No deben imponerse a los ciudadanos mandamientos religiosos que vayan más allá de la mera razón. El Estado puede contentarse con tres exigencias: fe en la existencia de Dios, en la otra vida, y en la retribución eterna. El pueblo debe rechazar la intolerancia religiosa






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títuloNo deben imponerse a los ciudadanos mandamientos religiosos que vayan más allá de la mera razón. El Estado puede contentarse con tres exigencias: fe en la existencia de Dios, en la otra vida, y en la retribución eterna. El pueblo debe rechazar la intolerancia religiosa
fecha de publicación21.06.2015
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Andrés Bello (Venezuela 1781-Chile 1865) Autor de transición del neoclasicismo(1770- 1830) al romanticismo (1830-1880)
Filosofía: Ilustración tomada de las ideas del Contrato Social(1762) de Juan Jacobo Rousseau que motivaron el ideario de la independencia de EE.UU. en 1776 y la revolución francesa de 1789. Contrato entre pueblo y gobierno en el cual la clase elite gobierna de a cuerdo a los deseos del pueblo. Todo para el pueblo sin el pueblo. Siguiendo la filosofía de la ilustración: la clase elite gobierna, se forma la libre empresa, se usa la ciencia para el orden, razón y claridad. Visión de mundo: Fe en la posibilidad y capacidad de transformación del ser humano; fe en el progreso a través de la educación, optimista, todos los seres son iguales por lo tanto hay una visión universalista y absolutista; Hay esencias humanas que poseen todos los seres humanos.

Características: Hay un deseo de dirigirse a las masas. La forma es didáctica (deleitar enseñando), claridad (expresión literaria), seria, estricta, sigue las reglas de composición, exalta las voces populares americanas, lenguaje simple, estructurado, didáctico- sencillo y claro, comunicación directa con el interlocutor,

Temas: la geografía americana, manifiesto, patria, periodismo, renovación de la gramática

Andrés Bello: Venezolano escribió Gramática española, Oda a la zona tórrida, Alocución a la poesía

Bello promueve la agricultura, identidad de culturas hispanoamericanas, utiliza teorías puristas de la lengua, atento a la gramática, propone que América tiene que conocer y estudiar su historia para poder conceptualizar su identidad social, propone una separación cultural de España

Vélez

Juan Jacobo Rousseau (1712-1778)

La mayor influencia de Rousseau fe en el campo sociológico con su obra El Contrato Social (1762). Según su filosofía, los hombres vivían en libertad e independencia y para salvaguardar estos bienes se reúnen por un “contrato social” mediante el cual se forma un solo pueblo. Ese contrato es el origen entre la sociedad y el Estado. El individuo es anterior a la sociedad. El autor propone que hay dos voluntades colectivas: “la voluntad general” y la “voluntad de todos”. La voluntad de todos es la suma de las voluntades individuales y cas nunca es unánime; lo que importa políticamente es la voluntad general, la voluntad de la mayoría, que es la voluntad del Estado. Las minorías tienen el derecho a hacer valer su voluntad, pero esas minorías deben aceptar la voluntad general. En todo lo posible, los tres poderes deben ser ejercidos inmediatamente por el pueblo. No deben imponerse a los ciudadanos mandamientos religiosos que vayan más allá de la mera razón. El Estado puede contentarse con tres exigencias: fe en la existencia de Dios, en la otra vida, y en la retribución eterna. El pueblo debe rechazar la intolerancia religiosa.

Magdaleno, José A. Filosofía introducción e historia
Historia:

España continuaba con el declive económico y político que había comenzado en el siglo XVIII y no podía proteger sus territorios americanos contra las incursiones de los intereses ingleses, franceses y holandeses. En 1807 la península ibérica sufrió la invasión napoleónica, la cual provocó rebeliones en España y el exilio del rey Fernando VII. En Hispanoamérica hubo reacciones variadas, unas a favor de la corona y otras en contra de la corona instaron rebeliones así aumentando la proliferación de pensamientos independentistas. En México, en 1810 Miguel Hidalgo (1753-1811), lanzó la rebelión con el <>, y encabezó un ejército informe de indios y mestizos. Al sur, Simón Bolívar (1783-1830) luchó para liberar Venezuela, Colombia, Bolivia y Ecuador. El héroe José de San Martín (1778-1850) llevó a Argentina, Chile y Perú a la independencia.

Con la posible excepción del movimiento mexicano de emancipación en su fase inicial, que era mayormente indígena, las guerras por la independencia eran predominantemente movimientos con dirigentes criollos y mestizos que querían la autonomía política y económica, y no un cambio de estructuras; representaba los intereses criollos e ignoraba por completo los de los indígenas. Para fines de la segunda década del siglo XIX toda América Latina continental (con excepción de algunas islas del Caribe) había logrado su independencia política.

Las décadas de 1830-1850 se caracterizaron por el tumulto político mientras los gobiernos trataban de organizarse después de las batallas independistas. Los gobiernos recién nacidos tuvieron que pedir préstamos para pagarles a las fuerzas armadas y costear su equipo; así comenzaron su vida autónoma con grandes deudas contraídas con potencias europeas, especialmente con Inglaterra. Al mismo tiempo, por la ausencia de partidos políticos, había mucha rivalidad entre individuos por el poder que en muchos casos se tomada por la fuerza por los caudillos, o sea militares o ex militares. Los dos ejemplos más destacados son Juan Manuel Rosas (1829-1852) y Antonio López de Santa Anna, quien era exponente mexicano del personalismo anárquico que dejó casi en bancarrota a la joven república entre 1821 y 1855.

Los cambios sociales más destacados denota una mayor oportunidad para que los mestizos llegaran a ascender en la escala social, especialmente a través de una carrera militar. Aparte de esto, las oligarquías terratenientes y mineras mantenían un control exclusivo, mientras la vida para el campesino, en la mayoría de los aspectos, permanecía todavía predominantemente precolombina. Los cambios económicos dejaron a América Latina como productora de materias primas para el exterior que se importaban a Europa.

Tradición y Cambio: lecturas sobre la cultura latinoamericana contemporánea
Andrés Bello es considerado el padre intelectual de las nuevas repúblicas americanas. Maestro de Simón Bolívar (1783-1830), fue enviado a Londres (1810) por las fuerzas revolucionarias para recaudar fondos a favor de la causa independentista y establecer contacto con políticos europeos influyentes. Vivió en Londres hasta 1829 y allí conoció a los liberales españoles exiliados. Fundó las revistas Biblioteca Americana (1823) y Repertorio Americano(1826) con el propósito de dar a conocer la cultura hispánica y, a su vez, difundir las nuevas ideas de Europa en América. En 1829 viaja a Chile por petición del gobierno chileno y crea el periódico El Araucano, reformó el sistema educativo y fundó la universidad de Chile de la cual fue elegido rector en 1843. En Chile él y sus discípulos sostuvieron una polémica (1842) con jóvenes argentinos exiliados durante la dictadura de Juan Manuel Rosas (1793-1877) en la cual postulaban la independencia política y cultural de España.

Por la profundidad y amplitud de su saber (Filólogo, jurisconsulto, poeta, crítico literario, gramático, maestro, periodista y ensayista), Bello fue un humanista en el exacto sentido de la palabra. Su temperamento equilibrado lo hizo más neoclásico que romántico; sin embargo, nunca fue intransigente. Familiarizado con los postulados del romanticismo desde su residencia en Londres, el venezolano abrazó el culto a la libertad, tan central al credo romántico.

Abandona toda referencia mitológica para ofrecer una visión objetiva de la naturaleza, enriquecida con imágenes americanas. Se dedicó a orientar la cultura Chilena e Hispanoamericana con su propuesta cultural en la cual pretende crear una base que combine lo mejor del saber europeo y americano.

La Alocución a la poesía” (1823) es considerada como declaración de la independencia intelectual de Hispanoamérica, se abre con una invitación a la Poesía para que abandone la vieja Europa y se establezca en América.

La agricultura a de la zona tórrida” (1826) una silva (hay versos heptasílabos (7) y endecasílabos (11) combinados arbitrariamente) en la cual predomina la intención moral, pues el poeta subraya cómo la agricultura puede ser ayuda y defensa de las nuevas repúblicas. La nota descriptiva y utilitaria se hace presente cuando Bello menciona diferentes productos agrícolas, destacando sus características y su valor comercial.



La agricultura a la zona tórrida

¡Salve, fecunda zona,
que al sol enamorado circunscribes
el vago curso, y cuanto ser se anima
en cada vario clima,
acariciada de su luz, concibes!


Tú tejes al verano su guirnalda
de granadas espigas; tú la uva
das a la hirviente cuba;
no de purpúrea fruta, o roja, o gualda,
a tus florestas bellas
falta matiz alguno; y bebe en ellas
aromas mil el viento;
y greyes van sin cuento
paciendo tu verdura, desde el llano
que tiene por lindero el horizonte,
hasta el erguido monte,
de inaccesible nieve siempre cano.


Tú das la caña hermosa,
de do la miel se acendra,
por quien desdeña el mundo los panales;
tú en urnas de coral cuajas la almendra
que en la espumante jícara rebosa;
bulle carmín viviente en tus nopales,
que afrenta fuera al múrice de Tiro;
y de tu añil la tinta generosa
émula es de la lumbre del zafiro.
El vino es tuyo, que la herida agave
para los hijos vierte
del Anahuac feliz; y la hoja es tuya,
que, cuando de süave
humo en espiras vagorosas huya,
solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
el arbusto sabeo ,
y el perfume le das, que en los festines
la fiebre insana templará a Lico.
Para tus hijos la procera palma
su vario feudo cría,
y el ananás sazona su ambrosía;
su blanco pan la yuca,



El ensayo Autonomía cultural de América (1848) es una selección del artículo “Modo de escribir la historia” donde Bello comenta la obra del historiador chileno Jacinto Chacón. Hace una llamado a la juventud chilena, portadora del interés civilizado en el conocimiento de la historia, a que vuelva su mirada a las fuentes originales, a que intente escapar de la visión europea de su propia historia, cuyo lugar dentro de una construcción universal, solo puede hacerse válido en tanto parta de sí mismo. Bello reconoce el peso del pasado que Grecia y Roma hacen parte de toda la historia, a su vez reconoce la imposibilidad de abandonar su lastre en tanto la cultura hispanoamericana es también la europea: su religión, su idioma, su estructura de pensamiento.
[…] Nuestra juventud ha tomado con ansia el estudio de la historia; acabamos de ver pruebas brillantes de sus adelantamientos en ella y quisiéramos que se penetrase bien en la verdadera misión de la historia para estudiarla con fruto.

Quisiéramos sobre todo precaverla de una servilidad excesiva a la ciencia de la civilizadora Europa.

Es una especie de fatalidad la que subyuga las naciones que empiezan a la que las han precedido. Grecia avasalló a Roma; Grecia y Roma, a los pueblos modernos de Europa, cuando no ésta se restauraron las letras; y nosotros somos ahora arrastrados más allá de lo justo por la influencia de la Europa, a quien-al mismo tiempo que nos aprovechamos de sus luces- debiéramos imitar en la independencia del pensamiento[…]

Es preciso además no dar demasiado valor a nomenclaturas filosóficas: generalizaciones que dicen poco o nada por sí mismas al que no ha contemplado la naturaleza viviente en las pinturas de la historia y, si ser puede, en los historiadores primitivos y originales. No hablamos aquí de nuestra historia solamente sino de todas. ¡Jóvenes chilenos! Aprended a juzgar por vosotros mismos; inspirad a la independencia del pensamiento. Bebed en las fuentes; a lo menos en los raudales más cercanos a ellas. El lenguaje mismo de los historiadores originales, sus ideas, hasta sus preocupaciones y sus leyendas fabulosas, son una parte de la historia, y no la menos instructiva y verídica. ¿Queréis, por ejemplo, saber qué cosa fue el descubrimiento y conquista de América? Leed el diario de Colón, las cartas de Pedro de Valdivia, las de Hernán Cortés. Bernal Díaz os dirá mucho más que Solís y Robertson. Interrogad a cada civilización en sus obras; pedid a cada historiador sus garantías. Esa es la primera filosofía que debemos aprender de la Europa.

Nuestra civilización será también juzgada por sus obras; y así se la ve copiar servilmente a la europea aun en lo que ésta no tiene de aplicable, ¿cuál será el juicio que formará de nosotros un Michelet, un Guizot? Dirán: la América nos ha sacudido aún sus cadenas; se arrastra sobre nuestras huellas con los ojos vendados; no respira en sus obras un pensamiento propio, nada original, nada característico; remeda las formas de nuestra filosofía y nos se apropia su espíritu. Su civilización es una planta exótica que no ha chupado todavía sus jugosos ala tierra que sostiene[…]

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Voces

Consumada la independencia, la prioridad fue edificar una autoridad política autónoma en los antiguos virreinatos, donde no existía una tradición política moderna y donde la definición de la identidad era primordial. Los criollos estaban en un terreno débil puesto que se les otorgaba la prerrogativa de elegir oportunamente la identidad misma y a la vez edificarla a través del tiempo. Andrés Bello fue el intelectual que primeramente se preocupó por la emancipación intelectual de América. La emancipación de la corona tuvo como resultado la búsqueda de la autonomía cultural. Bello consideraba que para lograr esto, era imprescindible no cortar de raíz los vínculos con las fuentes culturales de la metrópoli, sino buscar los rasgos característicos de una expresión americana. Buscaba deshacerse de los esquemas mentales de la época colonial. Plasmó las primicias en sus Silvas las cuales son el inicio de una corriente americanista. Escribe “Silva a la agricultura” cuya tesis es que la identidad de Hispanoamérica debemos buscarla en la naturaleza civilizada, sometida al dominio de la agricultura. En las <> hay cuatro puntos de vista principales: 1) la nostalgia del trópico, 2) el anhelo de paz y los deseos de ver a América reafirmada moral y materialmente, 3) la alabanza de la vida campesina (Bello sostenía que era necesario buscar la fuente de riqueza en lo rural) 4) el concepto general de América (la unidad). El poeta concibe a Hispanoamérica como “un todo indisoluble, una vasta nación, con un mismo pasado, una misma fisionomía cultural y un destino común…” Bello censura la ilusión que nos atrae de las grandes ciudades, el crecimiento descomunal que trae como consecuencia el hacinamiento urbano a costa del abandono del campo. Contrasta el abandono y precariedad del campo y la cantidad de riqueza material y cultural de las grandes ciudades. El interés de Bello está centrado en el espacio, ya que ahí ve la identidad americana en la naturaleza, en el campo y en el territorio dominado. En su ensayo “Modo de escribir la historia”, Bello plasma algunas de sus ideas en relación a la historiografía, que en el siglo XIX, se constituye como una disciplina del conocimiento cuyo producto fue la necesidad de establecer un sentimiento nacional que justificara el nuevo orden creado después de la ruptura del régimen colonial. Su objetivo fue buscar e instaurar una identidad nacional, con orígenes en el pasado. Paralelamente a la refutación de Jacinto Chacón, Bello en su ensayo insta a la juventud a que se interiorice “bien en la verdadera misión de la historia para estudiarla con fruto.”

Abud, Eduardo. Algunas consideraciones sobre la génesis de la identidad en Hispanoamérica. Divergencias. Revista de estudios lingüísticos y literarios. Volumen 3 número 2 Otoño 2005.

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Bello tuvo tres etapas de su vida.

  1. Venezuela (1781-1810)- Tuvo educación religiosa, pero templada por los gustos de la Ilustración. Su estética es prosaica, didáctica y científica. La poesía, urgida por el ardor constructivo, procura enmendar el atraso intelectual de los países de habla española. Y este ideal patriótico, progresista, arrastra todas las actividades: el lirismo, pues, va a la rastra. Su soneto “A la victoria de Bailén” (1809) cierra el primer periodo de su vida.

  2. Londres (1810-1829)- En 1810 marcha a Inglaterra, como auxiliar de Bolívar y López Meléndez, delegados de la junta revolucionaria de Caracas durante el periodo más fecundo de su vida. Bello no había sido nunca un revolucionario ni belicoso; simpatizaba con una monarquía ilustrada. En la silva neoclásica “Alocución a la Poesía” (1823) Bello canta con ánimo nuevo y invoca a la Poesía para que deje las cortes de Europa y venga a las naciones nacientes de América, cuya naturaleza e historia serán más propicias. En medio de las guerras de Independencia, el poeta lanza un programa de independencia literaria con una emoción americana de nostalgia y de amor. América desarrebujaba sus bellezas y se hacía merecedora de la poesía con la voz educada en la literatura europea, que cantaba los temas vernáculos. La “Alocución” fue una dirección original no sólo en la historia literaria hispanoamericana sino también en la española. Bello aprovechaba sus clásicos, pero la intención era nueva. Tres años después en el Repertorio Americano, publicó la silva “A la agricultura de la Zona Tórrida” (1826). Después de las independencias hizo un llamado a reconstruir: Que los pueblos dejen las armas y tomen el arado con el tema de la glorificación del campo en oposición a la ciudad. En la silva se presenta un genuino sentimiento del paisaje tropical lo que lleva a la expresión de la originalidad americana que conocía tan bien porque era suya. A la “agricultura”, actividad práctica, no a la “naturaleza” como paisaje, dedica su poema. Esto es lo neoclásico; las ideas de la Ilustración le dictaban también versos prosaicos, moralizadores: la paz, el trabajo, la virtud, la reconciliación con España, la unidad política con América. Por eso las imágenes sobre las plantas americanas en la silva “A la agricultura” se desarrollan, se enriquecen, se llaman unas a otras, adquieren no sólo más belleza sino más sentido, pues ahí en donde el poeta hace cristalizar su corriente de sentimientos. Al ahincarse en su propio mundo, el íntimo y el americano, Bello se acercaba a los románticos. Pero Bello permaneció siempre poeta neoclásico y desde esa posición estética corregía sus propios impulsos.

  3. Chile (1829-1865)

Bello se ve en medio de la corriente romántica, pero resistiendo. Él había conocido el romanticismo en su fuente inglesa: sólo objetaba la superficialidad de los repentistas. Tenía un fino sentido de la ironía: desarmó la máquina de resortes y mecanismos del estilo romántico y luego la volvió a armar. En “La Moda” (1846) crea una poética al revés, notable porque Bello se burla, no desde fuera sino desde dentro, comprendiendo. Construir era su ley: y por eso sus grandes aciertos de poeta se dieron en esa línea. Era constructor de pueblos, un pensador. El pensamiento de Bello reflejaba las tendencias europeas.

***Escribió una leyenda al modo romántico “Proscripto”

E. Anderson Imbert. Historia de la literatura hispanoamericana I


Página de Andrés Bello en Cervantes Virtual

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Andresbello/index.shtml
Historia: Época contemporánea

http://www.monografias.com/trabajos23/guerras-contemporanea/guerras-contemporanea.shtml
Preguntas para el examen

http://www2.bc.edu/~rhodese/rl902/

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