Filosofía política






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DAVID HUME


Critica a las teorías contractualistas desde el utilitarismo.

“El tratado de la naturaleza humana”, 1732

“Investigaciones sobre el conocimiento humano”

“Ensayos políticos”, Tecnos, Madrid, 1981

-“Del contrato original”

-“Del origen del gobierno”
David Hume posee elementos para la reflexión crítica. La filosofía empirista de Hume hace una crítica demoledora contra el contractualismo, aunque su utilitarismo le llevará a reivindicar algunas conquistas del liberalismo de Hume (división de poderes y régimen representativo)

¿Por qué detenerse en Hume?

Lo original de Hume es su utilitarismo de cara a una legitimación utilitarista, que como veremos luego, adolece de insuficiencia.

Entre sus dos grandes obras, Hume publicó distintos ensayos, entre ellos, “Ensayos de moral y política” en 1841-1842.

G. Savane dice que la filosofía política inglesa posterior a Locke está influenciada por los presupuestos metodológicos de la filosofía empirista. Hume criticará todo lo que hable del derecho natural. Esto nos hace recordar los aspectos fundamentales de la filosofía de Hume, que pretende una teoría laica y naturalista de la moralidad, del entendimiento y de la política.

Hume distingue tres operaciones de la mente. Deducción o la razón propiamente dicha, que fundamentalmente consiste en la comparación de ideas que produce una serie de verdades necesarias o inevitables, y son como consecuencias implícitas o formales del entendimiento. Dadas unas premisas se sigue una conclusión. Son lógicas, y estas verdades racionales nunca demostrarán cuestiones de hecho porque las relaciones de estas no son necesarias en sentido lógico racional. Por eso, frente a esta deducción racional la segunda operación es el descubrimiento de relaciones empíricas o causales. Cuando dos hechos se relacionan como causa-efecto, podemos decir que se dan juntos con cierta regularidad. Pero no podemos decir que el efecto se infiere de la causa, porque no hay conexión necesaria o lógico racional. Sólo hay una conexión empírica, y es el hábito o la costumbre lo que nos lleva a asociar una impresión o idea a otra, una como causa y otra como efecto.

La tercera operación es la descripción de los valores que son la bondad o la justicia de las acciones humanas. No hablamos de cuestiones de hecho sino que hablamos de deseos que tiene que ver con las propensiones humanas, lo agradable y lo desagradable. A medida que la moral o la filosofía política de Hume viene seguida por esta tercera operación, no tendrá nada que ver con la ciencia deductiva o los saberes positivos. Estos tres elementos no son elementos probables, racionalmente, son convenciones presentes en las ciencias empíricas, sociales, y que son útiles. Presuponemos una regularidad en la naturaleza pese a que no podemos probarla. Este planteamiento utilitarista y positivista posibilita la filosofía política de Hume que arremete contra el racionalismo yusracionalista, el deismo y la religión natural, la teoría contractualista y la moral natural. Para Hume intervienen los sentimientos y no podemos tener una demostración deductiva de la existencia de Dios. Pensar en Dios puede ser razonable, pero no demostrable. Sólo las inclinaciones humanas explican las cosas. Las deficiencias del utilitarismo de Hume se iluminan en Stuart Mill.

-CRÍTICA AL CONTRACTUALISMO

Hay una motivación que estimula toda la reflexión de Hume; pretende legitimar la monarquía de los Hannover en el siglo XVIII. Toda la moderación de Hume se entiende desde su contexto histórico. Hay una etapa de relativa estabilidad en Inglaterra con el cambio dinástico de los Hannover con Jorge I en 1714, y que consolidará al régimen monárquico parlamentario. Esta etapa durará hasta 1776 con la emancipación de EE.UU. y después la RF, por tanto, dos tercios de siglo de relativa paz.

Los presupuestos epistemológicos y filosóficos de Hume le llevan a una mezcla de Hobbes (pesimismo-realismo) y de Locke. Su empirismo utilitarista le llevó a arremeter contra la filosofía yusnaturalista racionalista, y se aleja de ese presupuesto mítico del estado de naturaleza. Fundamenta su planteamiento desde posiciones utilitaristas. La obedienia al gobierno y a las leyes no se desprende del principio moral de ser fiel a lo prometido (como en Locke) sino que se apoya en la necesidad de la autoconservación de la sociedad. Si queremos sobrevivir hay que obedecer al gobierno. Lo del contrato social lo sitúa en un tiempo muy remoto, en función de su utilidad práctica.

El contractualismo dice que los ciudadanos no deben obediencia a un gobierno salvo por una promesa. Hume dice que este contrato representa al argumento de la fuerza y la argucia. Casi todos los gobiernos se fundaron por la usurpación o la conquista sin consentimiento de los ciudadanos. La primera propiedad surgió de la violencia y la usurpación. Hay una crítica realista de Hume. Dice Hume que incluso las elecciones son iniciativas de minorías donde no interviene la fuerza.

La mediocridad moral de la praxis política hace que la praxis de nuestra vida política esté alejada de los ideales utópicos. Hume piensa que aunque la más justa y causa legitimatoria para un gobierno es el consentimiento del pueblo, esto no se da completamente. Por ello es necesario pensar en otros presupuestos; el argumento de los hechos consumados y la perdurabilidad en el tiempo y sobre todo el criterio de utilidad. El pueblo obedece más por la búsqueda de la seguridad que por un sentimiento de lealtad, y es el tiempo el que acaba trayendo la adhesión

El escepticismo de Hume frente a los grandes ideales morales le hace decir que pensamos más en un pueblo que no existe. La legitimación del gobierno es totalmente práctico utilitarista, más allá de esos hipotéticos contratos. Más allá de los deberes morales (amor paterno, gratitud a los benefactores o compasión con los desfavorecidos) hay otras urgencias o deberes que se ven si evaluamos las necesidades de la sociedad y los requisitos de supervivencia. Por ello adquieren cierta autoridad reglas de justicia como el respeto a la propiedad y ser fiel a las promesas, pero esto descansa en criterios prácticos utilitaristas para que la sociedad sobreviva (aspecto hobbesiano en las reglas estratégicas). En el fondo, al descubrir la utilidad de estas reglas nos ayudará a dejarnos llevar por nuestro amor propio, pues el cálculo utilitario nos hace caer en la cuenta de lo malo que es ser egoísta y que a la larga es lo peor.

No hay sociedad estable sin el respeto a esas reglas (pactos, promesas, obediencia al gobierno).Todas estas obligaciones tienen una misma raíz. La fidelidad y la obediencia política tiene un carácter utilitarista, y esto es el fundamento del gobierno. Sólo una reflexión utilitaria nos lleva a impedir que salga a la luz nuestros instintos primarios. La sociedad no puede mantenerse sin la actuación de los magistrados y de las leyes. Sin ellos no se puede hacer frente a la injusticia del fuerte. La autoridad política es una exigencia para que la sociedad funcione.

22-02-2001
Hay unas conquistas irrenunciables. Hay un crítico realismo crudo en Hume. Su empirismo le llevó a la crítica de la teoría contractualista, pero su utilitarismo le llevó a planteamientos coincidentes con el liberalismo.

Hume creía que en la práctica política la soberanía se funda en argumentos muy pragmáticos, e incluso los movimientos de masas y cambios de gobiernos, fueron dirigidos por élites que dirigían.

El contrato original; la autoridad política es una exigencia práctica para que las reglas del derecho y de la convivencia se apliquen en la práctica. Su planteamiento utilitarista le lleva a admitir y a defender el derecho de resistencia o desobediencia civil en casos extremos en los que peligre el bien del pueblo (“la infracción de la desobediencia será el último extremo”). La arbitrariedad del rey sería un motivo.

Frente a Hobbes, Hume dirá que la obediencia al gobierno no debe ser incondicional sino que la obediencia dura sólo en la medida que el gobierno proporciona, en la práctica, protección y seguridad.

La razón de esto no estriba en un hipotético pacto social sino que la protección y la seguridad está ahí como realidad de los ciudadanos, pero no lo está la obediencia a ese gobierno.

Las formas de gobierno se impregna del pesimismo o crudo realismo tanto con relación a los gobernantes como a los gobernados. Hume dice que en la monarquía es frecuente que el monarca intente aumentar sus propias prerrogativas, lo cual puede producir como reacción la oposición de los súbditos y de ahí las revoluciones.

En la aristocracia prima la lucha entre los intereses particulares de los nobles. En el caso de la república o democracia directa, genera la demagogia, desordenes, anarquía o bien la indiferencia de los ciudadanos.

Hume reconoce que no es cuestión vana esta de las formas de gobierno (cap. I). Dice que si hay diferencias esenciales entre ellas, están fundamentalmente en el carácter de los gobernantes. En general, tan grande es la fuerza de las leyes y tan pequeño el temperamento de los hombres, que cada forma de gobierno tiene sus posibilidades y sus limitaciones.

Hume habla de las tres formas de gobierno. La democracia, que no tiene un cuerpo representativo, no es buena y acaba en anarquía. Esto le lleva a afirmar que preferiría una monarquía absolutista que una república. En sintonía con Montesquieu, Hume es partidario del régimen monárquico porque cree que el monarca puede ser un elemento de equilibrio y moderador con relación a los otros órganos de gobierno. Es partidario de una monarquía hereditaria para evitar intrigas en la sucesión. Es partidario de la forma mixta de gobierno con un equilibrio del poder del rey y el poder del parlamento. Es conveniente la división de poderes para mantener ese difícil equilibrio entre autoridad y libertad política.

La división de poderes es una conquista emblemática de la tradición liberal. Hume dice que todo gobierno ha de hacer un gran sacrificio de la libertad, pero esta no debe ser total. La división de poderes puede paliar el que se imponga el interés particular, debido a que esa división de poderes posibilita un cierto control. En su texto de “La independencia del parlamento” dice que la división y el mutuo control encamina a los poderes a la consecución del bien común. La división de poderes ha de quedar ubicada en diversas cámaras u órganos de gobierno.

Hume ya concibe que el poder legislativo del rey es simbólico, pues cuando se aprueba algo en las dos cámaras, se da por hecho que el rey firmará. El verdadero poder del rey está en el poder ejecutivo. Hume busca un equilibrio. La cámara de los comunes es la que persigue el poder legislativo, pero debe ser refrendada por los lores, y luego ratificado por el rey. El monarca posee el poder ejecutivo, pero muy controlado por el poder legislativo. Con los Hannover el poder ejecutivo queda en manos de un gobierno que queda elegido en la cámara de los comunes. Sin embargo, sigue siendo una monarquía de los propietarios, y sólo podían ser votados o elegibles ciudadanos con un cierto poder adquisitivo (200$). En la práctica política Hume es partidario de una política moderada que debe regir toda relación entre los partidos y las transiciones de gobiernos.

Hume veía con buenos ojos la integración del partido whigg a la política constitucional. La democracia directa o régimen republicano puede tener aplicación en pequeñas ciudades, en cambio la aristocracia es un orden más proclive para alcanzar la paz y el orden, pero siempre será un orden opresor, y por ello, Hume es partidario de un gobierno mixto de monarquía.

En el terreno de la economía política, frente a un planteamiento premoderno que consideraba que la riqueza y el consumo sólo podían traer pereza y degeneración, Hume cree que el comercio, las manufacturas y el consumo es beneficioso porque promoverá la libertad civil. Algunos han creído ver un paralelismo aquí entre hume y Rousseau. El crecimiento de económico va unido a la producción de bienes y el crecimiento de la demanda. Hume se identifica con el planteamiento propio del liberalismo clásico. En sintonía con Adan Smith, esto es posible haciendo prevalecer el interés propio e individual, que traerá el bienestar de toda la sociedad.

El desarrollo de la ciencias y las artes es compatible con gobiernos de corte autoritario, pensando en Francia, pero otra cosa ocurre con la ideología. Hume rezuma el ethos propio del liberalismo y de la ilustración. Frente a este optimismo hay autores que tienen contrapuntos. Rousseau viaja a Inglaterra, invitado por Hume, e influyó en el optimismo de Hume.
IDEAS FUNDAMENTALES DE HUME

-Hume reivindica, propio de la tradición liberal, la soberanía del pueblo como condición para reivindicar los intereses particulares (ethos individual)

-La legitimidad del gobierno descansa en un criterio de pura utilidad. En Locke tambien se da, pero más moderado porque está contrapesado por la teoría contractualista y el derecho natural. Rl gobierno se justifica en último término por promover la seguridad y la protección.

-La obediencia política no es incondicional, de ahí que reivindique el derecho a la desobediencia civil.

-Es partidario de una monarquía representativa. Gobierno mixto.

-División de poderes como medida equilibradora.

-Democracia de propietarios.

-Promover el bienestar de los ciudadanos.
Hume parece reforzar los ideales políticos liberales y democráticos representativos. Pero tiene un planteamiento radicalmente utilitarista. En lugar de los derechos individuales del derecho natural de Locke, en Hume hay una utilidad entendida como egoismo y de estabilidad social que daban ciertos canones o convenciones que parecían satisfacer a la ciudadanía porque las convenciones eran comunes a los hombres.

En definitiva, el término “utilidad” es muy polisémico. Es un tanto ambiguo y cargado de subjetividad (¿Qué es en definitiva lo útil?; Lo que deseo, por lo que siento inclinación, lo que me satisface, lo que me agrada y me da placer, es decir, cualquier medio al servicio de esas finalidades.). Además, las circunstancias pueden cambiar la apreciación del ser humano. Es cierto que el orden y la paz social son útiles, pero la libre iniciativa de la sociedad civil no trae esto.

Hay unas relaciones asimétricas en una sociedad con relaciones de poder bien controladas e impunes. Aquí el utilitarismo, tal y como lo plantea Hume, se convierte en un darwinismo social, y el placer propio una forma de ser insolidaria. Esto ocurría y Hume lo criticó.

El utilitarismo tendrá sus propias correcciones, pero fundamenterá a algo más. Frente al utilitarismo radical de Hume, se nos obliga a volver a la teoría contractualista. Esta no se puede entender como una tesis histórica; Rousseau la entiende como una tesis eurística que no deja de tener su interés para insistir en la reivindicación de unos axiomas irrenunciables.

En la práctica, se pretende que sepamos actuar en base a unos valores que la tesis contractualista legitima. Esto lo veremos en Rousseau.
23-02-2001

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