. En estas lecciones y en estas conferencias, hasta que el gobierno las prohibió, se empezó a formar el embrión del futuro partido republicano.

Durante su estancia de diez meses en Vergara, retraído de todo activismo político, Pí y Margall envió numerosos artículos para el periódico El Museo Universal. Todos ellos tuvieron que ser publicados con seudónimo.

En  Julio de 1857, Rivero le reclamó desde Madrid. Regresó Pi a la capital y entró de redactor en La Discusión, iniciando desde sus páginas grandes polémicas que no solo acrecentarían su renombre, sino que también influirían de forma notable en el devenir del Partido Democrático. La Discusión pasó entonces a ser objeto de encarnizada persecución por el aparato gubernamental. El radicalismo de Pi y, sobre todo, su apoyo a los derechos del trabajador y a sus incipientes asociaciones de defensa le llevó a entrar en polémica con destacados miembros de su propio partido, los llamados “individualistas”, que formaban lo que se podría denominar como el ala derecha. Finalmente, todo ello le obligó a abandonar la redacción de La Discusión, manteniendo sus colaboraciones en otras publicaciones como La América y la Revue des deux mondes, al mismo tiempo que seguía divulgando sus ideas políticas y económicas por medio de conferencias  en ateneos y casinos.

Durante ese período, Pí aprovechó para obtener el doctorado, abrir bufete y ejercer como abogado, siempre en Madrid. Volcado totalmente en su labor profesional, su despacho adquirió pronto un renombre y una clientela que le permitieron sostenerse económicamente.

En 1864 volvió nuevamente a La Discusión; esta vez, como director. Terció personalmente en la nueva polémica que dividía las filas democráticas a propósito de si se podían considerar compatibles con la democracia o no las teorías socialistas. Frente a la postura de José Mª Orense que se negaba a admitir como demócratas a los socialistas, Pí promovió la conocida como “Declaración de los treinta”, en la que los treinta dirigentes del Partido Democrático que la firmaban declaraban que había que considerar como demócrata a cualquier persona que defendiera las libertades individuales, el sufragio universal y los demás principios que constituían el programa democrático, independientemente de las opiniones que tuviesen en materias filosóficas, económicas o sociales. A los seis meses, Pí cesaba como director.

Estamos en 1866 y Pí y Margall, que ronda los cuarenta dos años de edad, va a conocer el exilio por motivos políticos. Los sucesivos fracasos de las insurrecciones promovidas por Prim para obligar a Isabel II a llamar al gobierno a los progresistas, culminaron en la sublevación del cuartel de San Gil y el fusilamiento de decenas de sargentos de ese cuartel. Narváez, desde el gobierno, desató la consiguiente represión generalizada. La mayoría de los demócratas y de los progresistas tuvieron que escapar a Francia para sentirse a salvo. En la noche del día dos de Agosto la policía asaltaba le vivienda de Pí y Margall. Afortunadamente, alguien le había avisado poco antes y tuvo tiempo para escapar y evitar su detención. Permaneció escondido unos días hasta que pudo iniciar la huida a Francia y llegar a París.

En París, donde se habían refugiado la mayoría de los exiliados españoles, Francisco Pí y Margall consiguió sobrevivir gracias a las colaboraciones literarias en periódicos hispanoamericanos. Amplió sus conocimientos con cursos en La Sorbona e inició el estudio sistemático y la traducción al castellano de las principales obras de Proudhon. Generalmente se acepta que es en el “El principio federativo”, obra de este economista e ideólogo francés fallecido en1865, donde Pí encontró la base sobre la que construir y desarrollar su teoría federal con la que completar el proyecto republicano para España. Pero algunos especialistas afirman que las ideas básicas del federalismo pimargalliano ya aparecían bosquejadas en escritos y obras suyas cronológicamente anteriores a la de Proudhon.  Y fue en París donde Pí consiguió convencer a sus compañeros de partido y de exilio: Castelar , Garrido, Orense..., para que aceptasen los principios del republicanismo federal. Recordemos aquí que Emilio Castelar había sido condenado, en rebeldía, a garrote vil.

Septiembre de 1868. El almirante Topete subleva a la Escuadra en Cádiz, Prim se incorpora desde Gibraltar y llegan para adherirse los generales confinados en Canarias. Las guarniciones se van sumando a la sublevación y Prim, a bordo de la fragata Zaragoza, va ganando para la revolución, una tras otra, todas las capitales costeras del litoral mediterráneo. Dimite el dictador González Bravo y la reina Isabel II nombra presidente del gobierno al general José Gutiérrez de la Concha. El ejército realista que manda el general Pavía es derrotado en la batalla del puente de Alcolea por las fuerzas a las órdenes del general Serrano. El 30 de Septiembre Isabel II y su corte salen de San Sebastián y cruzan la frontera francesa.Sin embargo, Francisco Pí y Margall no regresó a España y prolongó voluntariamente su exilio parisino. Desconfiaba de los generales y pensaba que el nuevo régimen tampoco iba a acometer las reformas fundamentales que el país necesitaba. Sabía que la mayoría de los generales y almirantes triunfantes solamente pretendían sustituir en el trono a Isabel II por su hermana Luisa Fernanda, y en Pí fue siempre una constante en su actividad política la negativa a colaborar con los partidos monárquicos. 

El Gobierno provisional estableció las libertades fundamentales y el 18 de Diciembre, por primera vez en España, se celebraron unas elecciones municipales por sufragio universal, y en Enero, las de diputados a Cortes.

El Partido Democrático se escindió en dos: Rivero, Martos y Becerra, partidarios de la colaboración con las otras fuerzas para la instauración de un monarquía democrática; y, por otro lado, los Orense, Castelar, García López, Pierrard y otros, resueltamente a favor del régimen republicano y federal. Pí y Margall, sin haber participado en la campaña electoral, fue uno de los 85 republicanos que obtuvo el acta de diputado.

El 8 de Febrero de 1869 tomó el tren en París de regreso a España. Participó activamente en los debates parlamentarios y se convirtió en uno de los elementos más destacados de minoría republicana.

Cuatro meses más tarde, con 214 votos a favor y 55 en contra, se aprobó la constitución, democrática pero monárquica: ¡y a buscar por el mundo un rey para España!

Los dirigentes republicanos, Pí y Margall entre ellos, viajaron por toda España pronunciando discursos contra la restauración monárquica y en pro de la república federal. En la primavera de 1869 se firmaron los pactos entre los comités federales de distintas provincias y regiones. Días después, Pí convocó a los representantes de esos pactos a la firma del gran pacto nacional, firma que tuvo lugar en Madrid el 30 de Junio. Prim trató en vano de atraer a los republicanos.

Ofreció a Castelar y a Pí los ministerios de Fomento y Hacienda, pero no consiguió que los aceptasen. El gobierno veía en los republicanos al enemigo que se insurreccionaba por todas partes. Cuando se abrieron las Cortes el uno de Octubre, Pí y Margall, junto con Castelar, Orense y Figueras tomaron la palabra y no solamente no condenaron los levantamientos en provincias de sus correligionarios, sino que acusaron al gobierno de Prim de deslizarse hacia la dictadura. Finalizada su intervención, se levantaron y abandonaron el hemiciclo. Cuatro días después, el gobierno suspendía las garantías constitucionales. Los parapoliciales de “La Partida de la porra” se dedicaban a asesinar y apalear, a reventar mítines y a asaltar las redacciones de los periódicos opositores.

Pi y Margall asumió la dirección del partido al frente de un directorio y en circunstancias sumamente desfavorables. Tuvo que hacer frente a la escisión por la derecha de los republicanos unitarios que dirigía García Ruiz, y a la oposición de izquierdas, mayoritaria en las provincias. En este año de 1870, el gobierno de Prim ofreció el trono de España a las siguientes personas: Fernando de Portugal, Amadeo de Saboya, al duque de Génova, a distintos príncipes de Dinamarca, Noruega, Suecia y Rusia, a un príncipe de la casa Hohenzollern y al general Espartero. Había, además, otros candidatos de las facciones políticas disidentes o minoritarias: Carlos VII, Alfonso de Borbón y  los duques de Montpensier. El 16 de Noviembre votaron los diputados:191 a favor de Amadeo de Saboya, 60 por la República federal, 27 por el duque de Montpensier, 8 por el general Espartero, 2 por la República unitaria, 2 por Alfonso de Borbón, 1 por la República y 1 por la duquesa de Montpensier; hubo 19 papeletas en blanco. El 27 de Diciembre se produjo el atentado que le costó la vida Prim. Amadeo de Saboya llegó a Cartagena y tuvo que retrasar su entrada a Madrid para que no coincidiese su proclamación como rey con el funeral de Prim. En un teatro de Madrid se estrenaba la obra titulada: “Macarroni I”.
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