1. La homosexualidad en el tiempo de los patriarcas






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fecha de publicación24.03.2017
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LA HOMOSEXUALIDAD EN LA BIBLIA

Dr. Javier Quezada del Río

1. La homosexualidad en el tiempo de los patriarcas

Esta primera lección aborda el tema de la homosexualidad en la época patriarcal, pero no en Israel, sino en los pueblos y naciones vecinas. No se pueden comprender adecuadamente los juicios sobre la homosexualidad en la Biblia si no se tiene una idea de las costumbres existentes en el Medio Oriente, tocantes a dicha temática.

En esta lección abarcamos lo que se dice o sabe de la homosexualidad en el segundo milenio antes de Cristo.

No hay textos de Ugarit ni hititas que toquen ese tema, por lo que nos concentraremos en Mesopotamia y Egipto.

A. La homosexualidad en Mesopotamia

De todo el Medio Oriente, la información que tenemos de la homosexualidad en Mesopotamia es, sin duda alguna, la más extensa.1

La epopeya de Guilgamesh2

Aunque su origen es sumerio, sólo en Acad parece haber tenido una ilación. En Sumer se narraban episodios aislados del rey, sin que tuvieran moraleja.

Es una de las obras con más influencia y más célebres de la antigüedad mesopotámica. Se han encontrado ejemplares en el centro y en las periferias de Mesopotamia: Uruk, Sippar, Assur, Nínive, Sultantepe, Tell Harmal, Bogaz-Köy, Meguido... de épocas distintas y de leguas diferentes: acadio, hurrita, hitita.

El texto más completo es el de Nínive, perteneciente a la biblioteca de Asurbanipal (siglo vii a.C.). La obra debió contar con unos 3500 versos, de los que se conservan un poco más de la mitad. Se compone de doce cantos de 300 versos cada uno (exceptuando el último, que es más corto). El héroe es Guilgamesh, quinto rey de la dinastía postdiluviana de Uruk. En épocas sucesivas, se añadieron piezas e ideas al texto.

Es posible que Guilgamesh fuera rey de Uruk hacia el siglo xviii a. C., y que su fama naciese por la reconstrucción de las murallas y de algunos santuarios importantes. Surgió así su legendarización y la proliferación de historias independientes, de las cuales conocemos cinco: Guilgamesh y el país montañoso del Viviente, Guilgamesh y el toro celestial, La muerte de Guilgamesh, Guilgamesh y Agga de Kish, Guilgamesh, Enkidu y el infierno. También se puede atestiguar la existencia de un relato independiente de las leyendas de Guilgamesh, referente al diluvio.

En el inicio del segundo milenio a.C., la epopeya tomó la forma acadia. «Aparece con claridad que esta última es fruto de una nueva elaboración del mito; si la tradición antigua es más espontánea, la más reciente tiene una unidad psicológica más buscada».3 La versión asiria debe remitirse a los siglos xiii o xii a.C.

La primera tablilla, de origen asirio, presenta una oración a Aruru ya que el rey Guilgamesh, que es dos tercios dios y un tercio humano, viola a los hijos y a las hijas de todos y su deseo es incontenible. Aruru creó entonces a Enkidu, un gran hombre, destinado a destruir a Guilgamesh, pero que se convierte en su pareja.

En las citas siguientes, los números entre paréntesis señalan la línea de la tablilla. Las palabras entre corchetes indican que el texto está muy dañado que se lo que ahí se escribe es conjetural. Lo que se escribe entre paréntesis son comentarios o adiciones. He aquí el texto:

Dos tercios de él son dios, [un tercio de él es humano]. La forma de su cuerpo [...] (3-7) (líneas mutiladas o ausentes) (8) [...] como un buey salvaje altivo [...]. El empuje de sus armas no tiene par. Mediante el tambor se reúnen [sus] compañeros. Los nobles de Uruk están som[bríos] en [sus cáma]ras (y dicen):

«Guilgamesh no deja el hijo a [su] padre; [Día] y [noche] es desenfrenada su arro[gancia]. [¿Es éste Gilga]mes, [el pastor de la amurallada] Uruk? ¿Es éste [nuestro] pastor, [osado, majestuoso, sabio]? [Guilgamesh] no deja [la doncella a su madre] ¡La hija de guerrero, [la esposa del noble]!».

Los [dioses escucharon] sus quejas. Los dioses del cielo del señor de Uruk [ellos... ]:

«¿No parió [Aruru] este fuerte buey salvaje? [El empuje de sus armas] en verdad no tiene par. Mediante el tambor se reúnen sus [compañeros]. Guilgamesh no deja el hijo a su padre; Día y noche [es desenfrenada su arrogancia]. ¿Es éste el pastor de [la amurallada] Uruk? ¿Es éste su [...] pastor, Osado, majestuoso (y) sabio?... Guilgamesh no deja la doncella a [su madre]. ¡La hija del guerrero, la esposa del noble!».

Cuando [Anu] hubo escuchado sus quejas, a la gran Aruru llamaron: «Tú, Aruru, creaste [el hombre]; crea ahora su doble. Con su corazón tempestuoso haz que compita. ¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la paz!».

Cuando Aruru oyó esto, un doble de Anu en su interior concibió. Aruru se lavó las manos, cogió arcilla y la arrojó a la estepa. [En la este]pa creó al valiente Enkidu, Vástago de... esencia de Ninurta. [Hirsu]to de pelo es todo su cuerpo, posee cabello de cabeza como una mujer. Los rizos de su pelo brotan como Nisabal.

La segunda tablilla, de origen babilónico, inicia con el relato que Guilgamesh hizo de un sueño a su madre:

Guilgamesh se levantó para revelar el sueño, diciendo a su madre: «Madre mía, durante la noche me sentí alegre y anduve en medio de los nobles. Las estrellas aparecieron en los cielos. La esencia de Anu descendió hacia mí. (10) Intenté levantarlo; ¡pesaba demasiado para mí! Intenté moverlo; ¡moverlo no pude! La tierra de Uruk lo rodeaba, mientras los nobles besaban sus pies. Cuando afirmé mi frente, me dieron soporte. Lo levanté y lo traje a ti».

La madre de Guilgamesh, que todo lo conoce, dice a Guilgamesh: «Ciertamente, Gilgamesh, uno como tú nació en la estepa, y las colinas le criaron. (20) Cuando le veas, [como (de encima de) una mujer] te regocijarás. Los nobles besarán sus pies; tú le abrazarás y […] a él; tú le conducirás a mí».

Se acostó y vio otro [Sueño]. Dice a su madre:

«[Madre mía], vi otro [...] en la confusión. En la calle [de] Uruk de amplios mercados había un hacha, y (30) se habían reunido alrededor de ella. Singular era la forma del hacha. En cuanto la vi, me regocijé. Me gustó, y como si fuera una mujer, me atrajo. La cogí y la coloqué en mi costado».

Este sueño, que se retoma al final de la epopeya, al menos en su simbolismo, se acerca mucho a la descripción de un amor homosexual.

Enkidu cayó enfermo de muerte por obra de los dioses, dado que no se habían podido vengar de Guilgamesh.

Enkidu cayó (enfermo) ante Guilgamesh. Y mientras sus lágrimas se deslizaban (dijo):

«¡Oh hermano mío, mi querido hermano! ¡A mi tenían que perdonar a expensas de mi hermano!».

(20) Además: «¿Tengo yo junto al espíritu (de los muertos) que sentarme, en la puerta del espíritu, (y) jamás de nuevo [contemplar] a mi querido hermano con (mis) ojos?».

(El resto se ha perdido. En una postrera revisión de su existencia, Enkidu parece lamentar los sucesos que le han llevado a tan triste trance, maldiciendo las etapas sucesivas de su vida predestinada. Una de sus maldiciones, conservadas en un fragmento asirio, se dirige contra la puerta que lisió su mano).

(36) Enkidu [...] levantó [sus ojos], hablando a la puerta como si [fuera humana]: «¡Tú, puerta de los bosques, incom[prensiva], no dotada de entendimiento! (40) A veinte leguas de distancia elegí tu bosque, (mucho) antes de que contemplara el cedro altivo. No tiene igual tu bosque [en la tierra]. Seis docenas de codos es tu altura, dos docenas tu anchura, [...] tu poste, tu poste contera, tu poste tirador [...] Un maestro de artífices de Mppur te construyó [...] Si hubiese sabido, oh puerta, que esto [sucedería] y que ésta [tu] belleza [...], hubiese enarbolado el hacha, hubiese [...] ¡Hubiese colocado un marco de caña sobre [ti]!»

(Sigue una extensa laguna. Cuando el texto se restablece, Enkidu, prosiguiendo su amargo balance, invoca la maldición de Shamash sobre el cazador.)

Séptima tablilla, columna iii:

«¡[...] destruya su riqueza, disminuya su poder! Sea su [camino repugnante] en tu presencia. Escapen [las bestias que quiera apresar] delante de él. ¡[No] con[siga] el cazador la plenitud de su corazón!».

[Después su corazón] urgió(le) a maldecir a la ramera:

«¡Ea, moza!, decretaré (tu) [desti]no, ¡[Un desti]no que no concluirá en toda la eternidad! Te maldeciré con maldición grande, [un juramento] cuyas maldiciones pronto te abrumarán. (10) [...] exceso de tus encantos.

(11-17) (mutilado) [...] arrojará en tu casa. [... ] el camino será tu morada. [La sombra de la pared] será tu paradero, [... ] tus pies. [Los fatuos y los sedientos herirán] tu mejilla.

(23-30) (mutilado)

Por mi [tú has ... ] Y por [...] sobre mí».

Cuando Shamash oyó [estas palabras] de su boca, sin dilación le gritó [desde] el cielo:

«¿Por qué, oh Enkidu, maldices a la ramera, que te hizo comer manjares dignos de la divinidad, y te dio vino propio de la realeza, que te vistió con nobles ropas, y te hizo poseer el noble Guilgamesh por camarada?

(40) ¿Y Guilgamesh, tu amigo cordial, no te ofreció un lecho preclaro? Te hizo ocupar un lecho de honor, te colocó en el asiento de la holgura, en el asiento de la izquierda. ¡Para que [los prín]cipes de la tierra besaran tus plantas!

Hará que las gentes de Uruk lloren por ti (y) se lamenten, que el pueblo [alegre] gima por ti. Y, cuando te hayas ido, su cuerpo de pelo intenso cubrirá, pondráse una piel de león y errará por la estepa». [Cuando] Enkidu [oyó] las palabras del valiente Shamash, [... ] su corazón vejado se aquietó.

(Laguna breve. Tranquilizándose, Enkidu cambia su maldición en bendición. Habla de nuevo a la muchacha).

Columna iv:

«Así [... ] vuelva a tu lu[gar... ] . [Reyes, prínci]pes y nobles [te] amarán. [Ninguno por ti se] golpeará el muslo. [Por ti el anciano] meneará su barba. [... el joven] desceñirá su cinto. [...] cornerina, lapislázuli y oro. [Así sea retribuido] quien te mancille, [quede su casa vacía], su colmado almacén. [A la presencia de] los dioses [el sacerdote] te permitirá entrar, [por ti] se abandonará la esposa, (10) (aunque sea) madre de siete».

Cuando Enkidu murió, Guilgamesh exclamó:

Octava tablilla:

«¡Oídme, oh ancianos, [y prestad oído] a mí! Por Enkidu, mi [amigo], lloro, gimiendo amargamente como una plañidera. El hacha de mi costado,4 confianza de mi mano, el puñal de mi cinto, [el escudo] delante de mí, mi túnica de fiesta, mi más rico tocado… ¡Un demonio [perverso] apareció arrebatándomelos!

La epopeya de Guilgamesh no tiene el amor homosexual como primer tema, ni es del todo claro que Guilgamesh y Enkidu hayan mantenido relaciones genitales. Sin embargo, se habla insistentemente de amor entre ambos y las relaciones genitales están bastante sugeridas.

Si bien al inicio de la epopeya la actividad sexual de ambos es puesta de relieve, con el tiempo, el amor entre ellos va frenando los ímpetus más biológicos y se convierte en un amor profundo y espiritual en el que casi no se menciona la actividad sexual.

Por otro lado, no es fácil, a partir de este relato, imaginar cómo era vivida y entendida la homosexualidad en el pueblo común de Mesopotamia.

Leyes asirias medias

Las dos primeras décadas del siglo xx vieron el descubrimiento de trece tablillas en Asur, con lo que se denominaron Leyes Asrias Medias, que datan del siglo xiv a.C.

Las leyes 19 y 20 tratan de la homosexualidad en los siguientes términos:

19. Si un hombre a solas difama a un allegado diciendo: «Todos yacen con él», o en una riña le dice ante la gente: «Todos yacen contigo», y añade, «yo puedo probarlo», pero no puede aportar pruebas o no lo prueba, le darán al hombre 50 bastonazos. Por un mes hará trabajos forzados para el rey. Lo raparán y pagará un talento de plomo.

20. Si un hombre yace con un allegado y se prueba y confirma su culpa, que yazgan con él y lo hagan eunuco.

El artículo 19 no habla del castigo para quien mantiene relaciones homosexuales, sino para quien acusa a otro de mantenerlas sin poder probarlo. El artículo no deja claro si se refiere a relaciones mantenidas de común acuerdo o a violaciones repetidas.5

El artículo 20 sí habla del castigo. Quien yace con un allegado que también es varón, debe ser violado y luego castrado. En este artículo se castiga solo a una persona, por lo que se sobrentiende que esa persona violó a la otra y que esta resulta inocente de cualquier culpa. Así pues, el castigado es quien viola, es decir, quien es activo en la relación, quien se pone encima del otro. Por eso la castración es un castigo adecuado… no podrá volver a violar a otro hombre.

El hombre violado no es castigado, así como la mujer violada tampoco era culpable de adulterio (cf. artículo 12).

Según Nissinen el violador de un igual era castigable, pero no el que violaba a un inferior. Para demostrarlo aduce un tratado entre el rey Asurnerari v y el rey Mati-ilu, de Arpad, que dice:

Si Mati-ilu peca en contra de esta alianza con Asurnerari, rey de Asiria, que Mati-ilu se convierta en prostituta, sus soldados en mujeres, que reciban regalos en la plaza de sus ciudades como prostitutas, que un país los empuje al otro. Que la vida de Mati-ilu sea el de una mula, sus mujeres ancianas. Que Istar, la diosa de los hombres, la dama de las mujeres, les quite su arco los ponga en vergüenza y que se lamenten: Ay, hemos pecado contra la alianza con Asurnerari, rey de Asiria.

Así pues, la violación de un inferior no era un delito punible. Este texto pone en claro que violar a un varón significaba quitarle poder, humillarlo… convertirlo en mujer. Por eso, el artículo 20 castiga con la castración (convirtiendo en mujer) a quien viola a un igual.

En el Summa alu, que contiene presagios, hay algunos que tratan de relaciones homosexuales.

Si un hombre copula con su igual por el ano, llegará a ser líder entre sus iguales y hermanos.

Si un hombre copula con un adorador de Istar (assinnu) le dejará un destino duro.

Si un hombre copula con un cortesano, será poseído por terrores por un año, pero luego lo dejarán.

Si un hombre copula con un esclavo nacido en casa, caerá sobre él un destino duro.6

Hay que notar que el primer presagio citado felicita a quien viola a un igual, mientras que la ley lo hacía reo de un gran castigo. Pero es preciso tener en cuenta que los presagios no eran códigos morales. Los adoradores de Istar (assinnu) cambiaban de sexo. Su servicio se fundamentaba en el mito del Descenso de Istar al infierno. Para hacerla revivir y sacarla del reino de Ereskigal, Ea creó un eunuco (assinnu), que se acostó con Ereskigal y consiguió que le permitiera revivir a Istar (Innana). De esta forma, el assinnu era un medio entre la diosa y los muertos o enfermos. Los assinnu tenían atributos masculinos y femeninos, simbolizando así los roles masculino y femenino de la diosa. «En Mesopotamia, la castración era una señal de una vida entera de devoción a la diosa y, en todo caso, era el destino de un assinnu».7 Tal vez, también tenían ocasionalmente relaciones homosexuales.

El papel de los assinnu es semejante al de los galli (gallos), sacerdotes consagrados a Cibeles.

Cibeles y Attis

El culto de Cibeles es originario de Asia Menor. En esas culturas había cierta tendencia a dar más importancia a la diosa como representación de la tierra y el dios que la fecundaba era secundario. La Gran Madre es apasionada y muy fecunda. Sus templos principales estaban en medio de los bosques. Su esposo era Attis. Cuando los Frigios, provenientes de Tracia, llegaron a Anatolia hacia el 1000 a. C., asumieron este culto por su similitud con el culto orgiástico de Sabazio. El culto de Attis tiene su origen en ritos agrarios que querían representar la muerte y el renacimiento de la naturaleza. Attis murió a los pies de un pino y su madre lo lloró, pero luego renació, en la primavera, después del crudísimo invierno de Anatolia. Este mito tiene dos fuentes, una dice que Attis, hijo de Creo, rey de Lidia fue muerto por el frigio Adrasto, mientras cazaba, de ahí el rito de matar ese animal como si fuera el espíritu de la vegetación, pero después ese animal fue considerado como causante de la muerte del dios y por tanto debía ser inmolado en su honor. La otra versión es de Frigia, según ella, Attis muere después de que su madre Cibeles le mutila su órgano sexual (aunque algunos ritos dicen que él mismo se mutiló). Zeus fecundó a Agdos, quien dio a luz al hermafrodito Agdisti, lujurioso doblemente. De la sangre de este Agdisti, provocada por Dionisios para atemperar su libídine, nació un almendro cuyo fruto fecunda al río madre que parió a Attis. Agdisti se enamoró de Attis y el día de la boda de este con Mida, hija del rey de Pessinunte, irrumpió e infundió en todos un frenesí sexual que terminó por matar a Attis.

Este mito ilustra la castración de los sacerdotes; la santidad de la piedra sagrada nacida del semen de Zeus, que encierra la exuberancia de la naturaleza y la presencia del pino en los ritos, de las violetas, etc.

Los sacerdotes eran castrados pues la identificación de los sexos es parte de la naturaleza, que es padre y madre de sí misma. «Siendo la Gran Madre una personificación de la naturaleza universal, su figura se encuentra en Anatolia esbozada sobre las rocas o en el fondo de nichos que quieren representar la gruta de la montaña, en pie o sentada, acompañada de leones que la siguen a través del bosque y son sus animales favoritos».8 Vestían los sacerdotes en verde amarillo, un pectoral con la figura de Zeus, Cibeles o Attis; aretes; cabello largo femenil (que se desataba en el momento de la danza); llevaban una corona de laurel. Vivían de interpretar sueños, de profetizar e incluso de limosna. Tenían un sumo sacerdote y los gallos, que eran castrados y dedicados de por vida a la diosa (similares a los assinnu), sacerdotes, sacerdotisas (las encargadas de preparar a los iniciados, nunca presidían las ceremonias), músicos.

El culto entró en Roma en el 204 bajo el control del colegio de los Quindecemviri, pero los ciudadanos tenían prohibido participar en el culto y más aún ser ministros. Los oráculos sibilinos dicen, que cuando Aníbal estaba a las puertas de Roma, iba a entrar si no se aceptaba el culto de la Gran Madre. Claudio dio a la Gran Madre una posición privilegiada y el rito se aclimató a Roma, con lo que las prohibiciones se suspendieron y se extendió por todo el imperio hasta que Teodosio (fines del s. iv d.C.) lo prohibió. Los principales propagadores del misterio eran los soldados; los puertos eran los lugares en que más adeptos había. El cambio mayor del culto fue el ofrecimiento de los testículos de un toro en lugar de la castración de los sacerdotes. Con la sangre del toro sacrificado se rociaba a los iniciados. Había archisacerdotes, quienes estaban obligados a permanecer en el lugar de su jurisdicción de por vida; ellos eran quienes interpretaban la voluntad de la Gran Madre; también tenían el oficio de sacrificar toros por el imperio. El sacerdocio simple, por el contrario, no era de por vida e inclusive, no era excluyente del servicio de otros dioses vecinos. Otro cambio que sufrió en Roma este misterio fue la subordinación del sacerdocio al colegio de los Quindecemviri (que regulaba todos los cultos extranjeros).

Dado que se trata de cultos mistéricos, es muy difícil saber qué rol jugaban las relaciones homosexuales, además, los assinnu, como los galli, eran personajes extraordinarios, que no pueden servir como paradigma para saber cómo se veían las relaciones homosexuales entre el pueblo ordinario.

B. La homosexualidad en Egipto

Solo un par de textos egipcios mencionan las relaciones sexuales homogenitales, El libro de los muertos, y la Batalla de Horus y Set.

En El libro de los muertos, en las confesiones, hay una que dice: «No tuve relaciones sexuales con un niño»,9 lo cual nos muestra que las relaciones de un adulto con un niño no eran bien vistas, pero no hasta qué punto y menos aún qué tipo de castigo conllevaban. Tampoco sabemos cómo eran vistas las relaciones homosexuales entre adultos.

La Batalla de Horus y Set,10 es el texto egipcio que más éxito tuvo. Se encuentra en diferentes versiones, pero todas coinciden en la lucha entre Set y Horus y la victoria final de este. La leyenda parece mezclar dos motivos diferentes: La unión del Alto y del Bajo Egipto por un lado, y la venganza de Horus contra Set por haber asesinado a Osiris, padre de Horus y hermano de Set. Las dos tradiciones convivieron y se enriquecieron mutuamente durante siglos y ambas se fueron enriqueciendo con tradiciones y narraciones bastante diferentes.

Set y Horus presentan ante la corte su petición de reinar entre los dioses. La opinión se inclinó en favor del más fuerte, Set, por lo que Isis protestó. Set pidió que se realizara otra sesión, pero se las ingenió para exlcuir a Isis. Isis se las ingenió para presentarse y lograr que fuera coronado Horus. Como Set no aceptó el verdicto, se entabló un combate entre él y Horus. Primero lucharon en forma de hipopótamos. En una batalla, Set le saca un ojo, pero su herida queda sanada. En otra batalla, atestiguada en un papiro del Reino Medio, Set viola a Horus, pero este se las ingenia para obtener el semen de su tío en sus manos. Cuando Set presumía que había violado a Horus, se dio cuenta de que estaba comiendo su propio semen. La batalla siguió puesto que Set no reconoció la realeza de Horus. Después de esto, se entabló una batalla entre ambos en el Nilo. La barca de Set se hundió sin remedio, pero Set no quedó vencido sino hasta que Osiris decretó que el rey debía ser Horus.

El texto no trata de amor homosexual, sino de una lucha en la que la castración o la violación son signos de poder sobre otro hombre.

1 Para esta lección me fundamento en Martti Nissinen, Homoeroticism in the Biblical World. A Historical Perspective, Fortress Press, Minneapolis 1998.

2 La pronunciación es Guilgamesh, con g suave y con sh al final, sonido muy parecido a la ch del español. Por esta razón, a veces se escribe Gilgamés, a veces Guilgamesh y a veces Guilgamés.

3 Malbran-Labat, F., Gilgamesh (Documentos en torno a la Biblia No. 7), Verbo Divino, Navarra 1983, 6.

4 Según el segundo sueño de Guilgamesh, el hacha lo atrajo como una mujer y la puso a su lado.

5 Para Martti Nissinen, Homoeroticism in the Biblical World. A Historical Perspective, Fortress Press, Minneapolis 1998, 26, aquí se trata de violaciones repetidas, por lo que las Leyes Asirias Medias no hablan del amor homosexual, sino de violaciones.

6 Martti Nissinen, Homoeroticism in the Biblical World. A Historical Perspective, Fortress Press, Minneapolis 1998, 27.

7 Martti Nissinen, Homoeroticism in the Biblical World. A Historical Perspective, Fortress Press, Minneapolis 1998, 31.

8 Turchi N., Storia delle religioni II, Sansoni, Firenze 1954, 387.

9 Capítulo 125 A 20, B 27.

10 11,1-12,2.  Se trata de otro relato encontrado en un papiro en El-Lahun (Imperio Medio, hacia 1700 a.C.), cuyo texto completo se ha conservado en una copia del Imperio Nuevo (hacia 1200 a.C.). 


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