Segunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945






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títuloSegunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945
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fue obligado a renunciar. Mientras se estaba formando el nuevo gabinete, el Departamento de Asuntos Militares del Ministerio Militar preparó una proposición que virtualmente dictaba quiénes deberían figurar en los ministerios.
Las siguientes personas son inaceptables para el puesto de premier: Ugaki Kazushige, Osurni Mineo, Minarni Jiro, Yamamoto Eisuke, Katsuda Kazue, Araki Sadao, etcétera. 2. Ministros de Gabinete a los que se prefiere: Finanzas: Baba Eiichi, Yuki Tototaro; del Interior: Kawada Retsu, Karasawa Toshiki, Yasui Eiji, Yoshida Shigcru (no el diplomático); de Educación: Futara Yoshinori; de la Armada: Suetsugu Nobumasa; del Ejército: Sugiyama Hajime, Itagaki Seshiro; de Justicia: Ohara Naoshi, Shiomo Suehiko; de Re- laciones Exteriores: no tiene que ser forzosamente algún especialista en asuntos diplomáticos. 3. Los miembros de cualquier partido que no se separen de él para ingresar al gabinete son inaceptables.’7
Cuando a Ugaki Kazushige se le ordenó formar un gabinete
el viceministro del ejército, los jefes de asuntos militares y los departamentos de personal así corno secciones relevantes de jefes y sus subordinados, sostuvieron una conferencia en la residencia oficial del Ministro del Ejército y acordaron que “El ejército no le proporcionará un ministro al gabinete. -El ministerio debe negarse a negociar con el premier designado, Ugaki, acerca de los candidatos. La razón es que ningún ministro dei ejército puede mantener la disciplina si Ugaki es el Preniier”J El Estado Mayor General estuvo de acuerdo con esa decisión. E1 comandante de la policía militar, Nakajima, se apostó cerca de los límites de Tokio con la prefectura de Kanagawa parar interceptar a Ugaki cuando él se dirigiera a la capital. Nakajima entró al automóvil de Ugaki y le dijo, “Los oficiales jóvenes están muy excitados y la situación es delicada. Por lo tanto, eI Ministro del Ejército me ha pedido que le diga que desea que usted rechace el puesto”.
Ese no fue un intento muy sutil para disuadir a Ugaki de que formara un gabinete. Nakajirna hasta trató de bloquear a1 nuevo gabinete arrestando a I-{ayashi Yasakichi, un oficial de la reserva, y a otros que respaldaban a Ugaki, acto que fue una burda violación de su autoridad.’8 Sin que lo ainedrentarafl esas amenazas, Ugaki trató de formar un gabinete, pero nadie aceptaba el puesto de Ministro del Ejército, y finalmente tuvo
- ‘
Los militares utilizaban su amplísima independencia tanto como les era posible para imponer sus prioridades a la nación. Si los métodos legales y el experto uso de las ventajas institucionales no les traían el resultado deseado, usaban su monopolio de la fuerza para aterrorizar y destruir a sus oponentes. El que Hanaya, el oficial del Estado Mayor del Ejército de Kwantung, haya blandido el sable contra el cónsul Morishina en Mukden, fue un vívido ejemplo de la situación. Las conspiraciones para adueñarse del poder empezaron en marzo de 1931, mucho antes del incidente de Manchuria, cuando los generales Koiso Kuniaki, Tatekawa Yoshitsugu y otros, se valieron de sus subordinados de grados superiores para planear un golpe de Estado en colusión con el ultranacionalista civil, Okawa Shumei, un conferencista de la Academia de la Colonización, y sus seguido. res. Según se dijo, el IVlinistro del Ejército, Ugaki, también estuvo implicado en la conspiración de marzo.22 Los coroneles Hashimoto Kingoro y Nemoto Hiroshi planearon otro coup d’etat para una fecha inmediatamente posterior al incidente de Manchuria, el complot (le octubre de 1931. La Kempeitai (la policía militar) se enteró del plan y puso a Hashimoto, Nemoto y a los otros, bajo custodia, protectora antes de que pudieran descargar el golpe.23 Ése fue un caso patente de una conspira. ción criminal para armar una insurrección, pero los culpables - no fueron sujetos a una corte marcial y ni siquiera se les cus. ciplinó. Ese negligente tratamiento contribuyó a la descarada propensión de los militares a aprovecharse de su fuerza.
El incidente del 15 de mayo fue el siguiente intento de los militares por adueñarse del poder. El premier lnukai Toshi fue asesinado en su residencia oficial, en pleno día, el 15 de mayo de 1932, por cadetes navales uniformados, corno parte de un complot en el que participaron cadetes de la armada, candidatos a oficiales del ejército y derechistas civiles. El tratamiento con guante blanco que se les había cIada a los conspiradores de alto rango, alentó a los oficiales jóvenes a creer que ellos también podían emprender acción directa y salirse con la suya. Lejos de sentirse avergonzados por los actos de esos bandidos y asesinos, la mayoría de los oficiales mostraron simj patía y aprovecharon el incidente para intimidar a los políticos civiles, dejando que se supiera que “en el caso de que se formara algún partido de gabinete exclusivamente por principios par- 1 lamentarios (esto es, que lo formara el partido mayoritario de la Dieta), el ejército sería ingobernable”.24 Esas amenazas terminaron con los gabinetes de partido.


patente después del motín del 26 de febrero de 1936, la más seria violación de la disciplina en la historia del ejército imperial, cuando un grupo de oficiales del ejército y derechistas civiles encabezaron a las tropas en un levantamiento. Asesinaron al Lord Custodio del Sello Privado, Saito Makoto, al Ministro de Finanzas, Takahashi Korekiyo, al Inspector General de Educación Militar, Watanabe Jotaro, y a otros, y ocuparon el área de Nagatacho, asiento de las oficinas gubernamentales, durante varios días. Los militares usaron entonces esa flagrante violación de la cadena de mando como una amenaza tácita contra las autoridades civiles.23 Como ya dijimos antes, en el siguiente gabinete fue el ejército el que designó a sus miembros.
La intimidación adoptaba muchas formas. En diciembre de 1935 Tokio estaba lleno de rumores; se deda que los oficiales jóvenes estaban planeando ocupar la Dieta y dar un golpe de Estado. La noche dci 22, varios oficiales jóvenes, a quienes había mandado llamar el teniente coronel Mitsui Sakichi, se reunieron en un restaurante de Shinjuku para discutir un complot. Nada resultó de la ‘sesión de planeación’. El comandante de la Unidad Kempctai Ushigome explicó que “en esta sesión de la Dieta se debe aprobar un presupuesto militar que les dé a los servicios armados hasta el último yen que han solicitado. Por eso es por lo que estamos amenazando a los políticos con quienes los oficiales jóvenes ‘pueden hacer algo’. Naturalmente, el que se reuna un grupo de oficiales jóvenes de sangre hirviente es algo que les pone los pelos de punta”.
El ejército preparó el escenario para lograr sus objetivos políticos.2° Los generales de mayor rango del ejército se rehusaron a castigar a los conspiradores hasta por las desaforadas acciones criminales como los complots de marzo y octubre de 1931, ya que tal cosa, según ellos, dañaría “el prestigio del ejército imperial”. Los generales no sólo pasaron por alto la insubordinación, sino que aprovecharon la violencia para sus Propios fines. Una combinación del relajamiento de la disciplina con una cínica manipulación constituyó el factor de fondo crucial en el motín del 26 de febrero.
Aparentemente, el ejército y la armada imperiales eran fuerzas profesionales, disciplinadas, obedientes a la voluntad del emperador. Sin embargo, los numerosos complots e intentos de alzamientos demostraban que, en realidad, los servicios armados eran completamente incapaces de controlar a sus propios hombres y oficiales. El incidente de Manchuria fue una prueba positiva del colapso total del cuerpo militar. El estado mayor (lii ril—rcitn ílp Xwmntiin flbIflP( y tiPÇflt(’ Li flflPTUi/)fl i (‘S 1—


dirigentes del ejército del centro tampoco pudieron controlar los subsecuentes movimientos del ejército de Kwantung. En un esfuerzo por sujetar a las fuerzas que se disparaban por el terre- no, el jefe de estado mayor, Kanaya, ordenó un alto a las operaciones ofensivas y dio el paso extraordinario de obtener el permiso necesario para dictar órdenes en su nombre, en lugar del acostumbrado y más lento procedimiento de actuar hasta no tener la autorización imperial.27
El celo político de los oficiales de mediana graduación era el ímpetu principal de la interferencia de los militares en el gobierno civil. Supuestamente, el Ministro del Ejército y otros comandantes de alto rango eran los que estaban a cargo de i4 situación, y era tarea de ellos reprimir toda esa politiqueríil y mantener la calma. Sin embargo, ellos mismos eran manipul lados por los oficiales jóvenes, los protegían de cualquier castigo y, en realidad, eran ellos sus voceros. Todo eso era gckokujo, o esa, el desplazamiento de los veteranos por parte de los jóvenes, fenómeno muy conocido en la historia japonesa.
La de 1930 fue una década de un puro gckokujo; los oficiales jóvenes violaban las normas militares; en el extranjero, las unidades militares ignoraban las políticas que se dictaban en Tokio y los militares, en conjunto, no mostraban el menor escrúpulo al desatender los deseos de su comandante supremo, . el emperador. Harada Kainao era el secretario particular del genro, Saionji Kiminochi, y un profundo observador de lo que acontecía en el pináculo de la sociedad civil. En su diario, de 1938 a 1939, Harada con frecuencia se lamenta de que los mi- litares tenían una influencia excesiva en palacio.
Harada estaba enterado de que el aide-de-camp del empe- rador no hacía ni el menor intento por comunicarles a los militares los deseos del emperador y que, er vez de eso, hacía las veces del representante de los militares en la corte.28 En 194O el emperador recibió un reporte del Consejo de Auditoría sobre ciertas discrepancias que se habían encontrado en la contabilidad y la administración del ejército. El emperador interrogó al jefe del Estado Mayor sobre esas declaraciones, y éste contestó que “no había bases para un informe así”, claro, era una mentira descarada. El emperador insistió, pero el jefe del Estado r Mayor ya no dio respuesta.29
Los militares aprovechaban su poderosa posición para sa- :
caries la vuelta o para dominar a otras agencias del gobierno, e
insistían en que se les diera la latitud más amplia a las prcrro-
gativas del mando, pero se negaban a aceptar siquiera una mí irresponsables y arrogantes. El motín del 26 de febrero no Itie aplastado inmediatamente porque Araki Sadao, consejaro de asuntos militares, y otros dirigentes del ejército, dieron muestras de aprobación y apoyo, e hicieron que el Mayor General, Yamashita Tornoyuki, les trasmitiera con ese fin un mensaje del Ministro del Ejército a los rebeldes. Aunque esos generales deberían haber sido enjuiciados por co-conspiradores una vez que la insurrección quedó bajo control, les echaron la culpa de todo a los oficiales rebeldes y a los civiles. Los desventurados dirigentes de la rebelión fueron juzgados in camera y ejecutados, incluso Kita Ikki, el teórico civil derechista que no estaba implicado directamente en tal conspiración. Los veteranos del ejército escaparon incólumes.30
Ocasionalmente se fingía que eran emprendidas acciones disciplinarias. En 1940 el Ministro del Ejército, Tojo Hideki, “transfirió” a varios oficiales por violar órdenes durante el avance en la Indochina francesa. Aunque tenían instrucciones de evitar cualquier choque, las unidades japonesas atacaron a las unidades francesas. Los oficiales implicados eran Tominaga Kyoji, jefe de la primera división, Estado Mayor General; Sato Kenryo, subjefe del Estado Mayor del Ejército Expedicionario del Sur 1e China, y Hakanaura Akihito, Comandante de la Quinta División. No obstante, no mucho después de esas “transferencias disciplinarias”, a Tominaga lo hicieron jefe del Departamento de Asuntos de Personal en el Ministerio del Ejército; a Sato lo nombraron jefe del Departamento de Asuntos Militares, y Nakamura quedó como comandante de la Kempeitai. Los tres hicieron un rápido retorno a puestos importantes en Tokio. Y hasta en los raros casos en los que a oficiales de alta graduación se les hacía “responsables” de violar órdenes, lo más que se llevaban era una palmadita en la muñeca y el asunto se dejaba en la heladera.3’
Según se dijo, en diciembre de 1936 el premier Okada Keisuke, criticó a los militares. “Casi ninguno de los oficiales de rango intermedio es capaz de actuar con objetividad” dijo. “Cuando obran con torpeza, siempre dicen, ‘alguien cometió una equivocación’ y le echan la culpa a algún otro. Es algo muy peligroso permitirles a esos militares libertad de acción. A menos que puedan hacer evaluaciones racionales de los acontecimientos, ni siquiera pueden empezar a pensar en aceptar la responsabilidad de sus actos. Ésta es una mala situación”.32
Después de la guerra, el antiguo coronel, 1-briba Kazuo, escrÁblo u u devastadoi cntica de los oficmiles superiores La

El gestalt militar japonés fue otra de las razones del abuso del poder. Y la Guerra del Pacífico fue el espejo de dicho gestalt: la temeridad, la persistencia absurda más allá del punto del que ya no hay retorno e innumerables actos de salvajis. mO. Ese tipo de guerra no sucedió nada más porque sí. No fue resultado de ningún accidente ni de ninguna falta de control.
En japón, el militar moderno reemplazó a la clase samurai feudal de guerreros hereditarios. El prestigio del guerrero feudal (con su sable y el código del guerrero, el bushido) dio lugar a un nuevo sistema militar, conformado según los más moderiios modelos occidentales.
La restauración Meiji no fue una revolución social surgida desde abajo, un despertar político de las masas. Una élite, pequena y dinámica, se hizo del poder, trituró a los nacientes reformistas del pueblo que buscaban una reestructuración fundamental del orden social, y creó un Estado absoluto alrededor de un sistema con emperador. Las nuevas fuerzas militares pias acciones. . . cran individuos propensos a la indecisión, a conscriptos que se formó en Francia cuando la Revolución Franevadir la responsabilidad, y alguien cori toda falta de perspec- cesa. Los militares de Japón eran una parte integral de la nueva tiva tendía siempre a terminar en los puestos importantes” y estructura de la autoridad que constaba de dos estratos: el de “el decidir poLíticas de gobierno, pero no aceptar la responsa. los oficiales, que eran los burócratas del nuevo Estado, y los bilidad última es un crimen, ignorar las pasadas equivoca- soldados comunes, una fuerza laboral explotada al nivel más ciories y repetir los errores en la política nacional es un en- empobrecido de la población campesina. Los burócratas, los men”.33 1-briba fue un militar de carrera, un brillante jefe de intelectuales, las personas de medios y otras así, recibían los prisección del estado mayor general. Comentarios así rio pueden vilegios. La conscripción era algo obligatorio para las masas desecharse como críticas de un civil. Hayashi Saburo, quien fue rurales; el servicio militar recaía principalmente en los segundos coronel durante la guerra, escribió: “Cuando un tipo desaforado y terceros hijos de las familias campesinas.
cometía una equivocación, los del departamento de personal

En el ejército Meiji no se encontraba espíritu de igualdad se hacían de la vista gorda, y hasta cuando se emprendía alguna y fraternidad que suavizara las diferencias de rango. En la parte acción disciplinaria tal cosa se llevaba a cabo como ofreciendo superior estaban los oficiales, los privilegiados funcionarios im disculpas Por otra parte, era notoria una acusada tendencia penales. En la inferior estaban los soldados comunes, que ha-
a tratar como cobardes a los que se mostraban prudentes como, bían sido arrastrados por la fuerza a un trabajo forzado, cruel
por ejemplo, a los que se oponían a la escalada. Más todavía, y degradante. Cada uno de los dos grupos estaba, además, sub s cometían algún error, por lo común recibían un castigo bas- dividido en diferentes rangos y niveles. Para funcionar, •esa es tant severo”.34 La irresponsabilidad de los militares y los tructura requería de la obediencia absoluta de los subordinados.
arreglos institucionales que permitieron tales desequilibrios de , Cuando el Movimiento de los Derechos del Pueblo empezó a
poder en su favor fue una de las causas principales de la des- extenderse, el gobierno tuvo el temor de que el ejército se con trucció del Japón. taminara de “pensamientos peligrosos” y volvió todavía ms
, rigurosa la disciplina. En cierto momento, l?s elementos radi cale del movimiento planearon un levantamiento armado. Las
discusiones sobre cómo organizar a las fuerzas rebeldes conte oía la proposición de que los oficiales fueran elegidos. Nada
podría haber contrastado más con el origen autoritario y la
estructura de las fuerzas del gobierno.
Casi por las mismas razones por las que se adopto una cons titución estilo alemán, el ejército se organizó de acuerdo con
lineamientos alemanes. En 1887 el gobierno adopto el sistema
prusiano de cadetes y estableció una escuela preparatoria mi lita por separado para los futuros oficiales. El cambio redujo
el conocimiento de humanidades, la preparación se centro cada
vez más en asuntos militares y el resultado fue un cuerpo de
oficiales de mentalidad rígida y experiencia limitada. En 1889
el Ministerio del Ejército desbandó la Getsuyokai (la asocia cio Monday) que cii un-i igi up icion de oficiales y prohibio
cualquier grupo de facción, Hasta los equipos de cstudío como
el (le la Asocación de Artillería de Ingenieros (Hoko kyodokai)
fueron al)olidos. No se permitieron organizaciones ni asociacio nes excepto la Kaikosha (Asociación de Oficiales del Ejército),
que era semioficial. Esas restricciones asfixiaron la investigación
creadora por parte de los militares, empol)rccierofl el pensa


Los militares eran innovadores decididos en ciertas esfer4 que su unidad se rinda al enemigo sin luchar hasta el último esenciales de modernización, eficiencia y racionalización. E hombre, o que le ceda al enemigo un área estratégica, deberá los pr meros años de L ea Meiji 1’ 1) a m icba csistencia ser casta-sdo con la muerte Si un comandante encabezi a manera de vestir occidental, pero el ejército adoptó rápicIamens&S tropas en combate y son capturadas por el enemigo, aunque uniformes occidentales. Todavía tan tarde como a principia el comandante haya cumplido con su deber hasta lo último, del siglo veinte, los ultranacionalistas se oponían tercaments se le podrá castigar hasta con seis meses de prisión”.
a la introducción del sistema métrico. Hasta hubo una historia El Código de Servicio en el Terreno, expedido en 1941 y cómica en la campaña pública en contra de las medidas extraij ya con la firma de Tojo Hideki como Ministro del Ejército, jeras en la que se igualaba un metro a una muerte (ichi metoru contenía el precepto de “no dejarse tomar prisionero con vida”. iva ¿chi mci toru ni lszizuru). El juego de palabras está en me En Senjin jutsugi, de Mori Keinan, el autor citaba el caso de toru (un metro) y mci toru (tomar una vida). Sin embargo, los un tal mayor Kuga. Durante el combate por Shanghai, dicho militares no perdieron tiempo en cambiar al nuevo sistema, ;rnayor resultó herido, perdió el conocimiento y fue capturado Desde fines de la década de los años veinte en adelante, las por los chinos. Cuando fue puesto en libertad, Kuga se suiciarmas japonesas se cuentan entre las mejores del mundo.Ss dó para expiar su desgracia. Mori escribió: “Ese acto es un ejem-
A pesar de esos impulsos modernistas, la perspectiva meo plo del glorioso espíritu del ejército imperial”, una advertencia tal de los militares se distinguía por sus puntos de vista extre para que cualquier combatiente japonés que cayera prisionero madamente reaccionarios e irracionales. En 1908 se inició se quitara la vida. Hasta de un humilde soldado raso que fuera revisión de los códigos militares. El Manual de Infantería s capturado, pero que se las arreglara para retornar a salvo a adoptó en 1908, el Reglamento de la Educación del Ejércitoí su unidad, se esperaba su suicidio. A muchos jóvenes japoneses se en 1913, y las ordenanzas de campo al año siguienLe. Por vesi les obligó a privarse de la vida como soporte para ese código.4° primera se estableció de una manera sistemática la doctrina es! El entrenamiento del ejército que hacía hincapié en el espítratégica del ejército japonés. Una característica sobresalien4. mu sobre la materia, tuvo cierto éxito en producir soldados de esa doctrina es el excesivo énfasis que se le da al “espíritu”.iV lentes que no le temían a la muerte. Sin embargo, cuando La literatura al respecto está llena de frases acerca del “espíl las fuerzas japonesas se enfrentaron a las soberbiamente racioritu de ataque”, la “confianza en una victoria segura”, la “leal1 nales de los aliados, las limitaciones del ánimo quedaron inevitad al emperador”, el “amor a la patria”, la “sinceridad absoluta” tablemente al descubierto. En las memorias de Kamiko Kiyoshi, y el “sacrificio de la propia vida por la nación y una obediencia Ware Rezte ni shisezu (Yo Sobreviví en Leyte), se describe el total s los supelio”-es Por eso es f su5 comprender el énfasis choque de la mente con la materia en las filipinas Kamiko, un primordial en el esprit de corps y en la moral durante las gue suboficial del ejército de Kwantung, fue transferido a las Firras sino-japonesa y ruso-japonesa cuando la lucha cuerpo a lipinas a fines de 1944, cuando la batalla ya casi había termicuerpo era con frecuencia decisiva. Sin embargo, tal espírilu nado. Los soldados del ejército de Kwantung eran el epítome continuó a pesar de los cambios fundamentales que sufrió la na.ide la devoción al deber, del valor sin límites y del espíritu turaleza del combate. Los enormes adelantos que sufrió e1 combativo. Kamiko describió el rápido colapso de la moral ante armamento significaron que la victoria ya no era necesarial las tácticas de las fuerzas estadounidenses. Los norteamericanos mente determinada por la valentía de los soldados en el canipo empezaban su ataque a las diez de la mañana y daban la lucha de batalla. Los militares entraron a la Guerra del Pacífic4 por terminada a las cinco de la tarde. Tenían horas regulares aferrímndose aún al concepto de que el espíritu combativo eral& combate como si estuvieran trabajando en una oficina del lo más importante en la batalla. La consecuencia fue un irn gobierno o en tina compañía. “Para el ejército japonés, con su perdonable desperdicio de vidas, particularmente en lOS comba• creencia ti-adicional en las marchas nocturnas y los ataques de tes con las fuerzas aliadas, cuya doctrina se basaba en una noche, ésa era una manera muy extraña de hacer la guerra.
racionalidad científica. Después de un tiempo comprendí que lo suyo era algo mucho
Consideremos unos cuan Los ejemplos: en el ejército japonés más racional que lo nuestro”.
estaba absolutamente prohibido retroceder, rcndirse o deiarse Las fuerzas japonesas muchas veces se esforzaban hasta el







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t& GUERRA DEL PACÍFICO 65

mitad de la distancia que lograban en las prácticas. Los norte de escritos al respecto. El libro de Ikeda Kyokugai, Ku? Raku? americanos las arrojaban desde la base de una loma, hacía Shimpei no seikatsu (Dolor o Placer? La Vida de un Recluta), pasar las granadas por sobre la cima y éstas explotaban del otrc que es una descripción detallada de la vida en el ejército fue lado. Podían hacerlo porque no estaban exhaustos. En el ejéz - prohibido. Bajo las leyes de seguridad interna previas a la guerra cito de Kwantung se invertían enormes cantidades de tiempi era imposible publicar cualquier material que describiera con y energías entrenando a los hombres para combatir las veinti sinceridad la vida en el ejército. ¿Dolor o Placer? La Vida de cuatro horas del día y para el combate cuerpo a cuerpo. Su un Recluta es un documento histórico valioso porque en él embargo, mientras el ejército de Kwantung andaba dando nr se muestra el tratamiento estúpido e inhumano que se les daba gas por toda Manchuria en horas de oscuridad y gritando “;ba a los reclutas. Después de la guerra fueron publicados muchos zas!”, la guerra se había convertido en algo increíblernente in relatos soberbios, incluso los escritos de Noma Hiroshi sobre canizado. La unidad de Karniko fue enviada al combate sus experiencias de guerra” así como su realista obra de ficinmediatamente cayó bajo el fuego de la artillería de iarg ción, Shjnku chitai (La Zona de la Vaciedad), y la de Gomikawa alcance, sufriendo bajas. Sus soldados nunca vieron a un soi Jonpei, Nin gen no joken (La Condición Humana). En esas soldado norteamericano; mucho menos pudieron acercársele par obras se muestra que el tratamiento brutal de los reclutas conun combate cuerpo a cuerpo. tinuó hasta el final mismo de la guerra, en 1945.
Las tropas de Estados Unidos estaban bien alimentadas Aunque oficialmente prohibido, el maltrato físico a los en- hasta recibíais suministros médicos por paracaídas. Usaban ca — rolados era algo común. Los militares y la policía constituían cos ligeros de metal y combatían con carabinas livianas. L los dos bastiones de la ilegalidad institucionalizada. Los abusos fuerzas japonesas recibían un plato de sopa agnada en la qu de autoridad de la policía en los arrestos, detenciones y torturas flotaban algunos granos de arroz. Aunque cran de menor esta resultaban evidentes. Los jueces fingían no saber de la existura, usaban equipo y armas más pesados. Naturalmente, 1 tencia de cámaras de tortura en las estaciones de policía ni del efectividad en el campo de batalla difería grandemente a cau maltrato a los sospechosos y prisioneros.42 El ejército y la polide esas desventajas. Hasta los valientes suboficiales, altamente cía fingían como compañeros en el crimen, estaban por encima motivados por el “entrenamiento espiritual”, se daban cuent de la ley y eran impenetrables para ella. No es exageración hade que la doctrina estratégica del ejército imperial era algc mar al “Gran Imperio Japonés” un estado kafkiano dedicado anticuado y estúpido. a la violación de los derechos humanos. Por otra parte, la gente
La irracionalidad militar se manifestaba también en un autG voluntariamente rendía sus derechos ya fuera por una concienritarismo despótico. Los oficiales, aunque sujetos a restriccion cia cuasimoderna predominantemente agrícola o a causa de una
seguían siendo un estrato privilegiado en la parte más alta d educación conformista y estática. El Estado, por su parte, trataba la jerarquía de oficial, suboficial y soldado raso. No obstante l de asegurarse que la mayoría del pueblo jamás comprendiera diferencias en rango y la subordinación de los subalternos par,. que gozaba derechos civiles. El adoctrinamiento en ese sentido con los superiores, la clase de los oficiales, en general, gozab se veía reforzado por los sables de la policía y el ejército.
del estado y la autoridad de señores feudales. Los soldados rasoi, A los conscriptos del ejército se les llamaba issen gorin (un especialmente los nuevos reclutas, estaban al miserable fond sen, cinco rin, o menos de un centavo, el costo de una notifide la pirámide y no tenían derechos humanos, no eran perso cación de enrolamiento en la década de los veinte). Eran manas. La educación militar, las prícticas y la rutina diaria dt terial gastable, ya que había un suministro sin límites de ellos la vida de cuartel a nivel del escuadrón era una interná.i debido a lo que costaba el aviso.43 A las armas y a los caballos nable corriente (le humillaciones y trato rudo. Era en ci campé se les trataba con un cuidado solícito, pero “ningún soldado de prácticas y en el cuartel donde se hacían mís visibles 1at raso valía lo que un animal”.44 Después de todo, un caballo características únicas de los militares japoneses. cuesta dinero de verdad, y los soldados rasos valían issen gorin.
Lo que sucedía en la vida cuartelera era sumamente co$ Los derechos de los soldados eran tratados tan rudamente como cido antes de la guerra, ya que la mayoría de ios hombres aptas a estos mismos.45 En la armada, con ura mayor respaldo de la
habían sido reclutados para ci servicio obligatorio y habíar tecnología moderna y cierto cosmopolitismo adquirido por pi ob sdo l dacn Ci ejem cito , se lo 1 tbm su id it silo s sus sus viajes al extranjero y su contacto con otras armadas el am



embargo, el trato inhumano al personal enrolado, durante las lo mismo a las personas indefensas que tenían bajo su control. práctIcas, en las instalaciones costeras y terrestres y a bordo de Después de todo, no hacían sino aplicar lo que habían aprenlas naves en el mar, era idéntico al del ejército.4° La crueldad dido en el eItenamiento básico.51
con los subordinados era una táctica psicológica y uroporcio- La vida militar era dura y pesada y, a pesar de todo, los subnaba cierta vía de escape para la presión al permitir a cada uno oficiales ran en su ma’oría voluntarios a quienes les encantaba de los diferentes grados desviar su uropia opresión hacia los su trabajo. Ellos habían encontrado en el ejército un hogar y que tenían bajo su rango. La opresión crecía como una bola gozaban las delicias de su posición. El instructor de ejercicios de nieve que rueda cuesta abajo, hasta que todas las tensiones era para los reclutas una especie de sernidios. Cuando termina- y el abuso desembocaban en los reclutas. Éstos eran lo más bajo ban los ejercicios del día, los reclutas se peleaban por el privide los de abajo; ellos no tenían vía de escape ni ningún otro legio de desenrollarle las polainas al jefe del escuadrón. En el a quién maltratar placenteramente. nano, le detenían el jabón y le refregaban la espalda. Los subsa era la dinámica objetiva de grupo de la vida militar, oficiales eran adulados y halagados día y noche. Otra de las
Sin embargo, de una manera subjetiva, los dirigentes niilita. atracciones de la vida militar era una igualdad que no se res creían que la disciplina rígida era la única manera de en- encontraba cii ninguna parte en la sociedad japonesa. Sin que trenar a las tropas, y tal cosa parecía efectiva. Ese artículo dek importara la alcurnia o la riqueza de la familia de cualquier fe estaba expresado en comentarios semejantes a: “Si a losi conscripto, todo quedaba atrás cuando entraba al servicio. Des- soldados se les trata suavemente, se acostumbrarán a eso. Hay de ese instante no era sino un recluta más. Los suboficiales se que ser duro desde el principio para que los hombres compren. veian atendidos por hombres que no se hubieran dignado en dan que ‘ahora están en el ejército’ A los oficiales subalter. dirigirles la palabra durante su vida civil.
nos se les advertía que no fueran indulgentes: “Tú no querrás Un 4iciente todavía mayor era la comodidad relativa de la ser la clase de oficial de quien los hombres dicen: ‘Es un buen vida militar, por extraño que parezca. En comparación con el tipo; no nos ordenará avanzar bajo el fuego del enemigo’. Tus pesado trabajo de sol a sol en los empobrecidos hogares campe- tropas no te respetarán”.48 sinos donde habían nacido y crecido, muchos suboficiales des-
Los hombres enrolados debían odiar a sus oficiales: “Su re cubrian que la vida en el ejército era “mucho más fácil” y que sentimiento con frecjecia se conv ertc n fucrzi combitiva La el trabajo no ere mu duio 3 si mucho mejoi quc el (k cu d reprimida furia del campo de maniobras y de la vida (le cam quier labriego”.°3 En el ejército tenían comida suficiente y una pamento expiota en tiempo de guerra en un deseo sangriento pensión si permanecían hasta su retiro. No es de sorprender de acuchillar al enemigo”. Un comandante “hábil” podía, “tra- pues, que los segundos y terceros hijos, sin ninguna esperanza tando a sus hombres con calculada brutalidad, moldearlos hasta de llegar a tener algún día un pedazo de tierra que consideraran dejarlos convertidos en fiera unidad combatiente en contra del suyo, descubrieran que la vida en el ejército era muy atractienemigo durante el tiempo de guerra”.49 (El maltrato a ios re va.54 La ma3roría (le los suboficiales asignados a los importanciutas iba mucho más allá que un entrenamiento realista que tes deberes del entrenamiento y la conducción de las tropas, preparara a los hombres para el combate. Aparentemente, mu- pI’oeín del más bajo estrato de la sociedad. La “dureza” de chos enrolados de edad madura habían podido evitar que los los militares japoneses, que produjo un suministro interminaasignaran al servicio fuera de japón por su habilidad para mal ble de buenos combatientes por medio de esos métodos brutales, nejar a los reclutas bisoños. Los primeros señalaban un interés[ en retalidaci hallaba su origen en la miseria de las zonas rurales creado en formar a los nuevos, aunque para obtener los resu1 de Japón, donde la lucha por la supervivencia era más ardua tados se viera obligado a emplear los puños y los pies.59) Los: y dura que la vida en el ejército. Una “dureza” enraizada en inevitables efectos colaterales de ese entrenamiento para “formas las privaciones, en la obediencia a la autoridad y a la brutalicombatientes llenos de rencor” eran cierta propensión a usare dad, resultaba efectiva sólo en limitados encuentros en el camla brutalidad en contra de los prisioneros enemigos y los civiles po de batalla. ¿Qué sucede cuando esa dureza queda confinada no-combatientes. Los hombres, que estaban bajo una presión en una guerra prolongada en contra de un “enemigo” altaconstante. exolotaban en una conducta irracional y (leStrUCtiVa. aneisle racional y organizado en una forma democrática? ¿No
1., r,,,í’ T,nn r,1(lir: nrrvalecer nor me-

_ - — — — —
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que esa “dureza” tan efectiva en contra de las tropas manchúe5
y las fuerzas zaristas rusas, que eran todavía más irracionales y
brutales que las del Japón en esa época, sería la debilidad fataL
en la Guerra del Pacífico.

La conducción de la guerra y el resultado .
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