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Una apreciación de los Salmos

El Salmo 51

Los salmos mesiánicos

Los cánticos graduales

Una apreciación de los Salmos




D R A, Valencia, Venezuela, enero 2007


Contenido


I Los Salmos en el Nuevo Testamento

II Cómo están estructurados los Salmos

El psallo

La secuencia

Las fechas y los autores

Los cinco libros

Los títulos divinos

Los títulos de algunos salmos

La poesía

Las figuras poéticas

III Cómo interpretar los Salmos

La perspectiva histórica

La anticipación profética

La aplicación personal

Las alabanzas

Las peticiones

Los salmos penitenciales

Los salmos imprecatorios

La morada de Dios

Los salmos mesiánicos

Bibliografía

Anexos

1 Salmos, himnos y cantos

2 Títulos de los salmos

3 Lenguaje figurativo

4 Algunas oraciones

I ─ Los Salmos en el Nuevo Testamento


Los Salmos en la Biblia

Les dijo [Jesús]: Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en … los salmos, Lucas 24.44

Los Salmos en el culto

Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo … Hágase todo para edificación,
1 Corintios 14.26.

Los Salmos en la vida del cristiano

Sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos …, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, Efesios 5.19. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros …, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos, Colosenses 3.16 (Anexo 1)

Desde los tiempos antiguos los judíos ordenaron los libros canónicos del Antiguo Testamento en tres grupos conocidos como la Ley, los Profetas y los Escritos. Los Salmos pertenecían al tercer grupo y muchas veces daban su nombre a todo éste, aunque “los Escritos” constaba de todos los libros desde Esdras hasta Cantares. Así el Señor habló en Lucas 24.44 de “lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. Hay buena evidencia de que en la secuencia original el tercer grupo, “los Escritos”, o el salterio, estaba al comienzo y no en el orden que encontramos ahora en nuestra Biblia.

Normalmente, pensamos en un “salmo” como de David, Asaf, etc., y ciertamente todo el Salterio está incluido en el término. Pero esta palabra se traduce “cantar” en otros pasajes del Nuevo Testamento, y también “alabando”, de modo que en las Epístolas podría referirse a cualquier cántico de alabanza u otra expresión basada en la experiencia del individuo.

Hay diversas maneras de inventariar las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo, y uno de los cálculos es que el 40% de ellas es tomado de los Salmos. “De tanta importancia eran los Salmos para nuestro Señor y sus apóstoles que citaron casi cincuenta de ellos varias veces en el Nuevo Testamento. Casi no hay una condición en la vida humana que no expresan, ni en ellos una experiencia que no ha vivido algún ... cristiano que conoce de cerca a su Señor”.

II - Cómo están estructurados los Salmos

El psallo


El título en hebreo, tehiillim, quiere decir alabanzas, y parece que el libro llevó este nombre por su uso como el himnario en los servicios religiosos del segundo templo. En las traducciones del Antiguo Testamento al griego el título es simplemente Salmos, o el Salterio, procedente de psallo que quiere decir tocar un instrumento de cuerdas. De este y otros indicios entendemos que el propósito era que los salmos fuesen acompañados de música instrumental; véanse 1 Crónicas 16.4: “puso delante del arca de Jehová ministros ... con sus instrumentos de salterio y arpas;” y el 25.1: “apartaron para el ministerio ... para que profetizasen con arpas, salterios y címbalo;” y también 2 Crónicas 5.12,13.

Es evidente que Israel poseía lírica aparte de la que figura en los Salmos. Está ausente, por ejemplo, la endecha de David sobre Saúl y Jonatán, y también la oración de Ezequías en Isaías 38. Quizás hubiéramos esperado encontrar en el libro de Salmos “las últimas palabras de David” que están en 2 Samuel 23:

Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado en alto,
El ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel:
El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua

En términos generales se puede clasificar los varios salmos en una u otra de estas categorías:

un llamado a Dios en petición o alabanza directa;

una expresión de las emociones y experiencias del que habla;

una celebración de las obras de Dios en la naturaleza e historia;

una reflexión sobre el gobierno divino.

Se ha dicho que los Salmos 1 y 2 son la antesala de toda el Salterio, como si los 148 restantes fueran una exposición de los conceptos expresados en estos dos. Cristo está tras el velo en su humanidad en Salmo 1 y está en su majestad en el 2. El pobre pecador está en ambos.

El Salterio comienza con Dios bendiciendo al hombre, Salmo 1, y termina con el hombre bendiciendo a Dios, Salmo 150. En el medio la penitencia, petición y perplejidad se fusionan al fin en una alabanza. Esta consumación es una gran canción universal que procede del tiempo y se extiende al milenio, si no a la eternidad, en una escena de gloria sin par en la cual Dios reina como Cabeza Suprema de una creación redimida y restaurada.

La secuencia


El arreglo interno de los salmos que tenemos actualmente es el mismo que existía en los días de nuestro Señor; Hechos 13.33 habla de lo que “está escrito en el salmo segundo”. No están en una secuencia cronológica en cuanto a historia o profecía, aunque el libro correspondiente a David es el primero de los cinco que componen el “libro” mayor que nosotros designamos como Salmos, y el libro post cautiverio, muy profético por cierto, es el último de aquellos cinco.

También hay pequeños conjuntos de salmos que parecen estar lado a lado por relacionarse entre sí. Se ha señalado a menudo que el 22 trata del Salvador que sufrió en el pasado, el 23 del Pastor que cuida aún y el 25 del Soberano que asumirá el poder.

Las fechas y los autores


Los Salmos tuvieron su origen en el avivamiento religioso bajo David y Salomón. Se añadieron al núcleo otros salmos en los tiempos de avivamiento bajo los reyes Josafat, Ezequías y Josías, y finalmente en el avivamiento después del Cautiverio. Los períodos largos de decadencia progresiva resultaron improductivos de este tipo de escritura.

En la época anterior de los libros de Samuel, Moisés aportó uno o quizás dos salmos, que son el 90 y el 91, respectivamente. Había gérmenes de salmos desde el comienzo de la historia nacional de Israel; por ejemplo, el cántico de María en Éxodo 15, el de Débora y Barac en Jueces 5 y la oración de Ana en 1 Samuel 2.

David habló “en el Espíritu”, Mateo 22.43. Dice Hechos 2.30 que era profeta. Él redactó ciento veinte por todo, y es sólo por Hechos 4.25 y Hebreos 4.7 que sabemos que era autor de dos de ellos, el Salterio no lo dice.

“El rey Ezequías y los príncipes dijeron a los levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y de Asaf vidente”, 2 Crónicas 29.30. Asaf está asociado con doce. Once salmos son “de” o “para” los descendientes de Coré, quien descendió vivo a la tierra como castigo por su pecado en Números 16. (La traducción de los títulos es incierta en este asunto de “por/para/de” cierto autor). Hay una marcada ausencia de nombres de autores en el cuarto libro y el quinto.

Los cinco libros


Es de factura humana la antigua costumbre de hablar del “primer libro”, “segundo libro”, etc., pero goza de apoyo divino por el hecho de que cada una de las cinco secciones termina con Amén y / o Aleluya. Los sabios observan que en los Escritos hay también cinco libros ─ Rut, Cantares, Ester, Job y Lamentaciones ─ que son libros “femeninos” por cuanto tratan de experiencias personales, emocionales, a diferencia de los otros libros que versan mayormente sobre una nación, leyes y las muchas naciones.

Pero más relevante es el Pentateuco, los cinco libros de Moisés al comienzo de la Biblia. Hay una correspondencia de tema principal entre el primer libro de los Salmos y Génesis, entre el segundo libro y Éxodo, etc.

El primer libro; Salmos 1 al 41

Estos salmos hablan mucho del hombre, tanto como Dios quería que fuera como el hombre que es. Salmo 1 versa sobre el varón santo y el varón impío. Salmo 8 es sobresaliente, “¿Qué es el hombre?” Salmos 9 y 10 no lo dicen, pero parece que su tema es el hombre de pecado,
2 Tesalonicenses 2, etc. El 40 habla del hombre perfecto. Cristo en sus padecimientos dice ser “gusano y no hombre”. Génesis a su vez se construye sobre la historia de siete hombres en particular, y sobre siete casos en que el segundo hijo recibió la bendición que el hijo mayor esperaba; Génesis es el libro de hombres. El árbol se destaca tanto en Salmo 1 como en Génesis 3.

Proféticamente, hay más historia personal del Mesías en estos salmos que en los libros restantes. Detrás del telón, Cristo es el varón bienaventurado de Salmo 1 y el Redentor del remanente fiel en Israel en toda la sección.

El segundo libro; Salmos 42 al 72

Aquí leemos de la ruina y la redención de Israel, aun cuando David habla en primera persona de sus propias experiencias de fracaso y restauración. En estos salmos el remanente gime, por medio de él, por redención y anhela la salvación en un Rey por venir. “¡Oh, si saliera de Sion la salvación de Israel! Cuando Dios hiciere volver de la cautividad a su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel”, 53.6.

La sección termina con un salmo acerca del reino donde la gloria del Mesías llena el mundo entero. De una vez viene a la mente que Éxodo comienza con ese pueblo esclavo en Egipto y termina con la presencia y gloria de Dios manifiestas en el tabernáculo.

Proféticamente, se percibe a Cristo identificándose con el remanente judío echado de Jerusalén, ciudad esta que en los postreros días es entregada al anticristo y está llena de apóstatas. Él restaura estos fieles a su posición. El Salmo 51, intensamente personal en su redacción como una confesión propia de David, es también una figura de cómo el remanente reconoce la culpa nacional en rechazar al Mesías, al estilo de Zacarías 12.

El tercer libro; Salmos 73 al 89

Se identifica este libro de Salmos con Levítico porque se enfoca sobre el santuario. Hay salmos de David que hablan del templo, pero en realidad sólo el tabernáculo estaba en pie en sus días. Asaf, desde luego, ministraba en el templo propiamente dicho una vez que existía. Once de sus salmos están en esta sección. Él dirigía el canto cuando el arca fue restaurada a su lugar, y luego estaba a cargo del coro en el templo, 1 Crónicas 15.17, 16.45.

El 84 expresa este tema de la morada divina: “Anhela mi alma … los atrios de Jehová”. En el tercer libro Israel está en la tierra de nuevo, primeramente en incredulidad pero luego con los fieles en el santuario. “En Salem está su tabernáculo, y su habitación en Sion. Allí quebró las saetas del arco, el escudo, la espada y las armas de guerra”, 76.2.3.

El cuarto libro; Salmos 90 al 106

En esta sección Israel está en el desierto; corresponde al libro de Números, que narra sus experiencias allí. “Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel [¿!] entre los que invocaron su nombre; invocaban a Jehová, y él les respondía. En columna de nube hablaba con ellos; guardaban sus testimonios, y el estatuto que les había dado”, 99.6.

El cuarto libro comienza con el salmo de Moisés, el hombre de la peregrinación desértica, y termina con Salmo 106 que repasa los fracasos de la nación en esa etapa de su historia. El 95.8 habla, por ejemplo, del triste episodio de Meriba y Masah (Éxodo 17), pero 105.11 anticipa mejores tiempos, “A ti te daré la tierra de Canaán …”

En fin, el tema es la retrocesión y la recuperación de Israel, y Salmo 90 es típico. El creyente de hoy ve en este libro que el primer Adán es reemplazado por el postrero, Cristo, al modo de hablar de 1 Corintios 15.45 al 47.

El quinto libro; Salmos 107 al 150

Ahora Deuteronomio, el libro que dice “por segunda vez” lo que otros libros del Pentateuco han tocado. El 119 se destaca en esta sección, y en él casi todos los versículos hablan de la Palabra de Dios, presentada por una serie de sinónimos. En su tentación en el desierto nuestro Señor citó exclusivamente del libro de Deuteronomio.

En el quinto libro se acuerda todavía de la historia de la nación en el desierto (Deuteronomio, dijimos, es un libros de repaso histórico), pero también se enfoca sobre lo que Dios requería de ese pueblo y la promesa de Canaán por delante. De las 140 veces que figuran alabanza y alabar en los Salmos, casi la mitad está en el quinto libro.

Los Salmos 120 al 134 se conocen como “de ascenso”, traducido en la Reina-Valera como “cántico gradual”. Posiblemente se cantaban en la marcha a las fiestas levíticas (las santas convocaciones), 1 Samuel 1.3, Salmo 122.4. Otros dicen que son cantos “de grados”. Como era de esperarse, la sección, y todo el libro de Salmos, termina con cantos el triunfo y alabanza; el Amén y Amén que cierra los otros libros es más bien un gran Aleluya al final del 150.

Los títulos divinos


En los Salmos se emplean posiblemente diez títulos de Dios y los estudiosos reconocen que el nombre que predomina en uno cualquiera de los cinco libros está acorde con el tema que predomina en aquel libro.

En la Reina-Valera se usa Jehová y su forma abreviada Jah, títulos parecidos a su forma en hebreo, pero se han traducido al castellano los otros títulos. Así que leemos, por ejemplo, “Señor, Adonai, tú nos has sido refugio …”; “El que habita al abrigo del Altísimo, Elohim, morará bajo la sombra del Omnipotente, Saddai”.

Los títulos de algunos salmos


El título es una parte del salmo y debe ser leído en público con el texto que lo sigue. En cambio, las explicaciones breves en negrilla en muchas ediciones de la Biblia no son de inspiración divina.

El Anexo 2 lista algunos títulos descriptivos que se emplean. Hablando con propiedad, un “salmo” es un poema con acompañamiento instrumental y un “cántico” es una composición a ser cantada sin acompañamiento.

La poesía


Los himnos en el himnario nuestro se dividen en estrofas, y algunos tienen un coro. Los salmos se dividen en estrofas (secciones, párrafos), y algunos tienen un coro. Algunos salmos consisten en estrofas presentadas en la secuencia alfabética de la primera palabra (p.ej. el 119, el 37), o como acróstico, sin duda como ayuda para la memoria (y una indicación para nosotros de la importancia de aprender la Palabra de Dios de memoria).

Otro estilo es el dramatismo, y uno de muchos casos lo encontramos en Salmo 2, donde se oyen varias voces. El 45 sería otro caso. La próxima vez que leemos el 24, notaremos que un grupo en el coro del templo canta una línea y el otro grupo responde con la próxima línea. Uno no capta el sentido si no se da cuenta de que este tipo de salmo es en esencia una conversación entre dos o más personas. Al leerlos salmos en público, debemos proyectar esta circunstancia.

Nuestra poesía emplea a menudo una recurrencia de sonido la rima pero no así la poesía hebraica. En hebreo las características principales son una recurrencia de pensamiento y ritmo, la cadencia de cada cláusula y el equilibrio de las cláusulas combinadas en series. Esta última característica se conoce como el paralelismo, cuya ley determina a menudo la construcción o conexión entre palabras y decide el sentido cuando éste sea dudoso. (Se encuentra mucho en Proverbios también). Esto es importante desde el punto de vista de la interpretación; el término correspondiente en la cláusula paralela puede ofrecer una orientación valiosa de un pasaje difícil o una palabra ambigua.

La forma sencilla del paralelismo es la copla, pero en el 93.3, por usar un buen ejemplo, encontramos una triple construcción:

(i) “Alzaron los ríos, oh Jehová,

(ii) los ríos alzaron su sonido;

(iii) alzaron los ríos sus ondas”.

No debemos prestar atención a la división en versículos (una añadidura humana, no de inspiración divina), porque muchas veces esta división contradice la estructura paralela.

Una forma del paralelismo es la repetición. Se expresa el pensamiento fundamental y se repite en otras palabras, como ocurre dos veces en el 114.1:

(i) “Cuando salió Israel de Egipto,

(ii) la casa de Jacob del pueblo extranjero,

(i) Judá vino a ser su santuario,

(ii) e Israel su señorío”.

Otra forma es la afirmación opuesta; el segundo pensamiento es el contrario al primero, como en el 1.6:

(i) “Jehová conoce el camino de los justos,

(ii) mas la senda de los malos perecerá”.

(Otra vez, es común en Proverbios).

Las figuras poéticas


Ningún lector deja de reconocer que los Salmos emplean algunas técnicas que nosotros también usamos a diario para dar estilo a nuestra conversación y redacción. Abundan las comparaciones, con o sin decir explícitamente que una cosa es como otra. Por ejemplo, Salmo 119 emplea nueve sinónimos para describir la Palabra de Dios:

ley testimonios dichos

estatutos mandamientos caminos

juicios palabra preceptos

Anexo 3 lista diez tipos de estas figuras.
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