La historia es la politica del pasado…






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HISTORIA DEL MOVIMIENTO

OBRERO ARGENTINO

Una visión desde los trabajadores

9

LA HISTORIA ES LA POLITICA DEL PASADO…

LA POLITICA ES LA HISTORIA DEL PRESENTE”

FASCICULO III


Central de Trabajadores Argentinos

Año 2005

Los siguientes fascículos son la reproducción de un curso realizado por Víctor De Genaro, en el Anfiteatro Eva Perón, de A.T.E., entre los meses de marzo y julio del año 2004.

LA RESISTENCIA, LA RECUPERACIÓN DEL

GOBIERNO y LA REVOLUCIÓN TRUNCA

(1955-1976) – Tercera etapa

En esta época, mediados de la década del ´50, Perón empieza a nombrar delegados para que hablen en nombre de él. Estamos hablando de un momento en que con los medios de comunicación no se podía hacer nada, todo esto se iba dando de boca en boca. Por eso la consigna era “que cada casa, que cada cocina, sea una unidad básica peronista”. Después con el tiempo Perón iba a decir que las que salvaron al peronismo fueron las madres de familia.
Ahí la tenía yo a mi vieja hablándome todo el tiempo de las cosas que se habían conseguido con Perón, lo que ella no sé si se enteró ella era que esa había sido una orden de Perón. Lo hacía naturalmente, como una forma de defender lo que más quería.
En ese tiempo se producen algunas recuperaciones de sindicatos. Y empieza a haber huelgas. Algunos compañeros recordarán, cuando se dio el conflicto y la huelga importante por oponerse a la privatización del transporte de la ciudad de Buenos Aires, porque se privatiza el transporte público que estaba en manos del Estado.
En un congreso de Luz y Fuerza se exige la normalización de la CGT. La presión iba en aumento; también se creía que podía haber un cambio.

El interventor de la CGT se llamaba Patrón Laplacé, y en el ’57 se da la convocatoria al Congreso Normalizador de la CGT. Porque si bien era cierto que el sistema podía seguir haciendo las cosas, había perdido consenso.

Paralelamente, la conducción política del país convoca a una Constituyente, para derogar la Constitución del ’49. Y allí se da una derrota electoral de la Revolución Libertadora. Por que la suma de votos de la UCRI, que lideraba Arturo Frondizi, sumados a el “voto en blanco” que fue lo que convocó a votar el peronismo proscrito a través de John William Cooke y los Comandos de Resistencia, eran más que los votos acumulados por la UCR (radicales) y los conservadores.

Arturo Frondizi, se había “abierto” de la UCR, por no avalar la proscripción del peronismo, y por que planteaba una política con más defensa de la industria nacional, como por ejemplo, con el tema de la industria petrolera. Esto es un episodio que hizo entusiasmar a personajes como Arturo Jauretche o Raúl Scalabrini Ortiz.
Sin embargo la asamblea Constituyente se realiza igual y la UCRI se retira.

En ese contexto y con poco consenso se hace el Congreso Normalizador de la CGT. Por supuesto que ahí la mayoría de los gremios no eran los viejos gremios “democráticos”, sino que había mucho de la dirigencia sindical nueva como Vandor, Avelino Fernández, Ricardo Sánchez, Amado Olmos.
Y, como era esperable, se rompe el congreso. Los grupos que quedan son los 32 gremios que avalan al interventor Laplacé, y por otro lado las 62 Organizaciones, que serán tan conocidas en esta etapa. De ahí viene su nombre después, y ahí aunque pocos recuerden su conducción estaba compartida entre peronistas y comunistas. Va a pasar un tiempo hasta que cambie su nombre por las 62 Organizaciones Peronistas. También, se va a abrir el grupo de los 19 sindicatos que se llamará MUCS, el Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical. Pero es interesante ver cómo nacieron aquellas 62, porque a pesar del sectarismo de algunos después, esas 62 nacieron sin sectarismos, como la expresión de los trabajadores por recuperar poder.
El gobierno, al no poder conseguir el consenso necesario, sigue modificando su estrategia, y convoca a elecciones en 1958, y se va a empezar un debate muy importante en el movimiento obrero. Porque se habían recuperado algunas organizaciones, pero no se podía recuperar la CGT, estaba vigente la LEY DE ASOCIACIONES PROFESIONALES en la cual había sido declarada la libertad sindical que permitía que aparecieran un montón de organizaciones nuevas sin ningún tipo de control.
Por eso, cuando hoy se habla de pelear por la “libertad sindical” para muchos compañeros con más historia, les aparece como un tema muy complejo, porque esa idea estaba asociada a una búsqueda del poder por fracturar a todas las organizaciones más poderosas. ATE, por ejemplo, en el marco del trabajo dentro del Estado era una de las más grandes, con esa libertad sindical, aparecieron cerca de 700 organizaciones nuevas para desmantelar la estructura única que tenían ATE y UPCN. Ahí aparecen Obras Sanitarias, Judiciales y otras, que fracturaron la vocación de pelea en ese momento. Por eso cuando hablamos hoy de libertad, hablamos de libertad y democracia sindical.
A pesar de todo lo que hacía el gobierno entonces, seguían ganando los peronistas. Por eso tenían que abrir un espacio, y ahí aparece para el movimiento obrero “la opción Frondizi”, que se produce con un acuerdo fundamental de volver a la vieja ley de asociaciones profesionales, donde los sindicatos se iban a volver a tener por rama de actividad, y no por empresa. Frondizi hace entonces una alianza con los votos peronistas para las elecciones que se avecinaban, aunque hay muchos que, igual, le votaron en blanco. Hubo quienes no creían en la capacidad de recuperar por la vía electoral el poder de los trabajadores, recordando que un par de años antes había habido un intento de recuperar el gobierno por vía de un sector de las Fuerzas Armadas, y había fracasado. Pero finalmente una gran cantidad de peronistas votan en blanco y Frondizi termina siendo quien gana esas elecciones del ’58.
Frondizi era la representación política de un sector de la burguesía que planteaba que la alianza con Estados Unidos necesitaba de capitales, y empieza a plantearse una ley de inversiones. El gobierno nace cuestionado; y comienza un gran debate, pero para ese debate el movimiento obrero está sin organización.

El presidente en el inicio de la gestión cumple parte de esas expectativas y da aumentos salariales del 60 por ciento, buscando un shock de confianza.

Por su lado, los trabajadores, ya antes de la elección y producto de este debate, hacen un encuentro en Córdoba, con la CGT regional, que allí se había recuperado, y con las 62 de todo el país, y convocan a un encuentro para ver qué tipo de proyecto surgía y necesitaban los trabajadores en la Argentina. Ahí se determina el conocido “Programa de La Falda”, que no sólo plantea reivindicaciones como salarios y convenios colectivos, sino todo un programa como la nacionalización de áreas de la producción o el control de las fábricas.

Son las tres banderas, la independencia económica, la justicia social y la soberanía política.
Para esto, en La Falda, se hablaba del control del comercio exterior, la liquidación de los monopolios extranjeros de exportación e importación, de la política de privilegiar al mercado interno, la distribución de la riqueza nacional, el control obrero de la producción mediante la participación efectiva de los trabajadores en el diseño de planes económicos y en la dirección de empresas privadas y estatales y la integración económica con los hermanos de Latinoamérica.

¿Qué plantea entonces este Congreso? Tácticamente, asume como propios los planteos de una organización política, de manera tal que es el primer plan explícito que asume la falta de una organización política propiamente dicha que exprese estos planteos para la clase trabajadora. Definen un proyecto de país y de gobierno.

Lo que están diciendo los trabajadores, a la par de los reclamos concretos, es que no hay nadie que los represente. Y es donde comienza a romperse una tradición. Se venía de que el Partido Justicialista era el líder indiscutido, y es entonces un salto cualitativo como clase. Es, además, un modelo de país que no tiene nada que ver con lo que va empezando a hacer Frondizi, que es la apertura económica y la alianza con Estados Unidos que se va a dar en el corto plazo. En el mismo 1958 hay huelga de bancarios, de ferroviarios. Hay muchos conflictos.

En enero de 1959 se produce el intento de privatización del frigorífico municipal, el “Lisandro de la Torre”, que estaba en Mataderos. Se había formado la Corporación Argentina de Productores, y se buscaba privatizar. Entonces, esta lucha va a ser un hito en la pelea contra la política del gobierno. La fecha en que se hace una marcha para que no se apruebe la ley privatizadora es el 14 de enero de ese año. Ese mismo día se discutía en el Congreso; los legisladores que habían prometido no votar la privatización incumplen la promesa y se sanciona la ley. Los trabajadores deciden en asamblea tomar la planta y resistir al proyecto privatizador. El ejército con tanquetas tira abajo la puerta. Después, durante tres días hay una gran huelga general.

Era una época en que no hacían paros. Es el primer paro nacional después del ’55, y aún sin conducción plenamente reconocida. Después viene un período con más huelgas, hay conflictos con los metalúrgicos. Y se va profundizando la represión, y Frondizi queda encuadrado en un proyecto decididamente antinacional.
En 1960 el gobierno elabora el plan CONINTES, que es un hecho nefasto y que responde al auge de las luchas y de la organización popular. En esta época hay boicots dentro de las empresas, aparecen los primeros “caños” para que una fábrica no funcione, la violencia va acompañando esta lucha cotidiana. Es una violencia que en algunos casos ya deja de ser defensiva. Y la violencia, en medio de tanta ilegalidad, empieza también a ser un debate natural entre los trabajadores.

Para esa misma época y antes del CONINTES, aparece la primera experiencia guerrillera en Argentina, en Tucumán.

En enero del ’59, no sólo estaba acá la lucha del Lisandro de la Torre, sino que se había producido la Revolución Cubana, que tuvo para toda América Latina una gran influencia.

El Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado) era un plan del gobierno por el cual se podía detener sin ningún juicio ni acusación, en nombre de esa “conmoción interna”. El Poder Ejecutivo podía poner a cualquier civil frente a un tribunal militar. Y llegaron a detener a más de tres mil dirigentes. La respuesta fue, más lucha y a los 15 días hubo una huelga que paralizó todo Rosario.

El tema era que Frondizi no garantizaba la paz social, ni tampoco la garantía para los acuerdos con la gran burguesía transnacional que venía a invertir en la Argentina. Ese era un capital de extracción, de saqueo, que venía a llevarse el petróleo crudo o a invertir en fábricas automotrices, en algún tipo de industrias donde tener rápido la recuperación de sus capitales. No eran capitales que apostaban a una industria de base, para el país. En ese período se invirtieron 277 millones de pesos, y a los dos años ya habían remitido en utilidades al extranjero 400 millones. En 1958 o 1959 se llevaban para afuera 2 dólares por cada 1 dólar que se invertía, era una cifra monstruosa. Hoy, esos números parecen chiquitos.
En esa etapa hay un plan de privatización y de desmantelamiento del ferrocarril, al que se le responde con una lucha que lleva a los trabajadores ferroviarios a mantener 42 días de huelga. Estamos hablando de un movimiento obrero que profundiza las peleas, y empieza a haber por el ’61, por ejemplo, ocupaciones en los ingenios. Hay un conflicto fuerte en la fábrica automotriz Kayser, donde se da no sólo la ocupación de la planta por parte de los trabajadores, sino que aparecen formas organizativas nuevas de autodefensa. Toman de rehenes a los patrones y se produce el triunfo de sus reivindicaciones. Por eso, después surgen otras experiencias de control obrero de las fábricas, toma de rehenes y organización de la autodefensa para los conflictos.
La violencia latente de la etapa de pos guerra genera un momento histórico donde el contexto mundial y latinoamericano favorecen y propician a estas experiencias, pero sobre todo “pone arriba de la mesa” un debate muy fuerte y que va a marcar los siguientes años, que es el uso de la fuerza y de la violencia como alternativas de construcción política.

En el ’62 hay elecciones y en la provincia de Buenos Aires hay elecciones, y con el justicialismo todavía proscrito, gana una fórmula peronista con el partido que se llamaba Unión Popular. El candidato era Andrés Framini, y antes de la presentación de la lista se discutía en el peronismo si era o no el candidato que todos aceptaban. Entonces, Perón dice que él avala una fórmula en la que el candidato sea Framini, y en la que él sea el vice. Pidió una fórmula imposible: Framini-Perón. Ahí termina la discusión y se lo acepta a Framini, aunque después claro, él no lo podría acompañar. Era una forma de mostrarse como la conducción del partido que “estaba pero no estaba”. El elegido por Perón, al final va en la fórmula con Andrada, que era un dirigente sindical, y triunfa sobre un sector más dialoguista respaldado por Augusto Vandor. De todas maneras, ambos habían participado de la “Comisión de los 20”, que era un grupo de dirigentes sindicales que antes del año 62 había intentado acordar con el gobierno la normalización de la CGT y que finalmente no lo había logrado.
Toda esta etapa se va desarrollando sin una estructura de sustento legal. No hay ninguna conducción formal del movimiento obrero, pero hay una capacidad de debate del movimiento obrero que supera las estructuras. Y esto es posible de comprender solamente si uno conoce lo que venía pasando en los períodos anteriores, la historia sustenta el accionar cotidiano, se siguen levantando las mismas banderas políticas y lo que se van modificando son las reivindicaciones. Lo que se discute y/o actualiza son las formas y los cómo. Una vez más, este fenómeno de ocupación de fábricas no surge ni se inventa de un día para el otro, era una forma como clase de recuperar poder. La normalización de la CGT, por ejemplo, era todo un objetivo. Y hasta se tenían experiencias políticas como para pelear la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Paralelamente, por ese tiempo también viene de visita el Che Guevara a la Argentina; luego del triunfo de la Revolución cubana, símbolo para todo Latinoamérica y representación acabada de la discusión que se venía dando al interior de las organizaciones sociales, políticas y sindicales en la Argentina; sobre el uso de la violencia como forma de lucha y construcción.

El presidente Frondizi lo recibe, y para muchos analistas, fue un factor que colaboró en la caída del presidente. Puede ser que los militares “también” desconfiaran de él por su actitud de haber recibido a uno de los líderes de la revolución cubana, pero políticamente, en términos más claros, lo que sucedía era que era Frondizi ya no les garantizaba la continuidad del modelo con consenso. Y, cuando después de las elecciones él no reconoce el triunfo de varios gobiernos provinciales donde habían ganado listas vinculadas al peronismo, su caída se acelera. Ahí se precipita todo el proceso. Los militares discuten qué salida puede haber para la crisis, Frondizi no tenía vicepresidente, era Alejandro Gómez, que ya había renunciado, y entonces “deciden” que asuma Guido que era en ese momento el presidente del Senado.

Dentro de las gobernaciones ganadoras no reconocidas por Frondizi se da la anulación del triunfo de Framini. Y allí es cuando las 62 Organizaciones van a hacer otro encuentro en Córdoba, en Huerta Grande, y se elabora otro programa, mucho más tajante que el anterior.

En ese “Programa de Huerta Grande” se hablaba de nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario estatal centralizado, implementar el control estatal sobre el comercio exterior, nacionalizar los sectores clave de la producción, prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales, desconocer los compromisos financieros firmadas a espaldas del pueblo (se había dado la incorporación de Argentina al FMI), implementar el control obrero de la producción, expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación. Se va definiendo, cada vez con más vehemencia, un programa antiimperialista, anticapitalista, socialista, y son las 62 Organizaciones quienes lo impulsan. En estos momentos surge un dirigente, Amado Olmos, del gremio de la Sanidad, que va creciendo en lo que es la autoconstrucción de poder desde la perspectiva de los trabajadores.

En 1963 se normaliza la CGT, y es electo como secretario general José Alonso, dirigente del Vestido, que va a quedar al frente de la CGT por dos períodos. Como uno de los integrantes del Consejo Directivo estaba “nuestro” compañero Avelino Fernández. Esa CGT aprueba lo que se llamó el “plan de lucha”, que tuvo dos etapas. La primera es de huelgas, paros, asambleas de fábrica, avanzar en la convocatoria a los distintos sectores económicos, es decir, un proyecto político nuevo.
Durante esa etapa se produce –todavía con el peronismo proscrito– el “triunfo” de Illia, con sólo el 25 por ciento de los votos, ya que había ganado el voto en blanco al que había convocado el peronismo. Esa primera etapa de lucha culmina en 1964, antes del primer retorno –y frustrado– de Perón. Ahí se produce entonces el plan de ocupaciones de fábricas, que es lo más avanzado de organización de la lucha por tiempo prolongado, de los trabajadores de nuestro país.

Avelino Fernández, nos contaba cosas increíbles, como por ejemplo que se hacía todo el plan en la clandestinidad, porque si se sabía que se iba por la ocupación el plan no andaba. E incluso contó cómo, casi ingenuamente, diseñaron desde la CGT un plan de ocupar dos mil fábricas, y se terminaron ocupando once mil establecimientos; y que el secreto era hacerlos producir, no solamente la ocupación. Por supuesto que algunos querían vincular todo esto exclusivamente a la vuelta de Perón, pero era una prueba de que los trabajadores podíamos producir sin alianza con los patrones y el capital.

En la CGT, va a haber diferencias importantes en todo este tiempo. Porque si bien la confrontación era unitaria en el plan de lucha, en el sentido político se empezaba a dividir. Y el “vandorismo” y el sector de Framini van a ser los dos que van a concentrar una división importante. Unos van a ser las 62 Organizaciones (Vandor) y otros los “62 de pié”( Framini).

Aunque en algo no había mucha distinción, en que el plan de lucha tenía como objetivo cambiar el gobierno, ahí coincidían todos los sectores producto de la ilegitimidad de un presidente con tan pocos votos.

Sin embargo, hay que reconocer que Illia produce dos hechos importantes. Uno, en el área de la salud, por la confrontación profunda contra las transnacionales que fabricaban los medicamentos. Desde Carrillo que no había algo tan importante en la política de salud pública.

Había un consenso general de que Illia no tenía que estar, pero con este tema se enfrentó a algunos monopolios que querían quedarse con negocios importantes en perjuicio de nuestro pueblo. A tal punto que uno de los que financia el golpe contra Illia es el grupo Bayer.

Además, Illia anuló los contratos petroleros de Frondizi. Por eso, además de estar enfrentado a los trabajadores y al movimiento estudiantil que venía en avance, tenía otras disputas.

Por eso siempre hay que acostumbrarse a que en política no hay “0 o 100”, “blanco o negro”.
Volviendo al plano sindical, se profundiza en esta etapa la contradicción entre “las 62”, que a esta altura ya son las 62 Organizaciones Peronistas y las “62 de pié”, que en realidad se llamaban así porque el nombre completo era “De pié junto a Perón”. En esta época es que Vandor dice, en una asamblea en Avellaneda, que… “para salvar a Perón había que ponerse en contra de Perón”. La mejor manera de apoyar al peronismo, decía, era apostar a “un peronismo sin Perón”. Ahí es cuando viene Isabel, como delegada de Perón, a impedir que gane en unas elecciones provinciales en Mendoza una fórmula neoperonista apoyada por Vandor. Ella apoya al otro candidato que, finalmente, gana.

Luego, con el golpe de Tte.Gral. Juan Carlos Onganía, va a haber una expectativa de este “neoperonismo” de Vandor de encontrar espacio en un proyecto que pensaban podría incorporar desde las Fuerzas Armadas hasta los sectores populares. Tal era la situación que Vandor y Alonso concurren a la asunción de Onganía. En esos días es cuando Perón pronuncia la famosa frase “Hay que desensillar hasta que aclare”, apuntando a que si este gobierno era capaz de hacer un proyecto nacional habría que apoyarlo, y si no, se lo habría de confrontar por la vía sindical.

Para comprender algunas de estas definiciones hay que tener en cuenta que para muchos el peronismo nace del proceso que se abre con el golpe del ’43. La relación con los Fuerzas Armadas era otra que la que tenemos hoy, en una etapa “post-golpe del ’76” y la dictadura. Hubo intentos de articulación y coordinación entre los comandos de organización de la resistencia peronista y oficiales en actividad.

Lo que sí es cierto, es que había un sector que apostaba a esta posibilidad. Y vale la pena tener en cuenta la conformación de los sectores de las fuerzas armadas; entre azules y colorados. Los primeros planteaban que había que reconocer al peronismo, y los colorados representaban a los sectores más oligárquicos. Eso no es una casualidad.

En los años ’70, Velazco Alvarado en Perú era militar. El contexto internacional era otro que el que vendría después. Por supuesto, que en ese momento las “62 de pié”, con otra postura, seguían planteando que lo que tenía que hacer la CGT era confrontar.
Alonso, que fue reelecto, le deja el lugar a Donaires –papelero, hombre del vandorismo– que va a tener un rol de acercamiento. No tanto como Taccone (Sec. General de de Luz y Fuerza), que aparece después y encabeza el “participacionismo”. Directamente desde Luz y Fuerza plantea que hay que participar del gobierno.
En 1968 se llega a la normalización de la CGT, donde participan “las 62” y “las 62 de pié”, y otros sectores, pero no los “participacionistas”. Ese congreso normalizador, como una medida de unificar a todos los sectores, lleva el nombre de Amado Olmos, que recordemos era uno de los dirigentes con mucha vocación de lucha, y más capacidad teórica. Se había ido del Partido Comunista en el ’45 junto a otros tipos como Rodolfo Puiggrós, y tenía una visión muy interesante. Se había incorporado al peronismo desde una concepción de la autonomía de la clase. Lamentablemente, Olmos muere en una ruta en Villa María, cuando estaba viajando justamente para ese Congreso, en un accidente del que varios sospecharon. Es que en esos tiempos no se investigaba mucho.

En ese Congreso se elige a Raimundo Ongaro de los Gráficos, y a Amancio Pafundi, de UPCN (después va a pasarse de ATE). Justamente, la presencia de los delegados de UPCN le da la mayoría a Ongaro.

Después, se hace un congreso en la UTA, donde se deciden los cargos, y el vandorismo que estaba perdiendo decide retirarse. Pero, luego, el gobierno de Onganía le da reconocimiento al vandorismo dentro de la CGT, y como va a seguir funcionando en su sede de calle Azopardo, esa central se va a llamar la CGT Azopardo. Mientras que la otra central, liderada por Ongaro y Pafundi, se va a llamar CGT de los Argentinos, también conocida como CGT Paseo Colón, porque ahí en esa calle funcionaba la sede del Sindicato Gráfico Bonaerense.
El 1° de mayo, esa CGT de los Argentinos va a retomar la propuesta más combativa y desde una perspectiva de autonomía de la clase. Ese programa del 1° de mayo del ’68 integra como una trilogía con “La Falda” y “Huerta Grande”. El pico de luchas y manifestaciones va a alcanzarse en el ’69, con toda la rebelión que se venía produciendo, además, en el sector estudiantil. Onganía apenas asume interviene la Universidad, y se da la famosa “Noche de los Bastones Largos”.
El Movimiento Obrero estaba acostumbrado, desde siempre, a que cuando iba a una marcha y había represión, se podían guarecerse en las Facultades, porque la autonomía universitaria impedía que las fuerzas represivas se metan. Eso, con Onganía terminó.

Por supuesto, que en la misma época se daba el MAYO FRANCÉS, que influyó (y mucho) en la militancia de la época, fundamentalmente en la universitaria. Pero no hay que olvidarse de todas las luchas que venía teniendo nuestro pueblo.
En este proceso, el primer conflicto grande se da en Corrientes, cuando el gobierno cierra el comedor estudiantil y lo privatiza. Entonces la CGT de los Argentinos de Corrientes se decide armar ollas populares en su sede para que puedan comer los estudiantes. Se convoca a una gran marcha a la que van más de 12 mil personas. Hay represión de parte del gobierno, es asesinado el compañero Cabral, y se produce el Correntinazo. Luego, en Tucumán y en Rosario, empieza a haber puebladas con estudiantes y la población en general. Por que cuando se salía a la calle y se marchaba en solidaridad directa con lo que pasaba en otra provincia o con algún sector en particular y se reprimía, la gente salía en repudio a la represión y en defensa de los reprimidos y allí era cuando se desataban “las puebladas”.

En ese momento estaba Héctor Quagliaro como secretario general en Rosario, Agustín Tosco y Atilio López en Córdoba, Santillán en Tucumán que era obrero de los ingenios...

ninguno de estos nombres son nombres de calle como los nombres de los asesinos del pueblo.
El
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