Filosofía política






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PRESUPUESTOS FILOSÓFICOS-ANTROPOLÓGICOS DE LA TEORÍA DIFUSA DE LA DEMOCRACIA
1-LA NATURALEZA HUMANA COMO CRITERIO ÚLTIMO DE VALORACIÓN
Es el optimismo antropológico de los ilustrados sofistas el que justifica la participación de todos los ciudadanos en los asuntos políticos. Los sofistas parten de una creencia optimista en la cual la naturaleza humana es apta para el bien, y que el hombre malo es una excepción. Todos los hombres están dotados de la virtud política, el respeto por las normas y por la justicia.

Sobre esta tesis trata el mito de Prometeo que Platón atribuye a Protágoras. El mito nos cuenta como Zeus encarga a Prometeo y a Epimeteo que repartan las cualidades a todos los animales para su supervivencia. Al llegar al hombre se le habían acabado los dones, y Prometeo decide regalarle el fuego al hombre (robado a Atenea y Volcano). El fuego viene a representar la sabiduría técnica, pero esta no es necesaria para la supervivencia del hombre si este no vive en sociedad. Zeus además regala al hombre la virtud política. Sin ella los hombres al vivir en sociedad sólo cometerían fechorías. Mientras que el saber técnico no es repartido a todos los hombres de forma igualitaria, la virtud política repartida por Zeus si está repartida de forma igualitaria, y por ello todos los seres humanos tienen derecho a ejercer esta virtud. Lo que Protágoras plantea con este mito es una definición e historia de la naturaleza humana. Nos dice que el hombre carece de las percepciones animales pero con la técnica y la sociabilidad, el criterio de lo justo y de lo injusto, puede adaptarse. Esto es algo histórico y por tanto susceptible de mejora. Esto llega hasta nuestros días y Zubiri habla de esto. Mientras que el mundo animal es el mundo de la inmanencia el hombre representa el mundo de la trascendencia. En Protágoras lo esencial es la naturaleza humana, y se nace con las capacidades técnicas, el sentido moral y la justicia, y a cada uno lo que le corresponda. Todo esto es producto del logos de la razón, y símbolo de esto es Prometeo que enseña las capacidades y Zeus, que enseña la virtud. Una característica de esta ilustración griega es la naturaleza humana como base del desarrollo de las capacidades humanas en comunidad. Todo aquello que favorezca la vida humana es lo justo y verdadero. Aquí queda un problema sin resolver y que aun hoy lo debatimos. Esa tarea consiste en darle un contenido a esa hipotética naturaleza humana y formularla en leyes universales porque si no nos quedamos en sólo costumbres relativistas.


2- IGUALDAD Y CONCORDIA
Igualdad en la medida en que el sentido moral y la justicia está repartida entre todos los hombres más allá de las diferencias de nacimiento que reivindicaba la aristocracia. Los sofistas pensaban que esas desigualdades son superables por la educación. En palabras de Jegger “la superación de los privilegios por la educación”. Protágoras decía que es la igualdad fundamental la que hace posible el consenso y el acuerdo por el diálogo. Según la sofística la garantía de la democracia es la propia naturaleza humana, y esto es así pq hay algo común en todos los hombres, el logos. Oratoria y democracia están íntimamente unidas. La oratoria es el motor de la democracia.

Fernando Savater en su libro “Las preguntas de la vida” dice que no hay hombres que nacen para mandar sino que todos tienen derecho a ello.

La democracia nace presuponiendo esa confianza en algo común entre los hombres, la naturaleza que descansa en la universalización de la razón y que la poseen todos los hombres y que presenta la fuerza de la convicción argumentativa. El optimismo antropológico de los ilustrados es la confianza en el poder persuasivo de la razón, que deberá ir acompañada de una actitud de rectitud y tolerancia y benevolencia. Estos son los valores que deben acompañar a la buena oratoria.
3- GUÍA DE LA RAZÓN COMO GARANTÍA DE LA AUTONOMÍA Y LA DECISIÓN POLÍTICA
La igualdad no resulta operativa sin determinados valores morales. Esto tiene actualidad hoy día. La autoridad democrática debe descansar en esos valores morales y en la persuasión y el consentimiento recíproco, y no en el engaño. El ejercicio de la razón tiene grandes implicaciones políticas pq razonar es comunicación y confrontación en la conversación. De tal modo que ofrecemos nuestras opiniones a los demás y viceversa con la esperanza de que acaben imponiéndose aquellas opiniones que se basen en los mejores argumentos.

La autoridad democrática de la razón será el cambio de la verdad, una razón que se autolegitima en la persuasión. No somos demócratas si no somos razonables, es decir, si no estamos dispuestos a aceptar los mejores argumentos vengan de donde vengan. En este sentido hay que decir que la sociedad real, la de Pericles o la de nuestra actualidad, con sus particulares características nunca estará a la altura que exige el ejercicio dialógico de la razón pq es un planteamiento utópico. La razón dialogada va por delante de los sistemas reales. Hay que pensar que el demócrata es el ciudadano que siempre está insatisfecho, y la democracia más que una realidad es una esperanza y se está continuamente regenerando, y por ello decimos que será razón utópica. En este sentido se expresa Savater al decir que “la filosofía nació con la democracia. Hay democracia cuando se asume que los humanos deben pensar por sí mismos”.
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Desde esta perspectiva se entiende que el ejercicio de la razón tenga sus consecuencias políticas y sociales. Razonar es dialogar con la esperanza de convencer coherentemente al contrario. Demócrata es sinónimo de ser razonable, honestidad intelectual de aceptar el mejor argumento.

Con la democracia se desarrolla el teatro y la oratoria como géneros literarios de los atenienses como vehículo del nuevo humanismo. La oratoria es la antilogía o debate presente en el discurso filosófico, en el derecho y otras muchas cuestiones que no eran de índole político. Adrados en su libro “Democracia y literatura en la Grecia clásica” nos dice que la tragedia se originó con Espis, ministro de Pisistrato, y que es una parábola que trata distintos temas como por ejemplo el tema del poder político en “Antígona”, el miedo ante el poder de la tiranía, la injusticia, el dolor o el sufrimiento humano. Con la tragedia se recomiendan remedios con el uso de la prudencia, sofrosine. También la comedia se desarrolla, y es el contrapunto de la tragedia con la alegría y la victoria.

La oratoria, traída por Gorgias, es el motor que impulsa la democracia. La oratoria es entendida de distintas formas; en un principio es entendida como teoría y técnica del discurso y del debate y se va a aplicar no sólo como instrumento educativo y político sino que también se aplica en la literatura, la historia y la filosofía. La democracia es una concepción dialógica del poder político que descansa en la igualdad de la naturaleza humana y ciertas exigencias éticas. Por eso la buena oratoria no puede escaparse de estas exigencias éticas.

La democracia es la interacción entre los ciudadanos y ciertos grupos dirigentes, el medio óptimo para que predomine el mejor juicio y el mejor liderazgo. La democracia descansa en la confianza de las capacidades humanas para contribuir al ordenamiento político y que la colectividad se deje guiar por los ciudadanos más aptos. La democracia es la extensión a muchos de la responsabilidad política, pero por otro lado que la excelencia política será alcanzada según los méritos y dotes naturales y no por los derechos adquiridos. Pericles quiere compaginar una serie de valores que permitan el desarrollo de la sociedad. Se intenta compaginar igualdad y prestigio, libertad y respeto a las leyes, laboriosidad privada y laboriosidad de los asuntos públicos. Según la oración fúnebre de Pericles hay igualdad de derechos pero la elección pública de los cargos políticos será según los propios méritos, también habla del respeto a la magistratura y a la ley consensuada.

La coexistencia en libertad sólo será posible por medio de la gestión común o participativa de los asuntos públicos. Democracia significa igualdad ante la ley (isonomía), igualdad de palabra (isegoría) e igualdad de poder (isocratía). Esta organización pretende ser una alternativa ante la pleorexia, el abuso de los apetitos, y la tiranía. Esta igualdad es garantía de la justicia pq tiene en cuenta los intereses de todos los ciudadanos. Esta participación que al enfrentarse a los problemas hay que resolverlos con soluciones consensuadas en el diálogo. Aquí aparece el concurso de la razón, uqe debe ayudarnos a discernir, donde el hombre dotado de areté debe procurar el bien del pueblo y ponerse al servicio de la colectividad. El éxito está unido a la capacidad de persuadir y convencer, y que así se imponga el argumento más fuerte. Este planteamiento se ha falseado y en la ilustración esta retórica no es un recurso al servicio del bien común. Se ha malinterpretado este argumento de Protágoras para convertir el discurso débil en discurso fuerte.

El debate en la ekklesía exige dirigentes duchos en la oratoria. No se trataba en transformar el argumento débil e injusto, que interesaba a pocos, en atractivo, mediante el arte de la oratoria. Esto se denomina falta de escrúpulos morales. En el diálogo de Teleto, de Platón, Protágoras dice que las correctas perfecciones del sabio deben tener la oportunidad de exponer, lo que se cree conveniente, a la comunidad, y esto dista mucho del inmoralismo, pq se trata de una buena retórica. Es cierto que el argumento fuerte adquiere más convicción si tiene éxito en la práctica, pero en un principio hay que construir un argumento racional. La sofística exige la “suadis”, (suadeo=influir en el sentir del que oye), persuadir y disuadir. Persuadir es mover al oyente a mi propio ámbito de planteamientos. Disuadir es provocar que el oyente deje la opinión que hasta ahora tenía, y esto descansa en último término en el poder de convicción del logos. La oratoria del discurso griego no es inmoral. La buena retórica es la que practica el político sabio y virtuoso, y es éste el que debe de luchar contra los peligros de la mala retórica. Los ideales de la sofística implican a la ética en la política. El sabio es el que conoce la verdad y la naturaleza de las cosas, el que enseña la dialéctica. Sin embargo, esto no implica un elitismo; la excelencia del sabio no legitima un régimen paternalista o elitista.
4-LA ACTITUD POLÍTICA DEL PUEBLO CIUDADANO
A pesar de la importancia política del sabio esa teoría dialógica del poder político y el gobierno de muchos se sostiene gracias a ese optimismo antropológico que se concreta en reivindicar la capacidad política del ciudadano medio. No hay un régimen elitista, aunque sí es cierto que para los cargos importantes como arquitectos, embajadores, arcontes o estrategas, se tenían en cuenta ciertos valores. Se intentó compaginar el principio de la igualdad con el de la autoridad por el prestigio. Aquí hay un difícil equilibrio pq el criterio de la excelencia está supeditado al criterio de la igualdad. Esto se intenta conseguir por un lado pq los cargos políticos en último término tenían un cierto control ciudadano en la ekklesía, y también pq los tribunales populares podían pedir cuentas a los políticos una vez que dejaban el cargo. En la práctica este difícil equilibrio nunca fue del todo satisfactorio. En la oración fúnebre Pericles dice que la pobreza no es un impedimento para ascender, pero sí queda la rémora se la tradición y por tanto no había igualdad de oportunidades. Sinclair dice que “ en la práctica solían ser los nobles los elegidos para cargos importantes y un ateniense que quisiese aspirar a un cargo importante debía de tener una gran acumulación de bienes”. En definitiva, a pesar del esfuerzo de la democracia ateniense en el papel del sabio como educador y político, siempre contrarrestado por la capacidad política del ciudadano medio, era cierto que los nobles eran elegidos para los altos cargos, pero también es cierto que están controlados por el ciudadano con su participación.

El difícil equilibrio entre igualdad política y la necesidad funcional y operativa del reconocimiento de la capacitación es un tema que aún hoy día no tiene fácil solución. En este recorrido histórico crítico de la democracia vemos que, a pesar de ciertas asignaturas pendientes, quizás sea el régimen con más esperanzas y posibilidades de una praxis, compaginando siempre de forma perfectible la libertad, la igualdad y la justicia.

La participación política de los ciudadanos es más idónea cuanto mayor sea la educación de los ciudadanos y la equidad económica. La ignorancia, torpeza y la pobreza son enemigos de la democracia y, además, caldo de cultivo para la mala retórica. Este es uno de los puntos donde se ceban los enemigos de la democracia. En palabras de R. Dahl, “los defensores del gobierno atacan a la democracia diciendo que las personas corrientes no tienen capacidad para gobernarse”. El paternalismo político conculca derechos fundamentales que se identifican con la dignidad de la persona humana. Los presupuestos fundamentales de la democracia es la autonomía moral del ciudadano y la soberanía política de los ciudadanos. Cuando se crea un proyecto lo difícil es su conservación . Por ejemplo, Lenin fue un gran revolucionario pero un mal gobernante. (Lenin; “Las tareas escogidas del poder soviético”, obras escogidas, 1976). A. Giddens dice que “Ciencia y tegnología no pueden quedar fuera del proceso democrático...y someterlo al escrutinio público” (A. Giddens; “La tercera vía. La renovación social de la democracia”, Ed. Taurus, Madrid, 1998).
5-LEY Y COSTUMBRE
Es cierto que los cambios políticos y económicos y el contacto con el exterior llevó a los atenienses del S V a tener diversidad de costumbres.(éste fue el punto de partida de Montesquieu en “El espíritu de las leyes”). Esta diversidad llevó a la primera ilustración a distinguir entre lo natural, fisis, y lo humano, gnosis. El orden del cosmos no debe ser trasgredido, pq si se trasgreden las leyes naturales ocurren catástrofes, pero, sin embargo, el hombre si puede hacer y deshacer su propio espacio. Si la naturaleza es inamovible, el mundo de lo humano sí puede cambiar. La costumbre y la ley civil es consenso y pacto. El gnomos es plasmación de su propia libertad, pero esto no significa que el mundo de lo humano es el burdo relativismo, el pactismo sin más. La arbitrariedad del gnomos trae consecuencias nefastas pq el gnomos desvinculado de la virtud y la razón no trae consigo la libertad. Esta exigencia de racionalidad y justicia obliga a intentar descubrir a través de las costumbres y convenciones si esta naturaleza humana posee un principio permanente que reduzca la aparente diversidad a regularidad. Hay que descubrir en esta segunda naturaleza humana que son las costumbres y convenciones, la verdadera e inmutable naturaleza humana. Este debate constituyó una gran polémica en el S. V, naturaleza y convención o ley y costumbre. Esto es un debate que aún tiene vigencia.
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La expansión colonial hizo tomar conciencia a los ciudadanos de la Atenas del S V a. C de la diversidad de costumbres. Había un orden cósmico, mitológico, de leyes de la naturaleza que no se podían transgredir. Pero el mundo humano si que se puede trasformar mediante el consenso. El gnomos que define lo humano es creatividad. El mundo humano no es signo de pura relatividad sino que para los demócratas atenienses un gnomos desvinculado de la razón y el logos no trae consigo libertad y justicia. A través del análisis de la comparación de los consensos se puede atisbar una naturaleza humana en común que une las diversidades. Esto es necesario para construir un estado justo.

Esta controversia desemboca en dramas como nos muestra la tragedia griega, y en concreto en “Antígona” de Sófocles. Aquí se ve la lucha dramática entre la ley divina, no escrita, y el derecho positivo, la ley y la costumbre. El padre de Antígona, Creonte no quiere que su hija entierre a su hermano Polinice por traidor. Creonte representa al hombre de estado que no admite la traición de su hijo, y también representa al hombre autocrático. Antígona representa el factor tradicional de la ley no escrita y también representa una nueva libertad de la ley que se opone al tirano. Sófocles deja sin solucionar el tema de la ley divina y la ley de la polis. Esto, quizás, sea una tarea inacabada. La dificultad reside en que el gnomos, fruto del pacto consensuado y que por tanto tiene un carácter histórico, en un contexto determinado, es siempre algo perfectible o rechazable. El posible perfeccionamiento del gnomos buscó la solución en destacar el protagonismo del sujeto humano. Platón pone en boca de Protágoras la sentencia; “el hombre es el ser de todas las cosas, tanto el ser de las que son como de las que no son”. La formación de las leyes está bajo la conveniencia de la sociedad. Gorgias alude a esto con la categoría de oportunidad, o kairós, que indica la necesidad de adecuar el mensaje al auditorio y la circunstancia. De estos presupuestos se comprende que la sofística al abordar el criterio de la verdad, se contenta con el criterio de la verosimilitud. Gorgias acabó entendiendo la retórica como el arte de la persuasión que acaba identificándose con criterios oportunistas y pasionales, en definitiva, no morales. Acaba dudando de la capacidad racional para alcanzar la verdad. El 2º sofismo acaba confundiendo la retórica al servicio del poder. El problema que plantea la diversidad de las leyes y costumbres, el reto que planteaba no acabó de encontrar una solución satisfactoria en la democracia ateniense. Hoy se sigue debatiendo esto, relativismo-objetivismo de la moral. La sofística se contenta con la doctrina del convencionalismo. El estado es necesario para el desarrollo de la sociedad, pero hay que establecer unas normas del juego, y el gnomos es fruto de la convivencia y abierto al perfeccionamiento. Esto obliga a admitir un cierto relativismo en la vida política y judicial, es siempre perfectible.

Hoy se consensan ciertos derechos pero siguen creciendo. Por eso la sofística no estaba desencaminada pero su solución es insuficiente en la práctica política pq aquí surge el conflicto entre ese gnomos general y las conveniencias del estado. La solución sofística abocaba a la razón de estado, que acaba identificándose con la acción que es eficaz, cueste lo que cueste, de cara a aumentar la seguridad de los ciudadanos. Esta razón de estado es la que propició la política exterior de la liga. Frente a esa razón de estado hay que preguntarse por ese ideal de la justicia. En la tradición se hablaba de la ley no escrita, presente en todas las razas, y la trasgresión de esa ley acabaría trayendo el castigo de los dioses. Pero más allá de esos principios el problema está en la legislación de la justicia concreta.

Jegger en la “Paideia” dice que por lo supersticioso de sus propuestas los sofistas necesitaban un discurso más profundo y filosófico. Esto fue lo que intentó hacer Platón. Esta polémica entre ley y costumbre quedó inconclusa.
Este análisis de los presupuestos antropológicos y epistemológicos de la democracia ateniense lo vertebramos en siete puntos:
1-La democracia es un ideal político que se sitúa en la corriente ilustrada secularizadora que alimentó la primera sofística.
2-Es la naturaleza humana la portadora de una serie de valores y cualidades que exigen la democracia como la forma de organización política más adecuada.
3-El proyecto democrático no se entiende sin ese optimismo antropológico o fé en el hombre ( en su razón y estimaciones morales y axiológicas, en su virtud política, sentimiento de respeto por la norma y la justicia, etc.).
4-La igualdad de naturaleza y la guía racional fundamenta una teoría dialógica del poder político. En este sentido la democracia será la conquista del gobierno por la palabra. Sin razón no hay libertad. La gran apuesta de la democracia será de ahora en adelante la confianza en las cualidades morales del diálogo que se convierte en medio para rectificar los intereses egoístas de los ciudadanos. Para moralizar sus preferencias el fundamento será reivindicar el poder epistémico de la democracia para establecer una moralidad y estructura social que promueva la autonomía social de los ciudadanos y el alcance del bien común.
5-La igualdad ante la ley, (isonomía), en la deliberación de los asuntos públicos, (isegoría), e igualdad en el poder (isocratía), aunque esta última no fue efectiva en la práctica, no había igualdad de oportunidades.
6-Esta igualdad política no se sostiene sin la fe del ciudadano medio, (principio cuantitativo), aunque matizada por la autoridad del prestigio, (principio cualitativo). No obstante, la ciudadanía tiene la última palabra. Nunca se justifica un despotismo ilustrado o paternalismo. Frente a la tentación, Martín Seco dice, “la democracia es ante todo un acto de humildad”. La democracia confía en el buen sentido común del hombre de la calle.
7-La historia de la democracia se nos presenta como esa aventura de intentar profundizar en un sistema de libertades, de derechos sociales y de un cierto control de la economía, la isomoiria. Este ideal aún sigue pendiente.
A pesar de esta conclusión que es una declaración de buenos principios la democracia es un discurso desiderativo al que no debemos renunciar. Este planteamiento ideal no acabó de resolver ese conflicto entre la naturaleza general del hombre (gnomos universal o ley divina) y el gnomos concreto de la polis (las convenciones del derecho positivo). La experiencia histórica nos dice que el pragmatismo político siempre caminará en el filo de la navaja para mantener un difícil equilibrio entre los valores generales (exigencia del ideal de justicia) y la conveniencia del estado, sujeto, asimismo, a conveniencias particulares. Este equilibrio siempre se rompe por el mismo lado, en detrimento de los ciudadanos y las clases más débiles.

La democracia ateniense no fue ajena a la injusticia de la guerra(“no toda economía es compatible con la democracia”). La auténtica democracia no será tal sin un cierto control democrático de la economía; será una democracia de 2ª categoría mientras no haya subordinación del poder económico al poder político. En la democracia moderna esto seguirá siendo un obstáculo pq la democracia occidental sigue empeñada en convivir con el capitalismo, y éste, según Touraine, busca actuar sobre la sociedad en bloque en función de los intereses. El capitalismo significa que la sociedad se ve dominada por la economía. Si hay algún poder que no casa con la democracia es el económico, y urge controlarlo social y políticamente. El reto de la justicia social tiene hasta ahora resultados insuficientes. Salazar dice que hay que “subordinar el poder militar al político, pero no el económico”. Pero hay que mantener la esperanza de poder pasar de un gobierno económico de la política a un gobierno político de la economía. Larraeta nos dice que no hay que ser muy perspicaz para ver que las decisiones políticas y sociales siempre han favorecido a los más poderosos en detrimento de los más débiles.

Según Adrados la democracia ateniense falló porqué se le exigió al pueblo una elevación moral que fue un reto demasiado para él, con un cambio social muy drástico. Pero el testimonio de la democracia ateniense deja abierta una cuestión; que la democracia que quiera entenderse como legitimación dialógica del poder político tendrá que enfrentarse con la crítica de la justicia y de la verdad.

La democracia tendrá su mayor enemigo, ayer, hoy y mañana en la inmoralidad, insolidaridad, oportunismo de los malos ciudadanos en esa apatía por las cuestiones políticas. Este sería el ciudadano idiota, el que se ocupa de sus asuntos privados.

El historiador griego Polirio de Megalópolis distinguió entre democracia y oclocracia, el gobierno del populacho y de la plebe descontrolada. Este demos puede ser controlado, pero sus decisiones son descontroladas y no son expresión del bien común. La mala retórica puede explotar las malas pasiones irracionales del hombre, el egoísmo, y el falso victimismo a favor de sus intereses personalistas. Por eso la retórica adecuada debe usar buenos argumentos para convencer por la razón, y no se pueden renunciar unos mínimos éticos, que son el requisito que dará contenido a esa hipotética naturaleza humana, y que la propia virtud y prudencia política tendrá que plasmarlo social y jurídicamente.

La desestabilización social, la injusticia, la guerra, el individualismo y el apoliticismo son índice de la desmoralización del pueblo de Atenas y que aprovechó el pensamiento conservador. La crisis de la democracia da pie a dos tipos de discursos:

1-Universalismo cosmopolita

2-Individualismo egoísta frente a la exigencia del gnomos.

Ambos discursos quieren librar al individuo de las “servidumbres de la ciudad” y de sus normas democráticas. El primero pone a la igualdad por encima de la ciudad defendiendo un humanitarismo igualitario que acaba en apoliticismo(idiotez). El segundo acentuando la diferencia de grados de los ciudadanos y que acabará legitimando el dominio de los más fuertes.

El universalismo cosmopolita se congregó en torno a la segunda sofística de finales del S V a d C (Antifonte, Licofron, Alcirimante, todos discípulos de Gorgias). Dicen que es injustificable la diferencia entre nobles y el pueblo, pero en el fondo reivindican al individuo que busca la satisfacción de sus apetencias, más allá de la solidaridad de la comunidad. Se cultiva lo privado, y se reivindica la felicidad hedonista del individuo (anticipo del epicureismo, que aconseja liberarnos de los lazos atenuantes de la política). Este cosmopolitismo individualista acaba integrando al individuo y la sociedad en un equilibrio que acabó rompiéndose a favor del individuo, reivindicando una igualdad total. La filosofía cívica, estoica y epicúrea imponen los valores democráticos, pero más allá de la política. En este sentido dice Adrados que “el proceso de igualación de la democracia no era lógico que se detuviera en la ciudad, punto flaco de la primera sofística, pero intentar ampliar los horizontes de la igualdad no tiene porqué llevar al apoliticismo”. Estas ideas fueron caldo de cultivo para ampliar el estado más allá de la polis, cabe reivindicar los ideales democráticos más allá de la polis. Este universalismo moral de los movimientos del cristianismo y el estoicismo se recogen en la modernidad, como por ejemplo en “la paz perpetua” de Kant. Hoy se dice que hay más cosas que nos unen que las que nos separan, es el tema de la globalización.
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En este contexto de crisis de la democracia aparecen los dos nuevos discursos. Un universalismo cosmopolita, un individualismo egoísta que pone la igualdad por encima de la ciudad. Otro discurso que legitima el gobierno de los más fuertes y que acaba con el ideal integrador de los ilustrados, creadores de la democracia. Deben mandar los hombres de naturaleza superior. Este hombre superior decía Protágoras que ponía su areté al servicio de la polis. La libertad descansa en la justicia como artificio de los más débiles.

En este panorama de descomposición moral y política de la 2ª sofística hay una crisis que rompe el equilibrio entre individuo y colectividad a favor del primero, y aquí situamos a Sócrates y a Platón.

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