La Historia de Suiza no se puede comprender si no se toma en consideración su geografía que tuvo una gran importancia en su desenvolvimiento. El país que hoy






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fecha de publicación01.10.2015
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Historia de Suiza1

La Historia de Suiza no se puede comprender si no se toma en consideración su geografía que tuvo una gran importancia en su desenvolvimiento. El país que hoy conocemos con el nombre «Suiza» no recibió su molde definitivo hasta el año 1848. En fechas anteriores no podemos realmente hablar de una «Historia de Suiza» sino más bien de una Historia de diferentes regiones o países que la constituían y que sólo se unieron paulatinamente.

El período histórico que inicia con la retirada de los romanos hacia 400 y termina en torno al año 1000 recibe a veces el nombre algo polémico de «Edad Oscura» por ser una época de la Historia Universal que suele carecer de fuentes. Los especialistas, sin embargo, suelen subdividir esa larga época. Se refieren a dos períodos distintos: la «Antigüedad Tardía» o «Temprana Edad Media» –según el punto de mira–, que comprende los siglos V-VIII y que se caracteriza principalmente por la formación de los reinos germánicos, y la «Alta Edad Media» que abarca las centurias IX a XII, y que es, en términos generales, comúnmente la denominada época de la consolidación del feudalismo. La paulatina transformación del Antiguo Mundo con el nacimiento de la cultura de la civilización cristiana occidental también produjo sus efectos en los territorios de la Suiza actual.
La época de la Invasión bárbara con sus enormes movimientos migratorios que se desplazaban por regla general de Levante a Poniente, fue un factor decisivo en los primeros siglos de la temprana Edad Media. En Suiza se asentaron diversas tribus de distinto origen, trayendo consigo su cultura y su lengua.

La religión cristiana, que llegó con la colonización romana, se extendió en Suiza en gran parte gracias al trabajo misionero de los primeros evangelizadores. La Iglesia con su elaborada administración episcopal-monástica, fue poco a poco integrando los pueblos en la Cristiandad, sometiéndolos a la vez a su jurisdicción parroquial. Al mismo tiempo, los linajes nobles empezaron a apoderarse de bienes raíces mediante conquista, herencia o casamiento. Durante un corto período, Carlomagno, rey de francos, controlaba gran parte de Occidente, atribuyéndose a sí mismo el título de Emperador de Occidente en el año 800. Pero todavía bajo el régimen franco, no existía una idea precisa del Estado. En casi todos los ámbitos sociales, las relaciones entre los más débiles y los más poderosos se basaban en estrechos vínculos de fidelidad personal, el denominado «vasallaje». El Emperador regía por medio de una extensa red de vasallos nobles. Durante todo el período aquí delineado en trazos generales, e incluso más tarde, el equilibrio de poderes entre reyes, príncipes e Iglesia se inclinó de un lado a otro a razón de las distintas fuerzas imperantes que pugnaban por mantener los viejos privilegios o por acaparar nuevos. Un nuevo imperio surgió cuando en el año 962, Otón I, rey de germanos, consiguió que el Papa le concediera la corona imperial, un imperio que más tarde recibiría el nombre de Sacro Imperio Romano Germánico. El año 1291 es tradicionalmente considerado como fecha de la fundación de la Confederación Helvética (Eidgenossenschaft, alemán), cuando tres comunidades rurales se unieron en un pacto perpetuo para proteger sus libertades contra potenciales usurpadores. Los siglos XIV y XV contemplaron la conversión de este núcleo de comarcas confederadas a una alianza que fue incorporando, al paso del tiempo, también a comunidades urbanas. Al término de ese período inicial, a principios del siglo XVI, la Confederación ya empezaría a entrometerse como potencia establecida en las guerras que protagonizaban los reinos colindantes entre sí, llenando los frentes de batalla de éstos últimos con los mercenarios patrios, temidos en aquel entonces en todo el Occidente por sus destrezas y virtudes bélicas. La expansión siguió con vigor pero de diversas formas. En algunos casos, nuevos miembros se asociaron a la hermandad comunitaria, participando en ésta como socios con derechos iguales; otras comunidades o territorios, sin embargo, fueron incorporados por medio de adquisición o conquista, siendo a partir de ahí considerados como territorios dependientes de la alianza.

El siglo XVI fue una centuria de rebeliones y levantamientos en toda Europa occidental, y eso sobre todo gracias a un movimiento que pretendía reformar la tradicional Iglesia católico-romana y acabó escindiendo la Cristiandad en dos campos irreconciliables ya que los protestantes rechazaban la autoridad del Papa. A pesar de que el movimiento reformatorio fue ostensiblemente un movimiento religioso, reflejaba también las profundas tensiones subyacentes en las estructuras sociales. En Suiza, como en muchas otras partes, la Reforma fue acompañada por disturbios y destrucciones. Los seguidores de la Reforma destrozaban por toda Europa las estatuas e imágenes «idólatras» en las iglesias y echaron de los monasterios a frailes y monjas que en la mayoría de los casos ya no volverían. Ahora bien, el descontentamiento se mostraba más allá de las manifestaciones patentes de rebeldía y de rechazo hacia la Iglesia tradicional, puesto que se llegó incluso a cuestionar la vigencia de las estructuras fundamentales de la sociedad estamental. Movimientos «extremistas» del protestantismo como los anabaptistas, que encontraban sus más fieles seguidores en las zonas rurales y que requerían, entre otras cosas, la abolición de rentas y diezmos, fueron reprimidos a la fuerza por la corriente dominante del protestantismo. Debates teológicos dieron inicio a una serie de tratados y discusiones sobre el concepto de la tolerancia. Ginebra optó por una postura autoritaria, encarcelando, expulsando o incluso quemando a los protestantes que no coincidían con el dictamen oficial de los teólogos. Basilea, en cambio, se convirtió en un centro de la liberalidad intelectual.

El siglo XVIII fue un período secular relativamente pacífico y próspero, hasta la última década, cuando las tropas revolucionarias francesas invadieron el país, destruyendo el viejo sistema político.
Durante el siglo XVIII, grandes avances se consiguieron en el mejoramiento de tierras. Nuevas industrias se desarrollaron, particularmente las industrias textil y relojera. En todo el país se fundaron sociedades patrióticas. Intelectuales suizos debatían con sus homólogos europeos sobre las nuevas ideas científicas y filosóficas de la Ilustración. Al mismo tiempo, promovían la conciencia nacional suiza, superando los cohibidos límites cantonales. Las nuevas elites industriales e intelectuales desafiaban las cerradas oligarquías. La centuria terminó en desórdenes por toda Europa después de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas que desequilibraron el sistema monárquico europeo. Tropas francesas invadieron Suiza en 1798, quebraron el poder de las elites dirigentes, y hundieron por un tiempo el sistema cantonal, reemplazándolo con la República Helvética centralizada. Por primera vez en su historia, los suizos se vieron obligados a abandonar la neutralidad y proveer tropas para Francia.

Los fundamentos de la Suiza moderna fueron cimentados en el siglo XIX. El acontecimiento político de mayor trascendencia fue, sin duda, la admisión de la Constitución federal en 1848 que creó un gobierno más centralizado y un espacio económico unitario, hasta entonces impensable por las grandes rivalidades cantonales. Entre otras muchas cosas, el nuevo gobierno abolió los peajes internos, uniformó los pesos, las medidas y la moneda, y se hizo cargo del establecimiento de un sistema postal nacional. Estos cambios posibilitaron el desarrollo de muchas distintas ramas industriales y servicios que todavía hoy constituyen el pilar fundamental de la prosperidad económica en este país. Se trataba de un desarrollo económico que halló su mayor expresión en la industria química, la ingeniería, la industria alimenticia y los sistemas financieros, los bancos.

Con todo, las condiciones sociales de mucha gente continuaron siendo bastante complicadas. La pobreza, el hambre y la falta de una perspectiva positiva en el mercado laboral, debida a la carencia de nuevos puestos de trabajo, provocó, a lo largo de la centuria decimonónica, una emigración en masa de un gran número de suizos, sobre todo a América.

El siglo XX contempló importantes cambios en la política interior y exterior.
En los primeros años del siglo un solo partido político dominaba el Gobierno, hacia mediados del mismo ya eran cuatro partidos en el Consejo Federal. La economía pública pasó por serias dificultades en las décadas de entreguerras, pero en términos generales se pueda afirmar que el siglo XX deparó a Suiza una prosperidad sin precedentes. La decadencia de la agricultura fue el proceso reverso del auge de las industrias altamente especializadas. Siendo un país de emigración a inicios del siglo, Suiza se convirtió en la segunda mitad del mismo en un país de inmigración. El nivel de vida mejoró dramáticamente para muchas personas. Obtuvieron una seguridad social y condiciones laborales muchísimo más estable, así como un acceso mayor a una gama más variada de productos de consumo. En el transcurso del siglo XX, las relaciones internacionales tomaron un rumbo muy distinto que en el siglo precedente, caracterizándose por una vinculación más estrecha con Europa y el mundo. Pero a pesar de la consolidación de las relaciones internacionales, Suiza permaneció, por distintos motivos, algo apartada de la corriente dominante en Europa. No participó como país beligerante en las dos guerras mundiales. Por una serie de razones, Suiza se veía a sí misma como un «caso especial» dentro del panorama político europeo. Pero a medida que las cosas fueron cambiando, se vio cada vez más forzada a afrontar los mismos desafíos que los países vecinos: como por ejemplo la integración europea y la globalización. No obstante, la neutralidad suiza siguió siendo un asunto central en los debates públicos. En la última década del siglo, Suiza reexaminó su propio protagonismo histórico en la II Guerra Mundial. Una comisión de historiadores, liderados por el experto Bergier, elaboró un informe sobre el rol poco lisonjero que desempeñó Suiza durante la guerra. El informe de la comisión Bergier representa un elemento clave para la comprensión de la historia contemporánea de este país. Además, su publicación en el 2002 dio paso a una profunda reevaluación de un período de la historia suiza hasta entonces más bien ignorada, sacando a la luz aspectos tanto negativos como positivos de la conducta política suiza en aquella época.

LA ECONOMIA

La economía suiza está basada en una mano de obra altamente cualificada que ejecute en general tareas sumamente especializadas. Los sectores principales son la microtecnología, la alta tecnología, la biotecnología y la industria farmacéutica, así como la banca y los seguros. El sector servicios emplea el mayor número de trabajadores. La mayor parte de la gente activa en Suiza trabaja para empresas pequeñas y medianas que tienen un papel de primer rango en la economía suiza. Para los suizos es importante proteger el medio ambiente, por eso tienen interés en minimizar el impacto de la economía sobre la naturaleza. Una directriz importante de la política energética y de transporte suiza es la compatibilidad ecológica. También en Suiza se acabaron los tiempos gloriosos del crecimiento económico ilimitado. El miedo de caer en el paro es ya desde hace varios años una de las mayores preocupaciones de los suizos.

Dependencia del comercio internacional


Suiza es un país pequeño y densamente poblado. No cuenta con yacimientos importantes, ni con suficientes tierras de cultivo para sustentar a la población. Por eso necesita importar para su producción industrial, tanto productos agrarios como materia prima. Su mercado interior es reducido. Por eso, los industriales empezaron ya muy temprano a buscar mercados de consumo en el exterior para una mejor rentabilidad. Necesitan los emplazamientos extranjeros para realizar inversiones en la investigación y en el desarrollo en todo el mundo.

Para aprobar el examen del mercado internacional, la economía suiza tiene que superar en calidad los productos de sus competidoras, ya que no puede competir en cantidad. Por eso se importa materia prima a precios favorables para luego transformarlas en productos de alto nivel cualitativo. En el año 2003, el precio de una tonelada de bienes exportados valía el doble y un cuarto de una tonelada de bienes importados.

Comercio exterior

Las empresas suizas son muy competitivas en el mercado mundial. En algunos sectores se exporta hasta el 90% de los bienes y servicios producidos. Los artículos de exportación más conocidos son los relojes, el chocolate y el queso suizos. Pero para la industria de exportación estos productos tradicionales no tienen el mismo peso como los productos de las industrias mecánica, electrónica o química, cuyos ingresos superan el 50% del total de los beneficios adquiridos del comercio de exportación suizo. Aparte de estos bienes «visibles», los artículos «invisibles» del sector de servicios, como los «productos» vendidos por las consultorías, las compañías de seguros o las agencias turísticas, también son componentes importantes para la economía de exportación.

Suiza es uno de los líderes mundiales en la producción de máquinas textiles, de imprimir o de papel, también es líder en la técnica de punzonar metales, en la producción y en el perfeccionamiento de los ascensores y las escaleras mecánicas, asimismo lidera la industria de embalajes y la fabricación de ferrocarriles de cremallera. Hoy sin embargo, en la mayoría de los casos, la fabricación de piezas ya se realiza en otros países. La industria suiza de exportación siempre supo sacar provecho del comercio libre con apenas limitaciones y escasos derechos de importación. La única excepción existente concierne la importación de productos agrarios. Pero el convenio básico entre la Unión Europea y Suiza, que ha sido aprobado por el electorado suizo en mayo del año 2000, prevé, a largo plazo, la abolición parcial de los derechos protectores restantes impuestos a la importación de productos agrarios.

"Uno de cada tres ratones de ordenador vendidos en todo el mundo es producido por una compañía suiza: Logitech. Dos tercios de las máquinas textiles más sofisticadas vendidas en todo el mundo son fabricados en Suiza. Nueve de cada diez bolígrafos vienen producidos por máquinas suizas. Microcut, otra firma suiza, revolucionó la industria de la ingeniería de precisión con la elaboración de un nuevo sistema de automatización. La industria relojera sigue en la vanguardia de la tecnología. Y por último, pero no por ello menos importante, la alta tecnología suiza consiguió llegar a Marte. El micro-motor eléctrico que condujo Pathfinder, el robot que exploró la superficie de Marte, fue producido por Maxon en Sarnen."

Pascal Couchepin, Consejero Federal de Economía (2001)

Empresas

En Suiza hay muchas empresas pequeñas y medianas. En el 2001, más del 99% de las empresas emplearon a menos de 250 trabajadores a tiempo completo, dos tercios de la mano de obra disponible del país. Cerca del 88% fueron micro-empresas con menos que diez empleados: más de un cuarto de todos los empleos recaen sobre estas empresas.

La empresa más grande de todas es Nestlé, el consorcio alimentario más grande del mundo. Este grupo empleaba a finales del año 2003 a unas 253.000 personas, de las cuales más del 97% trabajaba fuera de Suiza.

Durante muchos años, grupos de la izquierda acusaron a los empresarios suizos de servirse con demasía del amiguismo. Un número bastante restringido de personas —estimado en cien— se siente en su asiento en los consejos administrativos de muchas empresas diferentes, tomando decisiones sin considerar la opinión de los accionistas ordinarios.

Con el surgimiento de las nuevas tecnologías de comunicación y la cada vez más imperante globalización, las compañías han reconocido que deben hacer más transparentes sus consejos administrativos para no perder credibilidad en el mundo de los negocios.

Una encuesta llevada a cabo en 2002, demostró el impacto de la globalización en empresas grandes: se encontraron entre los miembros de los consejos administrativos de tales empresas un 40% y entre los gerentes un 26% de extranjeros, principalmente de Alemania, Gran Bretaña y Francia. Por otro lado, todavía había muy pocos gerentes extranjeros en empresas medianas y pequeñas.

Agricultura

La función estatal de la agricultura es consagrada por la Constitución, tan importante es el asunto en Suiza. Su función no consiste sólo en la producción de alimentos, también tiene la obligación de proteger la naturaleza y de procurar que las zonas periféricas permanezcan habitadas. Para mucha gente Suiza sigue siendo un país de campesinos y vacas. Sin embargo, la realidad es otra: el número relativo de campesinos y el tamaño de las granjas en Suiza son equivalentes a la media de los países en la Unión Europea. Alrededor del cuatro por ciento de la población activa trabaja en la agricultura y en la selvicultura, sin embargo la cuota tiende a bajar.

Según datos reunidos en el 2005, el total de la superficie arable en Suiza asciende a unas 1.600.000 hectáreas. El tamaño de una finca mediana es de 16,7 hectáreas, cifra que aumentó algo desde 1990 cuando eran todavía 11,5 hect.

Actualmente las granjas tienden a ser menos y más grandes. En el 2005, el número total de haciendas se elevó a 63.627, disminuyendo un 31 por ciento con respecto al año 1990. El número de propiedades pequeñas (20 hect. o menos) decayó por un 44%. Las propiedades de menor tamaño (menos que 5 hect.) han experimentado el descenso más marcado. Sin embargo, el número de fincas grandes con más de 20 hectáreas se incrementó por un 39%; los latifundios de más de 50 hect. son los que más han crecido.

Suiza es un país pastizal: los prados y pastos representan cerca de tres cuartos del terreno cultivado. En muchas regiones la estructura geológica y el clima no permiten el cultivo del suelo, más presente en la zona llana del país donde se cultivan cereales y vegetales. No es de sorprender, pues, que más de dos tercios de las empresas agrarias se dediquen a la cría de ganado, sobre todo a la cría de vacas lecheras. Sólo un tercio de las granjas se dedica al cultivo de la tierra.

Suiza se asocia con frecuencia con la vaca lechera; sin embargo, el animal útil que supera en número a las vacas es el cerdo. En 2005 se contaron en Suiza 1.554.700 cabezas de ganado pero 1.609.500 cerdos. A seguir esta tendencia, el hueco entre los dos animales se va a extender.

Salarios elevados y jornadas largas

En Suiza se trabaja mucho: el promedio alcanzó en el 2005 41,6 horas por semana laboral para un empleo a jornada completa. Además, las empresas no conceden muchos días de vacaciones: sólo 20 días al año. Son menos días libres que en muchos otros países europeos. El número de días festivos varía de cantón en cantón, pero por regla general suelen ser entre 8 y 9 días.

En 1985, una mayoría del electorado suizo rechazó un referéndum que solicitaba una prolongación general de las vacaciones de cuatro a cinco semanas anuales.

No se convocan muchas huelgas. Los empleados no tienen la costumbre de ausentarse de su puesto de trabajo. Casi tres cuartos de las ausencias laborales se deben a razones de salud, y más de un 13% al servicio militar o al servicio civil.

Una encuesta internacional realizada en 71 ciudades por el banco suizo UBS en 2006 demuestra que el salario neto en Zúrich y Ginebra es más alto pero que la jornada laboral es más larga que en otras ciudades del mundo.

EL REGIMEN POLITICO –SISTEMA FEDERAL

La Antigua Confederación fue sustituida por el Estado federal moderno en el año 1848. El Gobierno suizo (Ejecutivo) se compone de un gabinete colegial con siete ministros (consejeros federales) elegidos por la Asamblea Federal Unida, un parlamento bicameral formado por el Consejo Nacional (cámara popular) y el Consejo de los Estados (cámara cantonal). Un miembro del Consejo Federal asume durante un año el cargo accesorio de presidente de la Confederación. Sus características más notables son la participación activa y directa de los ciudadanos en el proceso político mediante la votación popular (iniciativa y referéndum), los preceptos generales del consenso y la concordancia, y la influencia de la economía privada y las asociaciones corporativas sobre la legislación.

De los 26 cantones, tres están divididos en semi-cantones: Unterwald (Bajo y Alto), Basilea (Ciudad y Campiña) y Appenzell (Rodas Interiores y Exteriores).

Orígenes: En 1848, la floja Confederación de cantones autónomos se convirtió en un moderno Estado federal. Los distintos Estados miembros de la Confederación, que se habían enfrentado en la guerra civil (Guerra de la Liga separatista de 1847) poco después, se unieron para formar un Estado federal en 1848.

Elementos clave: La convivencia pacífica en una nación plurilingüe sólo era posible en un Estado federal descentralizado, en el cual la solidaridad entre los Estados miembros integrantes formara un papel importante.

La Confederación: La Confederación representa la instancia política más alta en Suiza. Representa los intereses de la población suiza en el extranjero y garantiza en el interior la defensa de los intereses particulares de cada Estado miembro (Cantones).

Los Cantones: Suiza consiste hoy de 20 Cantones y 6 semi -Cantones. Los Cantones primitivos de la Confederación antigua (1291) son Uri, Schwyz y Unterwald, el cantón más joven es el Jurá que se independizó del Cantón de Berna en 1979.

Las Comunas: La entidad pública más pequeña en Suiza es la Comuna: Suiza tiene aproximadamente 2.900 comunas autónomas.

Gobierno de consenso: El régimen político suizo es un ejemplar único. No se trata de una democracia de competencia entre gobierno y oposición como en otros países democráticos, sino de una democracia consensual.

Integración por medio de la participación: La inclusión de todas las comunidades lingüísticas y étnicas en el proceso político y la participación del pueblo- favorece la democracia directa - favorece la unión y la convivencia nacional en un Estado plurilingüe.

República federal: Suiza es una República federal caracterizada por una democracia semidirecta en la que el pueblo representa el poder soberano.

LOS VOTANTES

El electorado: No todas las personas residentes en Suiza tienen el derecho a participar en las votaciones y elecciones. Todos los ciudadanos suizos mayores de 18 años tienen derecho a votar. El sufragio universal existe desde 1848, el sufragio femenino desde 1971.

Deberes de los votantes: Todo ciudadano con derecho de sufragio participa en las elecciones al Parlamento (al nivel cantonal y comunal también en las elecciones del poder ejecutivo), toma posición a favor o en contra de un asunto determinado en las votaciones públicas, puede convocar una iniciativa popular o impedir con la convocación del referéndum la entrada en vigor de una nueva ley aprobada por el Parlamento.

Derechos populares: Todo votante inscrito en el censo electoral puede ejercer tres derechos populares a nivel federal: el derecho a la iniciativa, al referéndum y a la petición. La democracia directa suiza conoce todavía más instrumentos participativos al nivel cantonal y comunal.

Derecho de iniciativa: Todo ciudadano con derecho de sufragio que quiere modificar la Constitución, puede solicitar una votación popular sobre la modificación propuesta mediante la iniciativa popular.

Derecho de referéndum: Todo ciudadano con derecho a voto puede convocar un referéndum contra disposiciones aprobadas por el Parlamento, consiguiendo con ello una votación pública sobre el proyecto en cuestión.

Derecho de petición: Una petición dirigida a las autoridades puede contener una solicitud, una propuesta o una queja. Las autoridades deben reconocer la petición, pero no están obligadas a responderla. El derecho de petición está a disposición de cualquier persona madura y razonable (incluidos los extranjeros y los niños).

PARLAMENTO

Asamblea Federal Unida: El Parlamento consiste de dos cámaras iguales en derecho: el Consejo Nacional y el Consejo de los Estados. Ambas cámaras se reúnen en la Asamblea Federal Unida que es la máxima autoridad de la legislatura. La Asamblea Federal elige entre otros funcionarios los miembros del Consejo Federal y de los Tribunales Federales.

Parlamento de milicia: El Parlamento suizo es un parlamento de milicia. Esto significa que los diputados ejercen su mandato como cargo auxiliar. El Parlamento se reúne cuatro veces al año en sesiones que duran tres semanas y decide sobre los asuntos más variados, que se abordan antes en la Comisión permanente del Parlamento.

Consejo Nacional: En el Consejo Nacional hay 200 diputados, por lo menos un representante por cada cantón. Los escaños se distribuyen en proporción al número de habitantes de cada cantón aplicando el procedimiento electoral proporcional.

Consejo de los Estados: En el Consejo de los Estados hay 46 representantes cantonales, 2 por cada Cantón y 1 por cada semi-Cantón. Los Cantones se encargan de la elección de los miembros del Consejo de los Estados. En la mayoría de los casos se recurre al escrutinio mayoritario.

Deberes del Parlamento: El Parlamento es el poder legislativo. Su función es la de deliberar y aprobar leyes, elegir los miembros del Consejo Federal y de los Tribunales Federales.

CONSEJO FEDERAL

El Consejo Federal consiste de siete miembros que son elegidos por el Parlamento al comienzo de un período legislativo para una duración de cuatro años. El Consejo Federal es asistido por un Canciller federal que a veces también es considerado como octavo miembro del Consejo Federal.

El Presidente federal: desempeña durante un año el cargo del Presidente federal según el principio de rotación. El Presidente es considerado como "primus inter pares". El Presidente federal dirige las sesiones del Consejo Federal y asume obligaciones representativas especiales.

Composición: está compuesto por dos miembros del PSS, del PRD y de la UDC así como por un miembro del PDC según la proporción de votos de los partidos integrantes. La composición del Consejo Federal respeta la representación proporcional de las distintas regiones del país.

Competencias del Consejo Federal/I: Estado, el Consejo Federal es el órgano responsable de la gobernación. Además participa en la creación de leyes, se encarga de la ejecución de las leyes nuevas y dirige los departamentos subalternos de la Administración federal.

Competencias del Consejo Federal / II: El Consejo Federal dirige además el procedimiento preparatorio de la legislación, presenta al Parlamento las leyes y disposiciones federales y decreta ordenanzas dentro del marco de competencias que le atribuyen la Constitución y las Leyes federales.

LOS TRIBUNALES FEDERALES

La Confederación conoce a nivel federal cuatro instancias judiciales (desde el año 2006). Sus jueces son elegidos por la Asamblea Federal como ocurre con la elección de los consejeros federales.

Tribunal Federal: El Tribunal Federal tiene su sede en Lausana. Emplea a 30 jueces ordinarios y a 15 jueces suplentes. El Tribunal Federal es para todos los casos la máxima instancia judicial en Suiza.

Tribunal Federal de Seguros: El Tribunal Federal de Seguros tiene su sede en Lucerna. Emplea a 22 jueces ordinarios y a 11 jueces suplentes. Se ocupa en última instancia de casos del derecho de la seguridad social.

Tribunal Federal de lo Criminal / Tribunal Administrativo: El nuevo Tribunal Federal de lo Criminal tiene su sede en Bellinzona. El Tribunal Adminstrativo entrará en función en el año 2010 en San Gall.

1 Pagina Oficial de Suiza, Historia, http://www.swissworld.org/es/historia/el_siglo_xx/ .

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