Tema: las causas y las consecuencias de la derrota de la convencióN (villa, zapata y maytorena) por parte del carrancismo






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PROYECTO
Nombre: Arturo Lomas Maldonado
Tema: LAS CAUSAS Y LAS CONSECUENCIAS DE LA DERROTA DE LA CONVENCIÓN (VILLA, ZAPATA Y MAYTORENA) POR PARTE DEL CARRANCISMO.
JUSTIFICACIÓN
Todavía en la actualidad subsiste, como uno de los temas más constantes y polémicos del debate histórico, la responsabilidad personal de los dos principales dirigentes de la revolución (Villa y Carranza) así como la causa subyacente de la lucha que siguió.

Para los fines del análisis creemos importante tomar en cuenta que la Convención Militar Revolucionaria, reunida todavía en la ciudad de Aguascalientes, que se había declarado soberana, el 1º de noviembre de 1914, aprobó por mayoría (98 votos por la afirmativa y 20 por la negativa) “Por convenir así a los intereses de la Revolución”, cesar en sus puestos, como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo, el C. Venustiano Carranza, y como Jefe de la División del Norte, el general Francisco Villa. Carranza no obedeció este acuerdo, “por lo que con fecha 10 de ese mismo noviembre fue declarado rebelde”1

Posteriormente la Convención dio a conocer un “MANIFIESTO A LA NACION” de fecha 6 de noviembre de 1914, en el que optimistamente declaraba:

“La revolución ha triunfado por fin; ha triunfado de la tiranía, y ha conquistado poder indiscutible para poner en práctica las reformas que el país demanda...Para alcanzar la unificación de los ideales revolucionarios y el establecimiento de un gobierno, al mismo tiempo revolucionario y legitimo, era indispensable que el pueblo armado...definiese sus aspiraciones...Con ese objeto se reunió en esta Ciudad de Aguascalientes la Convención Militar Revolucionaria que, con apoyo en nuestra Carta Fundamental (?) y en la fuerza armada que representa, se ha declarado soberana y poder legal único de la República...hemos obtenido haciendo que a la Convención concurran todos los grupos y que ellos se obligaran a respetar y hacer respetar las resoluciones colectivas...De nuestra soberanía ha emanado un gobierno genuinamente legal y revolucionario...No habrá ya más partidos personalistas. La Revolución y el gobierno se han identificado, la Patria mexicana está unida y espera el concurso de todos sus hijos (firma aparentemente R. González Garza)”2
El rompimiento de los carrancistas con la Convención, y el desconocimiento de sus acuerdos, sin motivo honesto, hay que decirlo, da lugar a las cruentas batallas de 1915, en las que el intervencionismo norteamericano, confesado por el propio Obregón, decide el rumbo de la revolución.

Las sesiones posteriores de la Convención, independientemente del aislamiento en el que se encontraban los convencionistas, nos develan que existieron momentos de lucidez al aprobar su Programa de Reformas Político Sociales, que incluía entre otras el mencionado parlamentarismo como forma de gobierno, diferencia que nos permite percibir, entre otras, la causa de las disensiones entre un grupo y otro.

Amaya asegura que Estados Unidos, sintiendo “profunda simpatía por la Revolución Mexicana”, se sentía en el deber “de plantear a los jefes revolucionarios tres graves cuestiones, de cuya solución dependía que la Casa Blanca otorgara o negara su reconocimiento al gobierno emanado de la Revolución. La primera cuestión se refería al trato a los extranjeros y al cumplimiento de las obligaciones financieras de México, en lo que Bryan recomendaba sumo cuidado, honradez y liberalidad; la segunda., al trato de los oponentes militares y políticos, para los que pedía ‘la más generosa amnistía’; y la tercera al trato a la Iglesia Católica y sus representantes”3, afirmación que de ser cierta, rebela los profundos niveles de intervención en nuestros asuntos.

Por su parte Carranza, preparándose para el rompimiento con Villa, Zapata y Maytorena, desde el 19 de agosto, “cerró todos los tribunales de la República y suspendió las garantías constitucionales para poder aplicar con todo rigor la Ley Juárez de 1862, sin estorbos de tribunales judiciales regulares (sic) ni de procesos legales”4, lo que no era sino la confirmación de lo que ya venía llevando a cabo cuando decretó con anterioridad la pena de muerte, incluso, contra el Gobernador Constitucional de Sonora José María Maytorena, quien junto con Villa y Zapata, representaba un obstáculo para los futuros planes de Carranza, lo que prueba la intolerancia que lo caracterizó.5

Estos dos hechos: la injerencia extranjera durante la Revolución, y el resultado de ella, el establecimiento de un gobierno personal plasmado en la Constitución de 1917, deben ser vistos en conjunto para estar en mejores condiciones de elucidar el papel que desempeñaron cada uno de los contendientes de la llamada “Tercera etapa de la Revolución” también conocida como “de la escisión revolucionaria”, que va de octubre de 1914 hasta febrero de 1917.
Desarrollo:
Es fácil advertir que en México no existe real división de poderes. Los poderes Legislativo y Judicial están subordinados al Poder Ejecutivo. La Constitución, desde 1917, establece que en México quien hace las leyes es el Presidente de la República y es justamente el llamado Primer Mandatario quien nombra, a través de un ingenioso procedimiento, tanto al Presidente de la Suprema Corte como a sus Magistrados.

La manera en que cobra forma el Presidencialismo en México desde 1917, es a través del sistema bicameral, en que además solamente la mayoría calificada de las dos terceras partes de los representantes de ambas cámaras, puede desechar las iniciativas de Ley del Presidente, y viceversa, solamente esa misma mayoría calificada de las dos terceras partes en ambas cámaras, le permitiría al Legislativo cumplir la función para la que aparentemente fueron nombrados, la de hacer las leyes, lo que quiere decir que mediante este artificiosa práctica, se convierte a la minoría en mayoría (de una tercera parte de alguna de las dos cámaras), lo que explica el por qué en México desde 1917 quien hace las leyes en México es el Ejecutivo.

Estas facultades, que niegan el concepto de República, son las que permiten que el Presidente, por mandato constitucional, sea quien decida indistintamente los modelos económicos, quien fije las tasas de interés, el tipo de cambio, el gasto público, los impuestos y su monto, los salarios y los precios, que tiene la capacidad de expropiar y otorgar concesiones, la facultad de firmar tratados, de hacer leyes, de contratar deudas y reestructurarlas, de nombrar directores de empresas estatales y de diseñar su política económica, de privatizar, de firmar convenios de servicios múltiples en PEMEX, de otorgar concesiones para que el capital privado genere y venda el fluido eléctrico o de emitir instrumentos de deuda sin tener obligación de consultar y mucho menos de informar a nadie. El Ejecutivo en México es, por si le faltara algo, el Jefe nato de las fuerzas armadas. El derecho de veto a las resoluciones del legislativo no es sino el broche de este omnímodo sistema.

Esto ocurre mientras la mayor parte de los estudiosos generalmente concluye que la Constitución de 1917 es progresista y que incluso posee un alto contenido social6, a diferencia de otros autores que como Jean Meyer manifiestan:

“El carrancismo victorioso podía ocuparse de dar una constitución al país agotado...Carranza obtuvo satisfacción: el poder presidencial salió de ahí considerablemente reforzado; todo lo demás, sufragio efectivo, no reelección, federalismo, libertad municipal, era literatura puesto que dependía antes que nada de un ejecutivo que tenía la iniciativa de las leyes y que no era responsable ante las dos asambleas legislativas.”7

Meyer añade “La Constitución, contradictoria y manipulable...dejaba a los futuros gobernantes una gran libertad de maniobra y reforzaba el centralismo, la autoridad del ejecutivo y el estatismo en todos los terrenos”8

Desde luego también hay quien sostiene que si se volviera al texto original de la Constitución, esos excesos presidenciales no existirían, o en el peor de los casos, se afirma que la Constitución no se cumple, y entonces el Ejecutivo queda en la categoría de trasgresor de la Ley, confusión que parte de lo que los especialitas en derecho llaman la división entre lo que es la parte orgánica y lo que es la parte dogmática de la Constitución, en donde en la parte dogmática es posible hallar los más bellos principios, para posteriormente ser negados en su parte orgánica. Por ejemplo, en la parte dogmática de la actual Constitución se establecen las libertades individuales de imprenta, educación, asociación, pero al quedar estos sujetos a la decisión unipersonal del Presidente y su gabinete, tales derechos y libertades resultan nugatorios.

Los Estados Unidos de Norteamérica son considerados los verdaderos padres del sistema presidencialista. Precisamente en una época en que destacaban las ideas de la ilustración, este país sustituyó el poder absoluto de la monarquía por el poder absoluto de su Presidente. En Estados Unidos, el Presidente, además de ser el Jefe de las fuerzas armadas, de poseer el derecho de vetar las leyes emanadas del Congreso, y de imponer su propia legislación; tiene el derecho de nombrar a los representantes del poder judicial.

La hipótesis que sostenemos es que los llamados excesos presidenciales, que no son tales excesos, ya que toda la actividad presidencial está perfectamente acotada en la Constitución, provienen exactamente de las disposiciones adoptadas desde que fue promulgada el 5 de febrero de 1917, la cual, además, tiene una fuerte influencia extranjera, concretamente de Norteamérica. La Constitución de 1917 es considerada como la confirmación del triunfo del carrancismo sobre los ejércitos de Villa, Zapata y José María Maytorena.

Creemos importante aclarar que la estructura de gobierno personal que establecen ambas constituciones (la norteamericana y la nuestra), no es la única razón para establecer influencias o injerencias extranjeras, pues bien pudiera ser que, de acuerdo a ciertas características económicas y políticas, desde el punto de vista norteamericano, pudiera resultarle benéfico para sus intereses un sistema parlamentario. Es decir, no se pretende que el sistema parlamentario, en franca oposición al presidencial, sea el remedio que viniera a resolver por sí solo nuestros problemas, incluido el de la soberanía.

La Maestra Eugenia Meyer nos comenta, aludiendo a la Soberana Convención Militar Revolucionaria, la cual había acordado establecer en México un sistema parlamentario “Por un lado, la Convención padeció su sino trágico; por el otro, el forzado olvido institucional que parecía empeñado en maniatar y amordazar la memoria histórica, con el fin de subordinar y minimizar una fundamental experiencia democrática del pueblo mexicano. Campesinos, rancheros, obreros, artesanos, pequeños propietarios; los despojados y los desarraigados hacen la Revolución, significada como la insurgencia de las masas que se enfrentaban a la decadencia y a la crisis del Estado oligárquico, tradicional, y que pugnaban por evitar - aunque sin éxito - la concentración del poder en un Ejecutivo Federal casi omnipotente.”9

En un apretado recuento histórico señalaremos que nuestro país ingresa al mundo como nación en el año de 1823, en plena época de los imperialismos, encontrándose desencadenada la disputa entre Francia, Inglaterra, Portugal, Alemania, Holanda y los Estados Unidos, por el control de las fuentes de materias primas y de los mercados para deshacerse de sus excedentes económicos, aunque justo es reconocer que Norteamérica, además, estaba empeñada en la lucha por su expansión territorial.

Desde ese entonces, la política mexicana resultó incapaz para sostener una lucha coherente que le permitiera resistir los embates imperiales, que le permitiera desarrollarse bajo un clima democrático, adoptando en cambio una actitud resignada ante los reclamos de las diferentes potencias, terminando postrada ante sus designios en que se perdió más de la mitad del territorio y se entregó el mercado y los recursos nacionales a la rapiña francesa, inglesa y norteamericana, todo bajo la estructura de un sistema presidencial, dictatorial y autoritario, en el que destaca la figura de Antonio López de Santa Anna.

Cuando a partir de los años de 1870 ocurre un período de enorme expansión industrial y comercial a nivel mundial, en los que a la aparición de los trust, los cártel y las Holding Company, le sigue el surgimiento del capital financiero, que no es sino la fusión del capital bancario con el industrial, el comercial y el agrario, nuestro país, nuevamente bajo una dictadura de gobierno unipersonal, abre al capital extranjero sus puertas para ser invadido en la banca, la industria, la minería, el comercio, los ferrocarriles, el petróleo, el agro y la electricidad, por franceses, ingleses, estadounidenses y hasta alemanes y japoneses. La política juarista, lerdista y porfirista no responde al interés nacional, sino que, si nos fijamos en sus resultados, es el medio idóneo para la penetración de los capitales extranjeros. Unas veces cargándose hacia Norteamérica y otras hacia Europa, los gobiernos locales llevan a cabo una política desnacionalizadora, en el que nuestro país se convierte en una arena en la cual las grandes potencias se disputan el derecho por apropiarse de nuestro mercado y de nuestros recursos naturales.

Nos encontramos pues, que atrás de la sencilla figura de Madero, se presenta la lucha despiadada de los monopolios por el control de nuestras riquezas. No es la lucha risueña por el sufragio efectivo la que lleva a Madero a enfrentar a Díaz, como no lo es el golpe de estado huertista el que va a reestablecer el orden, es la lucha de la Standard Oil, de la Dutch and Shell, de la Gugenheim, de los intereses británicos, franceses y norteamericanos principalmente, los que llevan al país a una guerra civil.

Ni Huerta ni Madero renunciaron al tipo de gobierno personal durante sus efímeros gobiernos, sino que haciendo uso de sus enormes facultades constitucionales otorgaron concesiones y permisos, contrataron créditos, establecieron convenios y hasta emplearon al ejército para enfrentar a nacionales, a pesar del principio dogmático de la Constitución, nulificado éste por el mandato orgánico,.

Para el caso de Huerta, la injerencia norteamericana se nos presenta como una aparente dicotomía, pues si por un lado resulta indiscutible la participación del embajador norteamericano en la caída de Madero y el ascenso de Huerta, no sería muy clara la actitud posterior del gobierno norteamericano al negarle su reconocimiento, y hasta pugnar por su derrocamiento. Esta aparente controversia se resuelve si tomamos en cuenta que los intereses de Taft, republicano, y Wilson, demócrata, eran distintos, y mientras el primero apoya el ascenso de Madero, del cual obtiene beneficios probados, Wilson buscaría derrocarlo, pero al descubrir que Huerta se inclina a favor de los intereses ingleses, simplemente ordena su separación del cargo. De acuerdo con Lorenzo Meyer “De ser necesario se recurriría a la invasión antes de permitir que México quedara convertido en un apéndice de Europa”10, lo que no representa sino la aplicación de la añeja pero efectivísima Doctrina Monroe.

Por lo tanto creemos que habría que enmendar la tesis del Maestro García Cantú acerca de que “Toda revolución origina intervenciones extranjeras.”11, pues en el caso mexicano, si se observan detenidamente los acontecimientos que relatamos, es la intervención extranjera la que provoca una revolución.

El Presidente Woodrow Wilson había declarado “¡Voy a enseñar a las repúblicas sudamericanas a elegir buenos hombres!” y al establecer “Nuestros propósitos en México”, decidió que “Si el General Huerta no se retira por la fuerza de las circunstancias, será el deber de los Estados Unidos utilizar medios menos pacíficos para sacarlo”12

Cuando Woodrow Wilson se decide a “expulsar a Huerta”, se trata de una abierta intervención extranjera en nuestros asuntos, aunque al Maestro Lorenzo Meyer le parezca que esta “abierta intervención del gobierno norteamericano en los asuntos internos mexicanos tuvo su justificación en el hecho de que Estados Unidos no buscaba ningún beneficio o ventaja para sí mismo, sino para el pueblo de México”13, ya que en todo caso la decisión de expulsar a Huerta correspondía exclusivamente a los mexicanos, independientemente de que suponer que los Estados Unidos lleguen a actuar sin buscar el beneficio económico, es negar toda su historia. Baste remontarnos a la larga cadena de intervención e injerencia de ese país en nuestros asuntos para comprender que se trata de una falacia. Para nadie debe de ser un secreto que el Presidente Norteamericano intervino por todos los medios para apoyar la causa de Carranza en contra del usurpador, con el objeto único de beneficiar los intereses de los inversionistas norteamericanos en nuestro país.

Para Robert E. Quirk, resulta obvia la intervención norteamericana en nuestros asuntos cuando afirma que “quizá el presidente Wilson contribuyó a la caída de Huerta más que ninguna otra persona.”14

Las condiciones impuestas por el gobierno norteamericano a Huerta nos muestran elocuentemente el apoyo de esa potencia a la causa de Carranza, y que consistían en que Huerta diera al de los Estados Unidos seguridades satisfactorias de que realizaría una pronta elección libre, sin coacción ni restricciones; que Huerta cumplirá su promesa original de no ser candidato en las elecciones, permitiendo a un miembro del constitucionalismo de Carranza, organizar dicha elección, acordando una amnistía total”15

Cuando el 9 de abril de 1914 ocurre el famoso incidente de Tampico con el buque norteamericano Dolphin, Wilson, queriendo aprovechar “el momento psicológico” para arrojar a Huerta por la fuerza, acudió al Congreso de la Unión Americana pidiendo autorización para utilizar las fuerzas armadas para arrancar al gobierno de facto de México una satisfacción por las “injurias inferidas a los Estados Unidos”, pero cuando el 21 de abril de 1914 recibió un telegrama del cónsul norteamericano en Veracruz, Canada, informándole que el vapor alemán Ypiranga estaba a punto de arribar a ese puerto con un cuantioso cargamento de armas y municiones destinadas al gobierno de Huerta, “el Presidente Wilson ordenó que las fuerzas que se encontraban a bordo de los barcos de guerra surtos frente a Veracruz ocuparan la aduana...el 21 de abril...”16

La ocupación de Veracruz no es un hecho menor, pues se trataba objetivamente de inclinar la balanza a favor de la causa carrancista y así lo había anunciado Wilson.

Había que anotar también entre estos hechos, que el Gobierno Norteamericano había cerrado las fronteras a Huerta desde febrero de 1914 para impedirle la adquisición de armamento en ese país, permiso que nunca le fue negado a las fuerzas carrancistas.

Como un dato importantísimo, anotaremos que el Historiador John Mason Hart asegura que “Cuando las fuerzas estadounidenses atacaron Veracruz al cabo de una semana, en el arsenal y fuerte de San Juan de Ulúa, en el Arsenal Vivac, del Palacio Municipal, en el edificio que ocupa el faro Benito Juárez (toda una manzana) y en el baluarte conjunto de dos manzanas usado como guarnición de tropas mexicanas, encontraron cuantioso armamento, además las fuerzas estadounidenses se apoderaron de tres buques del puerto - Monterrey, Esperanza y México -, cargados de armas. También encontraron armas que habían sido alijadas del Morro Castle , así como otros cargamentos de tiempo atrás, acumulados en almacenes y oficinas de la aduana…Consistían en 239 bultos del Monterrey* - en español en el original N. del T. - 12 del Danía, 44 del Hornby Castle, 142 del México y 12 del Patapasco.”17 Los materiales de guerra acumulados en el puerto incluían: “artillería, ametralladoras, rifles, escopetas, carabinas, revólveres, pistolas, granadas, bayonetas, sables, cartuchos cebados, cartuchos, municiones, guatas, parafinas, gas tóxico, alambre de púas, cartuchos de dinamita y pólvora.”18

Estas armas incluían no solo las encontradas en el Puerto, cuando la invasión estadounidense, sino también aquellos materiales de guerra que fueron llegando en los meses siguientes, puesto que para el 1º de noviembre de 1914 “todos los armamentos identificables de la masa de cargamento militar de Veracruz habrían podido servir para equipar a un ejército de 13,000 hombres con las armas más modernas.”19 Todo este arsenal, incautado al gobierno de Huerta por la armada norteamericana, fue entregado posteriormente a Carranza, en noviembre de 1914, para combatir a Villa, Zapata y Maytorena.

Es muy notable la intervención norteamericana para el caso de Pablo González, quien acumulando fracaso tras fracaso militar, en su frustrante campaña por el noreste del país, en que a la derrota en Monterrey, se sumaron las de Piedras Negras, Monclova, Nuevo Laredo. Huyendo siempre del ejército huertista, Pablo González se encuentra frente a Tampico, justo en el momento en que éste ya está en manos del invasor norteamericano, y en el que la armada de ese país decide, sin más, entregarle el Puerto el 13 de mayo de 1914. (Hay que tomar en cuenta que Veracruz fue entregado a Carranza hasta diciembre de ese año). Por lo que “Ahora - dice Quirk - Carranza tenía ya un puerto por el cual podía importar armas y abastecimientos”.20

En la caída de Huerta debe anotarse claramente la mano del imperio, por lo que no debe extrañarnos que en su renuncia, el dictador expresara “que había ocupado la presidencia durante diecisiete meses...que había tropezado con grandes dificultades...por la escasez de recursos, así como por la protección manifiesta y decidida que un Gran Poder de este continente ha dado a los rebeldes”21, en obvia referencia al apoyo de E. U. al carrancismo.

El 5 de agosto de 1916 el senador por Illinois, William August Rodemberg, pronunció un discurso revelador en este mismo sentido “Cuando Madero fue derrocado, Huerta devino presidente y cuando el presidente Wilson anunció su determinación de no otorgarle su reconocimiento oficial a Huerta, su destino quedó sellado. La historia de los últimos 50 años nos enseña que el establecimiento de un gobierno estable en México es absolutamente imposible, sin el apoyo moral y la cooperación del gobierno de Estados Unidos.”22

Hasta aquí parece haber acuerdo entre los estudiosos del período, las dificultades comienzan cuando se trata de definir el papel de los Estados Unidos al momento de la llamada escisión entre villistas, zapatistas y maytorenistas por un lado y carrancistas por el otro.

Para comenzar esta parte del análisis, diremos que casi toda la historiografía sobre la época, coincide en que al iniciarse el nuevo año, “las fuerzas leales a la Convención parecían tener la ventaja en México. Dominaban la parte mayor y más importante y tenían los ejércitos más formidables...únicamente la periferia de México estaba dominada por los constitucionalistas: Veracruz, Tampico, Matamoros, Nuevo Laredo y parte de la costa occidental” aunque la ventaja pertenecía a Carranza, porque e él “le era más fácil traerlos en barco (los productos bélicos) que a Francisco Villa transportarlos por ferrocarril a todo lo largo de la República”23

Quirk asegura que “Es verdad que en ese tiempo ni Obregón ni Pablo González probablemente ni los dos juntos, podían igualar a la fuerza de Francisco Villa. Un cálculo conservador estimaba que las fuerzas armadas de Villa sumaban más de cuarenta mil hombres, mejor armados y pertrechados que los de los generales Obregón y Pablo González”24

Por su parte Sánchez Lamego, a quién nadie puede tachar de villista o zapatista, asegura que “Las fuerzas de ambos bandos inicialmente comprendieron: los convencionistas, cerca de 90,000 hombres, 60,000 de la División del Norte...30,000 que formaban el Ejército Libertador del Sur...en tanto que los constitucionalistas que le permanecieron fieles al señor Carranza comprendieron cerca de 35,000 hombres”25

Las fuerzas convencionistas controlaban gran parte de la meseta central de México,

“desde el Istmo de Tehuantepec hasta la frontera estadounidenses, pero no pudieron aplastar a las fuerzas constitucionalistas acantonadas en Guaymas, Mazatlán, Manzanillo, Acapulco, Salina Cruz, Naco, Matamoros, Tampico, Veracruz y Campeche. Estas últimas recibían pertrechos de Estados Unidos entre finales de 1914 y comienzos del 1915, a través de buques estadounidenses, mientras que la frontera permanecía cerrada a envíos por tierra a los villistas…Las fuerzas de Elías Calles en Naco recibieron refuerzos, además de pertrechos, de parte de los norteamericanos. Las armas pasaban a través de la frontera, mientras, los constitucionalistas, apoyados en Manzanillo, contraatacaron con devastadores efectos sobre los villistas. Las reparaciones de los faros de Manzanillo, Acapulco, Mazatlán y Tampico, permitieron la entrega nocturna, que no fue advertida por los villistas…Entre septiembre y octubre de 1914, hubo una excepción al embargo a través de tierra contra Villa, cuando Carranza se rehusó a garantizar al gobierno de Wilson que los mexicanos que habían colaborado en Veracruz con las autoridades de ocupación no serían molestadas…Jonh Lind, emisario del presidente de Estados Unidos en México, se veía con Aguilar en el estado de Veracruz y los funcionarios constitucionalistas fueron familiarizados con sus puestos en preparación para la partida estadounidenses”26
El mismo Obregón reconoce que en diciembre de 1914 “se veían seriamente amagados los diversos Estados y Territorios que comprendía la jurisdicción del Cuerpo de ejército del Noroeste y que eran: Sonora, Sinaloa, Colima y Jalisco, Tepic, y Baja California. Algunas de estas entidades estaban ya casi dominadas completamente por el enemigo...por otra parte, las fuerzas leales en aquellos Estados y territorios, estaban totalmente incomunicados por tierra con mi Cuartel General...Por lo que respecta a las zonas de otras jurisdicciones, no era mejor la situación, y a diario se recibían noticias de nuevas defecciones que seguían registrándose en distintos puntos de la República, en favor del villismo”27

“La situación inicial de los beligerantes era la siguiente: la División del Norte y el bando zapatista se encontraron en posición central, dominando la mayor parte del territorio nacional...El territorio dominado por Villa comprendía los Estados fronterizos del norte, excepto Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, y los estados del centro del país, y con la alianza de los zapatistas se amplió su jurisdicción a casi todos los Estados del sur. Por su parte, los constitucionalistas quedaron colocados en una situación muy periférica, encontrándose muy distantes entre sí los núcleos...En el estado de Veracruz y en la zona norte del de Puebla...el núcleo principal al mando del general Álvaro Obregón, fuerte aproximadamente en 15,000 hombres; en los Estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas...con un total aproximado de 7,000 hombres, al mando del general Antonio I. Villarreal, Pablo González y Luis Caballero; en el Estado de Jalisco, operaba la División de Occidente, que mandaba el general Manuel M. Diéguez, a la que se incorporo la 2ª División de Caballería del Cuerpo del Ejército del Noroeste, al mando del general Francisco Murguía...formando entre ambas un contingente como de 7,000 hombres en el noroeste, ocupando las plazas de Culiacán y Mazatlán, Sin., la brigada de los generales Ángel Flores y Ramón F. Iturbe, con 3,000 hombres en total, y en la plaza de Naco, Son., la brigada del coronel Plutarco Elías Calles, con unos mil hombres...había que contar con una columna, fuerte en unos 3,000 hombres, que fue enviada de Tabasco y Campeche, para aplacar una sublevación ocurrida en esa última entidad.”28
Para Amaya, el mes de diciembre de 1914 pareció marcar el triunfo completo de la Convención, “cuyas fuerzas obtenían triunfos arrolladores en todos los frentes. A mediados de diciembre cayó Puebla en poder del Ejército Libertador, que llegó a dominar prácticamente todo ese Estado. Dos días antes había caído Guadalajara en poder del general villista Julián C. Medina, mientras Tepic era ocupada por las tropas del general convencionista Rafael Buelna...En Ramos Arizpe los carrancistas al mando de Antonio Villarreal y Luis Gutiérrez, habían sufrido un rudo revés al ser derrotados por el general villista Felipe Ángeles, que dominó así todo el Estado de Coahuila. El distrito norte de Baja California, que estaba ocupado por tropas exfederales, reconoció al gobierno de la Convención; y el distrito sur acabó por unirse al mismo bando. En Tehuantepec defeccionó el general Santibáñez, que aprehendió a Jesús Carranza, hermano del Primer Jefe, y lo mandó pasar por las armas. En todo el norte dominaban las fuerzas villistas, y en Sonora sólo les quedaban a los carrancistas las plazas fronterizas de Naco y Agua Prieta.”29

Lo que quiere decir, que si nos detenemos a contemplar el estado de las fuerzas para diciembre-enero de 1914-15, notaremos muy fácilmente que solamente una fuerza muy potente podría triunfar sobre los ejércitos de Villa, Zapata y Maytorena, pues resulta imposible creer que estando Carranza arrinconado en Veracruz y con un ejército inferior en hombres y armamento, pudiera levantarse apenas tres meses después.

Esa fuerza se la proporcionó el gobierno de Norteamérica. John Mason Hart apunta: “A pesar de lo que parecía ser una derrota inminente a manos de la abrumadora División del Norte que ya se aproximaba a la ciudad de México, a los constitucionalistas les quedaba una oportunidad: los estadounidenses…Carranza y Obregón Salido hicieron una alianza con el gobierno de los Estados Unidos...los norteamericanos entregaron, para capital provisional de los constitucionalistas en retirada, la inestimable Veracruz y sus alrededores”.30

El agente oficial de Villa en Washington D. C., Félix Sommerfeld, había descubierto desde principios de julio de 1914, ya derrotado el huertismo, “que Bryan y Wilson habían aprobado secretamente envíos de armas a Carranza, vía Tampico, levantando el embargo implantado en seguida de la invasión de Veracruz, mientras que detenían la aprobación de esos envíos en favor de Villa”31

Ahora bien, si convenimos con Katz, en que a los E. U. A. precisaban de un gobierno pronorteamericano para resolver sus propios problemas de abasto de materias primas en los prolegómenos de la primera guerra, un gobierno unipersonal resulta la vía adecuada para conseguirlo. Probablemente si ignoramos este punto, entonces la discusión continuará eternamente sin llegar a un acuerdo.

El 17 de octubre durante la sesión secreta de la Convención, en que se abrió un paréntesis en sus labores “para recibir al general Villa…la sesión continuó con la lectura de una nueva nota de Carranza, que informaba que para sacar ahora sus tropas de Veracruz, el señor Wilson exigía seguridades de que no se cobrarían otra vez los derechos aduanales a las mercancías introducidas durante la ocupación, y que no se ejercitarían represalias contra los mexicanos que habían prestado sus servicios a las autoridades estadounidenses en ese puerto”32

Efectivamente, en Veracruz, escogido como sede del gobierno carrancista a partir de noviembre de 1914 debido al rompimiento con la Convención, antes de que los norteamericanos le hicieran entrega del Puerto a Cándido Aguilar, establecieron una serie de exigencias, aceptadas en principio por Carranza, pero que se negaba a hacerlas públicas, y a pesar de que la Maestra Bertha Ulloa afirme que “...el ‘primer jefe’ rechazó siempre todos los intentos de los norteamericanos de reclamar por los daños causados a extranjeros, así como sus pretensiones de inmiscuirse en una casa ajena y que a pesar “de lo infundado de tales reclamaciones, el gobierno de los E. U. envió a los barcos de guerra ‘Georgia’ y ‘Washington’ que vinieron a reforzar al ‘Minesota’ y ‘Delaware’ que ya estaban amenazadoramente anclados en la bahía”33, Carranza terminó cediendo hasta en las peticiones más excéntricas de los estadounidenses.

Según otro autor, Venustiano Carranza respondía a las inquietudes norteamericanas “como correspondía a un conservador metido a revolucionario, pues ofrecía todas las garantías posibles pero con la reserva de una pronta retirada de las tropas que ocupaban Veracruz. Pancho Villa respondía sobre todo con los ojos puestos en su abrumador ejército integrado por unos 60,000 hombres para entonces”34

Carranza reclamaba el puerto, ante la inminencia del asalto villista a la ciudad de México, que acorde con el número de sus defensas, sería imposible resistir. Fabela, activísimo en el asunto de la entrega del Puerto y enteramente conforme con las exigencias norteamericanas, escribe afirmativamente al enviado Bryan, quien todavía el 9 de octubre de 1914 contestó que la nota de Fabela “no era lo suficientemente explícita...Isidro Fabela aseguró a Silliman que en Veracruz no se molestaría a nadie ni se cobrarían derechos nuevamente, pero también dijo que su gobierno no podía dar públicamente esas garantías (sic)...fueron los mexicanos quienes, al final, tuvieron que ceder...Carranza necesitaría a Veracruz como refugio contra los ejércitos de Villa”35

Es necesario aclarar que antes, Isidro Fabela fue a la legación brasileña para sondear a Cardoso de Oliveira “sobre el reconocimiento americano...a pesar de que Carranza no diera indicios de convocar a elecciones ni de abrir de nuevo los tribunales de justicia...a Carranza parecía interesarle conseguir ese reconocimiento durante el mes de septiembre, quizá para poner a la ‘junta’ de jefes ante un hecho consumado el 1° de octubre...se trataba de un globo sonda de Fabela. Robert Lansing, le pidió a Cardoso de Oliveira que ‘aconsejara no hacer ninguna solicitud inmediata de reconocimiento. Se le comunicará cuando considere el Presidente que es oportuno dar ese paso’...La posesión del puerto, con su fácil acceso a las armas y los abastecimientos, sería su mejor arma para tratar con sus rivales (sic)... (Silliman a Bryan, 8 de septiembre de 1914/13133) El 16 de septiembre...Cardoso de Oliveira llevó a Carranza un mensaje del Secretario de Estado, Bryan, en el que le pedía que designara ‘algunos funcionarios responsables’ a quienes se les pudiera entregar la ciudad y la aduana de Veracruz”36

Wilson seguía insistiendo en que Carranza publicara primero las garantías solicitadas. El predicamento en que se hallaban estos desde su salida de la ciudad de México “obligó a Venustiano Carranza a ceder”37

No obstante todo lo anterior, el historiador norteamericano Robert Quirk, en una explicación increíble, afirma que “No fue amistad hacia Carranza lo que movió a los americanos a dejar el puerto abierto para que lo ocupara. Simplemente, Carranza estaba más cerca de Veracruz que los convencionistas...en esta proximidad accidental radicó su salvación.”38

La confesión del apoyo norteamericano a la causa de Carranza, tanto en el enfrentamiento contra Huerta, como en el posterior contra Villa, Zapata y Maytorena, se nos presenta nítidamente en el debate que tuvo lugar en la Cámara de Representantes de Estados Unidos el 8 de agosto de 1916, en torno al discurso alusivo a México pronunciado por el candidato presidencial republicano, Charles Evans Hughes, debate en el que el Senador Harrison (Byron Patton Harrison) sostuvo:

“El señor Hughes empleó el siguiente lenguaje...‘Las metas de la administración demócrata vinculadas con México constituyen un capítulo confuso de errores...La administración demócrata se encargó de destruir a Huerta. La administración demócrata titubeó en relación con el embargo de armas y municiones impuestos a México...En agosto de 1913, el presidente Wilson declaró que consideraba su deber que ninguna de las facciones en pugna en México recibiera ayuda de este lado de la frontera, y que la exportación de armas y municiones de guerra a México quedaba totalmente prohibida. No obstante, en febrero de 1914 se levantó el embargo. En abril de 1914 se volvió a imponer el embargo. En mayo de 1914 se explicó que el embargo no se aplicaba a los envíos por barco a puertos mexicanos, y así fue como se mandaron municiones a Carranza y se le entregaron en Tampico. En septiembre de 1914 se revocó el embargo por tierra, y así fue como se entregaron pertrechos a Carranza y a Villa. En Octubre de 1915 se decretó un embargo sobre todas las exportaciones de armas, salvo las que estuvieran consignadas a Carranza. Hubo una falta total de consistencia en la política....Villa todavía era un general constitucionalista en septiembre de 1914. Un mes después, brotó la escisión del constitucionalismo y se creo en Aguascalientes el gobierno convencionista manejado por Villa. Mes y año en que el gobierno de facto de Carranza había sido reconocido por Wilson (sic)”39
Mason Hart nos ilustra acerca del apoyo en armas y municiones dado a Carranza, “Siete oficiales constitucionalistas, incluidos Aguilar y Alejo González, comandante de caballería de Obregón Salido en la batalla crítica de Celaya, habían permanecido en Veracruz durante dos meses. Habían trabajado junto con los estadounidenses encargados del almacenamiento de armas antes de que se diera la orden formal de que evacuaran la ciudad. El oficial de caballería Alejo González recibió una remesa de armas de caballería para 1,500 hombres, que se encontraban almacenadas en Veracruz. Con el envío que recibió pudo equipar a 2,000 hombres, con lo que se sobrepuso y derrotó a Villa en la batalla de León.”40

El último buque en llegar, el Ciudad de México, “descargó toda la noche del 22 de noviembre. El Monterrey alijó un cargamento consignado a los importadores de armas Duering y Compañía y Gustavo Struck. El Morro Castle comenzó su estadía en el muelle el 18 de noviembre, uniéndose al Imperator y el San Bernardo.”41

Durante el invierno de 1915, “entre 7 000 y 10 000 obreros - 9 000 según las estimaciones de Obregón Salido - salían del centro de entrenamiento militar constitucionalista de Orizaba…El papel de los estadounidenses en el entrenamiento del nuevo ejército constitucionalista no es bien conocido, pero se ha atribuido a asesores y soldados extranjeros el haber granjeado su margen de victoria a los constitucionalistas.”

Las fuerzas de los carrancistas habían sido reequipadas con las armas de Veracruz “y los ‘consultores’ estadounidenses de la Federación Americana del Trabajo como Jonh C. Murray, agente del gobierno de Estados Unidos, que figuraba ser un reportero, vivían en el campamento y mantenían contacto diario con la dirigencia de la Casa.”42

No se debe menospreciar la enorme pérdida que en hombres y recursos significó para la Convención la infidencia de Eulalio Gutiérrez, quien habiendo sido nombrado Presidente de la misma, en sustitución de Carranza en noviembre de ’14, dos meses después, el 15 de enero de 1915, bajo un acuerdo con Obregón, abandona la ciudad de México con diez mil hombres y todo el tesoro de la Convención.

Todavía el 7 de enero de 1915 Gutiérrez escribía a Obregón una nota patéticamente ingenua: “Nosotros – él y sus ministros – decía, estamos ‘dándole forma al plan de campaña que pretendemos dirigir contra el general Francisco Villa, a quien siempre hemos tenido la intención de separarlo en lo absoluto del Ejército Convencionista y hasta de toda clase de asuntos políticos de nuestro país.’ Estaba seguro...de que en ese empeño lo secundaban las fuerzas convencionistas de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí, así como ‘los jefes honrados de la División del Norte’; y sólo pedía al divisionario sonorense que suspendiera su avance sobre la ciudad de México”43

Cervantes anota que entre el botín de guerra (capturado a los carrancistas en la batalla de Ramos Arizpe) “estaba el archivo...averiguándose que el Presidente Eulalio Gutiérrez y su Gobierno provisional estaban de acuerdo con el carrancismo y giraban instrucciones al General Eugenio Aguirre Benavides en San Luis Potosí”44

Obregón le respondió lacónicamente a Gutiérrez el 12 de enero de 1915, que para él era imposible suspender ninguna de las operaciones militares, pretextando que eso “...equivaldría a traicionar a nuestros correligionarios” sin faltarle la imposición de nuevas condiciones: “...Cuando ustedes, con hechos, declaren la guerra a Villa y sus secuaces, pondré todo lo que esté de mi parte...para que se suspenda el derramamiento de sangre...pero si continúan ustedes en su política ambigua de vacilaciones y debilidades...no creo que deba contenerse la lucha”, olvidándose nuevamente de los compromisos contraídos, primero al azuzar a Gutiérrez a desconocer a Villa, prometiendo unírsele, y luego, abandonándolo a su suerte.45

Lo menos que puede establecerse con respecto a la conducta de Eulalio Gutiérrez, es que refleja una enorme mezquindad, pues días antes de su defección, la Convención había recibido, el 13 de enero de 1915, un proyecto subscrito por Antonio Díaz Soto y Gama, Genaro Palacios Moreno y Otilio Montaño, relativo a la organización del Poder Ejecutivo durante el período preconstitucional al cual González Garza se adhirió a él en todas sus partes.

El asunto fue tratado como de urgente y obvia resolución. En apoyo del referido proyecto. Soto y Gama pronunció un vigoroso discurso para sostener la conveniencia de que se introdujera en nuestro país el sistema parlamentario. Alberto B. Piña pidió que se nombrara una comisión, para que el presidente provisional, acompañado de sus ministros, asistiera a la discusión de punto tan importante.

Reanudada la sesión, el delegado Serratos informó que la comisión de la que él forma parte, cumplió con su cometido y anunció que “el Presidente y sus ministros esperan a las puertas del salón.”, por lo que Gutiérrez no podía alegar desconocimiento de tan trascendental acuerdo.

Ya en la discusión del proyecto, Federico Cervantes pidió la palabra en contra, para aplaudir “el parlamentarismo como sistema de gobierno”, pero atacó el proyecto por “que tiende a restablecerlo, porque, dijo, no está perfectamente ajustado a las circunstancias...y si se trata de evitar dictaduras, la Convención se convierte en dictador...y en ese caso prefiero la de un hombre solo que la de toda una corporación”.

Soto y Gama contestó manifestándose admirado “de que haya pasado la gran ola revolucionaria dejando hombres que, como el señor Cervantes, a pesar de su ilustración, no entienda una sola palabra de Revolución...Después de lanzar duros y justísimos cargos contra los elementos obstruccionistas que comienzan a entorpecer la labor de la Revolución...(señaló que) ‘Predicar el odio a la Revolución Francesa es un absurdo, pues ese movimiento que conmovió a la Europa entera, es un faro luminoso para nosotros los anarquistas’...sostuvo que el proyecto de ley a discusión se imponía, porque con él el Presidente estaría a salvo de las soluciones que fatalmente tienen que cercarle por todas partes.”

Considerándolo suficientemente discutido, se recogió la votación, “resultando aprobada en lo general por 76 votos, contra 4.”

Para ilustrarnos un poco con respecto a la importancia de lo que se aprobó, citamos textualmente algunos artículos: por ejemplo el 3º del proyecto de ley señalaba: “La Convención, constituida en Gran Jurado y mediante el voto de las dos terceras partes de los delegados presentes, podrá destituir al Presidente Provisional de la República, por alguna de las causas siguientes: I. Si el referido funcionario viola o deja de cumplir los acuerdos de la Soberana Convención, y entre ellos, los principios del Plan de Ayala que fueron aceptados por la misma en Aguascalientes. II. Si el Presidente atenta contra la Soberanía y la integridad de la Convención. III. Si se separa de la Presidencia oficial de la Convención sin permiso de ésta o de la Comisión Permanente, en su caso. IV. Si resuelve cualquier negocio de alta política, sin previo acuerdo del Consejo de Ministros.

Por su parte el artículo 4º señalaba que “los ministros serán responsables, ante la Convención, de los acuerdos que aprueben en ejercicio de sus funciones.” El Artículo 5º dice que “Cuando alguno de los Ministros niegue su aprobación a un acuerdo presidencial, el Presidente de la República podrá someter el asunto al Consejo de Ministros, y la resolución de éste será definitiva. El 6º establece que “los ministros serán nombrados por la Convención, a propuesta, en terna, del presidente de la República”. El 7º que “El Presidente de la República no podrá separar de su cargo a ninguno de los ministros, sin el consentimiento de la Convención. Artículo”. El 8º que “La Convención podrá deponer a cualquiera de los ministros, o a todo el Gabinete, por un acuerdo de su mayoría.” Y el 9º que “El Presidente de la República deberá proponer, dentro de los ocho días siguientes a aquel en que de hecho o de derecho cese un ministro en el ejercicio de su encargo, la terna dentro de la cual la Convención deberá elegir al ministro sucesor”46, lo cual demuestra palmariamente que lo se discutía en el seno de la Soberana Convención tendía a ir al fondo de las cuestiones políticas de la Nación, mientras Carranza en Veracruz, gobernaba bajo su exclusiva determinación personal.

Para la sesión del 16 de enero de 1915, la Secretaría propuso, y la Asamblea aprobó por unanimidad, que la discusión en lo particular de los artículos pendientes del proyecto de Ley sobre organización del Poder Ejecutivo preconstitucional se difiriese, para tratar acerca de los importantes asuntos ocurridos en el día. González Garza informó a la Asamblea sobre la fuga del Presidente Provisional Eulalio Gutiérrez, Soto y Gama declaró que el momento actual debía considerarse como uno de los mas grandes y solemnes para la nación, puesto que le permite ver que comienza la obra de depuración que traerá por inmediata consecuencia, abolir para siempre el reinado de los personalismos.” La Secretaría “sometió a la consideración de la Asamblea, un proyecto de ley proponiendo que la Convención reasuma todos los poderes, haciendo depositario del Ejecutivo al Presidente de la Asamblea, general Roque González Garza...la Asamblea lo aprobó por mayoría...González Garza protestó...se le dieron facultades extraordinarias en los ramos de Hacienda, Guerra y Gobernación.”47, con lo que la Convención no solamente no se debilitó ante la infidencia, sino salió robustecida.

En otro asunto, pero igual de revelador, ocurre cuando Obregón llega a la ciudad de México, en enero de 1915, se da a la tarea de buscar elementos para reforzar a su escuálido ejército sin importarle los medios, practicando algo muy cercano a la leva.

“Era de suponer, decía Silliman a Bryan, que el gobierno constitucionalista estaba ‘aprovechando la situación a fin de conseguir reclutas para el ejército’. Se ofrecían altos haberes, según decía, como atractivo para darse de alta...En su empeño por aumentar el reclutamiento de trabajadores en las filas del ejército, el general Obregón había estado dando concesiones a la casa del obrero mundial...Durante diciembre y enero, los trabajadores, muchos de ellos de ardiente inclinación anarquista o sindicalista, colaboraron estrechamente con la convención...Obregón...Les entregó para que lo usaran como oficina central, la Iglesia de Santa Brígida, así como el edificio del colegio Josefino y la imprenta del periódico “La Tribuna”...A Gerardo Murillo... Conocido como el doctor Atl, le fue entregada una gran suma de dinero constitucionalista destinada a hacer repartida por la organización... Los líderes de la casa del obrero mundial siguieron resistiéndose a los halagos de los constitucionalistas, aunque muchos artesanos sucumbieron a los cantos de las sirenas de la aventura y a la posibilidad de llenar el estómago y se unieron al ejército constitucionalista. La organización publicó una declaraciones en las que hacía el cargo de que la contienda había degenerado en una lucha política de ‘ambiciones bastardas’48, mientras que el 18 de febrero, el gobierno militar de Obregón detuvo a varios radicales “por distribuir a los trabajadores circulares impresas en las que se les invitaba a unirse a la causa zapatista”49.
Ante la hambruna ocurrida en la ciudad de México en enero-febrero de 1915, aunque el historiador norteamericano Robert Quirk lo califica como un rumor, de acuerdo a la documentación empleada, es perfectamente posible que los hechos ocurrieran de tal forma que “Obregón había provocado deliberadamente la crisis, sacando alimentos de la ciudad a fin de obligar al pueblo hambriento, a darse de alta en su ejército.”50

Cumberland trata el asunto como una mera suposición, “según ese punto de vista, Obregón había creado en forma consciente la escasez de alimentos para poder reclutar gente hambrienta dispuesta a todo...Alberto Pani y el Dr. Atl, pudieron inyectar considerable entusiasmo por la causa constitucionalista en las clases más pobres de la ciudad...en su trabajo tomaban diario contacto con miles de necesitados y casi siempre llevaban en las manos comida y dinero. Desde esta posición ideal reclutaron más de nueve mil hombres para el ejército de Obregón, cuatro mil de los cuales tomaron las armas inmediatamente y los otros cinco mil fueron enviados a Veracruz a esperar la llegada de armas del extranjero...aun cuando pudieran clasificarse como carne de cañón, le dieron a Obregón el personal necesario para emprender la campaña hacia el Norte, pero sobre todo fueron el ancla del gobierno constitucionalista en el proletariado urbano (sic)”51

Amaya al hablar de “LOS DESMANES DE OBREGÓN” (subrayado por el autor), acusa que sus medidas “fueron aparatosas, aunque de efectos contraproducentes, como la entrega de los edificios de tres iglesias y la imprenta del periódico clerical “La Tribuna” a la organización de trabajadores llamada Casa del Obrero Mundial...el 17 de febrero los líderes de esa organización firmaron un pacto con el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista...A los residentes extranjeros se debe, si no la invención, si la difusión de una maliciosa especie según la cual Obregón se dedicó a un odioso comercio con el hambre del pueblo: la escasez de alimentos según la versión de los extranjeros era completamente artificial, provocada por el Jefe Constitucionalista con el fin ominoso de incitar al pueblo hambriento al saqueo de los almacenes de dichos residentes.”52

Mason Hart, más contundente que los anteriores estudiosos, afirma que los estadounidenses “contribuyeron a facilitar el reclutamiento de unas 9 000 tropas del ralo ejército obregonista, cuya fuerza principal tenía menos de 20,000 elementos cuando derrotó a la División del Norte en la primavera de 1915.”53

Mientras, un cargamento de armas y municiones para los constitucionalistas fue detenido por órdenes del gobierno de Washington hasta que se solucionara el problema del bloqueo de Progreso, se trataba de cinco mil fusiles y dos millones de pertrechos que hubieran significado la derrota del Ejército de Operaciones que comandaba Obregón, y un triunfo seguro del convencionismo. Carranza, como era su costumbre, cedió a la presión y levantó el bloqueo el 19 de marzo. Dos días antes, el 17, Alvarado había derrotado a los alzados en Halachó.”54

En las batallas de Celaya, León y Aguascalientes, que tuvieron lugar entre abril y junio de 1915, que de acuerdo a algunos autores, decidieron la Revolución, Obregón Salido usó mallas de alambre de púas complicadas y caras, nidos de ametralladoras con campos de fuego cruzado que dirigió contra las cargas de caballería de la División del Norte, así como fuego indirecto de artillería pero con armas muy superiores a la mezcolanza villista de armas modernas con cañones de bronce, en donde, según Mason Hart, la táctica obregonista, aprendida en los éxitos alemanes de 1914 y 1915, pero que no se debe al genio militar “del neófito Obregón Salido, sino a la presencia de asesores extranjeros.”

Mason Hart nos asegura que “La inteligencia militar estadounidenses describía a Obregón Salido como un ‘ex pequeño agricultor y tendero con educación general, sin entrenamiento militar técnico’ El apoyo estadounidenses fue indispensable en la victoria de los constitucionalistas. Cuando se recibió en Veracruz la noticia de su triunfo en Celaya, John R. Silliman el enviado especial del presidente Wilson ante los carrancistas, alardeó ante el cónsul alemán: ‘hemos tomado León, hemos derrotado a Villa y pronto ocuparemos la ciudad de México”55

Quirk afirma que “La fortuna” (sic) sonrió a los constitucionalistas pues llegó a Veracruz un embarque de “un millón de cartuchos a tiempo para ser usados en Celaya…(y según él, Obregón) Había aprendido de la guerra europea algo que evidentemente no había aprendido Villa: que los ataques en masa no podrían triunfar contra las trincheras, las ametralladoras y el alambre de púas...La infantería estaba al mando de Benjamín Hill y la artillería a cargo de un oficial alemán: Maximiliano Kloss”56

Meses antes de las memorables batallas de Celaya y León, febrero de 1915 “…tres representantes de Carranza: Jorge W. Orozco, Cónsul en El Paso; Rafael Múzquiz, sobrino de Carranza, Roberto V. Pesqueira, primer embajador de Carranza en los Estados Unidos, estuvieron en la casa de Mr. Cole, situada en el Boulevard Brigdon, en Pasadena, y le pidieron con urgencia que fuera a Washington con el carácter de representante del primer Jefe, para solicitar al Presidente Wilson el reconocimiento de Carranza...Mr. Cole, inmediatamente se interesó en la campaña...a Richard L. Metcalfe, quien por espacio de treinta años ha sido la mano derecha de William Jennings Bryan; Mr. Metcalfe ha sido Secretario de Mr. Bryan, editor del ‘Commoner’ y candidato del Presidente Wilson para Gobernador de Panamá...también fueron reclutados para la campaña...Joseph Folk, John Lind, quien había sido representante personal del Presidente Wilson en México...Metcalfe...Un poco después de haber llegado a Washington, salió para Veracruz, México, comisionado por el Gobierno americano para conferenciar con Carranza”.

Alfredo Breceda, representante carrancista en Veracruz, el 5 de agosto, describía sin ambages quienes eran, además, los otros patrocinadores de los constitucionalistas: “el representante de Lord Cowdray pone a nuestra disposición el ferrocarril de Alvarado y ayudará temporalmente a las fuerzas de Alvarado…los jefes que mandan las fuerzas del sur y del centro se me presentan cada día reconociendo el Plan de Guadalupe, lo mismo que los capitalistas, fabricantes, banqueros, comerciantes, representantes de las grandes empresas extranjeras…Desde Washington respetaban al ‘astuto y viejo zorro’ de Carranza…Constituía el único jefe de la elite viable que había en México. Como cabeza de las elites coahuilenses había formado una bien lograda alianza con la fracción oligárquica de Sonora encabezada por la familia Pesqueira, Salido y Elías”57

Algo en que se ha obstinado la historiografía sobre la época, es en reiterar que fue en las batallas de Celaya (del 7 y 14 de abril de 1915) en donde Obregón inflingió a Villa las derrotas que trajeron consigo el práctico desmembramiento de la División del Norte, sin embargo, por la documentación existente, es posible afirmar que no hubo tal. El mismo Obregón en sus
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