¿Es la Masonería una Religión?






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¿Es la Masonería una Religión?
Versión completa
Por Ricardo E. Polo : . 33º
1ra Parte
No cabe duda que y uno de los temas más “ríspidos* latentes en el seno de la Orden y que lamentablemente se proyecta hacia el universo de ideologías que nos intentan definir, es el de si la Masonería es una religión.
Hemos advertido que en la Internet, sitio en el que se han desatado vientos de libertad inimaginables, es dable observar el debate que permite salir a la luz, innumerables problemáticas latentes en el seno de los Talleres y cuyos alcances al menos colisionan con la necesaria armonía y unidad, esenciales para la continuidad de la Orden.
Para desarrollar este trabajo, se hace necesario mencionar la preocupación del profesor Dr. José A. Ferrer Benimelli, titular del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y que ha sido titular de los Cursos de Verano de El Escorial, sobre el tema “Masonería y Religión; Convergencia, oposición, Incompatibilidades” que se desarrollaron en la Universidad Complutense de Madrid en 1995. Es dable mencionar que esta temática hizo proliferar durante los últimos años, todo tipo de seminarios, reuniones, coloquios y cursos en países como Brasil, Francia, Italia, Portugal, Bélgica. Y que la problemática centró los estudios en Paría, Novo, Hamburgo, Toulouse, Chantilly, Oporto, Foggia, Lisboa, Orval, donde se desarrollaron encuentros sobre Masonería,.
Esta pequeña introducción es necesaria para desarrollar el enfoque que nos ocupa, pues tomaremos como paradigma algunos de los resultados de coloquio de El Escorial.
En la publicación que lleva el nombre del tema y de la que nos ocupamos hoy, el profesor Benimelli prologa diciendo, entre otros conceptos, que “En un mundo cada vez más secularizado y de crisis religiosa, queremos reflexionar en torno a la masonería, que, sin ser una religión, si es una sociedad iniciática en la que no siempre resulta fácil distinguir entre una pretendida o real espiritualidad o religiosidad y una ética y moral laicas”.
Asimismo y para complementar el tema, que trataremos de desarrollar como una síntesis, también destaca, el profesor Benimelli la importancia del tema en “...la relación con la actitud de algunas Iglesias respecto de la compatibilidad o incompatibilidad de fe, que supone o lo pueda hacer, la doble pertenencia o militancia en la masonería y en cualquiera de las diferentes religiones mas tradicional o históricamente vinculadas con ella con lazos de amistad o enemistad”.
¿Es la masonería una religión?
Aldo Alessandro Mola, de la Universidad de Milán, aporta su pensamiento en la obra mencionada (1), partiendo del aspecto doctrinal de las definiciones que de si misma da la Masonería. Y lo hace partiendo de la documentación y fuentes institucionales, sucedidas a partir de las Constituciones de Anderson de 1723 y hasta la Declaración de 1985, de la Gran Logia de Inglaterra. Al respecto, debe mencionarse su no consideración como unívocos, “...las declaraciones de principios en torno a Dios, la religión y los antiguos deberes [que] mutaron durante siglos, según iban desenlazándose los avatares internos de la Masonería, y en particular, en los engarces entre la Gran Logia de Londres y la Gran Logia Unida de Inglaterra (GLUI) pasando por las divisiones entre “antiguos” y “modernos”.
La problemática planteada, según los estimado por Mola, debe seguir un esquema que se integra “...con la función de la masonería en cuanto religión civil (o laica, o política)...y considerando la secularización y modernización de los últimos siglos y en especial el presente. Por ello, considera que “...además de la teología, la historia y la masonología, debe acudirse a la sociología, la antropología y el funcionalismo”. (2)
También menciona que la palabra “religión” “...no se utiliza aquí en el sentido hodierno (3) de religiosidad, espiritualidad, pietas (4), sino en su acepción de fe.. El que alude a la Revelación, a la Promesa, a la Profecía, al descubrimiento de un Dios metafísico, trascendente...” Haciendo hincapié, además de los principios, reglas o ritos iniciáticos y de pertenencia, y la sanción del grado de fidelidad del “iniciado” a la “Verdad”...
Al entender que este tema es de vital importancia para poder restablecer la Unidad en la Orden, afectada por las divisiones sucesivas ocurridas a través del tiempo, pensamos que ahora debiera buscárselas no solo resolviéndolas, sino aditándole “...en la diversidad”, de manera de conciliar las posiciones y obtener una salida honorable a muchísimas “interpretaciones” que nos han dividido. No obstante, consideramos también que el interrogante sobre si la masonería es una religión, constituye un serio obstáculo para alcanzar la Unidad, pues plantea una cuestión de conciencia cuyo contenido intelectual, espiritual y hasta ideológico, colisiona con el imperio de la Razón en la consecución de lo estrictamente masónico.
No cabe duda que el Enunciado Fundamental del 21 de junio de 1985, en el que la Gran Logia Unida de Inglaterra concluye en que “...la Masonería no es una Religión, ni un sustitutivo de la religión” (5) no resuelve el problema, toda vez que tal vez como una contradicción, la Orden condiciona a sus integrantes creer en un Ser Supremo. No obstante el hecho de no ofrecer una propia “doctrina de fe”, la GLUI, exige “...la creencia en un Ser Supremo. Mola, sostiene que “Aun sin ser una religión, la masonería impone a sus afiliados el culto de una religión, en cuanto presupuesto de la Iniciación...” y se pregunta “¿Para qué?”....
No sostiene la Declaración la existencia de un Dios Masónico, dejando que ese Dios sea el de la religión profesada por el masón. Y asimismo, emerge el respeto mutuo por un Ser Supremo, “...en cuanto El sigue siendo supremo en sus religiones respectivas”.
Entre lo importante de lo opinado por Aldo Alessandro Mola, consignado en la Obra motivo de este trabajo, está su análisis de la Declaración de 1985, mencionando que “...durante los trabajos está prohibido discutir de religión” y que “...no es misión de la masonería tratar de unir credo religiosos diferentes”.. Por lo que “...la masonería no pretende ser un “sincretismo” entre fes distintas, ni una superreligión, una Verdad absoluta y superior a las “verdades” (o “creencias” de las fedes particulares. En contra de lo que defienden esotéricos y ritualistas, quienes suelen mezclar aspectos de diferentes religiones monoteístas y de paganismo”.
Tales clarísimos conceptos, vienen a formalizar nuestras ideas relativas a lo a-religioso –no anti-religioso- de la Orden, en colisión con la intencionalidad de sustituir con lo masónico, precisamente en un “mundo cada vez más secularizado” las religiones que junto con sus integrantes, se encuentran envueltos en una grave crisis intelectual y espiritual.
Sostiene Mola que la GLUI se distingue exclusivamente de las religiones positivas, de los monoteísmos revelados y que al no imponer una fe específica sin embargo impone a los masones la creencia en un Ser Supremo, “...y que antepongan a todo, sus deberes para con Dios”. También sostiene que la Declaración de 1985, además, se basa en los Reglamentos Generales de Payne de 1720, en cuyo Título Primero prevé que “un masón, por su condición de tal, tiene el deber de obedecer a la Ley moral y, si comprende rectamente el Arte, nunca será un ateo estúpido ni un libertino irreligioso”. Anatema (6) este, que a nuestro entender ha sido más nefasto que una condena explícita a quien no piensa de tal manera dentro de la Orden.
Es evidente, para Mola y creemos que incluso para el recto pensador, que al obligarse a los masones a la fe solo en aquella religión “...a que todos los hombres estén de acuerdo”, y deján-doles sus opiniones particulares por ser “hombres buenos, sinceros, hombres de honor y honestidad”, la masonería se convierte en “Centro de Unión, el medio para establecer una sincera amistad entre personas que hubieran permanecido perpetuamente disidentes”, la Masonería “no se trata –dice Mola- de una religión, que impone principios teológicos, sino más bien de un club, que prescribe reglas sociales.
Este análisis del trabajo presentado en la Universidad Complutense de Madrid, escudriña metodológicamente los vericuetos del tema, al punto de puntualizar el paso “...del teísmo de las antiguas corporaciones y gremios, al deísmo, con lo cual se eliminó la fe explícita en el Dios-Persona tal como lo enunciaba la Biblia y enseñaba la Iglesia”. A tal conclusión se arriba luego de mencionar que la Constitución, en su redacción de 1738, establece que “...el masón, por su condición de tal, tiene el deber de observar la ley moral y, su comprende correctamente la Corporación, nunca será un ateo estúpido, ni un libertino irreligioso, “ni actuará contra conciencia”...”
Es probable que tal interpretación sea debida al apartado 2 del Título VI, como lo señala Mola, refiriéndose a los “límites” establecidos para “...que en las Logias no se traten temas religiosos ni políticos”, en especial cuando se incluye “..cualquier cuestión inherente a la Religión o a las Naciones o la política del Estado...”. Al respecto, nos permitiremos agregar que entendemos que tal “límite”, pudo haber sido establecido como consecuencia de la interferencia de la Monarquía británica (sin excluir las europeas...) en su exigencia a los calvinistas como Anderson y Dessagulliers, de mantener el “statu quo” limitando el accionar republicanista de los masones de su tiempo.
Es lícito, entonces, consensuar con Mola que la masonería nunca fue una religión, ni lo pretendió, ya que “...siempre prohibió y sigue prohibiendo, que sus afiliados se ocupen de asuntos religiosos en la Logia, siendo único requisito para la admisión [a la Orden...] que ellos no sean ateos y crean en un Ser Supremo”.
Nos recuerda Mola las Constituciones de la Gran Logia, llamada “de los antiguos” [Ahiman Rezon de 1756, redactada por Dermott], que de las reuniones de la Gran Logia, no ha quedado constancia alguna de referencias a la Biblia, ni a Dios, ni al Gran Arquitecto [GADU], refiriéndose, en cambio, a “nuestro Maestro Supremo”.. Y ¡Oh! sorpresa, no parece poder dudarse de la inspiración de aquellas Constituciones porque no eran “...generalmente teísta ni mucho menos deísta, sino explícitamente católica de las nuevas Constituciones”, pues allí se afirma que “...como masones, somos la religión católica más antigua enseñada hasta hoy”. En este aspecto, pensamos que obró de contrapartida precisamente del accionar primigenio de los calvinistas en las Constituciones denominadas “andersonianas” y las “mutaciones” ocurridas a través de los siglos.
Esas mutaciones son advertidas por los vaivenes de la Gran Logia de Inglaterra que “...aceptó o rehusó estrechar lazos fraternos con las demás comunidades masónicas, aplicando con coherencia sus principios”. Si relacionamos esto con el reconocimiento de otras Grandes Logias, Mola puede sostener que la Declaración de 1929 establece, en el primer punto “La creencia en el Gran Arquitecto del Universo y en “voluntad revelada” serán condiciones esenciales para que se admitan sus miembros”. Atribuir lo de “revelación” prefigura al Gran Arquitecto como el Dios Creador y no como simple “Regulador”, con lo que ya queda determinada la condición de religión que se atribuye la GLUI y la condición de Reconocimiento a las Grandes Logias.
Recordemos que en la revista Hiram Abif , [Edición N° ] hemos publicado las razones por las cuales la Gran Logia Unida de Inglaterra, al romper sus lazos con la Gran Logia del Uruguay el 18 de octubre de 1950, episodio en el que se vio involucrado el Gran Oriente Federal Argentino, endureciendo su postura teísta, declaró “Todo hombre que pida entrar en la Masonería tiene que profesar la fe en el Ser Supremo, Dios invisible y Todopoderoso. A este respecto no se permite ninguna excepción. La masonería no es un movimiento filosófico abierto a todas las orientaciones y opiniones. La verdadera masonería es un culto para conservar y difundir la creencia en la existencia de Dios, que tiene que ser el de una religión monoteísta”. Y agrega a todo esto, taxativamente, que “...la masonería es un culto que se funda en bases religiosas...”
Al margen de la brillante exposición de Mola, que comentamos en este trabajo, deseamos agregar que tal posición, exhibida en su momento en la nota remitida al Gran Maestre de la Masonería uruguaya al ser retirado el reconocimiento por parte de la GLUI, constituye para nosotros, librepensadores, racionalistas y adherentes a toda teoría científica, filosófica y producto de las metodologías que lo inspiran, una aberración, el fruto de una intolerancia incomprensible en el ámbito de lo esencialmente masónico, cuna de las cuestiones poco fraternas e inspiradoras de lo que pocos se atreven a denominar “diáspora” en el seno de la masonería y en el de las Logias que han perdido parte de sus columnas, permitiendo emigrar hacia otras seudo masonerías y Ritos en disidencia, que hoy constituyen el espectro tan pálido de nuestra comentada decadencia e inmovilismo.
El haber mencionado a la masonería como un “culto”, sosteniendo un principio ajeno al espíritu, -lo sostengo-, fundacional de las masonería como paradigma del pensamiento, la racionalidad, el libre albedrío y su vocación progresista, ha ocasionado graves disidencias y sembrado gran confusión, persistente hasta nuestros días y razón tal vez esencial, de la ausencia de la anhelada Unidad...hoy sustentable en la diversidad, que permitiría el equilibrio entre lo cierto y lo falso, la Verdad y el error. Pero aún más, en entera colisión con la “búsqueda de la Verdad” que sin “la duda”, constituye una soberana contradicción que impera en los manuales, Rituales y prédica en las Logias y Talleres y sin duda alguna cala hondo en aquellos Aprendices que ingresan a la Orden en busca de respuestas a los interrogantes metafísicos que acucian al Hombre.
No cabe duda, entonces, que la afirmación de culto que impone la GLUI, niega la idea del GADU como un símbolo, una alegoría o una “metáfora genérica” [o denominación genérica....] que aluda a un “Ser Supremo” indefinido. Aunque tal cosa “no signifique religión”, como destaca con justeza Mola, dice que la GLUI se atribuyó así, la función de clero y sacerdocio, como para proteger y difundir una religión preexistente... Y se pregunta: ¿Donde estaría pues, su pretendido laicismo?.
Precisamente esta es la cuestión.

Porque en el seno de la idea laicista, es que la problemática “religiosa” adquiere su mayor fuerza de controversia.
La continuidad del dilema planteado, prosigue más tarde con la imposición de la “fe monoteísta” por parte de la GLUI y las de Escocia e Irlanda, “...ante el temor de que se le tachara de deísmo”... Cabe mencionar que tal imposición es se considera un “...principio constitucional e inderogable de la masonería, del que deriva entre otros el deber de conservar y difundir la creencia en la existencia de Dios...” Contradiciendo, al menos, varios principios sustentados por la Orden, uno de los cuales es el considerar “inderogables” precisamente la fe monoteísta y evidenciando la ideología teológica de sus mentores.
Destaca Mola en su trabajo, el hecho de que mientras “...al comienzo del siglo XVIII, a los iniciados se les prohibía hablar siquiera de cuestiones religiosas, en cuanto perjudiciales para la Logia, ahora los masones no tienen por qué ocuparse de ellas, puesto que todos han de ser monoteístas y misioneros de la verdadera religión”. Con lo cual después de haber negado la GLUI que la masonería fuese una religión, se le impone la religión revelada, no cualquier otra y se “...convierte en el presupuesto mismo de la iniciación y la propagación de la religión se erige en razón de ser de la masonería”... nada menos...
Aunque en momento alguno la identidad entre la masonería y la religión fuese mantenida, no cabe duda que “...se configura –nos dice Mola- como una organización cuyo cometido es divulgar las fes monoteístas y la cristiana en primer lugar...”, sin estar claro si se trata “de un objetivo exclusivo, principal o colateral”.
Hay un párrafo significativo, después de estos conceptos. Párrafo que seguramente nos orienta hacia una mejor comprensión de los parámetros en función de los cuales la GLUI considera que la masonería es religiosa. (7) Dice Mola: “La GLUI no se propone conciliar la fe de los individuos en una religión única, superior o diferente. Queda la separación entre fe en el Gran Arquitecto (GADU) religiosidad de la Orden y auto identificación de la masonería como religión”. Pero Molña también supone que “...Este sería un paso ulterior que está sin darse y que, presumiblemente, no está en la perspectiva de la GLUI, quien entiende que la “compatibilidad” con las diversas religiones arraiga precisamente en la religiosidad requerida a sus adeptos.. En otras palabras, la Logia no ha de proporcionar ni la iniciación a la religión, ni la enseñanza a los afiliados, porque estos ya practican la creencia en un Dios en otro lugar”.
Es evidente que esto presupone varias conjeturas, ya que en la práctica se advierte que en las Logias suceden problemáticas precisamente, derivadas del credo de cada masón, puesto que resulta sumamente difícil conciliar lo que “decimos”, con lo que nos vemos impelidos a practicar. La frecuencia de discusiones relativas a este tema, el de si la masonería es o no un religión, deriva, fundamentalmente, del grado de convicción o “fe” que el creyente posea en su acerbo cultural y fuero interior. Y en especial, la “comprensión” que haya adquirido sobre el “espíritu” masónico en función de la proclama de sus principios, cuya interpretación no se enrede (8) en disquisiciones generalmente arbitrarias o equivocadas.
Sostenemos con el autor del trabajo originario, que los estudios sobre el nexo de la masonería y la religión, “...sería gravemente incompleto si se ciñera a los documentos oficiales de la GLUI...” porque seguramente se trataría de discriminar irrazonablemente las masonerías legítimas que no se reconocen en la GLUI...
Hasta aquí llegamos ahora, pues este trabajo es de mayor extensión. La limitación del espacio dedicado en nuestra publicación a los temas que difunde, exige un lapso durante el cual podamos reflexionar sobre lo acontecido.
Sin embargo, no podemos menos que finalizarlo, exponiendo una definición de Mola que permite dar un corolario a este trabajo periodístico de difusión masónica. Dice Mola: “... la Masonería, como toda Institución humana, ha sido transformándose a lo largo del tiempo, ajustándose a los principios y a las costumbres de cada época. Por lo tanto, es preciso que el historiador investigue los masones, centrándose en las ideas por ellos manifestadas...”
Estamos de acuerdo. Viniendo de un “profano” que ha investigado sobre el contexto de la Orden, su objetividad nos complace y amerita difundir –no, divulgar- la excelente claridad con la que ha desarrollado su enfoque que, además, compartimos.
2da Parte
Continuamos diciendo que la Ilustración nace en Inglaterra alrededor de 1680, extendiéndose luego por Europa y América. Pero es en Francia donde se concreta un fenómeno histórico de fundamental importancia. Se trata de cuatro ideas esenciales, que podemos sintetizar en estos conceptos: «La razón es la única guía infalible; el Universo es una máquina regida por leyes rigurosas que el hombre no puede desconocer; el futuro sería promisorio si los hombres dejasen de lado supersticiones y prejuicios y viviesen de acuerdo con los dictados de la razón; y por último, no existe el pecado original, la depravación no es inherente al hombre, son los déspotas belicosos y los sacerdotes intrigantes los que lo llevan a cometer actos de villanía.»(9)
A manera de referencia, decimos que tales conceptos conmovían las bases y estructuras de un mundo pleno de contradicciones, aunque se vislumbraban nuevos horizontes. No cabe duda hoy, que la Ilustración primero y luego las teorías económicas emergentes, influyeron sobre la Revolución Francesa y esta, la causa de modificaciones políticas trascendentales para la historia.
Nacen así las teorías “liberal” de Locke y Montesquieu y la “democrática” de Rousseau, quien postula sobre la división de los Poderes del Estado, modelo de los estados democráticos modernos.(10)
Se ha sugerido que Rousseau aparece como contraposición al racionalismo de Descartes, Newton y Locke y bien puede calificárselo de «creador del romanticismo», y haber influenciado en los movimientos emancipadores de América y hasta «...sobre los idealistas románticos alemanes que a principios del siglo XIX veneraban al Estado como al «Dios de la historia».(11)
Para 1790, habitaban en Europa 180 millones de seres humanos y desde allí, el crecimiento poblacional realiza un salto que podemos calificar de maltusiano, al punto de que para 1914 pasa a 460 millones de habitantes.
Todos estos datos consignados rápidamente, sin el correlato de un análisis académico para los académicos y pormenorizado para los estudiosos, intenta al menos advertir panorámicamente al lector, la magnitud de los cambios ocurridos en el lapso de apenas dos siglos y con posterioridad a la Revolución Francesa y a la Revolución Industrial.
Aunque debamos mencionar, en tanto a revoluciones, que la Revolución norteamericana fue anterior a la Francesa y los efectos de ambas y las teorías democráticas, han sido de verdadera continuidad hasta nuestros días.
Las conmociones que naturalmente se produjeron al masificarse la difusión del Conocimiento por obra y gracia de la Ilustración, y con el advenimiento de mejores condiciones de vida para millones de Hombres bajo el imperio de los despotismos, sin duda alguna llevaron a cabo modificaciones estructurales inimaginables para su tiempo.
Y sin embargo, el transcurso de los acontecimientos históricos, a la luz de nuestra actualidad conflictiva y conflictuada, no amerita pensar en una flecha de Progreso que avance arrolladora hacia el reino de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad humanas, sino en paradojas temporales que hacen pensar en una curiosa curva de decadencia que, debido a la multiplicidad de variables económico-sociales y políticas, descubre un mundo de violencias, contradicciones y signifi-cativamente en vías de convertirse al vasallaje con el cual convivían los pueblos de la Tierra, al tiempo de la Revolución intelectual del siglo XVII.
Coincidimos con Frávega, en que con anterioridad hubo significativos cambios revolucionarios en el campo del pensamiento, ...como lo fue con los sofistas atenienses del siglo V a.C o por el Renacimiento de la última Edad Media. Además y como dato “curioso”, coincidimos en que la Revolución Intelectual haya ocurrido en «...la época y en la sede del despotismo, de los soberanos que gobernaban arbitrariamente a las naciones»… Nada menos. Porque no nos asombra que se hable del Renacimiento como influencia revolucionaria y con la Revolución Industrial la conformación de “...nuevas condiciones sociales surgidas de la prosperidad de la clase media y los nuevos horizontes abiertos al conocimiento de otras tierras y otras culturas.”(12)
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