Dr. José Antonio Bernaldo de Quirós Mateo






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ALFONSO MORENO ESPINOSA (1840-1905).

UN ACERCAMIENTO A SU OBRA LITERARIA
Dr. José Antonio Bernaldo de Quirós Mateo

I.E.S. Jorge Santayana (Ávila)


1. Datos biográficos1

Alfonso Moreno Espinosa nació en Cebreros (provincia de Ávila) el 9 de junio de 1840. Sus padres fueron Miguel Moreno y María Dolores Espinosa. Estudió segunda enseñanza en Valladolid, Ávila y Madrid. Desde 1859 fue alumno de la Universidad Central de Madrid, donde consiguió el título de Licenciado en Filosofía y Letras en 18632. En esta Universidad fue discípulo de Julián Sanz del Río, el eximio introductor del krausismo en España, que marcó una huella indeleble en su ideología y personalidad3. Así mismo, se convirtió en devoto partidario de Castelar, al que escuchaba en las aulas y en el Ateneo. Participó, por ello, en los disturbios estudiantiles que tuvieron lugar a raíz del artículo de Castelar “El rasgo”, contra la reina, por el cual el destacado político perdió su cátedra (1864). Como él mismo relata, Moreno Espinosa estuvo en el alboroto ocurrido en la calle de Santa Clara el día 7 de abril:
La Guardia Veterana con algunos sablazos y la policía con varias prisiones, dieron fin a las deplorables escenas de aquella noche, cuyo recuerdo llevaron mucho tiempo mis espaldas en forma de cardenales, pues fui uno de los aporreados y conducidos al Saladero.4
En 1866 ganó por oposición (realizada en Madrid) la plaza de catedrático de Geografía e Historia del Instituto Columela, de Cádiz, en la que empezó a ejercer en 18675. El instituto había sido abierto en 1863 con 398 alumnos6. Por entonces, la ciudad tendría unos 60.000 habitantes. Un año antes había llegado a este mismo instituto Romualdo Álvarez Espino, catedrático de Filosofía, gran propagador del krausismo en Cádiz, y amigo y compañero infatigable de nuestro autor en su tarea divulgativa7. Otros krausistas miembros del claustro de profesores del instituto son Vicente Rubio y Díaz, director, y Salvador Arpa y López, catedrático de Retórica Poética.

Cádiz será la verdadera patria de Moreno Espinosa para el resto de sus días, si bien no olvidó los lazos con su tierra natal, como atestigua su poema Ávila y Cádiz, o las dos cunas de la libertad8, que reproducimos fragmentariamente más adelante.

Inmediatamente después de su toma de posesión en Cádiz, comenzó Moreno Espinosa la producción de tres libros de texto que habían de hacerle conocido en toda la nación: Nociones de Geografía (en colaboración con el citado Vicente Rubio, 1868), Compendio de Historia Universal (1870) y Compendio de Historia de España (1871). Con estos libros comenzó una fructífera relación empresarial y personal con el periodista e impresor Federico Joly (director del Diario de Cádiz), que editó buena parte de sus obras. Otro editor con quien Moreno Espinosa tuvo mucha relación, algo más tarde, fue Francisco Jordán, que publicó sus artículos y poesías.

En 1870 obtuvo el título de Doctor por la Universidad de Sevilla9.

Al menos desde los años sesenta figura Moreno Espinosa en las filas del Partido Demócrata Republicano. Ramos Santana (2005: 690) señala la aceptación popular en Cádiz de este partido, por esas fechas; no es un movimiento extremista marginal, sino que “conseguía abarcar un espectro sociológico mucho más amplio que cualquier otro grupo gaditano”. Por ejemplo, figura en este partido Manuel Francisco de Paul, comerciante que era el mayor contribuyente de la ciudad en 1865. Tenía aceptación entre la pequeña burguesía y el proletariado, y en él figuraban nombres como Eduardo Benor, Fernando Garrido, Narciso Campillo, los inseparables Moreno Espinosa y Álvarez Espino, Salvochea… “La lista –continúa Santana- es heterogénea y sus miembros seguirán caminos diferentes en su posterior evolución ideológica: desde el socialismo de Fernando Garrido al federalismo de Benor, pasando por el anarquismo de Salvochea”.

Prueba de la moderación y buen sentido de Moreno Espinosa es un suceso de mayo de 1873, en plena efervescencia del Sexenio Revolucionario. En esta fecha, en línea con otros muchos actos exaltados, el Ayuntamiento popular de Cádiz quiso vender la custodia de la catedral para comprar armamento. Muchos gaditanos se opusieron, destacando la enérgica oposición de Moreno Espinosa y otras personas (así, don Antonio Góngora y el canónigo don Vicente Calvo)10.

En la Restauración, Moreno Espinosa seguirá en el mismo partido, ahora en la línea de Castelar: un republicanismo “posibilista” partidario de integrar al partido en el sistema y modificar el régimen de la Restauración desde dentro11.

Varios datos biográficos que conocemos de Moreno Espinosa en la década de los setenta se relacionan con su filiación krausista. Así, como seguidor y amigo de don Fernando de Castro, líder del krausismo en Andalucía, parece desprenderse de las páginas de su artículo “El 5 de mayo” que asistió a su entierro, en el cementerio civil de Madrid (5 de mayo de 1874).

El año 1875 fue muy importante para el krausismo gaditano, pues en esa fecha pasó en Cádiz su exilio Francisco Giner de los Ríos (en el castillo de Santa Catalina), entrando en contacto con los núcleos krausistas de la ciudad. Moreno Espinosa dirigió la visita que el claustro del instituto realizó al eximio pedagogo12.

Otro momento importante para el movimiento krausista fue la puesta en marcha, en mayo de 1876, de la Real Academia Gaditana de Ciencias y Letras, fundada e impulsada por los ya citados profesores Álvarez Espino, Moreno Espinosa, Vicente Rubio, Salvador Arpa... Francisco Flores Arenas, también fundador, fue su primer presidente. Esta Academia tenía como objetivo “el cultivo y propagación de los conocimientos comprendidos en los diversos ramos que abrazan las Ciencias y las Letras [...] con la restricción de no tratar nunca de política ni de discutir ninguna religión positiva”13. Además de ser miembro de esta Academia, Moreno Espinosa perteneció también al Ateneo de Cádiz, del que fue presidente14, y a la Asociación de Escritores y Artistas, que celebró su primera velada literaria el 16 de marzo de 1875, en la que nuestro autor leyó el poema Asociación. Una década más tarde (en mayo de 1885) le encontramos, junto con Álvarez Espino, Ramón de Cala, Federico Joly y otros, fundando la Sociedad de Folklore Provincial Gaditano, una muestra más de su amplitud de miras y diversidad de intereses15.

El hecho, por tanto, es que, además de su labor docente, Moreno Espinosa contribuyó a la divulgación en Cádiz de la cultura -y de la ideología krausista- con su pertenencia a estas y otras instituciones, en las que tuvo numerosas intervenciones públicas como conferenciante o recitando sus composiciones poéticas. Una muestra de esta actividad fue su participación en una serie de Conferencias agrícolas dictadas en su propio instituto, desarrollando el tema “Ojeada histórica sobre la agricultura española”16. Numerosos poemas de sus libros Musa popular y Coplas callejeras consignan la fecha y lugar donde fueron recitados: en funciones benéficas del Teatro Principal, en la Asociación de Escritores y Artistas, en la Academia de Ciencias y Letras, en el Instituto Columela, con motivo de la inauguración del curso escolar..., lo que nos permite hacernos una idea de su continuada presencia pública en Cádiz. Especialmente reseñable, por los numerosos versos que originó, es su participación desde 1872 a 1879, todos los años, en el homenaje que hacía la Asociación de Cervantistas de Cádiz el día 23 de abril para conmemorar a Cervantes.

Moreno Espinosa participó en varios concursos literarios. En octubre de 1876 tomó parte en un certamen celebrado en Orense para conmemorar el segundo centenario del nacimiento de Feijoo, con el envío de la oda A Feijoo17. En 1877, presentó el libro Los seres inferiores a un certamen convocado por la Sociedad protectora de los animales y las plantas de Cádiz, obteniendo el primer premio18. En 1879 consiguió un accésit en el concurso promovido por el Boletín Gaditano, con la oda Glorias de Cádiz19. Por fin, en 1881 fue premiado con medalla de oro en un certamen convocado por la Academia de Buenas Letras de Cádiz, con la oda A Colón.

Como todos los escritores del siglo XIX, compaginó sus tareas con las labores periodísticas. Escribió artículos en publicaciones gaditanas como Cádiz20, El Defensor de Cádiz21 y Anuario de Comunicaciones Telegráficas para el año de 188322. Colaboró con La Concordia (diario republicano fundado por José de Vendruna en Cádiz, 1883) dirigiendo sus “Páginas Literarias”, que aparecían los domingos; con la revista La Academia23, y es posible que también fuera colaborador de El Programa, de orientación republicana, puesto que asistió el 11 de febrero de 1884 a una cena organizada por la redacción de ese periódico para conmemorar el aniversario de la proclamación de la República. Así mismo, según Espinosa Pérez, fue colaborador de Gente Vieja (Madrid, 1901-1903).

Por otra parte, su actividad política le llevó a ser concejal en el ayuntamiento gaditano. En 1884 presentó su dimisión de este puesto pero no le fue aceptada24.

Se desprende de todo lo anterior que fue una persona muy significada en Cádiz, por su relevancia cultural y política.

En cuanto a su ámbito privado, tuvo una feliz vida familiar, con esposa y nueve hijos25, a los que dedica amorosos poemas: A mi esposa en conmemoración de su natalicio26, Mis nueve musas27.

Murió en Cádiz el 24 de agosto de 1905. El Ayuntamiento de Cádiz instaló una placa de mármol donde se le tributa homenaje como “Insigne maestro de tres generaciones de gaditanos”. En mayo de 1911 se le dedicó otra placa, colocada en la fachada de su casa de Cádiz (calle San Francisco, nº 32), en la que se le califica como “Catedrático eminente, historiador y literato eximio, varón integérrimo”28.

Debemos al político republicano Alejandro Lerroux, que fue su alumno, una emotiva semblanza de Moreno Espinosa, al que considera su profesor preferido.
Don Alfonso Moreno Espinosa, maestro insigne de Historia, era autor de un texto de la de España, notable como obra pedagógica, inspirada en los más puros y elevados principios liberales. Otros catedráticos sentían como él, pero no hacían prosélitos. Don Alfonso los hacía sin proponérselo, ayudado a la vez por su bondad y simpatía. [...] En su cátedra, don Alfonso Moreno Espinosa hablaba un castellano tan limpio, tan armonioso, tan sencillo a la vez, que aquel paisano de Santa Teresa me hacía recordar la conversación de mi madre, tan castellana como ellos.29
2.- Moreno Espinosa y el krausismo30

Fue el krausismo un movimiento de renovación espiritual y ética que, en la España de la segunda mitad del siglo XIX, originó unas hondas consecuencias. Julián Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos fueron los líderes del movimiento en España y Fernando de Castro lo fue en Andalucía. Moreno Espinosa se consideró discípulo y amigo de todos ellos.

Pero, sobre todo, fue amigo y compañero de Romualdo Álvarez Espino, compañero suyo en el instituto de Cádiz y líder del movimiento en la ciudad. Así lo señala López Álvarez (1984: 189):
Pertenecen los dos a la segunda “hornada” del krausismo y están considerados como “moderados” dentro de sus filas. Además de lazos ideológicos, les une una estrecha amistad que les impulsa a colaborar decididamente en la “empresa común”: la difusión del krausismo.
La labor de Álvarez Espino y Moreno Espinosa en Cádiz fue muy importante desde sus cátedras (más con su ejemplo ético que con su adoctrinamiento, como hemos visto en el testimonio de Lerroux) y desde otras atalayas: conferencias, libros, colaboraciones en periódicos. Por ello, ni siquiera en una ciudad como Cádiz, de larga tradición progresista, estuvieron a salvo de los ataques de los grupos más reaccionarios.

López Álvarez (1984: 195) indica su línea de acción maestra:
La moralización de estas dos realidades [sociedad y Estado] era, para los krausistas, el caballo de batalla, su gran obsesión. Regeneración del individuo, sí, pero en tanto está integrado en una sociedad o puede formar parte en la responsabilidad del gobierno.
Los krausistas tomaron este objetivo como una labor mesiánica, redentora, por la cual podrían incluso ser mártires. Así lo explicó Álvarez Espino al finalizar, en 1877, un discurso que tuvo mucho eco en Cádiz31. Este discurso fue denodadamente combatido por Adolfo de Castro, esforzado opositor de los krausistas, a quienes acusaba de ser lobos disfrazados de ovejas: según él defendían ideas anticristianas (así, tomar a la ciencia como su religión) con el disfraz de aceptar el cristianismo.

Moreno Espinosa dedicó también numerosas páginas a difundir sus ideas krausistas, especialmente en Artículos escogidos, donde critica actitudes ultramontanas o expone su ideario espiritual. Nos detendremos en los artículos más significativos.

En “El día de difuntos”, que reproducimos más abajo, expresa su creencia en la inmortalidad.

En “El Panteísmo y el Pan-en-teísmo” centra sus esfuerzos en explicar en qué consiste el Panenteísmo de los krausistas, que maliciosamente es confundido con el Panteísmo por sus oponentes:
Federico Krause afirma la unidad absoluta del Ser, sosteniendo, por consiguiente, que el mundo es fundado en la esencia divina, pero que los seres finitos viven y se mueven libremente en el seno de lo infinito; y por tanto, la fórmula panteística Todo es Dios se sustituye con esta otra: Todo es en Dios; por lo cual se ha dado a tal doctrina el nombre de Pan-en-teísmo. Y sin embargo, es frecuente oír tachar de panteístas a los filósofos de esta escuela.32
En “La elocuencia sagrada en España” compara el alto nivel que ha alcanzado la oratoria política y el bajo nivel en el que se encuentra la oratoria sagrada. Da una explicación: la iglesia da sus mejores frutos en momentos de dificultad y persecución. Por ello, deplora el encumbramiento del clero neo-católico intolerante: si se publicaran en los periódicos los disparates de estos clérigos, dice, dejarían de perorar libremente en los púlpitos.

“¡Aplastad al infame!” denuncia la vuelta de España, con la Restauración, a su condición de “imperio teocrático” dominado por clérigos intransigentes:
Y la España moderna, que tiene miedo a caer nuevamente en los abismos del imperio teocrático, profesa horror instintivo a las órdenes monásticas que fueron su milicia; y habiéndolas ya dejado por muertas entre escombros y cenizas, se exaspera de que aún la serpiente aplastada levante la cabeza y procure enroscarse al cuello de sus propios matadores.
“Los nuevos fariseos” y “La superficie y el fondo” diferencian la auténtica vivencia religiosa de la apariencia hipócrita.

“Un Pío y un impío” opone la intransigencia del Papa Pío V, con sus llamadas a la matanza de hugonotes, frente a la tolerancia de Voltaire.

Otros artículos son homenajes a krausistas, como “El 5 de mayo”, dedicado a Fernando de Castro, o “Los dos mundos”, dedicado a Sanz del Río. Veamos por ejemplo, los párrafos finales del primero:
Esto hizo don Fernando de Castro que, habiendo sido sacerdote católico, vivió los últimos años y murió fuera de la Iglesia romana, disponiendo que se le enterrase sin acompañamiento de clero, porque estaba persuadido –son sus palabras- “de que lo que más recomienda el alma a Dios no son los rezos y las misas del sacerdote, sino las buenas obras que se hubiesen hecho en vida, y las que siguiesen haciendo, en nombre del que muere, los que sobreviven poniendo su mente en Dios”.

Fue sepultado en el cementerio civil y al lado de su amigo Sanz del Río, como era su deseo; y los señores don Nicolás Salmerón, don Manuel Ruiz de Quevedo, don Juan Uña y don Francisco Giner, leyeron pasajes del Evangelio que el difunto había designado, y los Mandamientos de la Humanidad redactados por Krause, pronunciando luego, como también ordenaba el finado, “algunas palabras, no de dolor y sentimiento, sino de fortaleza y virilidad, para alentar a los concurrentes a vivir con plenitud de vida y libertad de pensamiento”.

Este hombre, tan virtuoso como calumniado, a quien se ha supuesto irreligioso y ateo, escribía al borde del sepulcro lo siguiente, que ojalá hicieran sus enemigos y practicáramos todos: “No me he cuidado jamás de saber si los demás me aborrecían o me causaban algún mal, sino de que yo debía, a imitación de Jesús, amar a mis enemigos y no aborrecer a mis perseguidores...” Más adelante dice también: “¡Que mis amigos y discípulos que como yo piensan se consagren a hacer que todos los españoles crean en Dios y le adoren, sea cualquiera la forma en que lo hagan; pues muero resueltamente convencido de que éste es el mayor beneficio que un ciudadano puede hacer a su nación por regenerarla, y en vano lo intentarán por otros caminos las razas latinas si abandonan éste, que es, en mi opinión, el más seguro!”

Yo, que tuve la fortuna y el honor de contarme en el número de aquellos a quienes dirige esta nobilísima y tierna deprecación, y que pienso, en la medida de mis fuerzas, cumplir tan generoso encargo, no creo poder honrar la memoria de mi inolvidable maestro de otro modo mejor que recordando sus doctrinas en este cuarto aniversario de su muerte, para que le hagan justicia los que, prevenidos por los anatemas de la intolerancia, hayan condenado su nombre a desdeñoso olvido o inmerecida execración.
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