Para conocer bien a la Virgen María no tenemos otras fuentes que la Sagrada Escritura. El mismo Dios nos la presenta con pocas y breves palabras, pero que dicen






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MARIA la MEDIANERA

  1. En su condición de Reina, de Madre, llena de gracia y bondad, María se ha convertido en nuestra Mediadora o Medianera delante de Dios. Su poder intercesor está no solo en sus prerrogativas, sino especialmente en el amor con que ama a Dios, y en el amor con que Dios la ama a ella. Por eso el Padre y el Hijo no le niegan nada, porque no pueden disgustarla, pues la aman con un amor sin medida. Nosotros también no podemos negar nada a los que amamos mucho y nos aman mucho; es más fuerte que nosotros: nos sentiríamos mal nosotros mismos si le negáramos algo. En las bodas de Caná Jesús cambió su programa, adelantó su hora, por complacer a su Madre. Y muriéndose en la cruz, se preocupó de asegurar su existencia, confiándola al apóstol Juan.



  1. María, desde que el ángel Gabriel le anunció que había sido elegida para ser la Madre del Redentor, fue colaboradora activa en la obra de salvación. El Concilio Vat. II° afirma: <<Los Santos Padres consideran a María, no como un mero instrumento pasivo en las manos de Dios, sino como cooperadora a la salvación humana por la libre fe y obediencia. Porque ella, como dice San Ireneo, "obedeciendo fue causa de su salvación propia y de la de todo el género humano">>. Ya en la Iglesia primitiva, María estaba presente en medio de los discípulos acompañándolos. El N.T. nos relata que los Apóstoles "perseveraban unánimemente en la oración, con las mujeres y María, la Madre de Jesús, y los hermanos de El" (Hech., 1, 14).



  1. A través de los siglos la Virgen María siempre será solícita Madre de la Iglesia y acudirá incesantemente en socorro de los cristianos, fieles seguidores de su amado Hijo. Los protestantes y los evangélicos niegan el poder mediador de María porque afirman que Cristo es el único mediador delante del Padre. El Cocilio Vat. II° aclara: <<Uno solo es nuestro Mediador según la palabra del Apóstol: "Porque uno es Dios y uno el Mediador de Dios y de los hombres, un hombre, Cristo Jesús, que se entregó a Sí mismo como precio de rescate por todos" (I Tim., 2, 5-6). Pero la función maternal de María hacia los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia (LG 60)>>. María no aleja los hombres de Cristo, sino al contrario los acerca a El para que reciban las gracias que necesitan y la salvación eterna por los méritos e intercesión de su Hijo delante del Padre.



  1. Así como la Iglesia unida en oración, pide a Dios las gracias y los favores que necesitan los fieles; lo alaba, lo bendice, le agradece, lo adora y le piden perdón; y lo hace por la mediación de Cristo, pues en toda oración concluye diciendo “por Cristo nuestro Señor”. Así María, que es Madre de la Iglesia, “Cuerpo místico de Cristo”, se dirige a Dios o a su Hijo directamente rezando por nosotros, y “atrae a los creyentes hacia su Hijo, hacia su sacrificio y hacia el amor del Padre” (LG 65). No es ella quien hace las gracias y los milagros, no es ella quien opera la salvación, pero los consigue con más eficacia que cualquier otro ser humano, por ser ella sumamente amada por Dios, y siempre en atención a los méritos y la mediación de Cristo.



  1. Desde antiguo se le llama a María Medianera y Corredentora, sobretodo porque trajo al mundo al Redentor, fuente de todas las gracias. En el Credo de Paulo VI, n°15 leemos: «Asociada por un vínculo estrecho e indisoluble a los misterios de la Encarnación y de la Redención...; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos».



  1. Los cristianos recurrimos a la Virgen porque confiamos en su maternal comprensión y sabemos que, como su Divino Hijo, no se niega a nadie, simplemente porque es buena, santa, perfecta en el amor a Dios y al prójimo. Y también porque Jesús desde la cruz le asignó la función de ser madre de todos los hombres, representados en San Juan. En María vemos la bondad pura y la misericordia sin límites, que a veces se nos hace difícil de ver en Dios, por ser el Altísimo, el Padre, el Juez. Aunque sabemos que Dios es toda bondad y misericordia, pero lo percibimos mejor a través de María, la Madre, porque intuimos que la madre ama de manera incondicional, como dicen los psicólogos; el padre en cambio ama con un amor exigente. Pero el amor exigente siempre es a fin de bien, por lo tanto es verdadero amor.



  1. Los evangélicos y los protestantes niegan la mediación o intercesión de María y de los santos. Dicen que no se debe rezar por los difuntos, y que rezar a alguien que no sea Dios, es paganismo. Sin embargo la Sagrada Escritura dice que podemos rezar los unos por los otros. Entonces podemos también pedir a la Virgen y a los Santos que recen por nosotros. El Apóstol Santiago afirma: "La oración hecha con fe salvará al enfermo" (Stgo 5:15); "La súplica del justo tiene mucho poder con tal de que sea perseverante" (Stgo 5:17). San Juan dice: “El que ve a su hermano cometer un pecado, de los que no llevan a la muerte, ore por él y Dios dará vida a su hermano”. (1-Jn 5:16). San Pablo exhorta a los Efesios: “Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu; sepan velar para proseguir su oración, sin desanimarse nunca, e intercedan por todos los hermanos” (Ef. 6,18). Sabemos muy bien que no son la Virgen y los Santos quienes hacen los milagros y las gracias, pero ellos pueden conseguirlos más fácilmente, porque Dios los ama más, por ser más buenos que nosotros y más agradables a Dios.



  1. La historia del cristianismo registra innumerables intervenciones de la Virgen a favor de sus devotos o en beneficio de la humanidad. Veamos algunos ejemplos. Las primeras actuaciones de la Virgen a favor de los demás, las encontramos en la Sagrada Escritura: en las bodas de Caná, cuando le pide a Jesús que saque de apuros a los esposos; en el cenáculo de Jerusalén, cuando reza junto a los discípulos y los apóstoles invocando la venida del Espíritu Santo. Pero ya en las primeras páginas de la Biblia María se perfila como la mujer que hará frente al demonio defendiendo a los suyos: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; él te pisará la cabeza mientras tú acechas su calcañar” (Gn 3,15; cfr Apc 12,17). El Cantar de los Cantares describa a la “amada” prefigurando a María, como la mujer “radiante como el sol, irresistible como un ejército en marcha” (6,4.12). También dos valientes mujeres bíblicas, Esther y Judith que salvan a su pueblo de la destrucción, una en el destierro, otra en patria, son figuras de María, que defiende al pueblo de su Hijo, el pueblo de la Nueva Alianza.



  1. Desde los primeros siglos a María se le dice “Auxilium cristianorum” (ayuda de los cristianos) y se la invocaba como “Teotokos” (Madre de Dios), y “Boheteya” (Auxiliadora). Entre los Padres de la Iglesia que se refirieron directamente a la Virgen María como "Βoheteya" se encuentran Juan Crisóstomo en una homilía del año 345, Proclo en el 476, Sebas de Cesarea en el 532. Después del tiempo patrístico, entendido este hasta el siglo V, otros personajes hicieron mención de dicho título como Romano Melone en el 518, Sofronio, arzobispo de Jerusalén, Juan Damasceno en el 749 y German de Constantinopla en el 733. Esta advocación de María Auxiliadora tomó fuerza con el papa Pio V en el siglo XVI, y luego fue popularizada por San Juan Bosco y su congregación de los Salesianos en el siglo XIX.



  1. Durante varios siglos los musulmanes han ido atacando a los cristianos, llegando a conquistar el imperio bizantino (caída de Constantinopla: 1453). La Orden de la Virgen de la Merced (Mercedarios), que tiene como finalidad rescatar a los cristianos apresados por los musulmanes, que continuamente asaltaban los pueblos de las costas europeas, llevándose esclavos a los cristianos, surgió por pedido de la Virgen a San Pedro Nolasco en 1218. “Merced significa “misericordia”. La Virgen tenía compasión de aquellos desventurados cristianos que sufrían y peligraban su fe, pues los musulmanes los amenazaban de muerte si no se convertían al islamismo o si no eran rescatados. Los mercedarios además de los tres votos de todos los religiosos, hacían un cuarto voto de entregarse en lugar de un cristiano cautivo, si no tuvieran dinero para rescatarlo y si peligraba en su fe. Así lo hizo San Ramón Nonato, quien luego fue rescatado.



  1. Cuando los musulmanes se aprestaban a invadir Europa para barrer con el cristianismo en el siglo XVI, (ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, Africa del Norte y España), gracias a la Virgen Auxiliadora, la “Liga Santa” pudo frenar la armada islámica, con la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571. El papa Pio V envió a un gran número de frailes capuchinos y jesuitas para confesar y bendecir a los soldados cristianos; rezaron el rosario y se arrodillaron invocando el auxilio de la Virgen. Mientras tanto en Roma, en la basílica de santa María la Mayor organizó un rosario público en el día de la batalla. La victoria fue de la armada cristiana, a pesar de ser inferior en número y fuerza, y se atribuyó a la Virgen. Por eso el papa instituyó la fiesta de la Virgen de las Victorias el primer domingo de octubre, que poco después, en 1573 Gregorio XIII la denominó fiesta de la Virgen del Rosario, trasladándola al 7 de octubre.



  1. Dicho precedente se reflejaría pocos años después en Baviera, el sur católico de Alemania, en donde se vieron amenazados por el avance del luteranismo durante la Guerra de los Treinta Años. En dicho contexto hicieron una promesa a la Virgen: si Esta los libraba de su invasión, la honorarían con el título de Auxiliadora de los cristianos. De este hecho histórico viene la llamada Asociación de María Auxiliadora” (cfr. Wikipedia, artículo: María Auxilio de los critianos).



  1. La fiesta de María Auxiliadora, que se celebra el 24 de mayo, se debe a una promesa que hizo el Papa Pio VII, quien durante varios años había estado en prisión por orden de Napoleón, primero en Saboya (1806), luego en Fontenebleau (1809). El Papa prometió a la Virgen que cuando recuperara su libertad, declararía ese día como solemne, en honor a María “Auxilio de los cristianos”. Bien pronto el poder de Napoleón declinó y el papa fue liberado y pudo volver a Roma, el 24 de mayo de 1814. Y cumplió con su promesa. San Juan Bosco fue quien, a partir de 1860, más difundió la devoción de la Virgen María Auxiliadora. Construyó un gran templo en Turín con este título, por pedido de la misma Virgen que se le apareció. Fundó la congregación de las Hijas de María Auxiliadora. Recomendó a sus salesianos llevar la devoción de María Auxiliadora a toda la juventud y las áreas de evangelización confiados a ellos.



  1. Otra advocación que manifiesta la solicitud maternal de María es la del “Perpetuo Socorro”. El nombre lo dice todo. Su festividad se celebra el 27 de junio. La imagen original es del siglo X, procedente de la isla griega de Creta. Un comerciante la sustrajo y la subió al barco. Durante la travesía se levantó una gran tempestad. Los pasajeros se encomendaron a la Virgen y llegaron sanos y salvos a tierra. La imagen fue llevada a Roma y durante trescientos años permaneció en la iglesia San Mateo. Desde 1865 pasó a la iglesia San Alfonzo, y los Redentoristas difundirán su devoción a los cuatro continentes. La Virgen del Perpetuo Socorro es Patrona de HaitÍ y de numerosos lugares e instituciones. Hay veinte congregaciones religiosas que se acogen a la Madre del Perpetuo Socorro. Igualmente diversas instituciones sanitarias; numerosas editoriales, libros, revistas, emisoras de radio mantienen y propagan su devoción.



  1. María es nuestro refugio, nuestra esperanza y nuestro consuelo. Nos socorre siempre con amor y con poder, si confiamos en ella, especialmente cuando peligramos nuestra salvación. Tomás de Kempis afirma: "que los demonios temen a la Reina del cielo a tal punto que sólo con oír pronunciar su gran nombre, huyen de la persona que lo dice, como si se tratara del fuego ardiente." La misma Virgen Bendita reveló a Santa Brígida "que no hay pecador en la tierra, por más apartado que pueda estar del amor de Dios, del cual el demonio no esté inmediatamente obligado a huir, si se invoca su sagrado nombre con la determinación de arrepentirse."

EL ROSARIO: rosas para María

  1. En las primeras comunidades cristianas se rezaban los salmos. Más tarde los monjes rezaban los 150 salmos cada día. Los fieles laicos no podían hacer lo mismo, entonces empezaron a rezar las Avemarías. Desde el siglo IX en Irlanda se acostumbra hacer nudos en un cordel para contar las Avemarías. Los misioneros irlandeses difundieron esta costumbre en Europa. En 1208 la Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y le enseñó el rezo del santo rosario; le pidió que lo predicara en todas partes. Con eso podía obtener óptimos resultados en su predicación en defensa de la fe católica. Hasta entonces se había esforzado mucho pero con escasos resultados. La Virgen le prometió que con el rezo del Rosario se convertirían muchos pecadores y herejes y recibirían abundantes gracias. Y así fue: muchos albigenses se convirtieron al catolicismo.



  1. Simón de Monfort, amigo de Santo Domingo, le pidió que enseñara el rosario a sus soldados, antes de una importante batalla contra los albigenses. Lamentablemente la religión se vinculó con la política y derivó en guerra. Los soldados de Monfort rezaron el rosario con gran fervor y lograron una resonante victoria. En agradecimiento Simón de Monfort hizo construir la primera capilla en honor a Ntra. Señora del Rosario. Santo Domingo fundó la Orden de los Predicadores que llevó el rezo del Rosario a todas partes. Durante dos siglos fue la oración predilecta. Cuando decayó, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe pidiéndole que reviviera el rezo del Rosario, prometiéndole que favorecería con muchas gracias a aquellos que lo rezarían con devoción.



  1. He aquí algunas de las promesas de la Virgen: 1) Prometo mi especial protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi rosario. 2) El Rosario es escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías. 3) El Rosario hará florecer la virtud y la santidad, atraerá sobre las almas copiosas misericordias de Dios, retraerá el corazón de los hombres del vano amor del mundo, para llevarlo al amor de Dios y encenderlo en el deseo de las cosas eternas. Oh cuantas almas se santificarán por esta devoción! 4) El alma que se encomienda por el Rosario, no perecerá. Se convertirá si es pecador; perseverará en gracia si es justo y. en todo caso será admitido a la vida eterna. 5) Los verdaderos devotos de mi rosario no morirán sin los Sacramentos. 6) Libraré bien pronto del purgatorio a las almas devotas de mi rosario. 7) Los que rezan el rosario son todos amigos míos muy amados, y amigos de mi Unigénito Jesús. 8) Socorreré en sus necesidades a los propagan mi rosario.



  1. Para alguno el rezo del rosario puede parecer monótono y aburrido. Para que pueda convertirse en una hermosa oración hay que pensar en la Virgen, en sus prerrogativas y virtudes, y meditar en los “misterios” gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Rezando el Rosario nos adentrarnos en el misterio de la vida de Cristo y de María, y podemos elevar nuestro espíritu a las alturas de lo divino y lo sobrenatural. La misma Virgen lo recomendó. En Lourdes y Fátima se apareció con el rosario en la mano. Muchos papas lo han promocionado. San Pio V encargó a los dominicos propagar el rezo del rosario a todos los pueblos. León XIII aconsejó el rezo del rosario en familia; escribió doce encíclicas sobre el rosario y dedicó el mes de octubre a esta devoción. Por eso mereció el título de “el papa del rosario”. Todos los papas del siglo veinte han sido muy devotos del santo rosario; especialmente Juan Pablo II°, quien en una carta apostólica de 2002 agregó los cinco “misterios luminosos” y declaró un año del rosario.



  1. El rosario se compone de 50 Avemarías. Son 50 “rosas” que se brindan en homenaje a la Virgen. La primera parte del Avemaría es una salutación de cariño y alabanza, en la cual hacemos nuestras las palabras del ángel Gabriel (“Ave, llena de gracia, el Señor está contigo”: Lc 1,28) y de Santa Isabel (“Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”: Lc 1,42). La Iglesia agregó el nombre de María al comienzo, y el de Jesús al final. La segunda parte es una súplica humilde y confiada, que comenzó a rezarse en el siglo XIV, completando la antiquísima invocación “Santa María, ora pro nobis”. Pero fue San Pio V quien la universalizó; al promulgar el Breviario romano en 1568, mandó que se rezase: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen”.



  1. Cada palabra del “Ave María” tiene un contenido teológico y espiritual muy denso y profundo. Ya hemos visto arriba como el saludo “ave” se dirigía al rey o la reina. La Virgen es reconocida por el ángel en su dignidad real, porque iba a ser Madre del Rey del universo, Cristo Jesús. El nombre de “María” según la etimología hebrea, deriva de “Myriam” o “Maryam” (de ahí la versión griega, latina y árabe) y significaría “estrella del mar” (myr=luz; yam=mar), o también “eminente”, “excelsa”. Otra hipótesis vincula el nombre a la raíz aramea “mra”, que significa “bella” y “señora”. Otros opinan que el nombre “Miryam” deriva la raíz egipcia “myr”, que significa “amada” (la hermana de Moisés nacida en Egipto, se llamaba Miryam). Todas estas significaciones expresan muy bien lo que es la Virgen: luminosa, bella, amada, excelsa, señora.... El título de “Estrella del Mar” fue incluido en las Letanías. Así como la Estrella guía al navegante al puerto, así María nos guía al cielo. Con razón desde hace varios siglos se festeja el “dulce nombre de María”, el día 12 de septiembre.



  1. Con las palabras “llena de gracia” la Virgen es admirada y alabada por la belleza de su alma inmaculada, libre de pecado y adornada de grades virtudes. Se puede interpretar también como favorecida, bendecida, agraciada por Dios; o colmada de amor: de Dios para con María, y de María para con Dios. Eso se deduce de las siguientes palabras del ángel: “El Señor está contigo”. María reconocerá humildemente que todo lo que ocurrió en ella es obra de Dios: “El Poderoso hizo en mí grandes cosas”. Su prima Isabel es la primera en apreciar la belleza y la grandeza de María y su maternidad divina, y le dice: “Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1,42). Por eso María cantará llena de gozo y gratitud : “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador... “.



  1. Por ser María la llena de gracia, santa y bendita entre las mujeres, Madre del Salvador, la Iglesia la invoca con confianza: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores”. En esta expresión se afirma la maternidad divina (Teotokos), en la que se apoya la fe en su gran poder de intercesión (Medianera). Se pide a María que rece por nosotros: esa es la actitud correcta en el culto a la Virgen: un culto de “dulía” (veneración) y no de “latría” (adoración, que se debe solo a Dios). Por eso rogamos a la Virgen para que rece a Dios, quien hace los milagros y concede las gracias que necesitamos. No es cierto que los católicos adoramos a la Virgen, como nos acusan los protestantes y los evangélicos. Nuestra devoción consiste en amarla (como la ama el Señor) venerarla, imitarla y solicitarle que rece por nosotros.



  1. En el Avemaría le pedimos a la Virgen que rece siempre por nosotros: “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Porque somos pecadores, estamos continuamente tentados por “el demonio, el mundo y la carne”, y peligramos nuestra salvación eterna. “Pedid y se os dará” dijo Jesús. Si la Virgen intercede por nosotros, seguramente el Señor le concederá todo y con mayor seguridad, pues la ama con un amor sin medida, por ser su madre y por ser perfecta. Por eso la misma Virgen en varias oportunidades nos invita a encomendarnos a ella, precisamente con el rezo del Rosario o de las tres Avemarías diarias, o con la práctica de los primeros nueve sábados del mes, o llevando su escapulario… Tarde o temprano dejaremos este mundo (cada día mueren 155 mil personas en el mundo), y se nos dictará una sentencia di vida o de muerte, de salvación o perdición, de gozo o sufrimiento para toda la eternidad. No es como para tomarlo a la ligera…El Apocalipsis nos dice que lo peor que pueda ocurrirnos no es la muerte física, sino la “muerte segunda, el lago de fuego (APc 20.14)”, es decir la condenación eterna. María, como buena Madre quiere acogernos a su lado, junto a su Hijo Divino para que seamos felices para siempre.

  2. Dice la Biblia que cuando Dios decidió destruir a Sodoma y Gomorra por su perversión, Abrahán intercedió delante de Dios, y el Señor contestó: “En atención a 50… 40… 30…o solamente 10 justos, no las destruiré” (cfr Gen 18,20-32). Con mayor razón Dios no permitirá que perezcamos en atención al sacrificio de Cristo y a las súplicas de María Santísima. Si le tenemos fe, devoción y confianza, la Virgen conseguirá de Dios nuestra conversión y nuestra salvación; especialmente si le rezamos con cariño el santo Rosario (vea las 15 promesas de la Virgen al beato Alano de la Rupe, a los que rezan el santo Rosario).



  1. La Virgen prometió a Santa Gertrudis que se salvaría aquel que rece diariamente tres Avemarías: “A la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande que mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales”. Muchos santos difundieron esta piadosa práctica, entre ellos San Leonardo de Porto Mauricio, San Alfonso María de Ligorio, los mismos que la impusieron como penitencia en el sacramento de la confesión. La manera de rezar las tres Avemarías es la siguiente: se comienza diciendo “Madre mía, líbrame de caer en pecado mortal”. Luego se dice: “por el poder que te concedió el Padre Eterno” y sigue la primera Avemaría. “Por la sabiduría que te concedió el Hijo”, y la segunda Avemaría. “Por el amor que te concedió el Espíritu Santo”, y la tercera Avemaría. Termina con el “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amen”. San Pio X recomendó agregar la siguiente jaculatoria: “¡Oh María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma!”. Creo que vale la pena practicar esta devoción, pues no cuesta nada y nos hace ganar mucho: nada menos que la salvación eterna.



  1. El santo Rosario, las tres Avemaría, el Angelus, el Oficio de la Virgen, la práctica de los primeros nueve sábados del mes, el rosario de los siete dolores de la Virgen, y toda otra devoción, no son fórmulas mágicas que nos dispensan del compromiso de vivir la vida cristiana. Son oraciones que nos consiguen la ayuda de la Virgen justamente para vivir en la virtud y en la gracia de Dios, como ella, cumpliendo fielmente con nuestros deberes y obligaciones cristianas. De esa manera podemos merecer el amor benevolente de Dios y la salvación eterna.



  1. En general el santo Rosario se completa con las “”Letanías Lauretanas”. Comenzaron a rezarse en el santuario de Loreto en 1500. Son cincuenta títulos en honor a la Virgen a partir de “Santa Madre de Dios”, mediante las cuales la Iglesia entera la invoca exaltando sus prerrogativas para que interceda por nosotros. En las letanías, se invoca a “María” tres veces como Santa, trece como Madre, seis como Virgen, diecisiete bajo diferentes títulos y doce como Reina, en clara alusión a su Santidad, Maternidad Divina, Virginidad Perpetua, Mediación Universal y Realeza, respectivamente. Es una práctica sencilla y hermosa con la cual honramos a la Virgen, gozamos de su belleza y grandeza, le manifestamos nuestro cariño, y nos ganamos su amor y su protección.
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