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Presentación del libro Hacia la Meta Final de Rafael Hernández Colón, José Alfredo Hernández Mayoral y Pablo José Hernández Rivera, editores

Por Héctor Luis Acevedo

Fundación Luis Muñoz Marín

17 de marzo de 2011

Nos convoca en esta ocasión la oportunidad única de ver un Junte de Tres generaciones de Hernández inspiradas por convencimiento y avaladas por el ejemplo en el desarrollo del quehacer de nuestro pueblo en sus luchas autonómicas.

Hace doscientos años era electo Ramón Power y Giralt como el primer delegado de Puerto Rico a las Cortes españolas. Su elección marcó una frontera en nuestra historia cuando al aceptar el cargo habló por primera vez de sus “compatriotas” refiriéndose a los puertorriqueños. El Obispo Juan Alejo Arizmendi, le entregó su anillo pastoral expresándole que se encargaba a Power

“como prenda segura que os afirmará en la memoria vuestra resolución de proteger y sostener los derechos de nuestros compatriotas, como yo mismo la tengo de morir por mi amada grey.”1

Desde ese momento simbólico de nuestra toma de conciencia como pueblo, hasta el día de hoy, corren 200 años de historia donde se desarrollan unos perfiles y luchas constantes por el desarrollo político del país. Ese desarrollo trasciende el tiempo de manos de muchos líderes y movimientos destacándose Ramón Power y Giralt, Román Baldorioty de Castro, Luis Muñoz Rivera, Luis Muñoz Marín y Rafael Hernández Colón. Sus grandes derroteros lo han trazado el bienestar de nuestra gente y el desarrollo político de país.

En este capítulo de nuestra historia, se unen las épocas de Muñoz y Hernández Colón siendo el primero Gobernador y el segundo co-presidente del Comité que redactó y negoció el Nuevo Pacto.2

Este libro recoge la gran batalla de Nuevo Pacto de 1973 a 1976 donde uno de sus principales protagonistas, Rafael Hernández Colón nos brinda sus vivencias y reflexiones, junto a un Prólogo de particular profundidad que nos brinda José Alfredo. Pablo nos regala su aportación editorial. Este libro ha de convertirse en lectura obligada para los políticos y estudiosos de aquí, de Estados Unidos y del mundo que deseen conocer y aprender del difícil mundo de las luchas autonómicas.

Los desarrollos políticos en Puerto Rico, y en muchos lugares del mundo corren de la mano de tres circunstancias:

  1. Crisis internacionales que afectan a las metrópolis:

-como fue la invasión de Francia a España la que provoca las Cortes de Sevilla y luego Cádiz, con la participación de 28 delegados de América y 280 de España,3

-la sombra Guerra Hispano Americana y la Carta Autonómica de Puerto Rico de noviembre de 1987 provocada en buena parte por el ultimátum Woodford.4

-la sombra de la Primera Guerra Mundial impulsada por la guerra irrestricta de los submarinos alemanes, la intercepción del telegrama Zimmermann y la otorgación de la ciudadanía americana y el Senado electivo a los puertorriqueños en 1917.5

-el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la descolonización masiva de las posesiones de occidente comenzando con la independencia de la India en el 15 de agosto de 1947, así como la Guerra Fría entre la URSS y EUA con la designación de un Gobernador Puertorriqueño, Jesús T, Piñero el 25 de julio de 1946, la Ley del Gobernador Electivo de 1947 y la el proceso constitucional que inicia de la Ley 600 y culmina con la proclamación de la Constitución el 25 de julio de 1952.6

  1. La visión de líderes, sus valores, su poder de convocatoria y acción, y las corrientes de pensamiento de sus tiempos. La visión del Gobernador Rexford Tugwell, del presidente Truman, de Muñoz Marín, y Fernós, timonean la historia en esa dialéctica que es la vida política entre el hombre y su circunstancia.7



  1. El buen gobierno y las elecciones. Cuando el presidente Truman desafió a su partido, al Senado y al FBI y nombró a Jesús T. Piñero gobernador de Puerto Rico se arriesgó mucho. El buen gobierno que se brindó en esos años, bajo el liderato político de Muñoz y el administrativo y diplomático de Piñero, abrió las puertas a los desarrollos constitucionales que hasta el día de hoy son nuestro mayor logro de pueblo junto al desarrollo económico y social de nuestra gente que se dio bajo esa ese marco legal y político.8

Todos esos elementos son contingentes al cronos y el kairos al tiempo y la circunstancia de su momento crítico. En ocasiones se brindan algunos y otros no y eso condiciona los resultados.

Este testimonio de las luchas del Nuevo Pacto, ejemplifica lo determinante de cada uno de estos elementos, pues la razón, ni el poder, ni la voluntad bastan. Factores alternos y hechos distantes, como la crisis de petróleo de 1973 y las primarias de Ford y Reagan de 1976, pueden ser decisivos al momento de decidir rumbos en la historia.

Este libro nos brida una ventana al mundo de las realidades frente a las teorías. En un sentido vemos “el drama de una teoría siendo asaltada por unas realidades”.

La publicación de las memorias de Hernández Colón sobre la batalla de Nuevo Pacto, junto a las evaluaciones de Hernández Mayoral y así como los documentos y ponencias de Muñoz, Helfeld y Friedrich son un caudal de sabiduría concentrada para el que quiera aprender.

.

Se aportan a mí entender cinco grandes contribuciones al estudio de Puerto Rico y Estados Unidos y las relaciones de asociaciones en el mundo.

Primero. La naturaleza de los cambios de políticos y el Congreso de los Estados Unidos. Muñoz nos aporta lo siguiente:

“La negociación de un pueblo con un cuerpo parlamentario de otro compuesto por 435 miembros en una Cámara y 100 en la otra Cámara y gobernados por Comités presididos a base a de antigüedad, es un atletismo diplomático difícil de concebir por los que nunca han intentado tal ejercicio. Es una verdadera odisea en el sentido literal en el que la psicología del personaje homérico se acompañan el heroísmo y la malicia”. (Tendremos ante sí un) “Congreso remoto y no interesado en el asunto, y con tendencias a respetar los precedentes más que la creatividad.”9

Hernández Colón nos aporta lo siguiente:

“El desconocimiento de las realidades políticas, económicas, sociales, culturales de parte de los miembros del Congreso les hace difícil entender la razonabilidad de nuestras propuestas y los convierte en presa fácil de argumentos simplistas de la oposición.

“El presidente de los Estados Unidos y los miembros del Congreso actuarán, por lo general, conforme a los intereses o a las actitudes de su electorado, de sus intereses partidistas, sean republicanos o demócratas, y a los intereses nacionales de Estados Unidos, en ese orden. A base de esto hacen alianzas con quienes favorecen el proyecto o con quienes se oponen al mismo.”10

Segundo: Consentimiento mutuo y el poder irrenunciable del Congreso. Se documentan en el libro las tres opiniones del Departamento de Justicia de EUA estableciendo que el Congreso puede renunciar permanentemente a poderes y fijar la norma del consentimiento mutuo.

Es menester recordar que el concepto del “compact” o convenio, solo alterable por consentimiento mutuo, no fue un invento de Muñoz o Fernós sino que lo tomaron de la Ordenanza del Noroeste de 1787 del Congreso de la Confederación y luego adoptada por el Congreso de la federación en 1789. Las opiniones de Harold Reis de 196211, de William Rehnquist,12 luego Presidente del Tribunal Supremo, y de McConnel, hoy portavoz de partido republicano en el Senado,13 confirman la validez de esa tesis hoy negada por el mismo Departamento.

De hecho, bajo la tesis de poderes omnímodos del Congreso adoptada hoy, podrían revocarle la independencia a las Filipinas. La consistencia es una virtud fugitiva cuando concurren otros intereses. Ahí queda el récord para las luchas futuras, así como los casos del Tribunal Supremo que afirman que Puerto Rico goza de igual soberanía sobre sus asuntos internos al igual que un estado. De hecho el Artículo Sec. 2 de nuestra Constitución aprobada en la Ley Federal 447 afirma eso exactamente, así como en su Preámbulo la existencia del Convenio ya consumado.

Tercero: Se brinda la evidencia y las alternativas pensadas y viables para atajar el problema del consentimiento genérico a la aprobación de las leyes federales que aplican a Puerto Rico.

Los trabajos del Nuevo Pacto dirigieron sus mejores esfuerzos a atender este problema, que tanto Muñoz como Hernández Colón, entendieron que era central a la vigencia democrática en Puerto Rico. El proyecto permitía la oposición por los cuerpos legislativos a determinadas leyes requiriendo una determinación específica de alto interés nacional.

El proyecto aprobado por al Comité de Asuntos Insulares de la Cámara, como bien señala Hernández Mayoral, mejoró la misma con un mecanismo de veto motivado por el Gobernador de Puerto Rico ante el Presidente de Estados Unidos el cual se mantendría sino era revocado por al Congreso en 60 días.14

Cuarto: El valor del procedimiento adoptado.

Señala Hernández Mayoral que “Por única vez en la historia de Puerto Rico, habría de sentarse oficial y públicamente una delegación nombrada por el Gobernador y el Presidente con la tarea específica de adelantar ‘al máximo de gobierno propio y la autodeterminación dentro del marco del Estado Libre Asociado’.”15

Anteriormente se habían nombrado la Comisión de status de 1965 con una encomienda más amplia y luego el Comité Ad-hoc del Voto Presidencial con encomiendas diferentes. Esta Comisión y sus frutos llegaron lejos, al igual que el proceso de 1989-1992 pero no lograron sus objetivos finales.

Estas dos situaciones nos han traído al presente. Vale la pena consignar la inmensa obra y trabajo que estos esfuerzos han representado y el impacto que esto tiene para nuestro proceso democrático y para nuestro liderato. Se sacan a luz lo peor y lo mejor de Puerto Rico.

Hernández Colón reflexiona:

“El mundo de la política es una jungla donde los que respetan los principios están en desventaja contra aquellos que para los que todo vale para lograr sus propósitos. … Los principios más elementales de democracia requerían que los perdedores respetaran el mandato del pueblo. Los líderes estadistas pisotearon esos principios para adelantar su causa, obstruyendo el avance del ELA. Así se escribe la historia hasta el día de hoy.”16

Para el Gobernador electo, es motivo de una gran frustración el ver el mandato de su pueblo en las urnas verse diluido por consideraciones ajenas a esos principios17. El sistema americano es vulnerable a esas influencias partidistas, económicas o de inercia del poder. La historia tanto de España y Estados Unidos con Puerto Rico nos explica que son los cuerpos parlamentarios los más renuentes y conservadores en ceder poder aún en contra de sus propios principios.

Estas dos situaciones nos han traído al presente. Vale la pena consignar la inmensa obra y trabajo que estos esfuerzos han representado y el impacto que esto tiene para nuestro proceso democrático y para nuestro liderato. Se sacan a luz lo peor y lo mejor de Puerto Rico.

  1. V- Las lecciones y reflexiones- Una de las grandes lecciones que aportan los autores es proteger las negociaciones de status del ciclo electoral. En Estados Unidos entienden que las elecciones son plebiscitarias y que un resultado electoral invalida un plebiscito aunque sean eventos diferentes.18 Ambos autores concluyen

1.“Cualquier votación futura donde Puerto Rico reitere su deseo de continuar su relación de ELA con EU, con mandato para que se consolide y se mejore esa relación, tiene que estar inmune a manipulación por la rama ejecutiva y legislativa en PR. La implantación de ese mandato debe recaer en un cuerpo directamente autorizado por el pueblo para le encomienda de negociar el desarrollo del ELA con Estados Unidos.”19

2. Que el issue de las aportaciones al gobierno federal queda abierto a discusión. Pero no puede ignorarse.

3. Que la historia se repite y los argumentos a veces son circulares20. Dice Hernández Colón:

“un argumento que los estadistas han esbozado contra el autonomismo desde el cambio de soberanía en 1898 hasta el presente: mientras más poderes de gobierno propio tenga Puerto Rico, más se separará de Estados Unidos.”

“A base de ese razonamiento tendríamos que concluir que cuando más permanente fue la unión entre Puerto Rico y Estados Unidos fue durante el gobierno militar que estableció EUA en 1898. Según ese razonamiento, la Ley Foraker que permitió a PR elegir su Cámara de Rep. (Delegados) debilitó la unión permanente, y esta volvió a debilitarse por la Ley Jones que nos dio el Senado, y luego por la Ley de Gobernador Electivo que nos permitió elegir nuestro Gobernador. Según este mismo razonamiento erróneo, la Constitución del ELA y el convenio de asociación debilitaron aún más la unión permanente entre PR y los EU.

“Lo que demuestra la historia es precisamente todo lo contrario. Según el pueblo de PR ha adquirido mayor gobierno propio y mayor libertad para dirigir sus propios asuntos, más se ha ido fortaleciendo su unión con los Estados Unidos de América.”21

En su último gran discurso en 1973 Muñoz había expresado dos conceptos vitales, uno que: "El status político, repitámoslo una vez más, repitámoslo una y cien veces, es para servirle a esos ideales humanos, no para desviar al pueblo del camino de realizarlos”
y dos, que "que la única manera democrática de apretar lazos es aflojando y destruyendo cadenas”.22


  1. Que el ELA es la fuerza que une y evita una confrontación, como dijera Muñoz, semi pacífica y semi violenta.

  1. Oigámoslo en sus Memorias:En el Congreso de Estados Unidos cualquier minoría sustancial puede ejercer, en casos como el de Puerto Rico, el poder antidemocrático de frustrar a la mayoría. Señalo esto porque debe tenerse en cuenta, por aquellos que piensan, que si desapareciera el respaldo al Estado Libre Asociado, un confrontamiento entre la independencia y la estadidad frustraría todo intento de establecer la estadidad. Lo único que puede frustrar semejante intento por una mayoría pasajera o longeva que favoreciera la estadidad es que el Estado Libre Asociado sea sostenido por una sustancial minoría. Desaparecido el Estado Libre Asociado, una confrontación entre estadidad e independencia resultaría en una minoría tan pequeña a favor de la segunda (aunque sería probablemente el doble o triple de la actual) que no tendría poder para evitar la estadidad. Lo único que puede evitarla, en mayoría como en minoría sustancial, es el Estado Libre Asociado. Los independentistas que quieren crear la confrontación antiestadista destruyendo el apoyo al Estado Libre Asociado, resultan ser, claro está que sin quererlo, los más eficaces favorecedores de la estadidad. Ante la manera de ser y pensar del pueblo de Puerto Rico, el Estado Libre Asociado, a parte de sus valores positivos, es la única defensa contra la estadidad.”23

  2. El legado que nos ofrece este libro es uno de compromiso y acción informada. Su título lo toman los autores de una expresión de Muñoz sobre la meta final del autonomismo. De esta historia y la de los doscientos años anteriores sabemos que las batallas son muchas y que los resultados siempre son temporeros, por eso prefiero recordar la cita que se posaba sobre el hombro de un joven Gobernador que le ha dado lo mejor de su ser este pueblo y que decía:

“En la actividad política los hombres navegan por un mar sin fin y sin fondo, no hay puerto, ni refugio, ni suelo, ni anclaje, ni punto de partida, ni punto de llegada. La empresa es mantenerse a flote con el timón firme.”

Y el añadía “No hay victorias finales en política. Cada época presenta nuevos retos y exige nuevas luchas.”24

Hernández Colón tenía razón.

Cuenta una de las leyendas de esta casa, que Luis Muñoz Marín se encontraba bajo un árbol hablando con unos jíbaros, y como eran tantos un grupo se fue bajo otro árbol aunque quedaba lejos. Muñoz se molestó algo porque se habían separado del grupo y les preguntó en voz alta, “¿me oyen?”; y los jíbaros le contestaron, “no se oye, Don Luis, pero se entiende”.

Esta noche no sé si Don Luis Muñoz Marín nos está escuchando, pero sí estoy seguro que nos entiende…

Muchas gracias


1 Escarano, Francisco, Puerto Rico Cinco Siglos de Historia,3ra Ed., McGraw Hill, México D.F.(2008),

P. 297.

2 Rafael Hernández Colón; José A. Hernández Mayoral, Pablo J. Hernández Rivera, Editores, Hacia la Meta Final, Editorial Calle Sol, San Juan (2011).

3 Ver José Trías Monge, Historia Constitucional de Puerto Rico, Vol. I, Editorial Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, (1980) páginas 34-35.

4 Ver el ultimátum de Steward L. Woodford, embajador de Estados Unidos en España, al gobierno español del 18 de septiembre de 1897 dándole hasta noviembre de ese año, para darle paz a Cuba o arriesga una intervención de Estados Unidos. Trías Monge le adjudica primordialmente a esa amenaza la Carta Autonómica de 1897 y ofrece como evidencia que la misma contiene disposiciones no solicitadas por Puerto Rico, parecidas al modelo canadiense, y la ausencia de participación de los autonomistas puertorriqueños en la confección de la misma. Ver José Trías Monge, Historia Constitucional de Puerto Rico, Vol. I, supra, páginas 104-106.

5 Ver Barbara W, Tuchman, The Zimmermann Telegram, Ballantine Books, New York (1985), páginas 7,146-149, 164,196-200; y Arturo Morales Carrión, A historian perspective on United States –Puerto Rico relationships, en Puerto Rico and the United States, The Quest for a new encounter , Editorial Académica, San Juan (1990) P. 53.

Estados Unidos había permanecido fuera de la Primera Guerra Mundial que comenzó el 31 de julio de 1914 (Rusia y Alemania, 3 de agosto de 1914; Francia y Alemania y el día siguiente Alemania y Gran Bretaña).La Guerra se mantuvo en un tranque sangriento hasta que Alemania decidió abrir una guerra submarina ilimitada para forzar la rendición de Gran Bretaña. Los barcos a hundirse eran principalmente los de Estados Unidos. Alemania declaró esa política el 1 de febrero de 1917. Ello causó graves problemas en Estados Unidos, pues los barcos no zarpaban y se aglomeraban en sus puertos. Aún así el Congreso ni el Presidente optaban por la guerra, en parte porque el lema de campaña de Woodrow Wilson había sido en las elecciones de noviembre 1916, “el que nos mantuvo fuera de la guerra”.

El 16 de enero de 1917 el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Arthur Zimmermann, envió dos telegramas a su embajador en México instruyéndole que propusiera al gobierno de dicha nación una alianza contra Estados Unidos y que se comprometían a devolverle a Texas, Nuevo México y Arizona. Ese telegrama fue interceptado por los ingleses y se lo entregaron a los americanos el 24 de febrero de 1917. El 18 de marzo de 1914 Alemania hundió tres barcos americanos sin aviso y el 2 de abril de 1917 el Presidente Wilson acudió al Congreso a solicitar la declaración de guerra contra Alemania.

Morales Carrión nos aporta que el proyecto conocido luego como la Ley Jones estaba atascado en el Senado y que el Secretario de la Guerra de Estados Unidos le escribió el 16 de febrero de 1917 al Senador Shaforth, encargado del proyecto, que la aprobación rápida del mismo era muy vital, pues la actitud de los puertorriqueños sería “of the utmost importance if we are to soon face an international crisis”. El 20 de febrero de 1917 se aprobó el proyecto en el Senado y el 2 de marzo de 1917 lo firmó el Presidente Wilson.



6 Ver Héctor Luis Acevedo, Editor, La Generación del 40 y la Convención Constituyente, Universidad Interamericana de Puerto Rico, San Juan (2003), A. Maldonado, Luis Muñoz Marín; Puerto Rico Democratic Revolution, Editorial Universidad de Puerto Rico, Río Piedras (2006) Jorge Rodríguez Beruff, Strategy As Politics, Editorial Universidad de Puerto Rico, Río Piedras (2007).

7 Ver Rexford Guy Tugwell, La Tierra Azotada, Editado por Jorge Rodríguez Beruff, Fundación Luis Muñoz Marín, Fundación Biblioteca Rafael Hernández Colón, San Juan (2010).

8 Ver Héctor Luis Acevedo, Editor, Jesús T. Piñero; El hombre, el político, el Gobernador, Universidad Interamericana de Puerto Rico, San Juan (2005), Jaime Partsch, Jesús T. Piñero: el exilado en su patria, Ediciones Huracán, San Juan (2006).

9 Rafael Hernández Colón; José A. Hernández Mayoral, Pablo J. Hernández Rivera, Editores, Hacia la Meta Final, supra,P. 6

10 Ibid, P. 438.

11 Ibid, P. 63 y José Trías Monge, Historia Constitucional de Puerto Rico, supra, Tomo IV, páginas 183-184.

12 I Rafael Hernández Colón; José A. Hernández Mayoral, Pablo J. Hernández Rivera, Editores, Hacia la Meta Final, P. 7-8.

13 Ibid, P. 19.


14 Ibid, P. 27.

15 Ibid. P. 13.

16 Ibid, P. 71.

17 Rafael Hernández Colón, Reflexiones sobre la autodeterminación puertorriqueña , borrador, P.66 (1996) “Para mí el desenlace de la gestión congresional representó una desilusión muy grande, pues había tomado en el 84 la decisión de postularme sólo por dos términos más y una de mis grandes aspiraciones al entrar en la vida pública consistía en ayudar a resolver su problema de status. Esto no habría de ser, por lo menos en cuanto a que se produjera una solución definitiva. Pero adelantamos en una forma importante, mediante esa experiencia histórica con el Congreso de Estados Unidos.”

18 Rafael Hernández Colón; José A. Hernández Mayoral, Pablo J. Hernández Rivera, Editores, Hacia la Meta Final, P. 438.

19 Rafael Hernández Colón; José A. Hernández Mayoral, Pablo J. Hernández Rivera, Editores, Hacia la Meta Final, páginas 32 y 438.

20 José Ramón Fernández, Marqués de la Esperanza, líder del Partido Incondicionalmente Español, expresó en 1871,que si daban las libertades autonómicas “nuestras propiedades perderán su valor, nuestro crédito desaparecerá, porque los capitalistas huirían de la anarquía que tan radicales libertades traerían a unos países nuevos en las prácticas parlamentarias y que encierran en su seno gérmenes separatistas que amenazan convertir esta isla en otro Santo Domingo,” citado en José Trías Monge, Historia Constitucional de Puerto Rico, Vol. I., , Editorial Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, (1980), P. 62. Rafael María de Labra, nuestro delegado en las Cortes, había protestado de que “Este afán de llamar separatismo a todo lo que contrariase el status colonial ha sido un hecho muy repetido en el curso de la historia colonial de España antes y después de 1812” Citado en Trías Monge, Historia Constitucional de Puerto Rico, Vol. Ibid. P. 37.

21 Rafael Hernández Colón; José A. Hernández Mayoral, Pablo J. Hernández Rivera, Editores, Hacia la Meta Final, supra, páginas 45-46.

22 Luis Muñoz Marín, Mensaje del 17 de julio de 1973 en el Día de Luis Muñoz Rivera, reproducido en Celebración del 88vo. Aniversario del Natalicio de Don Luis Muñoz Marín, Héctor Luis Acevedo, Editor, San Juan (1986) P. 56.

23 Luis Muñoz Marín, Memorias 1940-1952, Universidad Interamericana de Puerto Rico, San Germán,

P. 314.

24 Rafael Hernández Colón, Retos y Luchas, San Juan (1991) P. 346.


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