Segunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945






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títuloSegunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945
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LA GUERRA DEL PACÍFICO 97
contra la Unión Soviética fue en realidad una decisión condicional. 22 Con la aprobación del emperador, el 7 de julio los generales iniciaron “la (movilización) más grande en la historia del ejército”, y el ejército de Kwantung pronto fue aumentado a 700 000 hombres. El Estado Mayor General del Ejército preparó planes para el status del Manchukuo en una guerra con
j la Unión Soviética y empezó a investigar la administración del
área en que ocurriría la acción militar. A fin de mantener
el secreto, a los preparativos se les llamó “Maniobras Especia le del Ejército de Kwantung”. Por supuesto, no había “manio bras ninguna, sino que se trataba de preparativos para la tan
anhelada destrucción de la URSS por parte del ejército.23
Los acontecimientos subsecuentes, no obstante, impidieron
el coup de grace. El avance alemán en Rusia se atascó, con trariand las expectativas que había en Tokio, y Japón avanzó hacia el sur, golpeando a los Estados Unidos y a Inglaterra, en lugar de ir al norte, en contra de la URSS. Sin embargo, para
‘los propósitos prácticos, esos pasos militares en 1941 constituyen la abrogación del Pacto de Neutralidad Japonés-Soviético. Ciertamente ellos traicionaron la garantía del artículo 1 del acuerdo, en cuanto a que ambos países “mantendrían la paz y relaciones amistosas”. Los preparativos militares constituían la preparación de una guerra agresiva. Ambas naciones infringieron la inviolabilidad territorial prometida en el artículo 2 del pacto. De acuerdo con las normas de la Corte de Justicia Internacional (Artículo 38, Sección 1, Parte 2), “Los principios generales de la ley reconocidos por las naciones civilizadas” se Convirtieron en la base de los juicios de la corte en la ley internacional. Respecto a los crímenes serios, existe ci principio
-legal general de que toda conspiración, actos de preparación
-de un crimen o cualquier intento de cometer el acto criminal, son todos ellos merecedores de un castigo. Siguiendo ese criterio, las acciones de Japón contra la Unión Soviética en 1941 .eran una violación de la ley internacional.
La necesidad estratégica exigía que hubiera relaciones pa; cLficas con la Unión Soviética. Todo el poder militar del Japón
2 estaba concentrado en China y ya después contra Estados Unidos
e Inglaterra. No obstante, el objetivo último de la guerra, inciuso la lucha en China, seguía siendo la destrucción del comunismo. En los movimientos militares y diplomáticos, en las suposiciones implícitas que hay detrás de toda política, la mcta dominante era siempre la de erradicar el comunismo. Si una distinción fundamental entre la democracia burguesa y el fasconsistía con toda seguridad en una guerra fascista, una pr yección en la política internacional que buscaba la supresión nacional del comunismo, por la fuerza. La guerra de quince años puede verse como un intento de imponerles la Ley de la Preservación de la Paz a otras naciones.
Resistencia: La Nueva China
La guerra en China empezó formalmente en el verano de 1937. Las fuerzas japonesas ocuparon las ciudades principales incluso la capital de Nanking, pero el gobierno nacionalista se parapetó en Chungking y siguió resistiendo. Las frecuentes pul. saciones y discusiones de paz entre Tokio y Chiang Kai-shek no llegaron a nada, y jamás se llegó a arreglo alguno. El ejército japonés parecía capaz de controlar una gran cantidad de terri tono, pero no era capaz de obligar a China a rendirse. La & perada victoria resultó ser demasiado elusiva. ¿Cómo pudo Japón cometer disparate tan colosal? La respuesta está en ci hecho de que los dirigentes japoneses sentían un desprecio tan pr:
fundo por China que no pudieron dilucidar que el dragón dormido estaba despertando y que ya nunca volvería a ser el mismo. La política estaba basada en conceptos fundamental erróneos. El menosprecio que de China había expresado Ikezaki:
Tadakata, la creencia de que China podía ser conquistada con:
tres o cuatro divisiones y unas cuantas lanchas cañoneras i fueron citadas previamente. Los civiles aficionados no eran
únicos que pensaban de esa manera; los especialistas militare sentían el mismo desdén hacia China.
El ejército estaba preparado cuidadosamente para la guerra, en contra de la Unión Soviética,21 pero no había hecho ningun planeación digna de ese nombre para una guerra general contra China. Los dirigentes del ejército no podían concebir que l chinos fueran un digno oponente del ejército imperial. El, Ministro del Ejército, Sugiyarna, le hizo un comentario al Lord Guardián del Sello Imperial, Yuasa Kurahei, inmediatamente, después del choque del Puente de Marco Polo, que muestr que el ejército menospreciaba totalmente a los chinos. Sugi yama dijo, “Enviaremos grandes fuerzas, los aplastaremos apri y terminaremos todo el asunto lo más pronto posible”.25 Y ea las palabras de un general: “Todo mundo pensaba que envia. riamos primero unas tres divisiones, y que, aunque la lucha1 se extendiera, con dos divisiones más tendríamos suficiente”,


que abandonaría la lucha”.27 Algunos civiles le advirtieron al mayor general Kawabe Torashiro que en China estaban teniendo lugar grandes cambios que Japón no podía pasar por alto. Kawabe le extendió ese análisis a Itagaki Seishiro, subj efe de Estado Mayor de la Fuerza Expedicionaria China. Itagaki ignoró la advertencia. “China sigue siendo China” repuso. “Algunos jóvenes japoneses dicen la clase de cosas que acaba usted de oír, pero ése no es el cuadro completo. La situación no es tan seria para nosotros como le han dicho”.28 Siendo así, los militares no tenían el monopolio de la estupidez con respecto
China. Sin embargo, el arraigado desprecio por los chinos, la imagen de ellos como “chinks” ineficaces, fue algo especialmente flagrante entre los del ejército y la armada, con sus exageradas nociones de la efectividad del poder militar.
¿Alguien, en la década de los treinta, pensaba que China podía ser conquistada tan fácilmente? Algunos de los forjadores de la política quisieran hacernos creer que japón estaba siguiendo un curso (le acción razonable dadas las circunstancias, y que .las críticas de posguerra son reflexiones para después (le ocurtido el hecho. En una discusión de mesa redonda celebrada n 1965, Hoshino Naoki, ex oficial de alto rango del Manchukuo, adoptó esa postura. Morishima Morito, quien era el diplornático de Mukden cuando el incidente de Manchuria, declaró que, a pesar de que Japón se hubiera detenido después (le la toma de Manchuria, aun así habría dado una guerra contra China. Él razonó que China jamás habría aceptado la pérdida de Manchuria y que, a la larga, intentaría recuperar su territorio. Hoshino disputó esa interpretación “como algo que sólo ipodía decirse después del hecho”.2° Sin embargo, la implicación
:de Hoshino de que nadie había previsto el resurgimiento de China ni predicho el desastre, es completamente inexacta. Había personas que comprendían que China estaba cambiando profundamen te.
El diplomático Nishi Haruhiko en 1936, se encontró por ícasualidad en Hankow con un antiguo compañero de secunIdnria de apellido Onohara. De acuerdo con el relato de la conversación que hizo Nishi, Onohara estaba mejor informado de la determinación china que los miembros del estado mayor general: “Si estalla la guerra entre Japón y China, el gobierno nacionalista ha hecho planes secretos para resistir hasta el final. Si es rota su línea de defensa Shanghai-Nanking, se retirarán a una línea entre Nanchang y Kiukiang. Si esta línea no pudiera r rpfpnçH1 p rpiirarín Hankow. Si las defensas de Wuhan

SABURO IENAGA

Yanaihara Tadao, especialista en política colonial, expresó en una conferencia, en noviembre de 1936: “Las aseveraciones de que los chinos no tienen sentido de nacionalidad y cosas así son algo anticuado. Yo he escuchado a chinos que dicen, si China va a la guerra contra el Japón, probablemente perda. mos al principio. Pero hay 400 millones de nosotros, por lo que podemos permitirnos perder 300 millones y todavía que darán 100 millones. Con tres soldados chinos por cada japonés, debemos resistir y defender la soberanía de nuestra nación”.3’ En un ensayo del Chuo Koron., del número de febrero de 1937 Yanaihara declaraba:
La clave de nuestras relaciones con China está en compren:
der que China es un Estado nacional en camino haia su unificación y reconstrucción. Sólo una política que sç base en una percepción de China y que afirme y asista a esa uni• dad nacional podrá ayudar a dicha nación, ayudar al Japóo] y contribuir a la paz en Asia. Llevar a cabo por la fuerza políticas arbitrarias contrarias a ese punto de vista racional,] acarreará un desastre que nos perseguirá durante generaciol nes, infligirá sufrimientos a China y destruirá la paz dJ Asia.32
La de Kiryu Yuyu fue otra de las voces de la razón y 1a cordura. En el número de febrero de 1937 de su revista pers nal, Tazan no Ishi (Piedras de Otras Montañas), que circulabi en forma privada, Kiryu llamaba la atención a la nueva co ciencia del pueblo chino y agregaba “la demanda de que Japá despierte de su sueño de victoria militar y muestre una gr resolución”.33 Esas últimas palabras las entendieron sus lec tores como un llamado a terminar con la guerra. En el núrner de enero de 1940, valientemente citó párrafos de los escritos d “dirigente del Ejército Rojo Chino, Mao Tse-tung”. “Puest que China es un vasto territorio en el que vivenl2O millon de personas, todavía no estamos derrotados”. Mao declara que China no había perdido la guerra y que inevitablemenL triunfaría. Kiryu agregaba: “Los japoneses deben pensar c todo cuidado en lo que Mao ha dicho”.34
Nakae Ushikichi fue otra de esas contadas personas sen bies que supieron ver la fuerza del nacionalismo chino. En brero de 1941 le escribió a Suzue Gen’ichi que ‘1as corrient que empezaron a fluir hace diez han ido y venido, pero actu mente forman una corriente impetuosa. Aunque todavía oc to. el torrente se aproxima con rapidez al océano. Esa corrieni que, inconfundiblemente, es una marejada. La oscuridad oscurece la escena, pero el rugido del oleaje confirma su curso”. A pesar de lo metafórico de su lenguaje, la predicción de Nakae
• sobre cómo terminaría la invasión de China fue profética.35 Ozaki Hotsumi tuvo también que ser cuidadoso al escoger las
‘palabras en su Gendai Shina-ron (Sobre la China Moderna), publicado en mayo de 1939. Empleando un vocabulario diferente para encubrir su significado, señaló que el movimiento
«de un frente nacional contra el Japón estaba “exigiendo una
resolución fundamental de la posición de la China semicolonial
y semifeudal y la terminación de su largo estancamiento his tórico”. Por desgracia, la libertad de palabra y de expresión estaba
drásticamente restringida en Japón; los puntos de vista de las minorías eran tachados de subversivos y aniquilados, y al país se le imponían políticas irracionales. Un pequeño número de
‘: hombres de visión, había ofrecido consejos valiosos, pero eso no fue suficiente para desviar al Japón de su cita con el desastre.
Mientras los japoneses se aferraban a la imagen del “chink”, los chinos de hecho estaban sufriendo una transformación de
, lores. Lejos de que la hubiera pulverizado la embestida ja- Ii ponesa, la conciencia nacionalista no hizo sino crecer, más in.
tensa y determinada. En 1934 la viuda de Sun Yat-sen, Soong
Ch’in-ling, y otros, organizaron un programa para resistir a
Japón. Cientos de miles de personas firmaron la declaración,
incluso miembros del ala derecha del Kuomintang. La siguiente
‘ ola de nacionalismo golpeó en diciembre de 1935. En Nanking se había llegado a un arreglo. El ejército japonés exigía que el norte de China quedara completamente independiente del contro1 nacionalista, y estaba a punto de establecerse un gobierno separatista: El Consejo Político de Hopei-Chahar, encabezado. por el general Sung Che-yuan. El 9 de diciembre los estudiantes de Pekín realizaron manifestaciones y distribuyeron volantes con consignas como “Oponte al Movimiento de Autogobierno
ÍAnticomunista”, “Guerra Inmediata Contra el Japón”, “jAbajo
el Imperialismo Japonés!” Las demostraciones estudiantiles, que
posteriormente fueron conocidas como el Movimiento del 9 de
: Diciembre, fueron tan disciplinadas y dramáticas que tuvo que posponerse la formación del consejo.36
El nacionalismo afectó también a la vieja generación. En
1933 la ocupación japonesa de jehol sacó de su retiro al anti guo cabecilla guerrero Feng Yuhsiang, y él se unió al ejército antijaponés que tan bien combatió en Chahar. En 1936 un ejército títere de la Mongolia Interior, formado por el oficial del invadió Suiyuan. Las fuerzas de Fu Tso-yi lograron expulsado. El 2 de diciembre las tropas mongólicas, equipadas con arma mento japonés y apoyadas con respaldo aéreo japonés, inten taron recapturar Pailigmiao, pero fueron rechazadas. La estra tegia del ejército de Kwantung falló miserablemente.37
La noticia de la victoria fue trasmitida a toda China y encendió nuevos focos de resistencia. Imai Takeo, agregado militar en Pekín, vio un noticiario fílmico de la victoria en una sala de la localidad y describió que el auditorio estaba “locamente excitado, aplaudiendo y golpeando el piso con l pies”. Siempre que en la pantalla aparecía un acercamiento de Chiang Kai-shek y de Fu Tsoyi, el auditorio se ponía en píe con “una tormenta de aplausos”. A Imai lo conmovieron “el ferviente patriotismo y la excitación.”38 La emoción arni japonesa barría a toda China. El escritor Lu Hsun, previamente criticado por los de la izquierda radical por colocar a la litera tura encima de la política y la resistencia, mostró en esa sión su temple como campeón del movimiento en contra del Japón. Los del Kuornintang preferían “suprimir a los bandi dos comunistas” que luchar contra el Japón, pero la profun. didad del sentimiento antijaponés los obligaba a resistir.
Mi anterior aseveración de que la invasión de Manchuria fue rápida y un éxito total la hice en un sentido relativo, en comparación con las operaciones militares del sur. Para ser más preciso, el nuevo “estado” del Manchukuo se las arregló para imponer un control superficial, pero permanente, sobre toda la Manchuria. No obstante, la lucha de guerrillas contra los japoneses, encabezada principalmente por los comunistas, s desató casi inmediatamente después de que Japón se impuso y jamás pudo ser suprimida totalmente. El gobierno japonés cali. ficó de “bandidos” a los miembros de esa resistencia, y el público se los imaginaba como armadas bandas de desesperados, brw tales y violadores. Para los chinos, sin embargo, eran unidad de guerrilla que luchaban por recobrar la madre patria. El ejército japonés de Manchuria llevó a cabo muchas “expedi. ciones para acabar con los bandidos”, junto con el ejército títert del Manchukuo, en un esfuerzo por acabar con toda oposici6 Sin embargo, con tantos campesinos hundidos y pobres, gran parte de la población del campo simpatizaba con los cornuni tas y sus exigencias de reforma en cuanto a la tierra. Por lo tanto, la gente local les proporcionaba ropa y alimentos a los de la resistencia. Cuando las fuerzas japonesas atacaban las áreas en las que los de las guerrillas tenían sus bases, los campesina

respondían: “Aquí no hay bandidos”. Hasta las autoridades japonesas se vieron obligadas a admitir la profunda solidaridad que había entre las guerrillas y el pueblo, cosa que actualmente no es motivo de sorpresa. Desde Japón se enviaron numerosos grupos de colonos a colonizar Manchuria; las tierras que recibieron les habían sido arrancadas a los campesinos de la localidad. A pesar de todas las operaciones para la supresión de los
. bandidos que lanzó el ejército, jamás hubo manera de cortar los estrechos lazos que proliferaban entre las guerrillas y el pueblo.
Los registros japoneses muestran la magnitud del movimien t de resistencia. En 1936 bajo la benévola autoridad del Cuartel General Aliado Antijaponés del Pueblo en el Noreste, estaban
el Primer Ejército Revolucionario del Pueblo, El Primer Ejército de las Fuerzas Aijadas Antijaponesas y otras dieciséis unidades militares subordinadas.39 Hasta el Manchukuo, que pa[ recia estar bajo control, hervía con guerrillas y sentimientos antijaponeses. La autoridad japonesa era todavía menos segura en el norte de China y, hacia el sur, el Ejército Expedicionario de China se veía fuertemente presionado para poder mantener “puntos y rayas” en el mapa. Las tropas japonesas en las ciudades y en las vías del ferrocarril se encontraban rodeadas por un feroz mar de chinos,----.
El lo. de agosto de/1935 el Partido Comunista publicó una
4 “Carta a Toda la Nación en Pro de la Resistencia contra el
Japón y la Salvación Nacional”. La declaración del primero de agosto era un llamado a la unidad nacional en contra del Japón. En un cambio de política, los comunistas cesaron toda actividad revolucionaria y empezaron a cooperar con el Kuomintang. Como ya mencionamos antes, el arresto de Chiang Kai-shek a manos de Chang Hsueh-liang en Sian, en diciembre
de 1936, obligó al generalísimo a suspender la sexta campaña de
supresión de los bandidos y revivió la camaradería “nacionalista
Comunista” que Chang había abandonado en 1927. Las fuerzas comunistas fueron puestas bajo la autoridad nacionalista
y fueron reorganizadas en el Ejército de la Octava Ruta y en el Nuevo Cuarto Ejército. El ejército japonés tenía ahora que
. contender con fuerzas chinas mucho más poderosas. Según lo atestiguan los registros de las campañas del ejército japonés en 1939, las tropas del Kuomintang directamente controladas por cliang Kai-shek distaban mucho de parecerse a los harapientos contingentes de los cabeil1as guerreros. Las siguientes anota clone aparecen en documentos de unidades japonesas: “La unidad 74 del enemigo muestra una alta moral y gran agresien el camno de batalla, especialmente los oficiales. En los ataques con gran valentía”. Y: “Fueron interrogados vein. titrés enemigos, prisioneros de guerra. N obstante cualquier clase de torturas, todos se negaron a proporcionar información militar. Un soldado muy duro, aparentemente jefe de grupo, dijo: Tú eres soldado. Yo también lo soy. No se debe dar infor. mación militar. Mátame ya!”4° La calidad de las tropas chinas mejoraba continuamente, aunque la eficiencia combativa de las unidades del Kuomintang se veía entorpecida por la acti. tud ambigua del gobierno hacia Japón y por su irreficaz y co rrompida dirección.
Las fuerzas japonesas podían equipararse con las unidade nacionalistas, pero el Ejército Comunista de la Octava Ruta era una historia diferente. Nunca en las guerras anterior contra los manchúes, la Rusia zarista, la Alemania iiiiperial, los cabecillas chinos o el ejército de Chiang Kai-shek, se habían encontrado el ejército imperial con agallas como las del Ej&. cito de la Octavo Ruta: dicho ejército desafiaba todas las ma neras militares convencionales de análisis y llenó de sangre al ejército japonés. Las cualidades únicas del Ejército de la Octava Ruta han quedado documentadas en los relatos deta. llados de periodistas norteamericanos como Edgar Snow y Agn Smediey y del alemán Günther Stein, así como en los reportes del general Stilwell.4’ La ventaja más grande de las fuerzas comunistas la constituía sus íntimos lazos con los campesinos, Esas relaciones se remontaban a los años de la guerra civil y se tornaron más fuertes durante la resistencia contra los japone. ses. Agnes Smedley escribió: “La fuerza del Ejército de la. Oc. tava Ruta y del Partido Comunista que lo comanda, no está en su potencia militar, sino en que está orgánicamente ligado con el pueblo”. Los campesinos locales jamás les decían a los japoneses nada acerca de los movimientos del Ejército de la Octava Ruta. Esos mismos campesinos les suministraban a los comunistas informes acerca de los japoneses, les enseñaban cómo era el terreno local y 10 conducían a mejores posiciones tácticas. Los campesinos hacían algo más que servirle de ojos y de oídos al Ejército de la Octava Ruta. Donde quiera que el ejército llegara, los residentes se convertían en guerrilleros, cortaban las líneas telegráficas y telefónicas de los japoneses, destruían ca minos y puentes y atacaban a las unidades enemigas. El diario capturado de un comandante de brigada japonés contenía la siguiente anotación: “En esta área hasta las mujeres chinas participan en la lucha y arrojan granadas de mano contra nuestros hombres”.
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plementaban ataques por sorpresa en contra de unidades pequeñas y de grupos retrasados con los que se hacían de armas; poco a poco, el ejército imperial se convirtió en el principal proveedor de armas de las guerrillas. Casi todo lo que el Ejér cit de la Octava Ruta necesitaba —pistolas, rifles, ametralladoras, camiones, tanques, provisiones y forraje, uniformes— le fue quitado a las fuerzas japonesas. Chiang Kai-shek titubeaba
al enfrentarse a las unidades japonesas en parte a causa de su
. superior equipo y potencia de fuego. El Ejército de la Octava
Ruta, confiado en que el excelente equipo caería en sus manos,
consideraba que esa disparidad era un gran chance. Por su puesto jamás hacían estúpidos ataques frontales contra fuerzas
I japonesas superiores, sino que continuamente acosaban al EjérF Cito Expedicionario de China con tácticas flexibles. “Si el ene mig avanza, nos retiramos. Si el enemigo se defiende, lo acosamos. Si el enemigo está exhausto, lo atacamos. Si el enemigo se retira, avanzamos”.42 Las fuerzas japonesas se veían cercadas
por enemigos invisibles que podían —y de hecho lo practica ban atacar a cualquier hora.
. ¿Cómo pudo el Ejército de la Octava Ruta forjar lazos tan sólidos con el pueblo? Los comunistas bajaron la renta de la
tierra y abolieron la usura, liberando así a los campesinos de
los flagelos de la vida del campo. Impulsaron también nuevas
industrias para mejorar el estándar de vida y establecieron es cuela y programas educativos para acabar con el analfabetismo.
Terminaron con el control de los terratenientes y de los caciques y ocurrió todo un milagro en la vida de los campesinos
¿hinos que arrendaban la tierra: ¡pudieron al fin protestar
ante los terratenientes por los términos del subarriendo! Junto con las reformas económicas llegaron los cambios políticos. Se les concedió el voto a hombres y mujeres de más de dieciocho
años de edad y se establecieron organismos de autogobierno en cada aldea; en algunos lugares, los mismos campesinos fungieron como jurados. Algunas de las reformas alcanzaron a las mujeres, incluyendo entre ellas el reconocimiento de los matrimonios sin el consentimiento de los padres y acabando con
. el concubinato. ¡En resumen, al liberar a un pueblo que estaba siendo económicámente explotado, políticamente oprimido y sobajado espiritualmente, los comunistas crearon una gran cauda de seguidores espontáneos en el campo. El partido comunista buscó también la cooperación de otros grupos políticos, incluso
el del Kuomintang, con el fin de combatir a los japoneses. Con ese objeto el partido abogó por una nueva democracia,43 hizo
r,nh,’t1c2ç rc1ic1es. le marcó el
nistas a un tercio en los organismos elegidos de autogobierno. Aunque los comunistas se refrenaban de imponer su política de manera unilateral, esas trascendentes, mejoras se fueron al canzando una por una durante la resistencia contra el Japón. En comparación cori la vida en las áreas que dominaba el Kuomintang, donde la dictadura y la explotación continuaban como antes, o, por supuesto, con las áreas controladas del ejér. cito japonés, con sus horrendas atrocidades; la vida bajo l lineamientos comunistas valía la pena vivirse. La aceptación de las fuerzas comunistas por parte de los campesinos fue a1go perfectamente natural.
Vale la pena hacer notar que el Ejército de la Octava Ruta, que les dio a los campesinos su primer atisbo de democracia y control sobre su propia vida, fue en sí mismo uno de lbs ejér. citos más democráticos en la historia de las organizaciones militares. Durante toda la guerra civil esa fue la gran diferen. cia entre las fuerzas militares chinas comunistas y las demás, En el ejército comunista “todos, desde los comandantes hasta. los soldados rasos comían lo mismo y usaban el mismo unifor. me”.” No se usaban símbolos de rango, todo mundo era un “camarada” y la disciplina militar se mantenía por medio de “persuasión” y no (le “órdenes”. Antes de entrar en combate, “había siempre una conferencia para discutir las posiciones 1 propias y las del enemigo, las fuerzas y debilidades relativas, las consecuencias posibles de la derrota y cosas así”. Al termi nar la batalla “había siempre una junta en la que se analizaba la batalla, se reconocían los errores y se encomiaban los actos sobresalientes”. En ci mismo campo de batalla se ernpleaban métodos democráticos. La democracia dentro dci ejército les facilitaba a los soldados ser justos y considerados con la pobia. ción civil. La disciplina militar era un signo característico del ejército comunista. Las tropas tenían órdenes estrictas y las seguían al pie de la letra: “Nunca hay que tomar de los cana’ pcsinos ni una aguja ni un pedazo de hilo”; “Cuando salgas de una casa donde te hayan dado refugio para pasar la noche pon en su lugar las esteras y lo que te hayan dacio para cu.1 brirte”; “Paga todo lo que rompas”; “Nunca te metas con la mujeres de la casa” y “No trates mal a ios prisioneros”.
Y no es una descripción de ficción del ejército comunista hecha por escritores occidentales pro comunistas; está respal. dada por innumerables testimonios, aunque en forma fragmen. tana, de militares y civiles japoneses. Por ejemplo, Kitahara Tatsuo tenía cinco años de experiencia, a partir de 1938, como
(Cr’Ç J’, -nnçrnr, (} )-Ç (lE’ flbna cll Nnr[e.


te de China, la clave para descubrir a un miembro del partido comunista estaba en observar a los prisioneros durante la comida. “Si alguien, voluntariamente, les da la comida sabrosa a los demás, y calladamente toma la peor, por lo general será un comunista” .45 Después de la guerra, los residentes japoneses de Manchuria fueron maltratados por las fuerzas rusas y el populacho local. Sólo las unidades comunistas chinas que entraron a Manchuria se portaron escrupulosamente. Sus miembros siempre regresaban los utensilios de cocina que habían pedido prestados. Hasta cuando los soldados comunistas tenían que comer mala comida y veían que los japoneses hervían furtivamente algo de arroz blanco, no se enojaban, sino que decían: “El arroz blanco es algo que ustedes, los japoneses, comen a diario, así es que cómanlo”.46 Muchos de los que regresaron de Manchuria han testificado sobre ese generoso tratamiento. 47
El príncipe Mikasa Takahito, que fue oficial del Estado Mayor en el Ejército Expedicionario de China, ha escrito acerca del Ejército de la Octava Ruta: “la disciplina hacia el pueblo, especialmente para con las mujeres, era increíblemente estricta. Un oficial del Estado Mayor del Ejército de China del Norte llegó hasta decir: “Me pregunto si los soldados del Ejército de la Octava Ruta no tienen necesidades sexuales diferentes de las de nuestros hombres!”48 En el reporte de Matsumoto Sokichi sobre su viaje a China, publicado en 1942, encontramos lo siguiente: “La impresión más extraña que recibí fue la de que los lazos que había entre las fuerzas enemigas y el pueblo común eran muy fuertes, existe entre ellos una relación profunda y llena de afecto. Aunque el pueblo del bajo delta del río Yangtze era severamente explotado por las fuerzas enemigas, especialmente las del Nuevo Cuarto Ejército, nunca trataron de quitarse el yugo comunista”.49 En las áreas ocupadas por los japoneses, los militares robaban, incendiaban, violaban y como rutina atacaban violentamente a civiles inocentes, proclamando
al mismo tiempo “anticomunismo y paz”. Los comunistas mejoraron la vida del pueblo y le dieron sus primeros derechos
democráticos. En esas circunstancias, el apoyo popular no era nada “raro”, sino axiomático. La tragedia de japón fue no haberlo comprendido.
Las fuerzas comunistas sufrieron fluctuaciones en las fortunas de la guerra. Hubo momentos en que estuvieron en grave peligro de una derrota perpetrada por el ejército japonés, mejor equipado. La situación parecía de lo más serio en l942.° pmh-rrn çn pçtr2tpçr y trticas infinitamente suneriores

a poco fueron mejorando su capacidad combativa. A principios de 1945 los comunistas controlaban dieciocho “zonas liberadas” que comprendían 311 000 millas cuadradas y una población calculada en 94 millones. Hasta le habían hecho una “zona liberada” al Manchukuo, en el sur. Un ochenta y cuatro por 1 ciento de las 220 000 tropas japonesas en el norte de China fueron asignadas para combatir contra el Ejército de la Octava Ruta.51 El público japonés no sólo estuvo completamente mal informado durante la guerra acerca de esa durísima resisten- cia de las fuerzas comunistas, sino que permaneció ignorante aún después de 1945. Los veteranos de la campaña de China es cribían únicamente acerca de la lucha contra los nacionalistas. 52 Al parecer, el pueblo japonés nunca tuvo una compren. sión correcta sobre ci papel de las fuerzas militares comunistas durante la década y media que duró la guerra. La invasión de China y las subsecuentes operaciones militares allí, fueron la médula de la Guerra del Pacífico, según mi opinión.
China siguió siendo el escenario principal de la guerra hasta que empezaron las hostilidades con Estados Unidos e Inglate rra. En China eL. oponente principal no se fundamentaba en los ejércitos del gobierno nacionalista, sino en las uniçjades” comunistas. Fue a causa de la tenaz resistencia de los comuñis. tas por lo que las fuerzas japonesas se atascaron en China. En su desesperación, Japón atacó a Estados Unidos e inició así una guerra sin esperanza que terminó en la ruina nacional. Esos he. chos básicos no deben olvidarse. Más todavía, la incapacidad del Japón para destruir al comunismo a pesar de la superioridad en armamentos se debió al poder democrático de los ejércitos rojos.
El ejército comunista chino probó que, en una crisis nacional, sólo la democracia puede inspirar patriotismo, elevar la conciencia nacional y galvanizarla de una potencia combativa en contra de la agresión. En otras palabras, el verdadero na cionalismo crece sólo en terreno democrático. La superioridad material de Estad6s’TJnidos pudo haber descargado el golpe decisivo, pero Japón ya había sido derrotado pp-1ademo. cia china.53 Eso es algo crucial para úna comprensión de la esencia de la guerra de 1931 a 1945. En apoyo a esta asevera ción, en el siguiente capítulo demostraré que, mientras la de. mocracia estaba creciendo en China, se agostaba y marchitaba en Japón y en las áreas ocupadas. Es algo anticientífico y anti erudito tratar de analizar la guerra únicamente a través de algunas batallas dramáticas ocurridas en el Pacífico. El conflicto fue más que un choque de ejércitos y de armadas. Fue una
lucha de valores políticos: la democracia China contra el hsn L
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