Comentario de texto 4






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fecha de publicación28.05.2015
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COMENTARIO DE TEXTO 4

La construcción del ferrocarril

“¿Por qué se tardó tanto en construir el ferrocarril en un país que tanto lo necesitaba? La respuesta es que se combinaron el círculo vicioso del subdesarrollo con la inepcia y la inercia gubernamentales.

Las cosas cambiaron con la llegada al poder de los progresistas, que eran un partido en favor del desarrollo económico y de la importación de capital. Los progresistas consideraban que el ferrocarril era una parte esencial en la modernización de la economía española (fin que ellos perseguían explícitamente) y para lograr la construcción de la red estaban dispuestos a volcar todos los recursos necesarios, nacionales o importados.

Ahora bien, que el ferrocarril fuera indispensable no quiere decir que hubiera que pagar por él cualquier precio ni que hubiera de construirse a cualquier ritmo ni de cualquier manera. La red ferroviaria española empezó a construirse demasiado tarde y después, en el decenio 1856-66, se emprendió con excesiva precipitación. Las consecuencias de tal premura fueron una planeación deficiente, una financiación inadecuada y un trazado especulativo que dieron como consecuencia una infraestructura física y una estructura empresarial endebles.

A la velocidad de la construcción se sacrificaron muchas cosas; y cuando las grandes líneas troncales empezaron a estar terminadas, a partir de 1864, se comprobó que las expectativas de beneficios de la explotación quedaban defraudadas: los ingresos no bastaban ni para cubrir los gastos, y menos aún para restituir los capitales invertidos”

G. Tortella, "El desarrollo de la España contemporánea", en Historia económica de los siglos XIX y XX, 1994.

Reproducido en J. Aróstegui y otros, Historia. 2.º Bachillerato, Barcelona, Vicens Vives, 2006, p. 197.

Se trata de un documento historiográfico, un fragmento de un trabajo crítico de historia titulado “El desarrollo de la España contemporánea”. El estudio publicado en 1994 presenta una interpretación muy posterior a los hechos que se describen, el siglo XIX. Es por tanto una fuente secundaria de naturaleza económica.

Su autor es individual, el economista e historiador español Gabriel Tortella, y subjetivo pues muestra claramente su opinión al analizar un pasado histórico concreto.

El destinatario del texto es amplio, tanto la comunidad científica de historiadores como el público interesado en el tema, en general.

La finalidad perseguida por el autor con este texto no se reduce a analizar la articulación del territorio español a través del ferrocarril sino da un paso más allá y relaciona este proceso con la lenta y retrasada industrialización de España respecto a Europa occidental.

En cuanto a las circunstancias espacio-temporales1, el texto trata las transformaciones económicas que se producen en España a lo largo del siglo XIX. La evolución de la economía española está estrechamente vinculada a los cambios institucionales que introdujo la revolución liberal entre 1808-1843 y que se consolidaron a mediados de siglo, durante el reinado de Isabel II. Estos cambios desmantelaron los instrumentos jurídicos del Antiguo Régimen que, según los liberales, impedían el crecimiento económico.
ANÁLISIS

El documento realiza un análisis de las circunstancias en que se produjo la primera gran expansión del ferrocarril en España, que tuvo lugar durante el reinado de Isabel II. Esta expansión del ferrocarril fue consecuencia de la legislación del gobierno progresista de 1854 – 1856, y se desarrolló en la década siguiente, bajo gobiernos moderados y de la Unión Liberal.

Las ideas fundamentales del documento son las siguientes:

  • Constata dos hechos objetivos, demostrables a tenor de los datos disponibles:

    • Que el ferrocarril llegó a España tardíamente.

    • El hecho de que fue el gobierno progresista de 1854 – 1856 el responsable del gran impulso que experimentó la construcción del ferrocarril en España durante la década 1856 – 1866.




  • Realiza un análisis críticoy, por tanto, subjetivo, que concluye:

    • Que el retraso en la construcción del ferrocarril se debió al “subdesarrollo” combinado con “la inepcia e inercia gubernamentales”.

    • Que, si bien el ferrocarril era algo que España “tanto necesitaba”, se trató de una construcción precipitada que tuvo como consecuencias una “planeación deficiente, una “financiación inadecuada y un trazado especulativo (…) una infraestructura física y una estructura empresarial endebles”, que impidieron rentabilizar las inversiones (“los ingresos no bastaban (…) y menos aún para restituir los capitales invertidos”).


COMENTARIO


ANTECEDENTES:
Durante la primera mitad del siglo XIX el atraso económico (y sobre todo industrial) de España era evidente pues seguía siendo un país totalmente agrario. Algunos de los factores que influyeron son la escasa burguesía de negocios, dedicada mayoritariamente a la inversión en tierras y no a la actividad industrial, la escasa demanda de productos industriales por la miseria de grandes masas de población y las deficientes comunicaciones.

El objetivo de la política de los gobiernos liberales fue la formación de una economía de mercado y de un mercado nacional. De hecho, para que naciera la actividad industrial a mediados del XIX, fue necesaria la intervención del Estado y del capital extranjero (y esto se refleja perfectamente en el caso del ferrocarril), si bien el modelo de desarrollo no alcanzó ni el dinamismo ni las dimensiones de otros países europeos como Gran Bretaña, Francia o Alemania.

Para lograr sus objetivos los liberales, durante el reinado de Isabel II, llevaron a cabo reformas económicas entre las que se cuentan las desamortizaciones, el reconocimiento de la propiedad capitalista, leyes mineras que favorecían la inversión privada, la política arancelaria que favoreció el desarrollo del textil catalán, la intervención en el sistema financiero y la creación del Banco de España, etc. Uno de los capítulos fundamentales tenía que ver, precisamente, con la mejora de las comunicaciones; de poco servía estimular la producción si se mantenía la red viaria de caminos del siglo XVIII. Hasta 1857 no hubo un plan general de estudio y construcción de carreteras a cargo del Estado. Impulsar esta red se topaba con la dificultad de la financiación (que recaía en impuestos extraordinarios) y su gestión (encargada a las Diputaciones provinciales) lo que concedió mayor importancia a la construcción del ferrocarril.


LA CONSTRUCCIÓN DEL FERROCARRIL:

¿CÓMO?
La primera disposición legal en materia de ferrocarriles se realizó durante el primer gobierno moderado del reinado de Isabel II (1844-1854). La Real orden de 1844 estableció las características básicas como un servicio público, financiación a través de concesiones, concesión de ayudas a compañías inversoras y criterios de construcción (como el ancho de vía) Pero se impuso una práctica especulativa2.

Sin embargo la construcción del ferrocarril debió esperar hasta la Ley General de Ferrocarriles de 1855, promulgada durante el bienio progresista (1854-1856)en el marco de un ambicioso programa reformista, para recibir un fuerte impulso: se diseñaba un plan de estructura radial, con centro en Madrid, concedía la competencia de la concesión de las líneas férreas al Parlamento y su financiación era posible por la libre instalación de la banca extranjera. En 1867 los km. de vía superaban los 5.000 km. Fue una etapa de gran expansión, y en la que el negocio residía en la propia construcción y no en los resultados económicos posteriores de estas nuevas líneas. A partir de 1866 se paraliza ante la evidente escasa rentabilidad de las inversiones y la repatriación de capital debido a la crisis financiera e industrial europea. En el último cuarto del siglo XIX se recuperó el negocio pero se centró en la construcción de líneas secundarias.


LA CONSTRUCCIÓN DEL FERROCARRIL:

CONSECUENCIAS
La construcción del ferrocarril tuvo importantes consecuencias. En primer lugar, fue un elemento decisivo de la modernización económica. A pesar de los numerosos errores (como el ancho de vía diferente al resto de Europa o el trazado radial) fue el instrumento que aceleró la integración de espacios y regiones económicas al ser un transporte rápido y barato. La especialización de los cultivos estuvo unida al ferrocarril. En definitiva el resultado fue la creación de un mercado nacional en el que los precios tendieron a la nivelación, al tiempo que se producía una especialización regional. También supuso la demanda de mano de obra. No obstante, dado que la legislación de 1855 permitía importar material sin pagar derechos arancelarios, la construcción del ferrocarril tuvo una repercusión insignificante para las industrias siderúrgica y metalúrgica de España.


VALORACIÓN CRÍTICA
Muchos historiadores, como el autor del texto, consideran que la política ferroviaria de aquellos años fue errónea porque no contribuía a dinamizar la industria española (sobre todo, por el hecho de que se favoreciera el capital extranjero), llegando incluso a hablar de una "oportunidad perdida", pues una empresa tan prometedora y beneficiosa tampoco logró que España se industrializara definitivamente, mientras que en otros países el ferrocarril fue precisamente el factor que llevó a una exitosa industrialización.

Habría que preguntarse, sin embargo, qué otra alternativa para construir vía férrea existía de no ser el recurso a capital privado extranjero. Si se recurrió a ello fue porque no existía un "capital no extranjero", es decir, una iniciativa privada en España interesada en esta empresa. No obstante, la crítica de Tortella incide no en el hecho de la construcción, sino en la precipitación que condujo a errores. Es decir, como opinan algunos historiadores, los gobiernos liberales se plantearon la alternativa de comunicaciones malas o caras, y el dilema se resolvió a favor de la primera opción. Recuérdese que hasta 1864 no hubo un plan coherente del trazado del ferrocarril, que se estableció oficialmente en 1877, cuando ya se había construido lo esencial de la red.


CONCLUSIÓN
Para concluir, el análisis del texto, y dejando a un lado este debate sobre la "oportunidad perdida o no" que supuso la ley de 1855, hay que hacer constar, como ya se ha señalado en relación a los efectos económicos, que el ferrocarril constituyó un gran avance en la España del siglo XIX y que contribuyó a mejorar sensiblemente los intercambios y las comunicaciones dentro del país, factores que favorecían el despegue industrial (aunque no se lograra llevar a término en la época), y a articular mejor el mercado interior español.


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