Segunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945






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títuloSegunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945
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La guerra en casa: la democracia destruida


La expansión militar en el extranjero exigió represión para el interior del país. Para el gobierno, por supuesto, el desarrollo de un movimiento político basado en la libre elección y en las aspiraciones populares, el desarrollo de una fuerza política capaz de presentar alternativas para las políticas nacionales y extranjeras del liderazgo, era algo inconcebible. Las leyes antisubversivas y la educación pública tenían por objeto desalentar las tendencias liberales. Una vez que Japón entró en guerra, lo controles sobre las actividades intelectuales y políticas fueron reforzados una y otra vez hasta que los derechos civiles virtualmente dejaron de existir. Naturalmente, los dirigentes nacionales no le decían al pueblo la verdad ni le permitían que criticara sus intentos de hacer una guerra inmoral, premeditadarnente agresiva y artera.
En la década de 1930 no había manera de detener la escalada; no existía la libertad de exigir el fin de la guerra en los años cuarenta, aun cuando, obviamente, ya estaba perdida. La matanza sin sentido continuó hasta que las ciudades de Japón eran cenizas humeantes y hasta que las bombas atómicas pusieron al pueblo japonés al borde de un holocausto genético. Si la voluntad popular hubiera podido influir en las políticas
nacionales, el conflicto se habría evitado o, por lo menos, habría sido menor. Pero se trataba de un círculo vicioso: la debilidad de la democracia fue una de las causas de la guerra, y ésta erosionó cada vez más profundamente la libertad.
‘El Final de los Derechos Civiles
En enero de 1934 el Ministro del Ejército, Araki Sadao, le presentó al Premier Saito un estudio que muestra la actitud


del buitre hacia los derechos civiles. Entre las recomendado. nes de Araki y entre Otras proposiciones, figuraban las siguien. tes acerca de lOS “controles sobre el periodismo y la publica. ción”: “Dirigir las actividades de publicación de tal manera que contribuyan a la prosperidad del Estado, al orden social, al buen funcionamiento de la vida nacional y a un saludable entretenimiento público”; “Prohibir aquellos puntos de vista que perjudiquen las políticas nacionales fundamentales”; “Ha. cer más estrictos los controles sobre rumores, chismorreos, discursos y publicaciones que lesionen al Estado”. Sobre la “Puri. ficación de los pensamientos”, Araki recomendaba: “Reforzar los controles sobre las organizaciones subversivas. Deberán cm. plearse los métodos más severos contra las actividades comunistas o traicioneras realizadas por grupos legales que diseminen ideas antibélicas y antiimperialistas. El pueblo debe comprender el peligro, oponerse a esos movimientos subversivos y apoyar su disolución”; “Reforzar la unidad pública para la moviliza. ción nacional haciendo obligatoria la participación en la Aso.. ciación de Reservistas y el entrenamiento de la juventud, y alentando organizaciones tales como la Asociación de la Ju. ventud, la de los Niños Exploradores, la Asociación Patriótica de Mujeres, la Asociación Femenina (le la Defensa Nacional, la Sociedad de la Cruz Roja, la Sociedad de la Armonización, la Sociedad de Auxilio Médico, la Asociación de Apoyo a los Soldados y las asociaciones religiosas, espirituales y de beneficencia social.’
Araki buscaba eliminar todo periodismo, reuniones de pu. blicistas y de grupos que tuvieran puntos de vista negativos sobre la “política nacional” (esto es, sobre los objetivos políticos de los buitres). Y deseaba avanzar todavía un paso más y alen. tar la formación de grupos pro gubernamentales y organizaciones para movilizar a la nación en apoyo a los esfuerzos de guerra. Los controles que posteriormente se impusieron en Japón siguieron muy de cerca las proposiciones de Araki.
El primer paso del gobierno consistió en registringir la libertad de pensamiento y de expresión haciendo má estrictas las ya existentes leyes contra lo subversivo. La cobertura de (Iichas normas se amplió luego de ser enmendada. La Ley para la Preservación de la Paz, que ya había sufrido un parche por una extraordinaria ordenanza imperial en 1928, fue otra vez enmendada en 1941 para que fuera permitida la detención preventiva de los activistas políticos y la detención indefinida (le prisioneros políticos. Ellos podían ser manten idos en prisión una vez cumplida su condena, (le hecho, podían ser dee

El siguiente movimiento del gobierno fue llevar a cabo una nueva legislación restrictiva. Lquí se incluía la Ley de Seguridad de la Defensa Nacional de 1941, donde se estipulaba que los asuntos importantes del gobierno, como las discusiones en la Conferencia de Enlace y en las juntas de gabinete, eran “secretos (le Estado”, y se establecían severas penas por obtener
o revelar dicha información privada. Una de las cláusulas estipulaba el castigo de “todo aquel que transmita información que lesione el orden público con el objeto de ayudar a un país extranjero”. La libertad de expresión se vio drásticamente coartada. Además, la Ley Provisional para el Control de la Expresión, de las Publicaciones, de Reunión y de Asociación, estipulaban un sistema previo de aprobación a las actividades de los grupos políticos, de las reuniones políticas y de la publicación de periódicos y revistas. Dicha ley contenía fuertes sanciones por diseminar “falsos reportes o rumores” e “información que
confunda a la opinión pública”. En 1943 la Ley Especial Sobre
. Crímenes de Tiempos de Guerra, puesta en vigor apenas un
año antes, fue revisada para que incluyera el caso de interfe renci en la administración del gobierno: “El diseminar información en tiempos de guerra que perjudique el orden público [con el propósito de interferir con la administración nacional
o con el orden público” se convirtió en un crimen. Las leyes revisadas simplificaban también los procedimientos criminales en detrimento de los derechos de los defendidos, volviendo
mucho más fácil toda acción arbitraria de parte de las autori: dades encargadas de aplicar la Iey.
Por supuesto, esas leyes opresivas eran puestas en vigor de una manera estricta, pero los constreñimientos sobre la libertad de expresión eran menos asunto de una autoridad legislativa que un gradual robustecimiento de los controles a través de las decisiones arbitrarias de los funcionarios vigías de la ley. Según se fue tornando más seria la situación de la guerra, las autoridades se volvieron más ilegales. El Comité de Información de Gabinete, establecido en julio de 1936, marcó una nueva etapa en el manejo de las noticias y de los medios de información. La resolución del gabinete del 19 de junio estipulaba que: “Ya no resulta adecuado el solo hecho de mantener el orden público mediante el Ministerio de Asuntos Internos y los poderes policiacos del Ministerio de Comunicaciones en cuanto a la diseminación de información. Debemos asumir la iniciativa con respecto a las noticias, manejarlas de una manera activa y, con eso, contribuir al interés nacional”. En diciembre de 1940 el comité ya había crecido y estaba convertido en el Departamento
tes eran militares en servicio activo. El control del Estado evo lucionaba desde la censura y las restricciones, hasta la propaganda abierta y la manipulación. Los medios de información ya no eran sino una correa transportadora para los partes oficiales del gobierno. Los puntos de vista opuestos eran asfixiados mientras al público se le inundaba con “noticias” oficiales, “Capaz ya de prohibir publicaciones y de emplear sanciones criminales, el Estado poseía un arma nueva con la asignación del papel para periódicos y revistas según los suministros fueron siendo menores. La prensa estaba a merced del gobierno”.3
La verdad fue la primera víctima de la guerra de China. El ímpetu inmediato por unos controles más rígidos fue el deseo del gobierno de prevenir cualquier crítica a sus acciones en aquel campo. Cuando la guerra se desató con toda su magnitud en el verano de 1937, se giraron instrucciones a los periódicos. y a las revistas sobre el modo como debía ser manejada la in. formación. El ensayo del Comité de Información del Gabinete intitulado “El Tratamiento de las Noticias acerca de la Situa. ción Presente” les comunicaba a los medios de información., que “Se espera que ustedes ejercerán la autorrestricción y no publicarán aseveraciones que de manera alguna dañen nuestros jtereses nacionales o lesionen la confianza internacional”. Los ejemplos eran: “Opiniones antibélicas o antimilitares o noticias que reduzcan el apoyo civil para los militares”; “artículos que puedan dar la impresión de que nuestra política exterior es agresiva”; “el transmitir los puntos de vista de periódicos extranjeros, especialmente de la prensa china, artículos en que denigren al Japón, artículos contrarios a nuestros intereses nacionales u opiniones que aprueben o afirmen talés aseveraciol fles negativas, y noticias que puedan confundir la comprensión general de los acontecimientos que tiene el público”.4
Al día siguiente que les fue declarada la guerra a Estados• Unidos e Inglaterra, los directivos de los periódicos, revistas y demás publicaciones fueron llamados al Departamento de Información del Gabinete donde se les informó acerca de “artículos que no pueden publicarse”. Entre ellos estaban “puntos de vista que in tencionalmen te distorsionen nuestros verdaderos objetivos de guerra o desacrediten las políticas legítimas del go. ¡)ierno imperial”; “alegatos de que hay puntos de vista conflictivos entre los dirigentes militares y civiles”; “comentarios que 1ucstren una renuencia popular a seguir las directivas del gobierno o indiquen alguna falta de unidad nacional”, ‘‘con d11tarios que hicieran aumentar los sentimic’ntosantibélicos estimulen los sentimientos de paz o perjudiquen la moral nacional”. 5
Al principio los controles se aplicaron a las noticias o a los
editoriales que comentaban los progresos de la guerra. Sin
. embargo, poco a poco las noticias se fueron limitando a los
, anuncios expedidos por el Cuartel General del Ejército Impe ria y sólo las victorias brillantes se publicaban con elocuentes
[cabezas en las primeras páginas. Titulares a toda plana infor maron al pueblo sobre el ataque a Pearl Harbor y el hundi mient del Repulse y del Príncipe de Gales. Siempre había
espacio en la primera plana para las valientes hazañas de los
¡oldados y marinos japoneses y para el lado glorioso y dramático de la guerra. Las noticias sobre la derrota de Midway, sobre la
desastrosa campaña del Imphal y sobre otros tropiezos fueron
wprimidas. Las derrotas se cubrían con eufemismos: la retira d de Guadalcanal se convirtió así en una “transferencia de
fuerzas”, la bomba atómica fue minimizada llamándola “un nuevo tipo de bomba”. Las autoridades se devanaban los sesos buscando maneras de velar la verdad. El público no poseía un medio de enterarse sobre los actos criminales cometidos por las
fuerzas japonesas en China y en otras áreas ocupadas. El número de marzo de 1938 de Chuo Koron contenía la historia de Ishi, awa Tatsuzo, basada en observaciones sobre el terreno de las atrocidades cometidas por las tropas japonesas que combatían cerca de Nanking. El manuscrito original de Ishikawa contenía
-frases como “atravesando el pecho de una mujer con la bayoneta”, “hundiéndole la bayoneta tres veces”, “cortándole la
. cabeza y los senos con el sable” y “el olor de la sangre recién
. derramada”. Todo eso se borró en la versión que al fin fue
publicada,° pero aun así, dicho número terminó prohibido.
Ishikawa fue acusado y condenado para desanimar a otras po4ibles explosiones periodísticas de ese carácter.
Tres traducciones japonesas del libro de Lin Yu-tang Un Momento en Pekín, aparecido en 1939, se publicaron al año siguiente. Sin embargo, tenían muy poca similitud con la in, dignada y vivida descripción del contrabando del opio bajo el gobierno títere de Hopei Oriental, con los efectos destructivos del opio en los chinos y con el altivo y arrogante com portamient de los japoneses en la China ocupada. Las secciones donde había críticas fueron suprimidas o alteradas para oscurecer la narración.7 Era imposible publicar la verdad sobre lo que estaba ocurriendo en China. En 1966, más de dos décadas
después de terminada la guerra, el Mainichi Gura fu publicó una edición especial de dos volúmenes llamada “Registro de Gue 112


antes publicadas que reflejaban la situación en China. Entre esos delicados materiales había instantáneas de prisioneros de guerra chinos. Hasta esas inofensivas fotografías habían sido cen suradas. No es de extrañar que el público japonés no pudiera apreciar los actos terribles que se cometieron en China.8
Para que la censura hiciera aparecer la guerra como algo vago y lejano, el gobierno producía historias fabricadas para despertar el entusiasmo. Las famosas Tres Bombas Humanas de los combates de Shanghai fueron un ejemplo notorio. Tres sol.:
dados de un batallón de zapadores murieron accidentalmente a causa de un corto circuito que ocurrió en la carga que esta• ban preparando. El operador de inteligencia militar, T’anaka Riukichi, cocinó la historia de que los hombres se habían enO. vuelto en explosivos y habían muerto heroicamente en un va• liente asalto contra el enemigo.9 Otra ficción de esa naturaleza. fue el mito de que todos lOS combatientes morían con el nom:bre del emperador en los labios. La última palabra de la mayo. ría de los soldados japoneses cuando se dirigían a su destino iba dirigida a sus esposas o a su madre. Okachan u okasan (Ma. dre) se reiteró como la última palabra de innumerables soldados del ejército imperial. Muchos que sirvieron en las líneas del. frente o cerca de ellas (soldados, enfermeros, periodistas) fueron testigos de tal acto.1° Sin embargo, semejante verdad jamás se informó durante la guerra. La versión oficial era que todas las tropas japonesas morían gritando: “jViva el emperador!” (Al. gunos sí lo hicieron, por supuesto).
Al principio de la guerra de China, la prensa mantuvo, por inercia, cierta objetividad crítica. El Tokyo Nichinichi Shimbun (3 de febrero de 1932, edición vespertina) encabezó las noticias procedentes de China diciendo: “Una Ofensiva General se In. tensifica en Shanghai. El Fuego de Artillería Estremece a la Ciudad”. En una esquina de la misma página había una co. lumna bastante larga titulada “Hay que evitar una Catástrofe:
Internacional. Es necesario mantener la serenidad”. En el ar tículo se citaba a un no identificado “miembro de la Cámara de los Pares” que declaraba: “Espero que este disturbio, tem• poral y limitado, pueda resolverse sin mayor daño a nuestraS posición internacional. Los continuos actos violentos en esta:
época sólo pueden conducir a un desastre nacional”. El autor:
solamente se identificaba como miembro de la Cámara de los Pares (en 1932 hasta ese grado de disensión sólo podía expre sarse en forma anónima). Los efectos jingoístas en la guerra de China pueden verse ahí mismo en ese periódico, unos cuantos japonesas avanzan contra un nutrido fuego y aniquilan al enemigo”. El 30 de julio, con letras más grandes que lo acostumbrado, se proclamaba: “Terminan los desórdenes en el Norte de China. Las fuerzas japonesas llevan justicia y decencia” y “Termina la lucha. La región de Pekín-Tientsín completamente ocupada en dos días”.
Después de Pearl Harbor, el papel del periodismo consistió en agitar el odio contra el enemigo. En el lenguaje más elfotivo y vulgar, la prensa diaria gritaba un mensaje de destrucción para los blancos imperialistas. Unas cuantas frases escogidas al azar nos darán el tono: “Las malvadas fuerzas norteamerjcaInas barridas en Bataan” (Yomiuri Shimbun, 14 de abril de F 1942) y “Ataque a los salvajes! los norteamericanos gritan: ‘Maten a los japoneses’” (Asahi Gurafu, lo. de marzo de 1944). El periodisrno dio una media vuelta completa de la disensión equiHbrada a la más inflamada agitación.
Las autoridades ampliaron la opresión y la “guía” para rponer cada uno de los aspectos de la cultura bajo su control.
Se prohibieron todos los libros que estuvieran relacionados con e1 marxismo, desde los clásicos de Marx, Engels y Lenin hasta tios escritores japoneses modernos. La purga pronto pasó más
allá del marxismo y alcanzó a escritos totalmente desconectados con cualquier política progresista. Autorizados libros eruditos que habían tenido varias ediciones durante muchos años se agregaron también a la lista de los volúmenes prohibidos. Dos de las obras más famosas de ese tipo fueron Keiho tokuhon (Libro de Lectura de la Ley Criminal), por Takigawa Yukitoki, profesor de la Universidad de Kioto, y Kenpo satsuyo (Lo Esencial de la Constitución) por Minobe Tatsukichi, antiguo profesor de la Universidad Imperial de Tokio, miembro de la Acadernia Imperial y candidato del emperador a la Cámara de 1os Pares. Entre las obras prohibidas se incluían, del profesor iTauda Sokiclii, de la Universidad Waseda, Jindai-shi no kenkyu (1Jn Estudio de la Era de los Dioses) y Kojiki oyobi Nihon Shoki no kenkyu (Investigación del Kojiki y del Nihon Shoki). La propagación de teorías liberales, legales o académicas, también quedó prohibida. Takigawa fue obligado a salir de la Univer.. tdad Imperial de Kioto en 1933. Posteriormente, Yanaihara LTadao, lawai Eijiro, Ouchi Hyoe y otros perdieron sus puestos en la Universidad Imperial de Tokio. Ni la autonomía de la universidad ni la libertad académica lograron resistir los golpes helados de la interferencia gobiernista.11
Elagntdo mundo dela critica pohtica y social no corrió


rida”: Oka Kunio, Tosaka Jun, Hayashi Kaname, Miyamoto Yuriko, Nakano Shigeharu, Suzuki Yasuzo y Hori Makoto. Gradualmente otros nombres se fueron agregando a la lista, entre ellos los de Mizuno Hironori, Baba Tsunego, Yanaihara Ta. dao, Yokota Kisaburo, Kiyosawa Kiyoshi y Tanaka Kotarofl.j Hasta Kawai Eijiro, que anteriormente había trabajado con todo celo para el Ministerio de Educación en un comité que contrarrestaba al marxismo y proporcionaba una “guía apropiada de pensamiento público”, se encontró enjuiciado y con denado a causa de su Fashizumu hihan (Crítica del Fascismo) y otras obras.’3 Las publicaciones intelectuales de periodicidad mensual siguieron haciendo críticas más tiempo que los otros:
medios de información, pero después de Pearl Harbor, también ellas se vieron reducidas a la condición de revistas que referían asuntos comunes, llenas de artículos inocuos o en favor del’ gobierno. Ka izo y Chuo Koron, dos de las más antiguas e influ. yentes publicaciones mensuales, se vieron finalmente obligadas, a suspender su publicación en julio de 1944.14
La literatura cayó también bajo la garra letal de la censura, Los escritores proletarios desde mucho tiempo atrás se había visto acosados y restringidos; ahora, las autoridades se volvieron contra las novelas desprovistas de todo tinte ideológico. Incluí. das en los nuevos objetivos se vieron, de Niwa Fumio, Chunei (La Edad Media) y Aisomete (Azul Índigo); de Tokuda Shu. sei, Shukuzu (Miniatura); y de Tanizaki Jun’ichiro, Sasameyu. ki (Las Hermanas Makioka). Dichas obras fueron prohibidas por.:
que eran simples historias de amor, sin ninguna importancia para la emergencia de la época.16 Entrados ya en calor, los censores se fueron tras los semiclásicos como Shizen to jinsci (La Naturaleza y la Vida), de Tokutomi Roka; Ippeisotsu (Un Soldado), de Tayama Katai, y finalmente tras los del periodo feudal y de Is antigüedad. Las obras literarias de Nichiren, No chantas y los ensayos de Ueda Akinari, todas ellas sufrieron cortes o revi, siones de “secciones impropias”. En conjunto, se trataba de un impresionante despliegue de la industriosa majadería oficiaL’
La conformidad les fue igualmente impuesta a las demís artes. Para empezar, el arte proletario quedó prohibido. Pos. teriormente, la Nikakai, una asociación particular de pintora de estilo occidental, fue deshecha y la Asociación de Artistas Libres fue obligada a borrar la palabra “libres” de su nombre.u En 1943 el Departamento de Información del Gabinete prohi bió 1 000 composiciones musicales, y ya no pudieron presen’ tarse obras norteamericanas ni inglesas. En abril de 1944 que., También se le ordenó al Coro de las Muchachas Takarazuka que se deshiciera, no por razones ideológicas sino porque su frívolo entretenimiento era inconsistente con el esfuerzo de guerra.’8 Los nuevos grupos del verdadero teatro estilo occidental fueron los más afectados. A dos grupos dramáticos, el Shinkyo Gekidan y el Shin Tsujiki Gekidan se les obligó a deshacerse en 1940. A algunos teatros se les exigió que cambiaran de
nombre; el Pequeño Teatro Tsujiki se convirtió en el Pequeño
Teatro Nacional; el Moulin Rouge se volvió el Sakubunkan.
Finalmente se formó el Nippon Ido Gekijo (Teatro Turista del Japón) bajo la égida del Departamento de Información del Gabinete, y todos los grupos teatrales fueron obligados a participar. 19
La educación pública, estando bajo la esfera de acción del gobierno, resultó mucho más dúctil para la adaptación a los propósitos del Estado que las organizaciones culturales privadas. Hasta en el sistema de educación pública hubo maestros que se resistieron al Ministerio de Educación y que se negaron a ser abastecedores rutinarios del currículum oficial. Tales maes tros trataron de desarrollar la individualidad y la perspectiva
social de los estudiantes. Como no había libro de texto para
, la composición, los maestros intrépidos tenían cierto campo de
acción para una verdadera instrucción y usaban temas de com posició y otros métodos para incorporar un elemento diná mic y liberal en la clase. Esos maestros fueron acusados de
impartir una educación proletaria, fueron arrestados y fueron echados de los salones de clases.20
El sistema educativo fue cambiado para que sirviera mejor
‘a las nuevas prioridades. En 1941,21 a las escuelas elementales
se les rebautizó como escuelas nacionales (kokumin gokko). La
nomenclatura nacionalista ajustó mejor su dedicación al “sehuimiento de la manera imperial” y a “proporcionarle al pueblo
un entrenamiento espiritual fundamental”. En 1943 las escuelas secundarias se vieron obligadas a usar libros de texto del gobierno, perdiendo así el derecho a seleccionar entre ‘os textos L aprobados. Tales cambios fueron importantes en el modelaje [de la conformidad de las masas. Sin embargo, sólo un aspecto de , los vastos controles oficiales será discutido aquí: los cambios en el contenido educativo. La cuarta edición de los libros de texto del gobierno se empleó en las escuelas primarias por vez primera en 1933. El Libro de Lectura Japonés de esa serie estaba bastante adelantado técnicamente. Fue el primero que
contó con ilustraciones a color y otras innovaciones. Desgra“ dçbmpntp ri,,nrig- Içç (l nrimpr iíín hrín el


con una lámina de tres soldaditos de juguete con la leyenda: “Adelante! ¡Adelante! ¡Los soldados avanzan!” La presenta. ción de tales temas militaristas a niños de primer año sugiere cuán profundamente había afectado al contenido educativo la ag-resión de Manchuria. Esa tendencia se vio más pronunciada en la quinta edición de los libros de texto nacionales que se adoptaron a partir de 1941. Los ejemplos más destacados, sia embargo, estaban en el texto de historia nacional de la sex edición, publicada en 1944 (sólo ci texto de historia japonesa se revisó para esa edición).
Ese texto parecía una colección de cuentos de hadas coa su prosa simplista y exagerada y con numerosas láminas en una combinación llena de imaginación para despertar el interés de los niños. El primer capítulo “La Tierra de los Dioses”, era un largo relato de las deidades legendarias que crearon al Ja. pón. En Ci capítulo figuraba una ilustración del descenso de Ninigi-no-mihoto, nieto de la diosa del sol, materasu, de la Llanura del Cielo a la Tierra.
Aunque las detalladas historias sobre la era de los dios que aparecieron en los libros de texto de la tércera ediciáa en adelante, eran un retraso definitivo desde el punto de visti de la historiografía científica, por lo menos no traían ilustra’ ciones. Ahora, el libro de texto de historia nacional contenf una ilustración del descenso del augusto nieto imperial de lat llanuras del cielo. (El empleo de una ilustración en un libra de lengua japonesa para enseñar los antiguos mitos como litt ratura, no hubiera funcionado nada mal). En esa sección, e el salón de clases los maestros usaban un rollo que explicaba é descenso imperial: las deidades Izanarni e izanagi crearon lat islas del Japón tomando pedazos de tierra corno si estuvierat pescando. Cualquier duda infantil era ahogada prontamente Un niño de la escuela elemental de Kawawada, prefectura , Ibaraki, comentó ante el rollo del descenso de Ninigino-mikoto diciendo: “Maestro, ¿no es ésa una historia fabricada?”. £1, maestro le contestó, gritando: ‘‘;Eres tan irrespetuoso con Ashikaga Takauji, bastardo impertinente!” y golpeó al niñc en la cabeza con un kcndo (bastón japonés para practicar l esgrirna).22
Cada faceta del currículurn estaba impregnada de revere cia al emperador, y de militarismo, La manipulación y la d torsión de los datos racionales y científicos son algo demasiad intrincado para discutirlas aquí con todo detalle. A los niñ pequeños se les adoctrinaba para que creyeran que la gra guerra del oriente de Asia era una guerra santa. En una esrue!

ranas. Uno de los niños rompió a llorar, exclamando: “1Esto es
. horrible! La pobrecita rana. ¡Qué vergüenza!”. El maestro le dio unos coscorrones, diciéndole: “Por qué lloras por una mii serable rana? Cuando crezcas tendrás que matar a cien o a
doscientos chinks”.23
. Formas más sutiles de inculcación no eran pasadas por alto. En el examen final de la escuela Maebashi, de la prefectura
de Gurnma, en marzo de 1941, se incluían las siguientes pre.
• guntas sobre ética: “1. ¿Por qué están unidas en nuestro país r la lealtad y la piedad filial? 2. Discute la necesidad de la ex pansió en el extranjero. 3. ¿Por qué es la constitución del
. Japón superior a la de las demás naciones? 4. ¿Qué clase de espíritu se requiere para superar las actuales dificultades a que se enfrenta la nación?”24
Bessho Makiko recordaba con vergüenza, muchos años después, que siendo estudiante en la escuela elemental había par ticipad en un concurso para idear consignas que alentaran a
los jóvenes soldados voluntarios. El de ella decía: “Nuestros
bravos guerreros mueren con honor. ¡Adelante con la lucha,
. jóvenes voluntarios!” También insertaba notas en los paque tito de ayuda que su familia enviaba para los soldados que estaban en el f--ente.25 Un mensaje típico rezaba: “Por favor, lucha
l pleno y vive una muerte gloriosa”. La níña de escuela Nakane
fr Mihoko, rezaba devotamente por la victoria mientras padecía
las molestias de la evacuación al campo durante los bombardeos
de los aliados. Estaba segura de que, a la larga, Japón triunfa ría Su diario estaba lleno de frases en las que resaltaba el
sentido del deber y la determinación que ella haría todo lo po..
. sible en ese sentido.26 Veinte años después de la guerra, escribió:
( “Pienso que realmente estábamos muy bien entrenadas. Los
: maestros eran instructores excelentes, por lo que no puedo cri ticarlos pero nunca nos hacían pensar en nada. Simplemente lo memorizábamos todo con verdadero ahinco. Ese enfoque era
muy efectivo probablemente para destruir los sentimientos humanos. Porque, en la guerra., los sentimientos humanos se vuelven inhumanos” •27 Los niños de escuela japoneses estaban tan
“realmente bien entrenados” que no podían abrigar la menor duda acCrca de lo justo de esa guerra.
A las secundarias, las universidades y los colegios se les
:• consideraba viveros de liberalismo y comunismo, pero también
tuvieron que seguir las mismas tendencias nacionalistas, aunque no en el mismo grado. Yo entré a la secundaria en abril de 1931
y me sorprendió que mis compañeros de curso supieran tanto
de la dialéctica marxista. Alrededor de 1943 cuando v 11pvh

pidieron que dejara de emplear la era cristiana para las fechas. En poco más de una década había habido un cambio increíble en la política e intereses de los estudiantes. La misma transformación ocurrió en las universidades. Cuando ingresé al colegio, en 1 1934, el movimiento estudiantil y las actividades políticas habían desaparecido por completo, y junto con ellos se habían ido la autonomía universitaria y la libertad académica. En la Universidad Imperial de Kyushu trataron de congraciarse ser-1 vilmente con las autoridades hasta el grado de nombrar a un. almirante presidente de la escuela.28 Muchos estudiantes fueron 1 al servicio militar sin haber tenido jamás oportunidad de leer al los clásicos marxistas o las grandes obras del liberalismo. No esI de extrañar que un gran número de ellos pensara: “Fue hasta -1 cuando me uní a una unidad aérea naval (de ataques suicidas) i cuando comprendí el camino del deber eterno. El insignificante individuo o la familia no valen nada en comparación con los:i tres mil años de historia del Imperio”. Fue un juvenil celo patriótico, no atemperado por la capacidad de crítica o por las influencias liberales lo que arrastró a los estudiantes a las uni-2 dades de ataques suicidas.2° Y no es de sorprender, habían sido educados para eso desde la primaria.
La religión también entró en la lista de los esfuerzos del guerra. A los estudiantes se los llevaban con toda regularidad. a los santuarios Shinto como un acto de devoción patriótica. A los pasajeros de los tranvías se les pedía que se pusieran de pie y se inclinaran revereneemente cuando el vehículo pasaba frente al palacio imperial o al santuario Yasukumi. El motorista acostumbraba decir: “Estamos pasando frente al palacio impenal. Por favor, inclínense”. El rehusarse a hacerlo era algo casi inconcebible.
El Shinto del Estado se le inculcaba al pueblo corno un credo nacionalista. La otra cara de la moneda fue la persecución del cristianismo por extranjero y subversivo. Los dirigentes del Ejército de Salvación, de la Iglesia de ios Santos, de los Hermanos de Plymouth y de otras sectas, fueron arrestados. A:
los japoneses se les obligó a escoger entre el Dios cristiano O Amaterasu Omikami y el ernperador.3° La presión por la apos. tasía no fue menos intensa que cuando los mártires del sig1o diecisiete, a quienes se les dio a escoger entre pisotear una imagen de Cristo o sufrir las consecuencias. Asami Sensaku, miembro del movimiento cristiano no religioso, fue encarcelado por predicar el pacifismo.3’ Las escuelas afiliadas a alguna misión queda-, ron sujetas a un continuo acoso, tanto oculto como al descubierto,
Aumentaron la vigilancia y la disolución de reuniones un cia física directa. El movimiento comunista fue destruido por una aplicación estricta de la revisada Ley para Preservación de la Paz. Los sindicatos de obreros que siguieron métodos completamente legales y hasta algunos que evitaron toda militancia y propugnaron por la cooperación obrero-patronal, fueron obligados a desaparecer. En diciembre de 1937 se le ordenó disolverse al izquierdista Nihon Rodo Kumiai Zenkoku Hyogikai (Consejo Nacional de Sindicatos de Trabajo Japoneses). La unica organización laboral nacional que quedaba, la “moderada” Nihon Rodo Sodomei (Federación General de Trabajadores Japoneses) duró hasta julio de 1940, cuando fue obligada a dísolverse. En noviembre de 1940 la Dai Nippon Sangyo HokoUukai (Gran Asociación Japonesa para el Servicio del Estado
través de la Industria) quedó organizada. Los representantes .de los obreros se unieron a los capitalistas en un esfuerzo cooperativo bajo el nombre del “patriotismo industrial”.
Como resultado de esos actos del gobierno ya no hubo orgaL nizaciones laborales independientes. Algunos organizadores trataron de formar uniones de campesinos. Sin embargo, la Unión lde Campesinos del Japón fue prohibida en marzo de 1942, y fracasó un intento de formar una Federación para Reformar el Sistema de la Tierra Agrícola (Nochi Seido Kaikaku Domei) para mantener una organización limitada de campesinos. Los organizadores esperaban aprovecharse de la política del gobierno que consistía en aumentar la producción de alimentos para
alvaguardar los intereses arrendador-cultivador, pero la organización fue prohibida en marzo de 1942. Todas las organizacioes que representaban a los intereses de clase de las masas trabajadoras, en las fábricas o los campos, fueron destruidas.33
[ Después del incidente de Manchuria, los partidos políticos 1 proletarios legales pronto empezaron a respaldar la agresión en China. Las organizaciones políticas que representaban intereses proletarios quedaron tan lamentablemente endémicas como para r:uo representar ninguna amenaza contra el gobierno. No obstante, las autoridades vieron en la guerra y en el ambiente fascista de los años treinta una oportunidad para descargarle golpe de gracia a la izquierda. Yamakawa Hitoshi y otros fueron arrestados en diciembre de 1937 por planear la organiLución de un frente popular, supuestamente. En un movimiento
consecutivo, el gobierno prohibió las dos organizaciones que
estaban detrás del frente popular: el Partido del Proletariado japonés (Nihon Musanto) y el Consejo Nacional de Uniones Obreras Japonesas. En 1940 Abe Isoo y otros dejaron el Par tid de las rvíisis

Saito Takao de la Dieta en febrero de 1940. Saito quedó bajo el fuego a causa de un extraordinario discurso en el que critiCO la guerra de China. Con unas cuantas excepciones individual los partidos políticos 10 dejaron retorciéndose en el viento. A, y sus seguidores organizaron una reunión previa para forrnat un nuevo partido llamado, tentativamente, el Rodo KokuinintO (Partido del Trabajo Nacional). Inmediatamente, el gobierfl prohibió el grupo; la razón oficial fue la de que “Siempre debefl. adaptarse los controles de la policía a los cambios de la socif dad. Durante tiempos de guerra, por supuesto, las actividad para preservar el orden público deben ser mucho más estrictas que durante la paz. Más todavía, los esfuerzos positivos para remover los obstáculos a la armonía social y asegurar el bø funcionamiento de las actividades del Estado, obviar conflicL y fricciones y robustecer el sistema de tiempos de guerra, tod ello brota del deseo de lograr un orden público impecable e los tiempos que corren”. Por lo menos la inevitable incompi tibilidad de la guerra con la democracia fue candorosameflt admitida. El tiempo se le acabó al Partido de las Masas Socia1 en julio de 1940. Fue desbandado y ya no hubo partidos pr letarios.34
Los partidos políticos burgueses fueron los siguientes sUcumbir. Desde hacía mucho, algunos militares y derechist civiles habían apoyado el derrocamiento de los zaibatsu (cO glomerados) y de los partidos principales. Si los derechist2 hubieran llevado a cabo una reforma básica del capitalis japonés y del sistema del arriendo de la tierra que lo sosteni habrían destruido el fundamento del sistema del emperador qi estaban tratando de proteger. La “reforma” del ala derec1 no podía producir un cambio fundamental en la estructu social, evidentemente. Su objetivo real era librarse de la deni cracia burguesa y establecer un sistema dictatorial eñcabeza por los militares. En el sentido en que la Derecha, como mov miento político, se parecía al nazismo y al fascismo italiano, d término fascismo tiene cierta validez también en el caso dcl Japón. El surgimiento del fascismo inevitablemente le puso fi a la política parlamentaria ordenada que había sido algo tal firme durante la década de los años veinte. La existencia misi de los partidos políticos pronto se vio en peligro. Ellos cavar sus propias tumbas por su tímida capitulación en varias co yunturas cruciales. En 1935 Minobe Tatsukichi fue atacado4 causa de su teoría legal que decía que el emperador era i órgano del Estado. En lugar de defender al erudito. la
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