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Constitución Fundamental MJC



  1. FUNDAMENTOS MJC


* DE DONDE VENIMOS

* DEBER SER

* MANUAL DE MISTICA

* DOCUMENTOS DE IGLESIA
Ven Espíritu Santo,

llena los corazones de tus fieles,

enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu y todo será creado,

se renovará la faz de la tierra.
Presentación
Durante mucho tiempo, como Movimiento, hemos estado caminando sin rumbo definido. Ha habido ocasiones en que se ha preferido ver nuestras deficiencias de formación en algún o algunos de los cinco aspectos que manejamos, como dificultades menores y se ha preferido prestar más atención a los elementos estructurales, que nos arrojan resultados más visibles e inmediatos a nuestro trabajo, pero que no solucionan verdaderamente las causas de nuestros problemas.
También hay ocasiones, en las que se ha caído en el extremo opuesto, pretendiendo que todo el trabajo debe estar enfocado a fortalecer uno sólo o cuando mucho dos o tres de los cinco aspectos. El resultado que obtenemos son individuos parcial y desequilibradamente formados, lo que produce peligros aún mayores.
Podríamos decir que somos incongruentes, hipócritas y mediocres si nos contentamos con mantener las cosas como están o buscamos soluciones que no nos afecten demasiado ante los ojos de los demás.

La decisión está en cada uno de nosotros. Es decisión exclusiva y particular el ser dirigentes, apóstoles y sacerdotes en el mundo de hoy, soldados y evangelizadores de la Iglesia; o el vivir de manera cómoda, más fácil, sin complicaciones ni conflictos, pero también sin compromisos.
Las asambleas son reuniones para analizar situaciones y tomar decisiones, lamentablemente muchos de los acuerdos que se han tomado en ellas no son cumplidos y con ello es como si jamás hubieran sido dichos. Tenemos que estar conscientes de que una vez que tomemos una decisión, debemos cumplir con los compromisos que implique el actuar conforme a ella y no nada más reunirnos para hablar, discutir, quedar todos contentos y frustrados a la vez, para finalmente regresar a nuestras realidades sin transformarlas cristianamente.
En este cuadernillo encontrarás extractos de documentos de la Iglesia y de reflexiones de personas que comparten nuestra misión. Algunos de ellos son las fuentes originales de donde se deriva la naturaleza de nuestro trabajo, otros son escritos que nos permiten tener más información para complementar y profundizar en nuestra formación.
En ellos se reflejan los necesidades y aspiraciones que dieron origen al Movimiento, así como situaciones que representan retos y dificultades, superados y a superar por nosotros, que ellos sean una guía y orientación a nuestro trabajo y que el Espíritu nos ilumine y se disemine entre nosotros, para poder transmitirlo a los demás.
Y acercándose, Jesús les dijo:

Me ha sido dado todo el poder en el cielo y la tierra;

vayan pues y enseñen a toda la gente

Mt 28, 18 19
Perfil del joven capaz de construir el Reino de Dios
• Comunitario.

• Para los demás.

• Con sentido de Iglesia.

• Con cultura cualificada e integralmente formados.

• Con procesos de servicio.

• Capacitados para hacer transformaciones en su medio y ambiente.

• Conscientes e inmersos en los procesos de cambio del país.

• Entusiasmados y comprometidos con la persona de Cristo.

• Que, al estilo de María, den a Cristo a los demás.

• Testigos de su fe y del amor de Dios.

• Capaces de celebrar su propia fe y los acontecimientos de su pueblo.

• Convencidos y convincentes.

• Misioneros conscientes de su compromiso como laicos.

• Solidarios, capaces de asumir su historia, con la conflictividad que eso trae consigo.

• Promotores de otros jóvenes.

• Proféticos, capaces de anunciar la vida nueva traída por Cristo y de denunciar todo lo que no corresponde a la dignidad de la persona.

• Libres, capaces de estar disponibles por el servicio al hermano y al servicio del Reino de Dios.

• Alegres, testigos de la alegría de Dios y de las bienaventuranzas.

• De oración, capaces de asumir la historia desde Dios y de saber contemplar y discernir los signos de los tiempos.

• Con la utopía de construir una tierra nueva en la fraternidad, en la paz, como el Padre quiere.

• Promotores de la dignidad de la persona, de los Derechos Humanos y de la justicia.
Reflexiones1
Todas estas reflexiones están tomadas de cartas pastorales y artículos escritos por Mons. Rovalo. Quisimos incluirlas, no sólo por ser obispo de la Comisión Mexicana de Pastoral Juvenil. Hace muchos años, Monseñor fue asesor del MJC y es una persona cuya visión y apostolado nos enriqueció mucho en ese momento, lamentablemente las circunstancias nos alejaron de su guía y consejo durante mucho tiempo. Estos textos que están a punto de leer, contienen reflexiones que parten del trabajo que inició hace muchos años con nosotros y que posteriormente ha enriquecido con otros grupos.
Permitámonos compartir esta riqueza
“La formación exige procesos. No se trata de una simple charla o de una serie de temas. Tampoco de un sólo curso. Hay todo un camino para recorrer que desemboca en la creación y animación de grupos juveniles. La vivencia comunitaria es parte fundamental de la formación del cristiano.
En la formación de la muchacha y del muchacho hay que valorar y dinamizar el sacramento de la Confirmación, la plenitud del Bautismo y don del Espíritu al joven, con el que culmina su iniciación cristiana. Cristiana y cristiano en ese momento, los jóvenes presentes en su propio mundo y miembros activos de la Iglesia servidora, es el momento de oir sin ambigüedades la voz de Dios y discernir con audacia su vocación. La formación no termina en un momento dado. Todo cristiano debe crecer y madurar por medio de una adecuada formación permanente, más importante si es asesor de la juventud.

¿Cual es el joven de hoy? ¿Qué joven necesita México Hoy? ¿Cómo caminar? ¿Cual es nuestra función? Es aquí donde entra el proceso de formación integral de manera relevante como proceso de evangelización”
“México pasa por un momento difícil de su historia. Nadie puede cerrar los ojos y afirmar que no ve. Recuerdo un pasaje del Evangelio que siempre me ha impresionado (Mc 8, 2 27). En él, Jesús parece no estar muy conforme consigo mismo.
Ha tocado los ojos de un ciego, es decir, de una persona que no ve. Luego le pregunta «¿ves algo?» «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan». El Señor Jesús le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado.
No es posible en ninguna época, pero mucho menos hoy en día, que veamos algo que «parece otra cosa». Si queremos jóvenes que sean protagonistas de una nueva realidad para nuestra Patria, necesitamos que aprendan a ver la realidad sin engaños y sin mentira, como también nosotros lo necesitamos.
Debemos ser hoy Hombres De La Verdad, junto con los jóvenes debemos aprender, hoy y mañana, la verdad de los hechos que vivimos. Joven que evangeliza al joven, debemos construir en la verdad abriendo estos caminos con y para todos los jóvenes de México. Hacerlo sin miedos, llenos de una esperanza cristiana sólida y transparente.
Desde la verdad del Evangelio, sin miedo, con verdadera alegría y esperanza, es el momento de gritar ¡PRESENTE! La Historia de nuestra Patria necesita caminos nuevos. Esos caminos son los de la verdad. Todos somos los constructores de estos caminos. No dejemos que otros construyan la Historia sin Evangelio. Jesús es, hoy y siempre, el camino, la verdad y la vida. Tu y yo SOMOS CONSTRUCTORES DE LA VERDAD. Estemos presentes en la Historia, desde la verdad.
He recorrido los caminos de mi Patria, subido montañas, llegado a barrancas; me he detenido en poblados pequeños, compartido mi vida en casas humildes y chozas muy pobres; vivo en la gran ciudad y pregunto: Dios, ¿Donde estás?
He gastado mi vida con jóvenes de todos esos lugares: campesinos, indígenas, estudiantes, obreros, universitarios, soldados; gente del barrio, de la colonia, de los tiraderos de basura. Con ellos he dialogado, a todos los he escuchado; hemos visto juntos realidades y hemos decidido pasos a dar. Dios, ¿Donde estás?
Trabajo cerca de dirigentes, coordinadores, asesores, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos; comparto mi vida mi vida y mis inquietudes con mis hermanos Obispos. Dios ¿Donde estás?
Un día, era yo entonces estudiante de la Facultad de Medicina de la UNAM, surgió ante mi un nuevo proyecto de vida y su camino, ser sacerdote. Esa noche, después de haber discernido con mi madre en casa, tocó el turno de hablar con papá. Estas fueron sus palabras: Hijo, no encuentro algo equivocado, pero tampoco veo claro. Pero es tu vida. VE Y BUSCA. Hoy soy sacerdote obispo. Dios, ¿Donde estás?
Hoy, finales del siglo XX, muchas personas sienten que sus vidas carecen de un marco de referencia que otorgue un significado a su existencia. Vivimos una gran falta de sentido. Se percibe un vacío existencial. ¿Qué ocurre?
La secularización no nos satisface y la creencia de que a través del desarrollo de la técnica y la ciencia desaparecería el dolor, el sufrimiento y la pobreza de la historia de la humanidad ha fallado. Añado a esto la gran confusión y desorientación moral y me sigo preguntando: Dios, ¿Donde estás?

Mi respuesta, para mi, y pienso que también para tí, es la de mi padre en aquella noche de 1945: es tu vida, ve y busca. A cada uno nos toca buscar para nuestro encuentro con Dios.
Fui al seminario de los Padres Maristas; busqué y encontré. Hoy no puedo volver allá no es mi lugar. Hoy debo seguir moviéndome y compartiendo mi vida, aunque prefiero decir «gastándomela» con las personas y los lugares mencionados. Sé que ahí está Dios. Mi Dios. El que hoy busco como un Obispo asesor de juventudes, Un Dios Vivo, está ahí, donde está la vida.
Es el momento de tomar en serio mi vocación cristiana. Soy católico porque Dios me ha llamado a serlo y yo libremente acepto y quiero ser. ¿Vale la pena ir por los senderos fáciles y cómodos de las falsas espiritualidades que no me cuestionan ni a mi persona ni a mis acciones? Mi respuesta tajante es igual que la de Callixta, una mujer africana que a sus 18 años, supo decir al camino que se le presentaba para resolver sus problemas en la vida: ¿Así? Así no vale la pena ser mujer. ¿Así? Así no quiero vivir.
Dios, ¿Donde estás? Ya sé donde estás. Estás donde está la vida. Donde vive el ser humano. Ahí te debo seguir buscando para estar en comunión contigo. Quiero ser una persona de un profundo encuentro con Dios y de un profundo encuentro con mis hermanos. Dejando caminos fáciles, espiritualidades ambiguas y falsas, deseo intensificar en mi camino de cada día un claro, abierto y transparente seguimiento que está hecho de dolor y alegría, de fracaso y éxito de servicio, entrega y saber compartir lo mejor de mi mismo: yo. En este momento en que nuestra Patria está marcada por una "Ausencia de Evangelio" y necesitamos caminos de vida nueva, mi seguimiento de ti me debe conducir a una espiritualidad juvenil firme, fiel al camino por el que he optado.

Características de la actual generación de jóvenes que aportan para la necesidad del cambio2
Este es un artículo que habla sobre las experiencias de la Pastoral juvenil en Brasil. Cuando lo leímos nos llamó sobremanera la atención las similitudes que existen con el proceso que hemos vivido en el MJC.
El joven actual está menos motivado para la política que el joven de los años 70 y 80. Durante estos años se formó una generación de militantes que, hasta hoy, continúan comprometiéndose en la política y el movimiento social; algunos con puestos importantes, inclusive dentro de las estructuras de poder. Fue una generación fascinada con la política, a veces sin conseguir hablar de otra cosa o pensar en otras dimensiones de la vida. Fue una generación activa en todos los grandes movimientos sociales de estos años. Hoy estos compromisos no ejercen la misma fascinación en los jóvenes. No están dispuestos a entregarse a una causa incierta y que tal vez no les dé resultados en su vida. Quieren resultados inmediatos a sus esfuerzos, por lo que están fijados en la dimensión personal de sus vidas ya que prefieren experimentar las cosas más que escuchar y establecer teorías y pensamientos.
El bombardeo de los valores individualistas de la cultura moderna y de los medios de comunicación social han creado un joven más vuelto hacia sí y menos abierto a acoger una causa colectiva. Ciertamente existe una declinación en la importancia de la afectividad y de la amistad, falta una consciencia antropológica del papel de los símbolos, del mito, del ritual y del miedo al caos den la vida de las personas.

Hay una crisis en nuestros grupos de base, sobre todo en los grandes centros urbanos donde no estamos respondiendo a la dinámica de la juventud. Por lo tanto el presentar una propuesta de cambio para los jóvenes debe de partir de la experiencia pedagógica vivida y que tiene en cuenta los principios del proceso de liberación personal, protagonismo juvenil e integración fe vida, de manera que se profundice y se sistematice el proceso de formación integral, destacando las dimensiones psicoafectiva y mística en vista de la inserción social, sin abandonar nuestro trabajo de pastoral profética y transformadora.
Recuerdo una reunión donde debatíamos la importancia de la comunidad. Monseñor Luciano Méndez de Almeida, vicepresidente del CELAM quien estaba asesorando la reunión, se levantó y dibujó un círculo en el pizarrón donde escribió la palabra comunidad, más arriba dibujó otro círculo y escribió dentro la palabra misión, y después una flecha saliendo de la comunidad en dirección a la misión. Explicó: No podemos construir comunidad, si no nos concentramos también en la misión, es la misión la que da sentido a la comunidad.
Escuchamos frecuentemente a los coordinadores de grupos juveniles justificar el aislamiento de su grupo con la frase: Necesitamos en primer lugar resolver nuestros propios problemas antes de salir para ayudar en la solución de los problemas de los otros.

Ahora bien, un grupo que se queda mirando su propio cordón umbilical, discutiendo sus problemas, trabajando su autoestima, muy pronto agota sus posibilidades de crecimiento. De la manera más desagradable aprenden que dar prioridad a los problemas internos es un pozo sin fondo si lo llevan al extremo. Lo que hacen algunos grupos para solucionar esto, es salir afuera y trabajar al mismo tiempo la autocrítica y el crecimiento personal y grupal.
Esto no quiere decir que nuestros problemas desaparezcan, pero nos permitimos verlos desde otra perspectiva e incluso podemos encontrar soluciones que no se nos habían ocurrido.

Si después de la crucifixión, los apóstoles hubieran continuado encerrados en su grupo pequeño, discutiendo sus problemas y trabajando su auto imagen, no estaríamos aquí hoy. El mundo jamás hubiera conocido el Evangelio.
Existe, ciertamente, una tensión natural entre la comunidad u organización interna y la misión hacia fuera, por lo que resulta muy importante no quedarse en uno u otro polo, hay que trabajar los dos al mismo tiempo. Si conseguimos un equilibrio entre ambos, podemos desarrollar un buen trabajo que nos permita fortificar nuestro trabajo y nuestra mística como pastoral juvenil.
Antes pensábamos que la misión es un trabajo de especialistas, hoy, después del Concilio Vaticano II sabemos que todos los que formamos la Iglesia somos misioneros desde que recibimos el sacramento del bautismo y con él el mandato de Cristo «Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» Mt 28, 19 20.
También se pensaba que la palabra misión era salir a otro país, hoy entendemos que también es atender las áreas de necesidad dentro de nuestro propio país o localidad.

Tenemos como centro de nuestra actividad misionera la Persona de Jesucristo y su mensaje, el Evangelio, la Buena Nueva del Reino de Dios, que es la expresión bíblica para significar un mundo nuevo, de justicia, sin miseria y con amor entre las personas.
El Concilio Vaticano II describe a la Iglesia como el germen del Reino, no como el Reino en su totalidad, y también debemos entender que Iglesia es el grupo de personas que está situada en el mundo y tiene una revelación explícita de Dios sobre su Reino, que se expresa a través de sus signos visibles: los sacramentos. Y por causa de esta revelación tienen una responsabilidad mayor: La construcción de ese Reino, a través de los acontecimientos concretos de su historia. (LG 14)
El trabajo de todo evangelizador es sembrar las semillas y una vez que estas comiencen a brotar, regarlas, cuidarlas, abonarlas y acompañar la nueva vida que nace, pero antes de eso hay que conocer la tierra y prepararla. En otras palabras, si queremos tener un trabajo con jóvenes que rindan frutos, necesitamos conocer el contexto que influye su manera de pensar, su cultura. La juventud de hoy deja a la Iglesia en estado de gran perplejidad. Los jóvenes se apartan de la institución y son indiferentes a su mensaje ¿Cómo plantear el desafío de comunicar la fe en una cultura secularizada como la nuestra?
En el pasado había condiciones que facilitaron una fe diferente, vivida en una cultura tradicional, hoy ha cambiado la cultura. por lo tanto no debemos mirar exclusivamente a la fe, sino al ambiente alrededor de la fe.
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