T 12 El reinado de Isabel II. La oposición al liberalismo: Carlismo y Guerra Civil. La cuestión foral. Ema 12. La construcción y consolidación del estado liberal






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fecha de publicación12.03.2016
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Historia. Aurora Pérez Álvarez

Tema 12: La construcción y consolidación del estado liberal




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12.1. - El reinado de Isabel II. La oposición al liberalismo: Carlismo y Guerra Civil. La cuestión foral.
EMA 12. LA CONSTRUCCIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO LIBERAL

12.1. - El reinado de Isabel II. La oposición al liberalismo: Carlismo y Guerra Civil. La cuestión foral.

1.- Antecedentes del conflicto.

Durante la Década Ominosa se produjo una radicalización de los realistas, surgió una facción ultra contra los ministros más moderados de Fernando VII (López Ballesteros o Cea Bermúdez). Este grupo protagonizó una serie de revueltas como la de los malcontents o agraviados en Cataluña, reprimida por el ejército y el propio monarca, que tuvo que viajar a Cataluña. Los realistas exaltados se convirtieron en carlistas a causa del conflicto desencadenado por la sucesión de Fernando VII: Hasta el nacimiento en 1830 de Isabel (la futura Isabel II), fruto del matrimonio con su cuarta esposa (su sobrina Mª Cristina de Borbón), el hermano del rey, Carlos María Isidro, había sido el heredero al trono. Meses antes del nacimiento de Isabel, Fernando VII hizo publicar la Pragmática Sanción, aprobada por su padre Carlos IV en 1789. Con la Pragmática se restablecía la línea sucesoria de “Las Partidas”, favorable a la sucesión femenina.
Los partidarios de Carlos consideraron esta decisión como el resultado de una conspiración liberal y provocaron los llamados sucesos de la Granja, donde presionaron sin éxito a Fernando VII y a Mª Cristina para que la Pragmática Sanción fuera abolida. Durante la enfermedad del monarca, Mª Cristina se hizo cargo del gobierno, ocupando un lugar destacado Cea Bermúdez, se alejó del mismo a los ministros carlistas, se decretó una amnistía que permitía la vuelta a España de los liberales moderados, que estaban en el exilio. Se sustituyó en el ejército los mandos más intransigentes por otros fieles al rey.
2.-La primera guerra Carlista y la cuestión foral.

Los primeros pasos del régimen liberal en España durante la minoría de edad de Isabel II, coincidieron con la guerra civil, también llamada Primera Guerra Carlista o Guerra de los siete años (1833-1840).
A los cuatro días de la muerte de Fernando VII en 1833, su hermano Carlos María Isidro reclamaba sus derechos sucesorios en el “Manifiesto de Abrantes”, inmediatamente fue proclamado rey en varias ciudades de España, entre ellas Bilbao, mientras surgían partidos carlistas por todo el país. De esta forma se inició un conflicto en el que se enfrentaban los isabelinos o cristinos contra los carlistas. Los carlistas eran enemigos acérrimos del liberalismo. Su divisa era “Dios, patria y rey”, defendían el tradicionalismo, la “ley Sálica” y el mantenimiento de los fueros y privilegios tradicionales, es decir el foralismo, según el cual las regiones debían mantener sus instituciones de gobierno autónomas, su sistema de justicia propio y la exención fiscal y de quintas para el servicio militar. Los carlistas tuvieron un gran apoyo rural, de la baja nobleza del norte, del clero rural y regular y de los pequeños artesanos que temían el hundimiento de sus talleres frente a la gran industria. Desde el punto de vista territorial triunfó en las regiones del País Vasco, Navarra, Norte de Cataluña y el Maestrazgo. Por el contrario, en las grandes ciudades la burguesía, la mayor parte del ejército, funcionarios, altas jerarquías eclesiásticas, alta nobleza, los trabajadores, los liberales y el sector moderado del absolutismo apoyaban a los cristianos.
En el ámbito internacional Francia, Portugal y Reino Unido firmaron la Cuádruple alianza con el régimen isabelino.
La Primera Guerra carlista se desarrolló en tres fases. En la primera fase (1833-1835), el general carlista Zumalacárregui se hizo fuerte en el País Vasco y Navarra, pero murió en el intento de ocupar Bilbao. En la segunda fase (1836-1837), los carlistas realizan dos expediciones al sur: La expedición de Gómez y la expedición real, ambas fracasaron, también fracasó el nuevo intento de tomar Bilbao, gracias a la victoria en el puente de Luchana del general isabelino Espartero. En la tercera fase (1837-1840), el ejército gubernamental, liderado por Espartero pasó a la ofensiva. En 1839 se firmó el Convenio de Vergara entre Espartero y el general carlista Maroto, que puso fin a la guerra en Navarra y el País Vasco. A cambio de la rendición se reconocieron los grados y empleos de los vencidos Este acuerdo significó la renuncia de Navarra a su condición de reino, a cambio de una promesa de autonomía, que se concretó en una ley de 1841; en ella se concedía a la Diputación Foral la administración de los impuestos y una serie de competencias administrativas. En el Maestrazgo el general carlista Cabrera, se negó a aceptar el convenio y siguieron luchando hasta que Espartero tomó Morella.
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12.1. - El reinado de Isabel II. La oposición al liberalismo: Carlismo y Guerra Civil. La cuestión foral.
.-El Carlismo a lo largo del XIX.


El acuerdo de Vergara no acabó con el carlismo. D. Carlos se exilió y a su muerte transmitió sus derechos a su hijo Carlos VI, iniciándose así una dinastía paralela. Junto a ellos se exiliaron otros dirigentes absolutistas. En 1846 se intentó pactar la boda del nuevo pretendiente (Carlos VI) con Isabel II. Pero el fracaso de la negociación y el posterior anuncio de la boda de Isabel II llevó a los carlistas a iniciar:


  • La Segunda Guerra Carlista o guerra de los matiners en Cataluña (1846-49).- Se inició con la incursión de varias partidas en el Pirineo catalán, que consiguieron mantener en jaque al ejército gubernamental. Pero los carlistas fracasaron en su intento de extender la sublevación más allá de Cataluña, por lo que finalmente fueron vencidos. Durante varias décadas el carlismo se mantuvo inactivo, pero sin perder sus apoyos sociales en el norte. Con la llegada a España de Amadeo de Saboya, el nuevo pretendiente Carlos VII, volvió a levantar a sus partidarios, iniciándose la siguiente guerra.




  • La Tercera Guerra Carlista (1872-1876).-Esta vez los carlistas consiguieron arraigar en el País Vasco y Navarra, estableciendo su capital en Estella, pero sin conseguir conquistar ninguna de las capitales. Con la proclamación de la Primera República, muchos monárquicos pasaron a apoyar al carlismo, por lo que se extendió por buena parte de la meseta norte. Sólo con la Restauración de la monarquía, en la persona de Alfonso XII, las tropas gubernamentales consiguieron derrotar definitivamente el carlismo (tratado de Somorrostro). Meses más tarde, el gobierno abolía los fueros de Navarra y de las provincias vascas.

En el siglo XX, el carlismo aún tendría cierto protagonismo, desde posiciones de ultraderecha, en la sublevación militar de 1936, que dio comienzo a la Guerra Civil.

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12.2. - La regencia de María Cristina y la revolución liberal (1833-1840).
2.2. - Isabel II (1833-1843): Las Regencias


1.- La regencia de María Cristina y la revolución liberal (1833-1840).

La regencia de María Cristina está caracterizada por el desarrollo de dos etapas: una de transición del absolutismo al liberalismo, y otra de ruptura total con el absolutismo.


  • La etapa de transición estuvo protagonizada por monárquicos reformistas como Cea Bermúdez bajo cuyo gobierno sólo se realizaron reformas administrativas como la división de España en 33 provincias (Javier de Burgos). Poco después la regente le entregó el gobierno Martínez de la Rosa, liberal moderado. Martínez de la Rosa consiguió ayuda extranjera mediante la Cuádruple alianza (Portugal, Inglaterra y Francia) y llevó a cabo un programa de tímidas medidas reformistas: decretó la amnistía que permitió el regreso del exilio de los liberales, permitió una limitada libertad de prensa y restableció la Milicia Nacional para conseguir voluntarios para la guerra. Su carácter conservador se manifestó cuando se elaboró el Estatuto Real de 1834, que era una tercera vía entre el absolutismo y el liberalismo. Era una carta otorgada en la que solo se regulaba la convocatoria de unas cortes muy elitistas con dos cámaras, que a semejanza del sistema británico, estarían formadas por una Cámara alta de Próceres y una Cámara baja de Procuradores. Se reservaba a la Corona una amplia capacidad legislativa y de veto. En esta etapa el liberalismo se dividió en dos tendencias: los Moderados, que apoyaba al gobierno y era contraria a los cambios radicales y los progresistas, reformistas y partidarios de restaurar la Constitución de 1812. Esta etapa fracasó por una serie de conflictos en algunas ciudades, con la quema de conventos y el incendio de la fábrica de Bonaplata en Barcelona.




  • La ruptura (1835-40), en esta etapa la regente entregará el gobierno especialmente a políticos progresistas. El nuevo jefe de gobierno Juan Álvarez de Mendizábal aprobó una serie de medidas de guerra (contribución extraordinaria y refuerzo de la Guardia Nacional) que fueron decisivas para el triunfo cristino. Pero sobre todo adopto las primeras decisiones encaminadas a desmantelar el Antiguo Régimen, entre las que destacaron la libertad de imprenta, la ley de supresión de conventos y el decreto de desamortización de los bienes del clero regular. Esta política lo enfrento con los moderados y con la regente. María Cristina forzó su dimisión. Pero el intento de la regente de acabar con las reformas y volver al moderantismo, desencadenó en julio de 1936 una insurrección progresista, que culminó al mes siguiente con la sublevación de la Guardia Real , en el palacio de la Granja, que obligó a María Cristina a entregar el gobierno a los progresistas y restablecer la Constitución de 1812.

El nuevo gobierno, encabezado por José María Calatrava, continuó con la labor de eliminación del absolutismo. Se eliminaron definitivamente el régimen señorial, las vinculaciones y el mayorazgo. Se suprimió el diezmo y se sustituyó por un presupuesto de culto y clero. Se sustituyó a los jefes del ejército y se puso al frente de la dirección de la guerra al general Espartero.

Las cortes elegidas en otoño de 1836, elaboraron la Constitución de 1837, segunda constitución española y un intento de contentar por igual a los progresistas y moderados. Los aspectos más relevantes de su contenido eran: una soberanía compartida entre las cortes y el rey pues se declaraba que la potestad legislativa recaía en las Cortes con el rey. Establecía unas Cortes bicamerales, con un Congreso elegido por sufragio censitario y un Senado de designación real. Mantenía un poder ejecutivo fuerte con competencias legislativas y derecho de veto ilimitado. Además el monarca se encargaba del nombramiento de los ministros. La Constitución contemplaba el reconocimiento de los derechos individuales y la libertad de imprenta como garantía de la libertad de expresión. Se afirmaba la libertad religiosa y el compromiso del Estado a mantener económicamente al clero católico, que había perdido la mayor parte de sus rentas como consecuencia de la desamortización. La constitución de 1837 se completó con una nueva ley electoral que establecía el voto directo y el sufragio restringido masculino para la elección de diputados.

Al final de estos años los moderados ocuparon el poder. Para recuperarlo, los progresistas tuvieron que recurrir a la insurrección militar, que acabó forzando la dimisión de María Cristina, sustituida ahora por el general Espartero, el héroe de la victoria sobre los carlistas.
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12.2. - La regencia de María Cristina y la revolución liberal (1833-1840).
.-La Regencia de Espartero (1840-1843)


Espartero gobernó durante tres años con el apoyo de los progresistas pero implantó un régimen de liberalismo autoritario, apoyado por el ejército, y especialmente por un grupo de fieles, los ayacuchos. Esta política tendía a reprimir las protestas tanto de moderados como de progresistas radicales, lo que suscito la oposición de numerosos políticos progresistas y la aparición de rivales dentro del ejército (Prim, Serrano, Narváez, O'Donnell). En materia comercial intentó firmar un acuerdo de libre comercio con Reino Unido, esto le supuso un enfrentamiento con la industria textil catalana, que reivindicaba u mayor proteccionismo. Obreros y patronos de Cataluña se enfrentaron al gobierno en una revuelta urbana. Espartero ordenó bombardear Barcelona (1842). Estos hechos ocasionaron una fuerte oposición antiesparterista y una insurrección civil y militar. En ella el general Narváez derrotó a las tropas gubernamentales en Torrejón de Ardoz. Espartero se exilió a Reino Unido. En los mese siguientes Narváez, maniobró par suprimir todos los resortes del poder progresista. Se cerraron periódicos y clubes políticos. Se depuso a los militares progresistas y se persiguió a los diputados más radicales, muchos de los cuales optaron por el exilio. Cuando Narváez se convirtió en jefe de gobierno en mayo de 1844, el sistema político era ya ultraconservador.

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12.3. - Isabel II (1843-1868). El reinado efectivo.
2.3. - Isabel II (1843-1868). El reinado efectivo.


La mayoría de edad de Isabel II

En la mayoría de edad de Isabel II, se produjo la auténtica construcción del Estado liberal. Se distinguen tres etapas: La Década Moderada, el Bienio Progresista y la alternancia entre los moderados y la Unión Liberal.
1.- Principales características políticas.

En noviembre de 1843 las cortes decidieron adelantar la mayoría de edad de Isabel II. Iniciaba con 13 años un reinado que duraría 25 años y que presentaría unas características comunes a lo largo del tiempo: En primer lugar fue un período de tendencia muy conservadora. Fue un régimen de gobiernos autoritarios, defensores del orden y de una monarquía fuerte, que limitó las reformas sociales y restringió las libertades individuales y colectivas. En segundo lugar la reina intervino activamente en la vida política, apoyando a los sectores más conservadores y evitando el acceso al poder de los progresistas. En tercer lugar, la participación de los generales en el gobierno fue continua. Los conservadores pensaban que la presencia de un militar al frente del ejecutivo garantizaba el mantenimiento del orden liberal, frente al carlismo y frente a la revolución social. Otra característica del periodo fue la exclusión de la gran mayoría del país de la vida política.
2.- La década moderada (1844-1854).

Los primeros diez años del reinado efectivo estuvieron protagonizados por el general Narváez, líder indiscutible de los moderados. Sólo al final de la década dejo el protagonismo a otros dirigentes como Bravo Murillo. Para conseguir la estabilidad política y el orden, Narváez contaba con el respaldo de los militares, de esta forma reprimió los movimientos de protesta y marginó a los progresistas. El liberalismo doctrinario de Narváez quedó plasmado en la constitución de 1845, que estuvo en vigor hasta 1869. Tenía características claramente conservadoras. Incluía una declaración de derechos muy teórica. Se declaraba la exclusividad de la religión católica, con la obligación del Estado de mantener a la iglesia, y se suprimía la milicia Nacional. En cuanto a los poderes del Estado, la Constitución repartía el poder legislativo entre las cortes y el rey (soberanía compartida), y en la que el senado de carácter aristocrático, asume funciones judiciales. Además, permitía a la reina disolver el Congreso sin otro límite que convocar elecciones para nueva cámara. Entre los ideólogos moderados más destacados están Jaime Balmes, Donoso Cortés, Cánovas del Castillo… En la Década moderada se creó la guardia civil; se reguló la instrucción pública (ley Moyano); se promulgó un nuevo código penal, se realizó un proyecto de un nuevo Código Civil (aprobado a finales de siglo) y se reformó la hacienda (ley Mon Santillan), basada en los impuestos indirectos (consumos), que permitió contener algo la deuda, pero hizo recaer la carga fiscal sobre los trabajadores. Algunos progresistas radicales fundaron en 1849 el Partido Demócrata, cuyos objetivos eran la defensa de los derechos y el sufragio universal. Bajo el gobierno de Bravo Murillo se firmó un concordato con la Santa Sede (1851) mediante el cual el gobierno dotaba a la iglesia de un presupuesto de culto y clero para hacer frente a sus gastos.
En el verano de 1854 se produjo un pronunciamiento de O'Donnel, fracasó tras un enfrentamiento con las tropas del Gobierno en Vicálvaro (la Vicalvarada). Pero los insurrectos reaccionaron y publicaron una proclama “el Manifiesto de Manzanares”, que consiguió un respaldo popular y provocó una revolución en Madrid y en otras ciudades en julio. Tras estos sucesos se da paso al bienio progresivo y la alternancia entre moderados y la Unión Liberal.

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12.3. - Isabel II (1843-1868). El reinado efectivo.
.- El bienio progresista (1854-1856).


La reina nombro a Espartero jefe de gobierno y a O'Donnell ministro de guerra. Rápidamente se convocaron elecciones a Cortes, en ellas concurrió un nuevo partido “la Unión Liberal”, que aspiraba a unir a moderados y progresistas descontentos de sus respectivos partidos. Las realizaciones de esta etapa fueron: La elaboración de un nuevo proyecto constitucional (no se llegó a promulgar), la ley de desamortización de Madoz (1855), laica y eclesiástica. Se elaboró la ley de ferrocarriles para impulsar la construcción del ferrocarril, y la ley de sociedades bancarias. Estas leyes dieron lugar a la creación del Banco de España. Durante el Bienio estallaron una serie de huelgas (Barcelona) y motines de subsistencia (Castilla), duramente reprimidos por el ejército y la guardia civil. Espartero dimitió y la reina encargó a O'Donnell formar gobierno, lo que produjo una rebelión popular, reprimida por las tropas de la guarnición de Madrid, dirigidas por el general Serrano. Era el fin de la experiencia progresista.
4.- Alternancia entre moderados (Narváez) y la Unión Liberal (O'Donnel). 1856-1868.

Esta etapa se caracterizó por un liberalismo pragmático. En economía incrementaron las inversiones públicas, concluyó el tendido ferroviario y la construcción del canal de Isabel II. En Política Exterior se intento restablecer el prestigio de España, siempre de acuerdo con los intereses de Francia y Reino Unido. España va a intervenir en cinco conflictos: Expedición Hispano francesa a Indochina (1858-63), justificada por el asesinato de varios misioneros. Guerra contra Marruecos (1859-1860) (Prim), que respondió a un intento de expansión colonial en el norte de África. Intervención en Méjico, junto a franceses e ingleses para castigar el impago de la deuda por parte del gobierno mexicano. Intento fallido de recuperar Sto. Domingo (1861). Guerra fallida contra Perú y Chile, a raíz de varios incidentes comerciales y navales.
En política interior tanto los gobiernos moderados de Narváez como los de la Unión liberal de O´Donnel, marginaron del poder a los progresistas y a los demócratas, estos conspiraban contra los gobiernos de turno y especialmente contra la reina. Las protestas más famosas fueron los Disturbios de la Noche de San Daniel, con la caída de Narváez; el pronunciamiento fallido del general progresista Prim en Villarejo de Salvanés y la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil, con la caída de O´Donnel. Finalmente, los progresistas, demócratas y los republicanos, que estaban en el exilio, van a promover un acuerdo: “El Pacto de Ostende” (Bélgica 1866). La Unión Liberal se sumó al pacto a la muerte de O´Donnel; también se sumó Prim en 1868.Todos estos factores desencadenaron la revolución de septiembre de 1868 (la Septembrina), cuyas consecuencias serán el destronamiento de la reina.

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