Segunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945






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títuloSegunda guerra mundial y los japoneses, 1931-1945
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Los miitares: autoritarios e irraciondes



El ejército y la armada imperiales disfrutaban de una libertad de acción virtualmente ilimitada, y sus maneras de actuar reflejaban el carácter sorprendentemente irracional y nada democrático de los militares. Fue algo típico de la mente militar japonesa el precipitarse temerariamente hacia una guerra que no podían ganar, y proseguirla hasta la destrucción nacional. Discutiremos dos aspectos de los servicios armados y de la Guerra en el Pacífico: la posición institucional del establecimiento de la defensa en el Estado, y la dinámica interna de los militares.
Los Militares y el Estado
A principios del periodo Meiji, los militares estaban colocados bajo la autoridad del Consejo de Estado; no había, por lq. tanto, separación alguna entre los asuntos civiles y militares.rEh” 1878, después de la creación de un Estado Mayor General ci?ño árgano independiente del Ministerio del Ejército, los militares funcionaron separados de la administración ordinaria del gobierno. Esa fue la famosa independencia del comando supremo.’ La independencia del Estado Mayor General no se vio reducida por la Constitución Meiji promulgada en 1889. La constitución estableció un sistema parlamentario bajo ci cual los representantes elegidos de la Dieta participaban en las decisiones del gobierno, pero al emperador se le reservaba una área de autoridad muy amplia. Las agencias ejecutivas que actuaban en representación del emperador podían funcionar sin la aprobación de la Dieta. El derecho del comando supremo y el derecho a determinar la magnitud de las fuerzas militares estaban in• cluidos en ese arrollador poder ejecutivo. El primero de e1Ios se especificaba en el artículo XI: “El Emperador tiene el rnando supremo del ejército y la armada”. El segundo 10 cubría el art tículo XII: El “Emperador determina la organización y la posi. ción ele paz del ejército y la armada” Unos cuantos expertos legales trataron (le restringir al EstadMayor General citando el artículo LV, el cual establecía: “Los respectivos Ministros de Estado aconsejarán al Emperador y serán responsables de el1o”. Los que proponían una autoridad civil argumentaban que, pues. to que la constitución no especificaba excepciones, bajo una interpretación estricta, el derecho del comando supremo debería ejercerse como el consejo de un Ministro de Estado al trono.i Ese argumento habría invalidado la independencia preconsti. tucional del Estado Mayor General y reducido al jefe del Estadok Mayor General a un nivel igual al de los demás ministros del gabinete.2 Dicha interpretación, no obstante, no prevaleció; el comando supremo retuvo su estado especial después de la pro. muigación de la constitución. Es así que desde el principio dç
/ la era constitucional del Japón, los militares ocuparon una po. sición, única y poderosa, en la estructura del Estado.3
Aunque la independencia del comando supremo era hecho aceptado, la opinión acerca de su alcance variaba nota- biemente. Una escuela de pensamient.o consideraba al comando supremo corno una excepción indeseable de los principios del L gobierno parlamentario porque no era responsable ante la Dic. ta.4 Los abogados de este punto de vista buscaban restringir la jurisdicción ele los órganos consultores militares. Los generales contraatacaron aseverando que la seguridad era algo crucial paraL la supervivencia nacional y que la defensa tenía la prioridad, . Los militares trataron de ampliar la autoridad del comando y (le prevenir la interferencia de las otras dependencias de bierno. (En 1930, una opinión del Estado Mayor General decía: “Los militares deben darle a la autoridad de las organizaciones del comando militar la interpretación más amplia posible”).5 Las diferencias de puntos de vista y énfasis no podrían haber siclo más nrofu odas.
El emeracior era el comandante supremo. Estaixi respal.
dado por rganos consulcorcs y por los estados mayores del ejér
cito y la armarLa orJgnnlmente, el estarlo mayor general de :
la armada no era una agencia independiente como el estado
mayor general del clérci Lo). Ls estados mayores generales pla.
nea b:t u y ejecutaban las funciones del comando en forma en te- e
ramente independiente del resto del gobierno. Los ministerios ra del gobierno fungiendo como órganos administrativos, no de mando, y no tenían una función legal especial. No obstante, los ministerios de servicio se las arreglaron para adquirir una prerrogativa de comando supremo. Cuando las regulaciones del sistema del gabinete fueron promulgadas por vez primera en 1889, el artículo 7 declaraba explícitamente que “en asuntos que involucren el secreto militar y el comando reportados por el jefe del Estado Mayor al trono, excepto aquellos en los que el emperador mismo informe al gabinete, el Ministro del Ejército y la Armada deberá informar al Primer Ministro”. Sin embargo, en ciertos momentos las palabras “por el jefe del Estado Mayor General” fueron borradas del texto, haciendo confusa la restricción. Los ministros de servicio reclamaban autoridad para reportar directamente al emperador sin la aprobación del gabinete; bajo ese privilegio sólo debían informarle al primer ministro acerca de sus acciones. Los ministros del ejército y la armada ganaron de esa manera su derecho a un acceso directo al trono por medio de un truco contrario a la ética.6
Ese estado especial se vio apuntalado de otras maneras. Los ministros de servicio siguieron siendo el puesto especial para los militares de profesión, y jamás se permitió el menor control - por parte de los civiles. Durante un tiempo, a mediados de la era Meiji, no había requisito alguno para ser ministro del ejército o la armada, y hasta un civil podía haber ocupado esos puestos. Por costumbre, no obstante, esos puestos siempre se les concedían a generales o a almirantes. Después de 1900 las normas fueron cambiadas y especificaron que el Ministro del Ejército tendría que ser un general o teniente general en servicio activo, y que el ministro de la armada debía ser un almirante o vicealmirante. En 1913 dichas normas volvieron a revisarse y permitieron la selección de generales o almirantes de la reserva o retirados. Otro cambio ocurrido en 1936 restringió nuevamente dichos puestos para oficiales en servicio activo.
El nombramiento de oficiales militares continuó hasta el final de la Guerra del Pacífico. Hasta un gabinete de partido
• —esto es, un gabinete formado por el partido mayoritario de la Dieta, lo cual se convirtió en costumbre de la década de los años veinte en adelante— tenía que nombrar militares para los puestos de servicio. No podía haber gabinetes de civiles o de miembros de la Dieta. Más todavía, los militares podían derribar los gabinetes haciendo renunciar a un ministro del ejército o de la armada o evitando su participación negándose a proporcionar oficiales que ocuparan dichos puestos.
fliirnt i’l nm’iniln Meii 1iriçrpntpç t-i’vilpç cnmn Tt’ 1—hm tomo, tenían en común ligas personales y profesionales que iban más allá de los intereses provinciales. Habían luchado juntos para derribar al gobierno Tokugawa y constituían la élite, joven y dinámica, que había creado al nuevo Japón. Exis. tía competencia entre los integrantes de Satsurna y Choshu, los dos feudos que habían encabezado la restauración. Aun así, seguían siendo los que estaban en el poder, los burócratas que manejaban las riendas del poder y se mantenían unidos contra todos 105 demás rivales. Llegaban a su maduración y se convertían en los oligarcas y los dirigentes más antiguos de la restauración. Como genro u hombres de Estado venerables, ocupaban una posición superior en el gobierno y en lo militar. Sus consejos para el emperador se basaban en esa autoridad y prestigio únicos. De esta manera, ocurrían pocos conflictos serios entre la política civil y la del comando supremo.
Cuando los genro se fueron retirando o muriendo gradualmente, y los partidos políticos se convirtieron en una fuerza importante dentro de la Dieta, la independencia del co.rnando supremo con frecuencia ocasionó serias fricciones, ya que significaban un impedimento para el gobierno parlamentario. El gabinete era responsable de las políticas nacionales ante el pueblo, pero los acontecimientos con frecuencia eran decididos por los militares que no eran responsables ni ante el pueblo ni ante el gabinete.
En 1912 el Mixiistro de Guerra, Uehara Yusaka, insistió en que las fuerzas armadas se aumentaran en dos divisiones. Cuando el gabinete se negó, Uchara presentó su renuncia y el Ministerio del Ejército hizo saber que no había sucesor. Al gabinete no le quedó más remedio que renunciar. El control sobre la designación de los ministros de servicio les daba a los militares un poder de vida o muerte sobre cualquier gabinete.
En 1930 un gabinete encabezado por Harnaguchi Yuko pasó sobre la férrea oposición de Kato Kanji, jefe del Estado Mayor general de la armada, y obtuvo la ratificación del Tratado Naval de Londres. De acuerdo con ese tratado, Japón accedía a una proporción en su potencia naval del 10:6 con la de Estados Unidos. Era la época de un “gobierno constitucional normal”, cuando varios gabinetes sucesivos los formé el partido de la mayoría en la Dieta. La cooperación internacional fue una tendencia prometedora en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial. Respaldado por vientos favorables en casa y en el extranjero, Ci gabinete de Hamaguchi se internó enaguas dela armada y audazmente insistió en que podía constitución. El Estado Mayor de la armada y los que la apoyaban contraatacaron argumentando que los niveles de la fuerza militar eran asunto del comando supremo y que el gobierno no podía concluir un tratado así sin su aprobación.8 A eso siguió una furiosa controversia, pero el gabinete de Hamaguchi salió triunfante, en parte porque la tendencia democrática y antimilitar de la década de los años veinte era todavía muy fuerte.
Los militares no aceptaron la derrota en forma pasiva. La reprimida frustración durante las conferencias de limitación de armamentos y la atmósfera antimilitar de mediados de los años veinte, explotaron finalmente con una violencia desesperada. El contraataque por parte de los oficiales reaccionarios marcó el fin del “gobierno constitucional normal” y obligó a un agudo viraje de la cooperación internacional hacia la agreSión cm el extranjero. La independencia del comando supremo era el arma institucional más efectiva de los militares en la revuelta contra el liderazgo civil.
El 18 de septiembre de 1931, una explosión en la línea principal del Ferrocarril de Manchuria del Sur cerca de Mukden, inició el secuestro de Manchuria. La colocación de las bombas fue un acto criminal, planeado por el ejército de Kwantung. Inmediatamente después de la explosión, Morishima Morito, el cónsul general japonés, se dirigió a toda prisa a la agencia del servicio especial en Mukden y le instó a Itagaki Seishiro y a otros oficiales del Estado Mayor del ejército de Kwantung a buscar alguna solución pacífica por medio de negociaciones diplomáticas. Itagaki replicó airadamente, “La prerrogativa del comando supremo ha sido invocada. A pesar de eso, ¿está usted tratando de interferir con una acción del comando?” Hanaya Tadashi desenvainó su sable y amenazó a Morishima diciéndole, Todo el que interfiera con el comando supremo merece esto!”9 lEsa noche, oficiales del ejército prendieron la chispa que duraría quince años de destrucción y muerte actuando ilegalmente // bajo el pretexto de “la prerrogativa del comando supremo”. V
Un fait accompli sucedió a otro, las hostilidades se extendieron y el final fue un desastre cataclísmico para el Japón
Japón inició las hostilidades en gran escala contra China en 1937. Hasta ese entonces ninguno de los funcionarios civiles del gabinete, incluyendo al Primer Ministro Konoe Fumamaro, sabían el límite al que intentaban penetrar los militares dentro de China. El Ministro del Exterior no tenía la menor idea sobre argurnentarles a los demás países, y otras agencias del
no pudo soportar la incertidumbre; durante una junta de ga- de gabinete y otros consejeros sénior (jushin)* no contaban con binete preguntó en qué área general se detendrían las acciones la información necesaria para evaluar las probabilidades de de los militares. El Ministro de Guerra, Sugiyarna Hajime se t victoria que tenía japón. Togo Shigenori, Ministro de Asunnegó a contestar. El Ministro de la Armada, Yonai Mitsumasa, tos Exteriores a fines de 1941 declaró después de la guerra sintió entonces que tenía que decir algo y replicó, “El plan que él había dudado mucho d’e las seguridades de obtener la es el de detenerse en una línea que corre entre el río Yungtin Victoria que los militares habían ofrecido. Sin embargo, carey Paoting”. Sugiyama se puso rojo de furia y le gritó a Yonai, ciendo de información para refutar sus argumentos, tuvo que “Cómo puede usted discutir tales asuntos delante de estos ci- aceptar sus juicios y estar de acuerdo en que se iniciaran las viles?” La situación se tomó tan grave que hasta el Premier hostilidades.’2
Konoe, que mantenía buenas relaciones personales con los mi- Los diferentes servicios mantuvieron al gobierno ignorante litares, se vio reducido a preguntarle al emperador cómo iban de la situación militar una vez que se inició la guerra. El ejérlas cosas. El Primer Ministro le pidió al emperador que le j cito y la armada, cada uno por su lado, guardaron celosamente su autonomía. No sólo le ocultaban todo a los civiles, sino que
formara al gabinete sobre los asuntos que los militares repor- cada uno de esos servicios se negaba a compartir información taban directamente al trono y que él, como Primer Ministro, con el otro. Aunque Tojo Hideki, por ejemplo, era al mismo tenía necesariamente que saber para poder planear el futuro. El
tiempo Primer Ministro y general en servicio activo, la armada
emperador le dijo a Konoe que los militares se mostraban no le comunicó la derrota de Midway sino hasta un mes des— reacios a discutir ciertos asuntos en las juntas de gabinete por- pués.’3 Tojo no podía interferir ni dictarle órdenes a la arma- que había políticos civiles presentes, y accedió a pasarlés infor- da.’4 Shigemitsu Mamoru se enteró hasta después de la guerra mación esencial al premiar y al Ministro de Relaciones Exte- que la Flota Combinada había sido destruida en la Batalla del riores. Dicho arreglo cubría tan sólo información proveniente Golfo de Leyte.’6
del emperador; el Premier no podía expresar sus puntos de La insistencia de los militares en contar con un amplio mar- vista sobre esos temas.’° gen de prerrogativas de comando les permitía sacarle la vuelta
El 16 de agosto de 1941, durante una conferencia de enlace a los civiles. Los generales y almirantes usaban ese punto de con el gabinete en la sede imperial, uno de los militares dijo apoyo y su poder para subordinar todos los asuntos del gobierno que los asuntos de la conferencia no debían discutirse con tanto al control militar. Cuando el gabinete de Okada cayó como detalle durante las juntas regulares del gabinete porque no de- resultado del motín de los militares en Tokio, el 26 de febrero bía hacerse pública esa información considerada como exclusiva, de 1936, Horita Koki fue llamado para formar un nuevo gabiy que a los demás ministros del gabinete se les podría comunicar nete. Los del ejército revisaron la lista tentativa de candidatos sólo aquello que tuvieran que saber necesariamente para así para el gabinete y objetaron a varios de los seleccionados. El cumplir con sus deberes. El Ministro de Asuntos Extranjeros, Seiyukai y el Minseito siguieron el mismo camino en el entenToyoda Teijiro, se levantó y dijo: “Los demás ministros del dimiento de que cada partido obtendría dos puestos dentro gabinete son también Ministros de Estado. ¿Por qué ha de con- del gabinete. Posteriorniente, los del ejército dieron marcha siderarse inconveniente el consultar con ellos?” A lo cual le atrás y exigieron que se conformaran con un puesto ministerial contestaron: “No hay nada inconveniente desde un punto de únicamente.’6
vista legal”. El Ministro del Exterior insistió: “Está usted En 1937 los del ejército se escudaron en una pregunta hecha denigrando la constitución?” argumentó. Su adversario repuso: [ en la Dieta por Hamada Kunixiatsu, considerándola “una prue“Hablando teóricamente, está usted en lo crrecto, pero cuando bti del sentimiento antimilitarista de los partidos políticos”. El se trata de proteger secretos militares, debemos ser prácticos”. precio que exigió el ejército por cooperar fue el de que “el parEn fornia inflexible los militares se opusieron a compartir in- tido expulsara a Hamada, reconsiderara sus errores y le diera formación con 105 demás ministros del gabinete. apoyo total al gobierno”. Finalmente, el gabinete de Hirota
La decisión crucial de declararle la guerra a Estados Unidos
y a Inglaterra siguió el mismo patrón. Todo lo relacionado con Los jushin u hombres de Estado sénior formaban un runn g’,ctrrnnq.

rnarzo e 1931. Si Ugaki llegaba a Primer Ministro, causaría una lesión a la disciplina del ejército. Sin embargo, era ridículo decir que un premier civil podía acarrear un efecto negativo sobre la disciplina. La verdadera razón era el respaldo que Ugaki le había dado al Minseito. El ejército acababa de tener un choque con los políticos del partido y había derribado al gabiflete de Hirota. Ahora Ugaki buscaba el apoyo de un partido político y el ejército no toleraría tal cosa.
Ya para entonces estaba establecida firmemente la práctica de que el Ministro del Ejército, el jefe del Estado Mayor General y el Inspector General de Educación Militar —los tres oficiales más poderosos del ejército— le recomendaran el nuevo ministro del ejército al premier designado. Además, en mayo de 1936, se revisaron las normas para restringir el nombramiento de los ministros del ejército y de la armada, a oficiales que estuvieran en servicio activo. Un premier designado ya no podía evadir los servicios echando mano de un oficial retirado. La habilidad del ejército para bloquear cualquier nuevo gabinete volvió a ser inexpugnable. De acuerdo con cierta interpretación, ese cambio lue aceptado bajo la condición de que los subsecuentes ministros del ejército pudieran ser designados sin la aprobación de los Tres Grandes del ejército.19 La evidencia sobre este punto es ambigua; la práctica se continuó hasta que el gabinete del príncipe Higashikuni rechazó el puesto al rehusar la elección de Doihara Kenji en favor de Shimomura Sadamu. 2°
En 1940 el Viceministro del Ejército y el Vicejefe del Estado Mayor acordaron que el gabinete de Yonai Mitsumasa debía ser reemplazado para favorecer una alianza militar con Alemania o Italia. El jefe del Estado Mayor, príncipe Kan’in, estuvo de acuerdo: “Si la mayoría del ejército considera un cambio de gabinete como algo necesario en beneficio del país, las medidas extraordinarias serán inevitables”. El príncipe le envió un memorándum al Ministro del Ejército, Hata Shunroku, que en parte decía: “Es algo esencial en estos momentos la formación de un gabinete fuerte de unidad nacional que sea capaz de cumplir con sus obligaciones de una manera resuelta. Le ruego que asuma las medidas necesarias”. La única “medida necesaria” para Hata era la renuncia. Cuando el premier buscó con quién reemplazarlo, los tres dirigerentes del ejército replicaron que, aunque no se negaban a la petición, la situación del ejército era “bastante difícil”. Puesto que eso era equivalente a una fi-anca neRativa: el e’abinete de Yonai fue obligado a re-
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