Educación Economía y Desarrollo (Cód. 63014167)






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Grado en Educación Social

Educación Economía y Desarrollo (Cód. 63014167)
Unidad Didáctica I: La relación entre economía y educación.

Tema 1.1. Origen y objeto del campo de estudios.

Tema 1.2. Modelos teóricos: teoría del capital humano.

Tema 1.3. Objeciones a la teoría del capital humano.

               

El tema principal de esta unidad didáctica es presentar el campo de estudios sobre la relación entre economía y educación desde sus orígenes como disciplina académica (la “economía de la educación”) hacia finales de los años ‘50 y principios de los ‘60. Se explica, en primer lugar, la llamada “teoría del capital humano”, por cuanto ha sido esta perspectiva teórica y metodológica la que fundó el campo de estudios. A continuación se exponen otras formulaciones y perspectivas teóricas (el llamado “credencialismo”, el “institucionalismo” y las hipótesis de los “economistas radicales”) que han señalado errores o insuficiencias en la primera perspectiva, destacando las críticas y las aportaciones teóricas fundamentales que realizaron.
Objetivos

1 • El problema de la relación entre la productividad económica, los conocimientos y técnicas disponibles y la formación teórica y práctica de los agentes sociales en las sociedades modernas.

Desde los tiempos de los economistas clásicos había estado presente la preocupación por el vínculo entre la educación y el crecimiento económico. Sin embargo, no fue sino hasta hace unas décadas cuando comenzó a prestarse especial atención a esta cuestión, con lo que se ha dado en llamar la revolución de la inversión humana en el pensamiento económico.

La discusión ha girado en torno a la relación de causalidad entre las dos variables; esto es, si el desarrollo educativo de un país es resultado del crecimiento económico o si, en cambio, la educación contribuye a ese crecimiento.

La postura que sostiene que la educación contribuye al crecimiento económico está representada, básicamente, por la escuela de pensamiento del capital humano, iniciada en la década del cincuenta e impulsada en la del sesenta.

Schultz, Becker y Mincer son sus representantes más genuinos.

En su forma más simple, dicha teoría percibe a los recursos que se destinan a la educación como una forma de inversión que rendirá una corriente de beneficios en el futuro. Para la sociedad, éstos vendrán representados en términos de una mayor productividad de los trabajadores educados.

En este marco de pensamiento la clave para un aumento permanente en el ingreso se encuentra, ya no en el capital físico, sino en el capital humano. Las personas pueden aprender y ese conocimiento se acumula en favor de la sociedad que invierte. Naturalmente, la medida en que las inversiones en educación impactan sobre el crecimiento dependerá, entre otras cosas, de cómo el conocimiento se utiliza y aprovecha en forma efectiva en los procesos productivos.

Se recomiendan políticas que promuevan un amplio acceso a las habilidades y competencias y, especialmente, la capacidad de aprender. Esto incluye:

a) proveer una educación formal de base amplia,

b) establecer incentivos para que las empresas y los individuos se involucren en un entrenamiento y aprendizaje permanentes y,

c) mejorar el equilibrio entre la oferta y la demanda laboral en términos de requerimientos de calificaciones.

Esta teoría provocó muchas controversias entre los propios educadores, que se resistían a comparar su actividad con la de una inversión de capital físico y también entre los economicistas que han encontrado muchos puntos débiles, algunos parcialmente aceptados por la teoría del capital humano.

Lo evidente es que la postura representada por esta última ha dominado el debate en torno al vínculo entre educación y crecimiento.

En los noventa se vio acentuado el rol de la educación en el desarrollo económico. En un escenario en el que el avance tecnológico ocupa todos los espacios sociales, se considera que el conocimiento se transformará en el principal factor de productividad. Así, se habla de "economía basada en el conocimiento" para referirse a la dependencia que, ahora más que nunca, los países más desarrollados tienen respecto de la producción, distribución y uso del conocimiento corporizado en seres humanos como capital humano y en tecnología (OCDE,* 1996).

En este sentido, se estima que en la actualidad más del 50% del PBI en las principales economías desarrolladas se basa en el conocimiento (OCDE, 1996).

Los economistas dedicados al desarrollo y sobre todo los educadores han comenzado a preocuparse por los requerimientos que las sociedades y economías basadas en el conocimiento demandan a los sistemas educativos.

Ahora se sabe que la educación:

a) es una condición necesaria pero no suficiente para mejorar el nivel de vida y los ingresos de las personas y,

b) que si no puede asegurar el empleo de sus egresados, al menos debe orientarse a garantizar su empleabilidad.
"En conclusión, no basta sólo con educación [...] Se espera que la educación contribuya a una distribución de los ingresos. Sin embargo, toda la evidencia empírica indica que hasta que no se resuelva el problema de la distribución de ingresos no se evitará el fracaso educativo"
2 • Identificar las categorías conceptuales y teóricas con las que los representantes de la “Teoría del Capital Humano” interpretan la relación entre economía y educación en las sociedades contemporáneas.
3 • Conocer y comprender las críticas y objeciones que se han formulado a la “teoría del capital humano”.

A mediados de la época de los 70 se empezó a cuestionar muchos de los hallazgos de la teoría del Capital Humano. Por un lado, a pesar de los esfuerzos realizados en materia educativa, no había mejorado la distribución del ingreso. Además, se podía observar que:

a) ante iguales niveles educativos los hombres tenían mayores ingresos que las mujeres,

b) muchas veces el futuro de una persona en el mercado laboral no se relacionaba con el nivel de estudios alcanzado (por ejemplo, un profesional con el mismo título tiene una menor remuneración en una pequeña empresa que un par suyo en una multinacional),

c) el nivel educativo de una persona más que mejorar su productividad sólo es una credencial o filtro que condiciona el puesto de trabajo al que podrá acceder y,

d) no siempre está claro si es la educación la que incide en el desarrollo del país o es este último el que promueve la mayor educación.


  1. No todos los beneficios son atribuibles a la educación

    Los diferenciales de ingreso no siempre se deben al nivel educativo alcanzado. Las disparidades en las remuneraciones pueden estar reflejando diferencias en habilidades naturales, en el entorno social, el sexo, ocupación o la educación no formal de los trabajadores.

Los estudiosos de la teoría del capital humano consideraron esta cuestión tempranamente.

Hoy en día se reconoce que no es realista usar el total de los ingresos extra de los trabajadores educados como una medida de los beneficios de la educación ya que, claramente, se estarían sobreestimando sus beneficios derivados y, por lo tanto, su tasa de retorno (Woodhal, 1992).

Algunos estudios dirigidos a aislar el efecto puro de la educación en los diferenciales de ingresos han sugerido que, igualmente, la educación tiene un efecto fuerte en los diferenciales de ingresos de los trabajadores.


  1. La estratificación social y los logros educativos

    Aunque todos los niños tuvieran acceso a la educación básica es muy probable que aquellos que pertenecen a los estratos sociales más desfavorecidos presentan un desempeño escolar más pobre que los niños de estratos sociales más altos. Se vería reflejado en mayores índices de repetición de curso, deserción, menores calificaciones,...La situación socioeconómica es un factor condicionante de la forma en que los alumnos se desempeñan en la escuela.

En los países desarrollados el análisis pormenorizado de la relación entre la condición socioeconómica y la educación debería ser un paso previo a cualquier análisis de costo-beneficio. Estos datos abonarían a favor de la hipótesis de que existe relación entre clase social y participación en niveles más altos de educación. Aún más, los hijos de padres pertenecientes a estratos más altos de ingresos parecen tener una mayor posibilidad de acceder a niveles superiores de estudios y, por esa vía, a mayores ingresos.

cada vez más se ha ido cuestionando el rol de la escuela en tanto vehículo que promueve una mejor distribución del ingreso. Diferentes estudios desde la segunda mitad de los 60 han concluido que la educación formal es un factor marginal en la explicación de los ingresos de los adultos.


  1. Los mercados de trabajo segmentados

    Tradicionalmente, se había considerado que la mayor escolarización podía ser un instrumento eficaz para reducir las disparidades de ingreso entre personas con diferentes niveles educativos. Como consecuencia de la expansión de la demanda social por educación, se produjeron aumentos en la igualdad de oportunidades educativas. No obstante, en forma paralela al aumento de la cobertura educativa se produjo una disminución en el valor económico de la escolarización para la mayoría de los niveles. Es decir, la educación pierde su lugar de privilegio para explicar diferenciales de ingreso y ese lugar lo pasa a ocupar el contexto social y la capacidad para vincularse laboralmente a los distintos mercados de trabajo.

La posibilidad de acceso a estos mercados laborales diferenciados en términos de prestigio, ingresos, desarrollo profesional, etc., estaría dada, entonces, por los distintos ámbitos de pertenencia.

Se sostiene que no existe razón para pensar que una mayor educación tendrá un impacto en el sentido de que pueda modificar la segmentación de los mercados, que hace que determinados grupos (raciales, de género y otros grupos sociales desaventajados) estén prácticamente destinados a permanecer en puestos peor remunerados y más precarios en términos de estabilidad laboral, status, etcétera


  1. La teoría de las colas

    Esta hipótesis brindada por Thurow (1972) está íntimamente vinculada a la explicación ofrecida por la teoría de los mercados segmentados y, de algún modo se complementa a ella.

Este autor parte del hecho comprobado de que los salarios de las personas son fijos y los distintos mercados de trabajo no reaccionan ante la mayor o menor oferta de trabajadores con más o menos educación. Lo que termina sucediendo es que los empresarios y demás demandantes de trabajo optan por emplear a las personas que poseen mayores niveles de instrucción. En esta situación, la posibilidad de acceder a un determinado trabajo dependerá de la posición que ocupen en la fila de las oportunidades que ofrece el mercado.

En virtud de la teoría de las colas los egresados del sistema educativo compiten no por el mismo trabajo a diferentes salarios sino, la competencia es por diferentes trabajos a salarios fijos. Su salario ya no dependerá entonces sólo de su educación sino de su posición en la cola que, a su vez, depende de varios factores. Se trata de "puestos que buscan determinados trabajadores" y no a la inversa.

En otras palabras, lo que ocurre es que los educados toman puestos de trabajo antes ocupados por personas menos educadas, mientras que la distribución de retribuciones permanece constante. Según Thurow, la educación es un "gasto defensivo" para mantener una posición determinada en el mercado de trabajo. Si esto es así, la necesidad de obtener un mayor título educativo no se vincula con la mayor productividad que estaría brindando la instrucción lograda sino con la necesidad de diferenciarse en el mercado de trabajo.


  1. La educación como credencial

    La educación no torna más productivos a los trabajadores sino que, simplemente, actúa como un filtro o como un mecanismo de selección que permite a los empleadores identificar aquellas personas a las que ellos atribuyen una habilidad natural superior. La aceptación total de la hipótesis de filtro implicaría admitir que lo importante para el estudiante no es lo que aprende en el proceso educativo sino si al final de este proceso obtiene o no un certificado o diploma que acredite cuán capaz es.

Inversión en educación        →            Mayores  Credenciales           →           Mayores Ingresos

El principal contraargumento por parte de los defensores de la teoría del capital humano respecto del credencialismo es que el hecho de que la educación cumpla una función de filtro no es incompatible con sus efectos sobre la productividad.

Se reconoce que la educación podría constituir una señal inicial para obtener empleo, pero luego esa credencial debe ser legitimada en el puesto en que se estuviera desempeñando.

Algunos autores críticos del análisis costo-beneficio, sugieren que la teoría del capital humano y la hipótesis de filtro muestran coincidencias de tal importancia que es difícil distinguirlas cuando se analiza la evidencia empírica. Sturm señala dos coincidencias entre ambas teorías:

a) mayores salarios para los más educados sólo son posibles si estos trabajadores son más productivos y,

b) se observan las mismas correlaciones entre ingresos, productividad y educación

Husén plantea que la escuela tiene objetivos incompatibles: por un lado es usada como instrumento para aumentar la igualdad y, por otra parte, se la ha visto como un sistema de selección. Así, la consecuencia de una sociedad organizada en torno al principio del mérito materializado en mayores niveles de instrucción es que tenderá a acumular diferencias en las oportunidades de los individuos.

Los niveles superiores de educación son percibidos como mecanismos para mantener una posición competitiva en el mercado laboral. Éste, por su parte, espera que el sector educativo haga la selección, lo cual deriva en un sistema educativo más competitivo. Con un sistema de reclutamiento de empleo hecho sobre la base de certificados y grados, los más educados tienen más chances de ascender -o, al menos, no caer- en la escala social.


  1. Los ingresos relativos y la productividad

    Otra objeción es la que formulan quienes sostienen que los diferenciales en las retribuciones no miden adecuadamente las distintas productividades de los trabajadores, de manera tal que esas brechas no proveen una medida de los beneficios económicos directos de la educación


  1. La educación como bien de consumo

    También están quienes cuestionan que las tasas privadas de retorno carecen de significado porque los individuos no realizan elecciones educativas como si estuvieran tomando decisiones de inversión puramente financieras.

El análisis tradicional no tiene en cuenta que los individuos también pueden elegir -y de hecho lo hacen- no sólo su nivel de escolarización sino qué tipo instrucción, basados en preferencias y gustos personales. Asimismo, algunos autores consideran que la aversión al riesgo, tampoco tenida en cuenta en el análisis, puede tener influencia en estas decisiones (Weale).

Un segundo argumento afirma que el objetivo central del cálculo de las tasas privadas de rendimiento es medir cuán beneficioso es para el individuo gastar dinero en su propia educación como una vía para aumentar su capacidad de generación de ingresos futura (Woodhall, 1992).

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