Para conocer bien a la Virgen María no tenemos otras fuentes que la Sagrada Escritura. El mismo Dios nos la presenta con pocas y breves palabras, pero que dicen






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LA TERNURA Y DULZURA DE MARÍA

  1. En los Evangelios y los demás libros del N.T. no tenemos informes directos sobre el perfil psicológico y afectivo de la Virgen. Pero los pocos datos que disponemos y su santidad y su maternidad, pueden introducirnos en el corazón de María y descubrir el tesoro de su ternura y dulzura para su Hijo y para todos sus hijos, discípulos de Cristo. Además las numerosas apariciones y gracias en favor de sus devotos, a lo largo de la historia cristiana, nos manifiestan con abundancia estos aspectos íntimos de su personalidad.



  1. El Papa Francisco, en el mensaje para la jornada del enfermo del 2014 afirma: “Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos. María, animada por la divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma y se encamina rápidamente de Galilea a Judá para encontrar y ayudar a su prima Isabel; intercede ante su Hijo en las bodas de Caná cuando ve que falta el vino para la fiesta; a lo largo de su vida, lleva en su corazón las palabras del anciano Simeón anunciando que una espada atravesará su alma, y permanece con fortaleza a los pies de la cruz de Jesús. Ella sabe muy bien cómo se sigue este camino y por eso es la Madre de todos los enfermos y de todos los que sufren. Podemos recurrir confiados a ella con filial devoción, seguros de que nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonará. Es la Madre del crucificado resucitado: permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la vida plena”.



  1. La ternura es la resultante de otros sentimientos, como el cariño, la benevolencia, la complacencia, la compasión, la misericordia… Y se expresa con la amabilidad, la mansedumbre, la caridad, la paciencia, la comprensión… Es un sentimiento que nace de la percepción de la pequeñez, la humildad, la belleza , la inocencia, la sencillez, la vivacidad… especialmente de los niños, jóvenes y también de los desvalidos, enfermos, pobres y sufridos. La ternura se convierte en gestos como el abrazo, la sonrisa, la cercanía… que quieren significar aprecio, protección, solidaridad, tolerancia, perdón… Es común ver a los esposos abrazarse; a las madres acunar y amamantar a sus hijitos con amor; a las personas sensibles consolar y animar a los que lloran y sufren; a los ancianos mirar y sonreír con cariño a los niños y jóvenes… En todos ellos seguramente los mueve la ternura, que es un aspecto exquisito del amor.



  1. Uno de los rasgos más encantadores que hace la dulzura de una persona, es la humildad, que despierta ternura en aquellos que la observan; conmueve a los demás y los predispone a favorecerle en todo lo que necesite. Voltaire dijo: “La belleza complace a los ojos, la dulzura encadena el corazón”. El humilde está despojado de toda soberbia y altanería; no envidia a nadie; sus modales y su trato con los demás son gentiles y respetuosos; sabe pedir sin pretensiones y agradecer con efusión. Es por eso que conquista el corazón de Dios y de los hombres, como los niños (Mt 19,14), los “pobres de espíritu” (Mt 5,3), los “mansos” (Mt 5,5). María en el canto del “magníficat” manifiesta su gran humildad, que la hace tan dulce. Se considera la “esclava” del Señor. Reconoce la grandeza de Dios y le agradece de corazón por “haberse fijado en la condición humilde de su esclava” (Lc 1,48; cfr Lc 1,38). Por eso Dios, que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”(Lc 1,52), hizo en ella ”grandes cosas” (Lc 1,49); porque “Dios resiste a los soberbios, y da su gracia a los humildes” (Stgo 4,6).



  1. La ternura se alimenta del amor. María estuvo a contacto con Dios y con el corazón de su Hijo, hoguera infinita de amor, y se encendió con su fuego. La ternura y la dulzura son la manifestación del amor. San Pablo dice: “El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es arrogante, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. El amor no acaba nunca…” (1Cor 13,4-7). El amor-ternura-dulzura inspira confianza, no espanta a nadie, cura las heridas del alma, anima a la esperanza, disipa la tristeza y devuelve la sonrisa. Por eso los santuarios de la Virgen siempre están colmados de peregrinos que buscan paz y consuelo.



  1. Encontré en internet el “Decálogo de la ternura”, que quiero compartir con usted, querido/a hermano/a. 1. Todos tenemos necesidad de dar y recibir amor. Si no hacemos así, la vida se oscurece. 2. Para vivir la ternura no se necesitan grandes cualidades. Basta expresar con espontaneidad el amor, sin avergonzarse. 3. La verdadera ternura se conjuga en voz activa y voz pasiva: no sólo hay que darla, sino recibirla con espontaneidad y alegría. 4. La ternura debe expresarse con naturalidad y en todo momento, pero, sobre todo, en los momentos tensos y difíciles. 5. La ternura no es amanerada ni trivial, y no se compagina con la agresividad. 6. Vivir la ternura no significa ser débil y manejable, sino generoso y acogedor. La ternura no se riñe con la energía. 7. La ternura no es exclusiva de la relación madre-hijo. La familia, los hermanos y compañeros, agra-decen también este sentimiento. 8. La ternura se aprende cada día dando amor. Nunca es tarde para empezar a practicarla. 9. Si bien es difícil entender la verdadera sexualidad sin ternura, no confundas nunca la sexualidad con la ternura. 10. Dar, expresar, acoger y recibir ternura es siempre muestra evidente de madurez.



  1. La ternura y la dulzura son cualidades más propias de la mujer. Ya desde pequeñas manifiestan esa tendencia afectiva: a las niñas se las ve abrazando a su muñequita; su inocencia y su cariño las hace encantadoras. Las jóvenes, novias, esposas, madres, abuelas, viven más del amor que de otra cosa. Los hombres somos más torpes, e incluso nos da vergüenza ser tiernos, pues no queremos que nos consideren mujercitas. Somos menos demostrativos, retenemos las lágrimas; pero eso no significa que somos insensibles. Sin embargo Jesús, siendo hombre perfecto, no se avergonzó de abrasar a los niños (Mc 10,16), de mirar con cariño a un joven que manifestó haber cumplido siempre los mandamientos (Mc 10,21); no se avergonzó de llorar por la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11,33.35.38), o por la futura ruina de Jerusalén (Lc 19,41-44). María como madre y mujer perfecta, debía tener una sensibilidad exquisita. Por eso podemos imaginarla muy cariñosa y entregada a su divino Niño, a su esposo, parientes, vecinos; a los apóstoles y discípulos del Señor; y luego desde el cielo a todos su devotos, especialmente los pobres y los pecadores. Debía tener un trato muy delicado, bondadoso y respetuoso para con todos.



  1. Aparte de ser madre y mujer, María era la discípula más perfecta de Jesús. Por una parte Jesús aprendió de su Madre el calor del amor humano, pues recibió de María toda su ternura en los mil abrazos y besos cuando era niño, y luego toda su atención y todo su corazón, especialmente a los pies de la cruz. El corazón traspasado por la espada del dolor, que le profetizó el sacerdote Simeón, le hizo revivir toda la dulzura con que lo había amado y con que fue amada por El. Por otra parte Jesús le enseñó a María, como Hijo del Altísimo, el amor y la ternura infinita de Dios para con todo ser humano; y la llevó al amor místico hacia Dios, esencia de la dulzura por sus infinitas perfecciones. Seguramente habrá escuchado de sus labios la parábola del hijo pródigo donde Jesús describe la conmoción del viejo padre para con el hijo extraviado, a quien acogió con abrazos de ternura y alegría (Lc 15,1-32). Más de una vez María habrá rezado junto a Jesús el salmo 103, que en el versículo 13 dice: “Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles”. Y también el salmo 16,2: “Señor, tú eres mi bien”. Y el salmo 63,1: “Oh Dios, mi alma está sedienta de ti… como tierra reseca, agostada, sin agua”.



  1. Los discípulos del Señor estamos llamados a practicar la dulzura, como María, como Jesús. Hay un aspecto ascético, sufriente, de la dulzura. Eso dijo el Papa Francisco: “El Evangelio es exigente, le pide cosas fuertes a un cristiano: la capacidad de perdonar, la magnanimidad, el amor a los enemigos... Solo hay una manera de ser capaz de ponerlo en práctica: meditar en la Pasión, la humanidad de Jesús e imitar el comportamiento de su MadreNecesitamos hoy de la dulzura de la Virgen para entender estas cosas que Jesús nos pide… cosas no fáciles de vivir: amen a sus enemigos, hagan el bien, presten sin esperar nada... si alguien te pega en una mejilla, preséntale también la otra, a quien toma tu manto no le niegues la túnica... Son cosas fuertes, ¿no? Pero todo esto, a su manera, fue experimentado por la Virgen María: es la gracia de la mansedumbre, la gracia de la apacibilidad". (homilía del 12-9-2013).



  1. El santo padre en la misma homilía recuerda las palabras de San Pablo a los Colosenses: “Revístanse de sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Sopórtense unos a otros, y perdónense… así como el Señor los perdonó a ustedes. Sobre todo revístanse de amor, que es el lazo de la perfecta unión” (Col 3,12-15). Si no miramos a Jesús, no podemos hacer esto, dice el Papa. Debemos “pensar en su silencio manso”, en su “humanidad sufriente”. “Para perdonar, contempla el sufrimiento de Jesús. Para no odiar a tu prójimo contempla el sufrimiento de Jesús. Para no hablar mal contra el vecino, contempla el sufrimiento de Jesús. El único. Oculta tu vida con Cristo en Dios: este es el consejo que nos da el Apóstol. Es el consejo para ser humilde, manso y bueno, generoso, tierno".



  1. Es increíble, pero cierto, que el Señor y la Virgen andan buscando a aquellos que lo han ofendido con sus pecados, no para condenarlos sino para ofrecerle el perdón y la salvación. Nosotros muchas veces no podemos borrar el resentimiento, el rencor y el deseo de venganza. En una de sus bienaventuranzas el Señor afirmó: “Bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia” (Mt 5,7). Y dijo también: “Sean misericordioso como su Padre Celestial es misericordioso” (Lc 6,36). Un día dijo a los fariseos y escribas: “No he venido a buscar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 2,17). San Pablo escribe: “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores." (Rom 5,8). La Virgen en Fátima (1917) mostró a los tres niños, en una visión, como los pecadores caían en el infierno; les pidió que rezaran mucho e hicieran penitencia para que no se pierdan más almas. Con su corazón de madre, la Virgen quiere salvarnos a todos, para que vayamos a gozar con ella en el cielo. En muchas otras apariciones la Virgen invita a la conversión para la salvación.



  1. En nuestros tiempos haría falta una espiritualidad de la ternura y la dulzura. Hay mucha agresividad e intolerancia, discriminación social y racial, enfrentamientos a nivel político, ideológico, religioso; intereses y conflictos económicos. El alcoholismo y la drogadicción son factores de desintegración e inseguridad personal y social. A nivel familiar se va extendiendo el divorcio y las uniones libres, sin compromiso, con un pie en la casa y otro afuera. Los medios de comunicación social difunden programas de violencia y erotismo que introducen dureza y egoísmo en los corazones. Hace falta asumir ese aspecto de la caridad que es la ternura y la dulzura, para suavizar las relaciones humanas. Hace falta sentirnos hermanos por pertenecer a la familia de Dios Padre, que manifiesta su ternura y su dulzura hacia todos, a través de una Madre, la Virgen María.

LA PRESENCIA DE MARÍA

  1. Si estamos en el corazón de Cristo, por la gracia, estaremos también en el corazón de María, porque ella está siempre unida a su Hijo. Y al revés: si estamos unidos a María, estaremos unidos a su Hijo, porque el Hijo nos ve en el corazón de su Madre. Desde los orígenes de la Iglesia María está presente en medio de los discípulos y de los “hermanos de Jesús”, en el cenáculo de Jerusalén (Hch 1,14). No se trata de una reunión de familia, sino del hecho de que bajo la guía de María, la familia natural de Jesús pasó a formar parte de la familia espiritual de Cristo: "Quien cumpla la voluntad de Dios, --había dicho Jesús--, ése es mi hermano, mi hermana, y mi madre» (Mc 3, 34).



  1. Aquella que recibió el llanto primero y la primera sonrisa de Jesús; aquella que siguió todos los pasos del Hijo y suscitó el primero de sus milagros en las bodas de Caná; aquella que Cristo en su agonía dejó por madre al discípulo predilecto; aquella que perseveraba con los apóstoles amedrentados cuando en viento y en llamas vino el Paráclito… no constituye un personaje de antojo ni encarna una fantasía sensiblera. Clavada está en la roca del Evangelio, en la veneración de los discípulos, en los muros de las catacumbas, en las definiciones de los concilios, en el culto radiante y victorioso de veinte siglos cristianos. No representa una devoción parasitaria sino un amor esencial” (A.Junco).



  1. Los protestantes se niegan a tomar en cuenta a María. Podemos considerarlos como huérfanos, pues les falta la presencia materna en su vida de fe. Solo a través de la Virgen podemos entender el amor total de Dios. María como Madre nos muestra precisamente esa aceptación y esa acogida incondicional de la que solo una madre es capaz. El corazón humano necesita ese centro de ternura, esa exquisita suavidad de una madre, exenta de severidad y juicio, llena de misericordia y dulzura, siempre dispuesta al perdón y la acogida. Nos resulta difícil pensar en el amor de Dios sin la mediación de María, porque habitualmente a Dios lo identificamos con los rasgos de un hombre: es el Padre, el Creador, el Juez. Sabemos de su amor y de su misericordia a nivel teológico, pero no a nivel experiencial, psicológico; para eso necesitamos identificarlo con la Madre. Por eso algunos teólogos hablan de la “maternidad de Dios” para hacer comprensible su amor incondicional y tierno. Así como Jesús es la imagen perfecta de su Padre (“Quien me ve a mí, ve al Padre”: Jn 14,9), María es la imagen del rostro materno de Dios, o por lo menos lo manifiesta, salvando los límites entre lo infinito de Dios y los límites propios de la creatura (pues María no es una diosa).



  1. Tenemos numerosos testimonios de la presencia maternal de María a través de la historia. Una presencia que nos muestra no solo el amor de Dios a través de ella, sino también su propio amor hacia la familia eclesial y humana, redimida por su divino Hijo. Ella siempre se ha manifestado con actitudes de bondad, cariño, amabilidad; nunca con severidad y amenazas de condena y rechazo. No podemos imaginarnos a la Madre sentada en un tribunal para juzgarnos y dictar sentencias de castigo y muerte. Todo lo contrario, ella es nuestra “Abogada” y defensora. Por eso los cristianos la invocamos como “Refugium peccatorum” (refugio de los pecadores), para buscar misericordia y consuelo.



  1. Aunque sabemos que “si alguno hubiere pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a saber Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1), que está ”presente ante Dios intercediendo por nosotros” (Hbr 7,25; Hbr 9,24), como Sumo y eterno Sacerdote (Hbr 4,14), sin embargo sabemos también que María está acompañando a su Hijo en la obra de redención, intercediendo por nosotros ante Dios, para conseguirnos, por los méritos de su divino Hijo, la gracia de la santidad y la salvación. El Concilio Vat. II° afirma: “La Virgen se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con él y bajo él, con la gracia de Dios omnipotente” (LG 65).



  1. El término “presencia”, según la filosofía existencialista y el personalismo contemporáneo (Buber, Malinas, Mounier y Marcel) no significa un mero estar juntos en el mismo espacio, tiempo y lugar, sino un compartir la vida, estar en relación con los otros; intercomunicación profunda, influjo vital y comunión consciente. Aplicando a la Virgen esta noción de su presencia entendemos mejor su papel en la vida cristiana, podemos comprender mejor cómo este término recoge en síntesis todos los títulos y prerrogativas atribuidas a la Virgen en el curso de los siglos” (A.Pizzarelli): Madre, Virgen, Discípula, Mediadora, Reina… Su “presencia” en la vida de Cristo significa una unión profunda como Madre, desde la concepción (Anunciación) hasta la glorificación (Asunción). Una unión a nivel biológico, psicológico, afectivo, espiritual. Una unión que la hace partícipe profundamente de su vida, de su misión, de su pasión y de su glorificación. Todo lo que vive el hijo tiene una profunda resonancia vital y emocional en la vida de la madre: así entre Jesús y María, su Madre.



  1. Con respecto a la “presencia” de María en nuestras vidas, podemos estar seguros de que en la medida en que estamos unidos a su Hijo, como “cristianos”, su corazón estará también latiendo con el nuestro. Desde la primera comunidad de los discípulos, hasta la comunidad eclesial de nuestros tiempos, la Virgen ha estado siempre presente con su premura y su ternura, ocupándose y preocupándose por el bien de todos sus hijos, nosotros, los hermanos de Cristo. Se han registrado muchas apariciones de la Virgen a través de los siglos, siempre con un mensaje salvación. Según la tradición, la primera ocurrió, estando aún en vida, al apóstol Santiago, acontecimiento del cual da testimonio la memoria histórica de la fiesta de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza, España el día 12 de octubre. Entre los siglos I-XIII fueron 126. En los siglos entre XVI-XVII: 192. En los siglos XVII-XIX, 224. En el siglo XX unas 455, subdivididas con respecto a los videntes de la siguiente manera: 77 hombres, 186, 192 niños. El contenido general de las apariciones es siempre un llamado a la conversión y a la penitencia, que de una forma u otra animan el proceso histórico de la vida de la Iglesia en su peregrinar en el mundo (cfr P.A.Larocca: “Ponencia sobre la presencia maternal de la Virgen María”).



  1. Los mensajes de la Virgen María siempre expresan su cariño maternal y su deseo de acompañar a los hijos de Dios. El mensaje de la Virgen del Pilar manifiesta claramente esta intención: “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que el poder de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”. A San Juan Diego, la Virgen de Guadalupe le dijo: “Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los demás amadores míos que me invoquen y en Mí confíenNo se entristezca tu corazón ni te llenes de angustia. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿Acaso no soy tu ayuda y protección?...”



  1. A Santa Catalina Labouré, en 1830, la Virgen le dijo: "Haz que se acuñe una medalla según este modelo (La Medalla Milagrosa). Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán más abundantes para los que la lleven con confianza". La Virgen de la Salette, en 1846, se apareció a dos niños, Melanie Calvat y Maximino Giraud, y les dijo preocupada: "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de mi Hijo sea más pesada".



  1. La Virgen de Lourdes en 1858 se apreció a la niña Bernardette Subirous presentándose como la “Inmaculada Concepción” y le pidió: “Rogad por los pecadores… Penitencia, penitencia, penitencia… Rogarás por los pecadores… besarás la tierra por la conversión de los pecadores”. A los tres niños de Fátima (1917), varias veces les pidió que recen y hagan penitencia por los pecadores y para que termine la guerra. Después de haberles mostrado el infierno, les dijo: "Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra terminará pero si no dejan de ofender a Dios en el reinado de Pío XI comenzará otra peor". Se presentó como la Virgen del Rosario y les pidió: “"Cuando recéis el rosario, decid después de cada misterio: "Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas".



  1. En las apariciones en Beauraing (1933), Francia, les dijo a los cinco niños: “Sean siempre buenos… oren, oren mucho… oren siempre…sacrifíquense”. Se presentaba con un corazón que brillaba como oro, por eso se la llama la “Señora con el Corazón de Oro”. En el mismo año se apreció en Baneaux, Bélgica, a una niña y en varias oportunidades le dijo:  "Soy la Virgen de los Pobres". "Esta fuente está  reservada para todas las Naciones,  para aliviar a los enfermos. Rezaré por ti. Adiós".  “Vengo a aliviar el dolor, adiós”. “Creed en mi; yo creeré en vosotros. Rezad mucho”. En una de las apariciones a Pierina Guilli, en Montichiari (1947) la Virgen Rosa Mística le dijo: "Mi divino Hijo es todo amor, pero el mundo va hacia la ruina. Yo he alcanzado una vez más misericordia y vengo a Montichiari para prodigar las gracias de su amor, pero para salvar a la humanidad se necesita oración, sacrificio y penitencia.



  1. En Medjugorje (1981) la Virgen pide concretamente la conversión para que el mundo se salve de la perdición. A los videntes les dijo: "Digan a todos mis hijos y a todas mis hijas, digan a todo el mundo, y lo más pronto posible, que yo deseo su conversión… Hoy en día la grandísima mayoría de la gente va al purgatorio; un cierto número va el infierno; sólo una minoría va directamente al cielo. Esto último sucede porque la gente muere sin prepararse, sin tener en cuenta a Dios... Renuncien a todo y serán llevados directamente al paraíso". Les recomienda la oración, los sacramentos, especialmente la Confesión y la Eucaristía; que practiquen el ayuno y que vivan la espiritualidad de la cruz.



  1. En 1994 San Juan Pablo II° consagró el templo de la Virgen de las Lágrimas, en Siracusa, Italia, donde lloró en 1953, pidiendo por “los que más tienen necesidad de perdón y reconciliación”. En aquella oportunidad el Papa dijo: "Las lágrimas de la Virgen pertenecen al orden de los signos: testimonian la presencia de la Madre en la Iglesia y en el mundo. Una madre llora cuando ve a sus hijos amenazados por algún mal, espiritual o físico… Las lágrimas de la Madre son: - Lágrimas de dolor, por cuantos rechazan el amor de Dios y por la humanidad oprimida y rota. - Lágrimas de oración, de la Madre que eleva su oración suplicante por los que no rezan, por los que están obstinados y cerrados para no escuchar a Dios. - Lágrimas de esperanza, que desean ablandar los corazones endurecidos, alcanzado arrepentimiento, llanto de conversión en todos aquellos que no han llorado por sus pecados”.



  1. En nuestras tierras benianas, para recuperar el amor de su pueblo, la Virgen hizo un milagro memorable, que marcó un nuevo inicio de la fe, no solo en Loreto, sino en todo el Beni. Todos conocen la historia de las lágrimas de la Virgen de Loreto. Es muy significativo que los primeros testigos fueron dos niños. “Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios, dijo Jesús (Mt 5,8). Los días 6-7-8 de octubre de 1959, en que ocurrieron los hechos milagrosos, quedarán grabados a fuego en el corazón de los Loretanos y de todos los benianos. Renació la devoción entrañable a la Virgencita, con manifestación de fe y cariño hacia la Madre que lloró por sentirse abandonada por sus hijos. Detrás de los niños, las mujeres y luego el pueblo todo, y por fin las autoridades religiosas y civiles pudieron constatar el prodigio, que fue debidamente testimoniado, registrado y reconocido. El pueblo respondió maravillosamente al amor de María, y acudió, y sigue acudiendo a ella con fe, devoción, cariño y propósitos de conversión. De esa manera creo que María desde el cielo dejó de llorar y volvió a sonreír al pueblo beniano. Ojalá que nunca más hagamos llorar a nuestra “Mamita de Loreto”.




  1. Siempre la Virgen se acerca a la humanidad con el corazón de Madre, para socorrerla especialmente en los peligros espirituales y para exhortar a sus hijos a la conversión, por su propio bien. Muchas son las apariciones aprobadas, otras todavía no reconocidas (Rosa Mística, Garabandal, Medjugorje…), otras incluso condenadas por la Iglesia (Bayside, Belluno, El Palmar…). Muchas son las apariciones privadas (a San Gregorio, San Bernardo, San Francisco, San Ignacio, San Juan Bosco, Alfonso Ratisbone judío ateo que se convierte…). Todos estos acontecimientos milagrosos están testimoniando el amor de Maria, su inmensa caridad y bondad, su presencia continua y atenta, su preocupación por salvar al mundo. La Virgen no se quedó atrás en la historia, sino que vive gloriosa y asiste a sus hijos de todos los tiempos.



  1. Para cerrar este capítulo sobre la presencia de María, veamos a continuación las apariciones de la Virgen en Zeitoun, Egipto,en 1968-1970. Las apariciones comenzaron la noche del martes, 2 de abril de 1968. Más de un millón de personas vieron personalmente a la Virgen, entre ellas el presidente de Egipto, Abdul Nasser, quien era marxista declarado. Las apariciones fueron filmadas por la TV egipcia y fotografiadas por miles de profesionales. La policía local al principio pensó que se trataba de una broma sofisticada, por lo que rastrearon la zona por un radio de 15 millas para asegurarse que nada pudiese estar proyectando la imagen. No encontraron nada. Las apariciones duraron tres años en el curso de los cuales ocurrieron numerosas curaciones comprobadas por médicos. Los Musulmanes que observaron las apariciones exclamaban utilizando un pasaje del Koran: "María, Dios te ha escogido; te ha purificado; te ha escogido entre todas las mujeres" . Junto con la Virgen se vieron palomas luminosas. Vieron a la Virgen caminar sobre la iglesia, especialmente sobre la cúpula. Las apariciones variaban en duración entre pocos minutos  hasta nueve horas. La Virgen no habló, pero su presencia fue muy elocuente para inspirar y fortalecer la fe.
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