La caída del comunismo y sus consecuencias. Perestroika y democratización en la urss






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Asunto: La caída del comunismo y sus consecuencias. Perestroika y democratización en la URSS. La Rusia de Yeltsin.

Madrid, 12 de marzo de 2014.

A quien corresponda:

Rusia. Moscú. 6 de octubre 1993. La Casa Blanca parcialmente quemado (edificio del Parlamento), que fue asaltada por las tropas leales al presidente Yeltsin, esas unidades de blindados se disponían a retirarse.

Podría decirse que Gorbachov era la máscara de Rusia y que Yeltsin fue la cara real 1. Yeltsin demostró que para que el sistema soviético se derrumbara era necesario, según su propia biografía oficial, “identificarse con el pueblo y no adularlo”, de esta forma descubrió que tenía más madera de líder populista que de dirigente democrático. Esta descripción ayuda a entender porque Rusia no se encaminó hacia un sistema democrático normal, sino hacia un régimen autoritario plebiscitario, sujeto a bruscas alternativas y con instituciones inestables a menudo en confrontación.

Tras su victoria, Yeltsin renunció a modificar la composición del Parlamento ruso que había sido elegido antes del golpe de Estado. Pero pronto tuvo que enfrentarse a él dado el desconocimiento del funcionamiento del sistema democrático. Cuenta Yeltsin en sus memorias que “no estaba claro qué era un presidente ni qué era un vicepresidente ni la forma que habría de adoptar el Tribunal Constitucional ruso”. Además tuvo que enfrentarse a Rutskoi por criticar su estrategia de la terapia de choque en el terreno económico.

El Parlamento pudo enseñar principios democráticos, pero Yeltsin propuso para elegir un primer ministro que la Cámara eligiera quince nombres; de ellos escogería cinco y los presentaría al Parlamento. Pero presentados los electos se optó por la segunda persona en número de votos y no por la primera. Era patente el predominio del ejecutivo sobre el legislativo y se multiplicaron las protestas del Parlamento contra el que representaba el poder.

En septiembre de 1993, Yeltsin procedió a la disolución del Parlamento y a anunciar una nueva Constitución que sería sometida a referéndum. Según sus memorias, fueron sus adversarios los que tomaron la iniciativa de la violencia, una vez fracasada la mediación del patriarca ruso. En octubre se producían los disparos de los tanques contra el Parlamento ruso con un centenar de muertos. El cambio del primer ministro Gaidar por Chernomirdin no varió un ápice el enfrentamiento con el Parlamento.

Por otro lado, la intervención en Chechenia fue repudiada por el 90 % de los diputados, pero no impresionó a Yeltsin que, en 1995, solo contaba con el 10 % de la opinión pública. Sí contó con el apoyo occidental para enfrentarse en 1993 a unas nuevas elecciones presidenciales.

Septiembre de 1994. Grozny. Celebraciones del día de la Independencia chechena en un estadio. Varias de las personas que asistieron fueron heridas o asesinadas por balas perdidas.

Pero el sistema ruso difería todavía de ser democrático. De acuerdo con la Constitución de 1993, el presidente de Rusia es elegido por dos períodos de cuatro años y tiene en sus manos decidir las “líneas básicas de la política interior y exterior”. La Duma o Parlamento está compuesta de 450 diputados, la mitad de los cuales es elegida por sistema mayoritario. En realidad, el legislativo tiene poca capacidad de determinar la composición de los Ministerios que dependen de la voluntad presidencial. El papel político del Ejército se configura a través del influyente Consejo de Seguridad. Se formaron hasta 137 Ministerios, unos 50 más que en la época de la URSS. Mientras, la oposición intelectual había desaparecido de la vida política.

La política de Yeltsin se ha caracterizado por sus vaivenes. Sus relaciones con los demás países de la CEI han sido conflictivas: en Ucrania, debido a la pugna por mantener la Flota rusa en el Mar Negro o la Guerra de Chechenia desde mediados de la década de los años noventa, ésta última revelaba la dificultad del Ejército de la antigua URSS por resolver una guerra de guerrillas.

Hasta finales de los noventa, los rusos aceptarían una situación de semiindependencia en Chechenia firmando acuerdos con los tártaros y por Bashkortostán que presumían una especie de trato entre iguales. Hubo otras protestas debido al peso de los impuestos que recaían en esas unidades políticas menores.

Esto lleva a plantear las dificultades económicas que padece Rusia desde la década de los noventa. En 1991, era ya desastrosa: se produjo un 10 % en producción de productos energéticos, químicos y alimentarios, pero lo peor estaba por venir. El PIB pudo haber bajado más del 40 % entre 1991 y 1994, pero con datos no fiables. En industria, el decrecimiento pudo haber sido del 50 %, y en agricultura algo menor. Lo más grave es que la vida económica parecía no estar sujeta a reglas.

Lo que sucedió a la economía colectivista no fue el capitalismo sino una transición de grupos de interés económico en lucha tribal y al margen de la legalidad. Yeltsin llegó a decir que el 40 % de los empresarios estaba vinculado a la mafia. Las consecuencias afectaron a la confianza del capital exterior. En 1984-1994, Rusia recibió tan solo 7.000 m. de dólares de inversión extranjera, cifra muy baja comparada con los 83.000 m. de China.

Rusia, San Petersburgo. Historia de la moda con Carla Bruni. 1992.

La gravedad económica afectó al nivel de vida: se calcula que entre 1990 y 1994 murieron un millón y medio más de personas. En sanidad, el gasto público descendió a la mitad del mínimo imprescindible. La delincuencia desbordó el ámbito de lo económico y se contabilizarían 29.000 asesinatos.

La tentación de incrementar las pretensiones imperiales surge como contrapartida exterior a los problemas interiores; en forma muy parecida a lo sucedido en la época Breznev. Reaparece así una política anti OTAN nacionalista que se extiende hacia el Este y de una eslavofilia que lleva a ejercer una indudable actitud protectora respecto a Serbia.

Este nacionalismo hace pensar en que Yeltsin incorporaría a la extrema derecha de la Duma rusa. No obstante, los préstamos occidentales siguieron afluyendo debido a las reivindicaciones de Yeltsin y sin prestar demasiada atención en que propósitos se empleaban los prestamos concedidos.

Esta política también se seguiría por los demás países nacidos tras la descomposición de la URSS, incluso con mayores agravantes. Si en Rusia, el 83 % de quienes ocupaban puestos gubernamentales era comunistas en Asia Central el porcentaje era mayor. En realidad, las instituciones políticas se caracterizan por un presidencialismo desbocado y casi omnipotente frente al parlamentarismo que era habitual en la Europa Central democrática y postcomunista.

En el mejor de los casos cabría hablar de una democracia delegativa, sujeta, más que a control, a plebiscitos ocasionales. Y en el caso de las repúblicas asiáticas, por un centralismo extremado, incluso llegando, en algún caso, a una pura y simple dictadura y no solo en Asia Central, sino también en Azerbaiyán en el Cáucaso y Bielorrusia al Oeste. En cuanto a los problemas económicos incluso se verían multiplicados.

Se impone una reflexión hacia el pensamiento clásico político: Tocqueville afirmó que resulta sencillo hacer una revolución contra un sistema tiránico, pero lo es mucho menos construir luego una democracia viable. Montesquieu aseguraba, ya entonces, que los regímenes eran como los climas y el ruso era extremado y sus cambios bruscos. La política rusa para los occidentales siempre tuvo apariencia de ser irresponsable, confiar en la buena suerte, ser ignorante y mal educada además de propiciar el servilismo hacia lo extranjero. Pero todos estos estereotipos del pasado carecen de justificación.

Por su parte, Solzhenitsin convertido en el representante más característico del patriotismo ruso y receloso con respecto a Occidente, un alma tradicional rusa, para él los reformadores se habrían convertido en fanáticos que, obnubilados por una idea fija, empuñan sin la menor duda su escalpelo y se ponen a cortar y recortar el cuerpo de Rusia”; en este sentido han resultado ser más los herederos que los adversarios de los comunistas.

Rusia. Moscú. Mujer sin hogar haciendo cola para la comida. Centro de la ciudad de Moscú. 1995.

En tono angustioso, se pregunta el escritor sobre la supervivencia de Rusia mientras que describe la transformación económica como un “pillaje perpetrado en las sombras y visto como algo irremediable”. El juicio de Elena Bonner, la viuda de Sajarov, aunque muy distinto en su fundamento, no resulta mucho más positivo: “Nunca hemos vivido en democracia, pero en los últimos años hemos conseguido desacreditar la idea misma de la democracia”. De las incógnitas sobre el futuro que tiene la Humanidad todavía en nuestros días, una de las más graves es, en definitiva, la que se refiere a la antigua URSS.

Afectuosamente, JAG.stilo.

1 Fuente principal: Javier Tusell. Manual de Historia Universal. 9. El mundo actual. Historia 16, 2001.

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