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Anexo 14B – IV° Medio

Guía de análisis de documentos: Voto Voluntario
Lee atentamente los siguientes documentos y responden las preguntas que se hacen a continuación.
Documento 1: “Voto Voluntario: beneficioso para la democracia”, Editorial de La Tercera, 22 de Diciembre de 2011.


“La reciente ley aprobada para la inscripción automática y voto voluntario en Chile, permitirá el ingreso al padrón electoral de cerca de cinco millones de nuevos electores, acercando a la ciudadanía más joven a las decisiones políticas. Entre los nuevos electores del 80% son menores de treinta y cinco años, pasando este segmento a constituir el 37% del padrón electoral, el cual, al año 2011 solo representaba el 13%.”

Prácticamente siete años tardó en ver la luz la ley que consagra la inscripción automática y el voto voluntario, una reforma que supone la transformación electoral más relevante de las últimas dos décadas. De acuerdo con la nueva norma -la cual tuvo su origen en una moción parlamentaria que data de 2004-, todos los chilenos mayores de 17 años quedarán automáticamente inscritos en el registro electoral y habilitados para sufragar (una vez cumplida la mayoría de edad), lo cual elevará el actual padrón electoral a unos 12 millones de votantes, desde los casi ocho millones que hoy están inscritos. 

Ahora sólo resta esperar que la ley pase el control respectivo ante el Tribunal Constitucional. Si éste da su aprobación antes del 31 de enero, las elecciones municipales de octubre de 2012 se realizarán con un padrón electoral totalmente distinto y bajo un esquema de voto voluntario, lo que debería traer consigo una serie de positivos efectos en la vida política nacional. Que a partir de ahora todos los chilenos en edad de votar puedan hacerlo libremente constituye, quizás, el aporte más significativo de esta reforma, especialmente porque buena parte de los nuevos electores son jóvenes menores de 30 años, los que hasta ahora han preferido no inscribirse en los registros electorales y marginarse de los procesos electorales. La reforma viene entonces a eliminar uno de los factores que estaba afectando la participación, cuál era el envejecimiento del padrón. 

La nueva masa de electores obligará a los partidos políticos a reformular su anquilosada estrategia electoral, puesto que deberán desplegar esfuerzos mucho más activos para capturar las preferencias y motivar la participación electoral de personas de distintos segmentos etarios. Lo esperable es que las propuestas programáticas, como también las campañas electorales, deban ser más claras y motivadoras, porque ahora uno de los factores que deberán considerar los distintos sectores es que el apoyo que obtengan dependerá no sólo de la preferencia, sino también de la disposición de los electores a ir a votar.
No deja de sorprender, sin embargo, que el entusiasmo inicial que despertó la voluntariedad del voto, consagrada constitucionalmente en 2009, con el tiempo perdiera ímpetu y surgieran resistencias durante la tramitación de la ley orgánica respectiva, al punto que algunos sectores políticos -en particular ligados a la DC- impulsaran en el Congreso indicaciones de última hora para incentivar la concurrencia a votar, como días libres o preferencia para las becas estatales. De haber prosperado estas indicaciones, ciertamente se habría vulnerado el espíritu de esta reforma, esto es, que el voto sea fruto de la convicción de los ciudadanos y no producto de una obligación. Algunas voces han alertado que al desaparecer la obligatoriedad del voto, tenderán a sufragar mayoritariamente sectores con más acceso a educación o bien aquellos con marcadas preferencias políticas. Si bien algunos de estos riesgos pueden ser atendibles, el que las fuerzas políticas ahora deban hacer un mayor esfuerzo para convencer a un mayor número de electores debería reducirlos. 

Por último, la implementación de esta reforma debe darse de manera cuidadosa, con el propósito de mantener el principal activo del sistema que será reemplazado: su confiabilidad. Corresponde a las autoridades electorales velar porque el nuevo sistema dé garantías a todos en este aspecto esencial.

Documento 2: ¿Conviene el voto voluntario? J. Samuel Valenzuela, El Mercurio, 09 de Noviembre de 2010


Se ha repetido en Chile por varios años que es necesario instituir el voto voluntario, para que aumente finalmente la proporción de las personas en edad de votar que lleguen a las urnas. Esta aseveración sorprendente se debe a una constatación y a una apuesta. La constatación es que la abstención electoral crece en el país debido principalmente a que los jóvenes votarían en mayor número si tan sólo no tuviesen que cumplir con la exigencia legal, dado el voto obligatorio, de votar en cada elección de por vida en caso de inscribirse. El problema es que de adoptarse esta medida disminuirán aún más, en vez de aumentar, la participación electoral y se reducirá la calidad de la democracia chilena, cuya tendencia había sido, hasta ahora, sólo creciente. La participación electoral disminuirá, porque la atención entre quienes ya están inscritos será con el voto voluntario mucho mayor que el tan esperado pero quimérico incremento del voto juvenil.

En los países donde la votación es voluntaria, la participación electoral es en promedio como 30% más baja que en aquellos que tiene un voto obligatorio con sanción efectiva. Y ya sabemos lo que pasaba en Chile antes de la ley que estableció el voto obligatorio, en 1962. En las elecciones más importantes, las presidenciales, votaba la mitad de los chilenos varones. Por su parte, sólo algo más de un cuarto de las mujeres se había inscrito para sufragar antes de la ley que las obligase a hacerlo, lo cual ocurrió trece años después que se les permitiera participar en las elecciones nacionales.

El sólo hecho de que descienda aún más la participación electoral, ciertamente afectará la calidad de la democracia chilena. A ello hay que agregarle la posibilidad de que quienes voten no sean representativos de la ciudadanía en general. Los estudios electorales muestran que al ser voluntario el voto participan menos los pobres, las minorías étnicas, los partidarios del gobierno de turno y los más jóvenes. Por otro lado, aumenta la participación relativa de los votantes más politizados y militantes, de los que tienen opiniones extremas, de los creen firmemente en alguna causa y de los más enrabiados. De una elección a otra puede variar el tipo de electores que se expresan, generando una discontinuidad que en el fondo no refleja las opciones del conjunto de la ciudadanía. Es lo que ha sucedido en Estados Unidos: la participación en la elección del 02 de noviembre pasado disminuyó mucho más entre los jóvenes y los afroamericanos que entre otros segmentos del electorado. El resultado de la elección contribuye a una parálisis política, a pesar de que las encuestas no muestran que haya habido grandes cambios en las opiniones de la ciudadanía en los últimos dos años.

Al ser posibles las fluctuaciones en la composición de quienes sufragan, el voto voluntario afecta la forma de hacer las campañas políticas. Ya no giran tanto en torno a cuales serían las mejores propuestas para el país, sino que en encontrar la fórmula para motivar la participación electoral de cierto sector y desalentar la de otros. Los mensajes se focalizan en temas explosivos y motivantes, aunque sean negativos y exagerados. Con ello se deteriora el debate público en los periodos preelectorales. El voto voluntario incentiva también el “acarreo” de votantes y el cohecho. Fue en parte para desterrar de una vez por todas estos vicios que surgió en Chile la ley de voto obligatorio. No lo olvidemos.




ACTIVIDADES
A partir de la lectura de estos documentos, desarrollen una reflexión grupal respondiendo las siguientes preguntas:


  1. ¿Consideran que los requisitos para votar son los óptimos?

  2. ¿Es preferible un voto voluntario sobre uno obligatorio?

  3. ¿Es importante participar en las elecciones dentro de un sistema democrático?

  4. ¿Tiene real efecto en la política del país el pronunciamiento ciudadano a través del sufragio?

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