Revista de Estudios Cotidianos nesop issn: 0719-1928






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Alarma, crisis e incertidumbre

Los sistemas de alarma son esenciales en situaciones de desastre, ya que permiten lograr un estado de atención máxima a la población, para posteriormente instruir a los individuos frente a la magnitud de un evento catastrófico. Sin embargo estos sistemas no se articulan conforme a las redes sociales que ya existen en la población, toda vez que se debe tomar en cuenta que en la mayoría de las situaciones de desastres los sistemas de comunicación electrónica sucumben a la demanda exponencial de usuarios y los daños que se produce la catástrofe. De este modo, la telefonía celular colapsa rápidamente por la saturación de llamadas y sobrepasa la capacidad técnica de las líneas. Por otro lado, en el caso de los medios de comunicación de masas, como la radio y televisión, estos dependen de grandes cantidades de energía, lo cual los hace inviables en caso de desastres naturales, pues el sistema de distribución energética es el principal afectado en estas catástrofes.

El problema de los actuales sistemas de alerta se fundamenta en que mientras las tecnologías se complejizan, la interpretación de los datos por parte de los expertos se hace lenta y critica en situaciones donde el tiempo es fundamental para poder minimizar los daños.

"El mejoramiento de sistemas de alerta al público, en los Estados Unidos y América Latina, es factible sin el desarrollo de nuevas tecnologías de Hardware. El problema de difundir tecnología existente y conocimientos es mayor actualmente que los problemas creados por la falta de la tecnología apropiada". (Sorensen: 1994:55)

En el ámbito del emisor, lanzar una alerta es un proceso de múltiples niveles y técnicamente complejo, que dificultan la emisión de una alarma rápida, clara e inequívoca. Por ejemplo, las instituciones y organizaciones encargadas de alertar deben a lo menos pasar por varias fases para poder emitir una alarma de emergencia:

  1. Monitoreo de las condiciones del entorno, utilizando recursos que permiten evaluar más allá de las meras impresiones personales.



  1. Procesamiento de la información, una vez detectada una anomalía se deben conocer todos los datos que existen para identificar el fenómeno y clasificarlo de acuerdo a los protocolos previamente establecidos y



  1. Emisión de la alerta de emergencia, la cual se pone en acción una vez que logra reunir todos los antecedentes.

En cuanto al receptor algunos autores (Mileti y Sorensen) han señalado que una alarma no siempre es plenamente interpretada por el destinatario. Por ejemplo, los factores ambientales y étnicos pueden se críticos a la hora de reconocer la alarma y el riesgo que se está viviendo. Según las experiencias vividas, las personas ubicadas in situ rara vez son tomadas en cuenta a la hora de considerar el papel que juegan en las alarmas. En el terremoto de Chile, en el año 2010, la autoridad desestimó los relatos de las personas que estaban en la zona costera y que advertían que el mar estaba avanzando sobre los pueblos4.

"....un proceso secuencial: a) Escuchar la advertencia; b) Entender el contenido del mensaje de advertencia; c) confiar en que la advertencia es creíble y exacta; d) Personalizar la advertencia con uno mismo; e) Confirmar que la advertencia es verdadera y que otros están prestando atención, y f) Responder tomando medidas de protección" (Mileti y Sorensen, 1990: 25).

Estas etapas sólo hacen referencia al emisor y no considera las fases previas que los expertos estudian para tomar la decisión de alertar a los habitantes, lo cual lleva a la pregunta obvia frente a esta situación, ¿Cuál es el tiempo real que se necesita para cumplir cada uno de estos pasos y así mitigar el daño? La verdad es que ese proceso es una "caja negra", se desconoce si las personas y sistemas cumplen con los tiempos mínimos para poder realizar su misión.

Es fundamental establecer cuáles son los aspectos secuenciales que debe considerar la comunicación en condiciones de emergencia, tomando en cuenta los recursos técnicos y humanos que las diferentes instituciones deben sortear a la hora de lanzar las alarmas y con el tiempo suficiente para informar a la población. En este sentido las deficiencias están relacionadas con concepciones de lo que constituye la comunicación en situaciones de emergencia y de cómo se articulan las diferentes redes encargadas de emitir las señales de alarma.

Para el experto en desastres John Sorensen, los sistemas de alarma deben estar constituidos por una combinación de aspectos técnicos y sociales, con el propósito de conocer científicamente los fenómenos naturales y la capacidad organizacional para enfrentarlos. Por lo tanto, los técnicos deben estar centrados en la detección y análisis, mientras que los encargados de la administración y gestión social tienen como misión transmitir la información de manera útil para la población en riesgo. En consecuencia lo que postula John Sorensen es un sistema de comunicación estratégico e integrado, donde su principal objetivo es establecer contacto con la población, tomando en cuenta el nivel de complejidad del entorno.

"Los sistemas de alarma deben considerarse como cosas que tienen componentes científicos, administrativos, técnicos y sociales que están enlazados por diferentes procesos de comunicación." (J. Sorensen: 1994:06).

La problemática de los sistemas de alarma tiene implicaciones en la forma de entender y construir organizaciones sociales. Existe una preeminencia por los sistemas tecnológicos, sin un diseño de gestión, sin estrategias comunicacionales y sin una idea clara de las funciones que tiene una alarma de desastre. Lo que intentamos decir es que un sistema de emergencia va más allá de avisar y evacuar, constituye un proceso comunicacional que debe ser consecuente con su entorno y de acuerdo a una planeación social. Por lo tanto, defendemos la idea fundamental de que la comunicación es un proceso de interacción humana.

"El equipo más sofisticado es relativamente inútil sino se puede usar en forma adecuada. Mejorar la capacidades de toma de decisión y de los planes de procedimientos de alarma es un requisito previo a la puesta en marcha de la tecnología moderna" (J. Sorensen 1994:56).

La comunicación en las situaciones de alarma se ha complejizado de manera gradual en la medida que los sistemas se han modernizado con las nuevas tecnologías. En primera instancia esta situación es deseable, por cuanto las tecnologías permiten mejoras significativas en el procesamiento y cobertura de la información, sin embargo los últimos acontecimientos han demostrado fallas sustantivas en cuanto al diseño que se ha utilizado para disponer de las nuevas tecnologías. La modernización tecnológica no produce necesariamente un sistema de comunicación articulado socialmente y con sentido situacional. Nosotros postulamos como solución a estas deficiencias, un plan de alerta y alarma estratégico e integrado a la comunidad, donde la información y las comunicaciones sean mediadas por parte de un circuito mucho más expedito y descentralizado, que permita establecer un sistema de comunicación de acuerdo a las características geográficas y psicosociales que tiene la población objetivo.

Varias son las preguntas que surgen en torno a los problemas de la comunicación en un contexto de emergencia. Hasta ahora hemos identificado que uno de los puntos críticos es el proceso de alerta y alarma para el resguardo de la población. En este sentido, se hace hincapié en las diversas etapas, donde es fundamental la comunicación entre cada uno de los actores responsables para la ejecución de los planes de contingencia. Sin embargo, también hemos enfatizado ir más allá de los recursos tecnológicos, contemplando los procesos estratégicos, con una planificación acorde a las características de la población y con una retroalimentación entre los expertos técnicos, los gestores administrativos y la población en general.

Los organismos e instituciones han elaborados diferentes modelos técnicos para afrontar un eventual escenario de desastre, sin embargo cada una de estas iniciativas están destinadas al fracaso por cuanto han sido construidas a partir de un criterio tecnocéntrico, donde la población tiene un bajo de nivel de participación y protagonismo. Es estas páginas hemos querido justificar nuestra posición no sólo a partir del argumento teórico, de algunos especialistas como Sorensen o Mileti, sino además por la evidencia empírica sobre los serios problemas de comunicación, coordinación y planificación que se presentan en los organismos estatales y privados como la Onemi, Conaf, Shoa, Bomberos, F.F.A.A y el gobierno.

Las preguntas que se deben realizar son:

1.-

¿Existe un sistema de monitoreo acorde a los diferentes fenómenos que pueden generar una situación de emergencia?

2.-

¿Existe un protocolo de acuerdo entre los diferentes organismos encargados de enfrentar este tipo de fenómenos?

3.-

¿Cuál es el conocimiento que tienen los directores de los diferentes organismos, sobre las diferencias entre un plan de alerta y un plan de alarma?

4.-

¿Existen diferentes planes de emergencia para cada situación imprevista?

5.-

¿Los planes de emergencia están formulados por escrito, para evitar la modificación y la improvisación?

6.-

¿Se encuentra considerada la población civil de otras regiones (no afectada por la catástrofe), en el proceso de rescate, reconstrucción y normalización?

Comunicación, cultura y apropiación del espacio

Para iniciar un estudio sobre cómo configurar un sistema de emergencia contra desastres, se debe discutir en primer lugar la problemática de la comunicación en la actual sociedad y la importancia de las redes sociales para enfrentar estas situaciones de crisis, especialmente cuando los sistemas tecnológicos y gubernamentales fallan. En este sentido la paradoja que producen las nuevas tecnologías de la información y las redes sociales virtuales, es que pueden comunicarnos a nivel global con cualquier persona del planeta, soslayando las fronteras geográficas y políticas, pero los individuos que las operan no interactúan socialmente en los espacios más inmediatos y cotidianos. No es extraño observar una comunicación fluida y permanente entre personas ubicadas en puntos muy lejanos, mientras que en los espacios de habitad más directos somos unos completos desconocidos. Esta situación denota que las tecnologías de la información, no resuelven por si sola el problema de la comunicación, por cuanto el fenómeno comunicacional es principalmente de naturaleza social y cultural. Lo anterior, se hace más evidente y crítico en las situaciones de desastre. La conformación de redes tecnológicas, ha potenciado los medios de comunicación de masas, con información que emana en forma vertical y centralizada, desde los núcleos del poder político, económico y social. De este modo, cuando los sistemas sociales colapsan se instala la incertidumbre y la entropía, al no poder mensurar las alteraciones de nuestro entorno inmediato, generando miedo y perplejidad frente a los acontecimientos. Esta situación de desamparo se torna angustiante para desarrollar nuestra cotidianidad, por cuanto los escenarios de desastre trastocan los aspectos más esenciales de nuestra existencia, al perder la iniciativa y la capacidad de anticipación frente a nuestro entorno. La emergencia de un evento devastador (terremoto, tsunami, huracán u otro fenómeno natural), alteran significativamente todos nuestros sistemas de recompensas, expectativas y capacidad de resolución de problemas. Por lo tanto, certezas tan básicas como abrir la llave para beber agua o tener algo para comer, se convierten en prioridades en el que hacer cotidiano, en un contexto absolutamente alterado. La incapacidad para resolver los problemas de existencia de nuestro habitad, genera situaciones de crisis que son difíciles de manejar. El saqueo, el desorden social y los actos de pillaje en general, son efectos típicos de individuos que se encuentran confrontados de manera crítica a su entorno, tomando medidas extremas para superar la contingencia. En este sentido es necesario considerar el concepto de habitad como un conjunto integrado de tiempo, espacio e interacción social, donde no sólo se come y duerme, sino que también se convive con otros seres humanos, compartiendo las virtudes y problemas del espacio geográfico. Es importante recordar la significativa frase de Ivan Illich:

habitar es dejar huella en la vida. Las bestias tienen madrigueras; el ganado, establos; los carros se guardan en cobertizos y para los coches hay cocheras. Sólo los hombres pueden habitar. Habitar es un arte. Únicamente los seres humanos aprenden a habitar.”

El concepto de habitad nos plantea el desafío de conocer nuestro entorno social y geográfico, recorriendo los accidentes de su relieve y compartiendo los espacios que son comunes, de este modo, mediante un ejercicio toponímico, identificarnos con el entorno y sus características. Sin embargo, en una realidad cada vez más deshabitada, el vecino no es más que un desconocido, tan ajeno como el espacio del barrio donde vivimos, incluso a veces se percibe como una potencial amenaza a nuestra seguridad. Este desapego por el territorio, está determinado por la pérdida del sentido de comunidad y mayor división social del trabajo, lo cual nos lleva a interrogantes situadas en el centro de la teoría sociológica. Consideramos que este debate es vigente en la mirada que intentamos esbozar, donde cobra especial significación el valor que tiene la constitución de comunidad y de sentimientos de coexistencia colectiva. En una sociedad más segmentada, la pérdida de una conciencia común puede ser una de las limitaciones a la hora de enfrentar situaciones de emergencia.

En el año 2007, los teóricos de la comunicación (Lozano, Gaitán y Piñuel), señalan la vulnerabilidad que tienen las sociedades modernas frente a las catástrofes, como consecuencia de lo que llaman “polarización cultural”, que se entiende como un fenómeno inherente de la sociedad más globalizada. Lo anterior contrasta con las sociedades pre-modernas, donde los individuos tenían un mayor control sobre su entorno natural y social, con un mejor dominio sobre las variables ambientales y sociales, con una visión de mundo construida en espacios de cooperación. Este cierto “control” del entorno, se puede especificar a partir de lo que se entiende como dominios cognitivos, elaborados a partir de la integración de aspectos, biológicos, psicológicos y sociales.

Los dominios de supervivencia son las capacidades y/o habilidades que desarrollan y utilizan los seres humanos para sobrevivir a los avatares de los entornos habitados. Se trata, en primera instancia, de habilidades biológicas heredadas de la propia especie, también de destrezas cognitivas que se van adquiriendo en base a la experiencia para saber reconocer y anticiparse a los cambios del entorno y, por último, son capacidades culturales aprendidas en el seno de las relaciones sociales.” (C.Lozano, J.Gaitán y J. Piñuel: 2007)

Lo que se pretende es recrear de manera funcional las antiguas formas de interacción social, aquellas más básicas pero útiles en situaciones de crisis, que permiten la capacidad de reacción individual y colectiva, y que hemos ido dejando de lado por interacciones sociales virtuales.

Por otro lado, este análisis se fundamenta en los aspectos señalados por el sociólogo alemán Ulrich Beck, quien a definido el concepto de “Sociedad del Riesgo” para señalar este periodo de la posmodernidad, caracterizado por la aceptación del riesgo en los procesos productivos y en el desarrollo económico, pero con un empobrecimiento de las capas sociales más bajas. Por lo tanto, el crecimiento económico, es leitmotiv de la sociedad del riesgo, anteponiéndose a las otras necesidades de una sociedad compleja. Esta forma de organización social se sostiene gracias a la tercerización de los servicios y a una menor participación del Estado, donde muchas funciones son derivadas a empresas privadas, con el objetivo de ahorrar gasto público.

Esta nueva situación se hace critica a la hora de estructurar las redes centrales de comunicación y coordinación en caso de catástrofes, donde un área tan estratégica como son las comunicaciones, ha quedado en manos de empresas privadas que por su naturaleza, tiene como principal objetivo lograr el mayor beneficio con el menor costo. Esta privatización de los servicios, ha tenido consecuencias negativas, al dejar en manos privadas aspectos relevantes para seguridad nacional, siendo en el caso chileno, las fallas en las comunicaciones la situación más grave que tuvo que vivir el país durante las últimas emergencias.

Beck es categórico al señalar el control total del capital en la sociedad del riesgo, determinando el curso de las instituciones del Estado, la vivienda, las comunicaciones, la educación, los derechos sociales, entre otros aspectos. Por lo tanto, estamos en un escenario complejo, toda vez que en la medida que avanzamos tecnológicamente, las instituciones estatales pierden preponderancia en la solución de problemas tan importantes como las comunicaciones. De este modo, mientras las instituciones estatales fueron ineficaces para diagnosticar la magnitud de las catástrofes (especialmente el sismo de 2010 e incendio de 2014), los clubes de radioaficionados y particulares entregaban en detalle los efectos del desastre. Es decir, la sociedad civil con tecnologías de menor complejidad funcionaron perfectamente, pero sin el menor apoyo y consideración de las autoridades estatales.

Esta situación deja de manifiesto la necesidad de revalorar las antiguas formas de articulación social, potenciando la apropiación de espacios y la conformación de redes sociales. No obstante, también es prioritario reconocer las transformaciones sociales y culturales de este nuevo siglo. No es posible recrear el espacio social cotidiano sin tomar en cuenta los cambios que ha experimentado la sociedad los últimos veinte años. Hacer tabula rasa, para caer en posiciones dogmáticas y fundamentalistas sería un error tan grande como lo criticado. La construcción de redes de socialización, requiere la incorporación de los nuevos saberes y competencias, con la participación de distintos sectores sociales e identidades colectivas.

En una sociedad cada vez más marcada por la identidad y la heterogeneidad, la construcción de sentido y la organización se encuentra determinado por la capacidad de reconocer las diferencias interculturales e inter-generacionales. Elaborar mecanismo y estrategias para superar las diferencias simbólicas y sociales, en función de prevenir, enfrentar y mitigar los efectos de las situaciones de desastre.

Desde un punto de vista teórico y práctico, es relevante el planteamiento formulado por García Canclini (1997), a la hora de reconocer las bases culturales de las sociedades contemporáneas. En este sentido, el concepto de “Culturas Híbridas”, es un recurso heurístico para identificar las limitaciones y potencialidades de la sociedad contemporánea.

Para García Canclini el concepto de hibridación es útil para explicar las diferencias y mezclas interculturales, el “entrelazamiento entre lo tradicional y moderno”, así como entre lo culto y lo popular masivo. El objetivo de Canclini es elaborar un concepto que permita describir de manera sintética la emancipación, los nuevos procesos sociales y tecnológicos, en combinación con las características propias de América Latina, donde convive cada una de estas dimensiones con los aspectos étnicos, religiosos y políticos. Es un proceso de secularización heterogénea donde interactúan aspectos de la cultura tradicional con componentes de la modernidad más globalizada. Defendemos el argumento de García Canclini, sobre la hibridación como un fenómeno que se torna fértil, por cuanto es un ajuste a las desiguales condiciones de vida de la modernidad y al acceso diferenciado de los bienes y servicios. Al contrario de las visiones polares, la hibridación propone una realidad donde existe un intercambio que se produce a nivel cultural y comunicativo.

..en este tiempo de globalización, todos vivimos en fronteras donde se entrecruzan múltiples estrategias diversificadas.” (G.Canclini: 1997:113)

García Canclini reconoce que hay relaciones de poder entre las diferentes culturas, condicionadas por el desigual acceso a los mercados internacionales y el desarrollo de los países más ricos. Sin embargo, él hace hincapié en que la globalización no es un proceso unilateral, sino una homogenización e integración que afecta a todos los involucrados y con intercambios que van más allá de las relaciones verticales de poder.

Una de las razones por la cual se presentan los conflictos, es porque la homogeneización produce nuevas segmentaciones cuando entran en colisión lo tradicional y lo moderno. Por lo tanto hay puntos de tensión intercultural, así como de manera inter-generacional, dificultando los procesos comunicativos al existir desigualdades en el acceso y manejo de la información y de los medios de comunicación. De este modo, los jóvenes crean sus propios códigos y lenguajes para comunicarse en la internet, utilizando el ícono como la forma de expresión más rápida y eficaz, mientras los mayores se mueven a partir de los patrones que quedaron asentados en su memoria, de acuerdo a un proceso de socialización pretérito, desechados por los nuevos saberes y las tecnologías de la globalización.

En los desastres que mencionamos en la introducción de este texto, las tecnologías más avanzadas fueron completamente inútiles para informar a la población. La ciudadanía quedó en el desamparo para enfrentar una situación donde el poder central era incapaz de tomar la iniciativa y mucho menos informar.

En Chile las autoridades habían confiado en las redes de comunicaciones y las plataformas que aseguraban una interconectividad a toda prueba, potenciando sólo la calidad de la transmisión, gracias a los avanzados soportes que permitan una perfecta modulación.

Lo paradójico es que las antiguas tecnologías y las incipientes redes sociales, fueron los únicos canales que siguieron funcionando a pesar de la magnitud de los fenómenos. Las antiguas redes de radios aficionados, banda ciudadana y el recado de voz en voz, terminaron por informar con mayor velocidad y detalle. Por otro lado, emergieron formas de organización popular, para solucionar los problemas de seguridad, donde la población empezó a comunicarse cara a cara con su entorno más inmediato. Estas formas de organización básicas, demuestra la importancia de las redes sociales, especialmente cuando estas son fomentadas bajo condiciones normales, pues su funcionamiento es mucho más efectivo en casos de emergencia. Es fundamental entregarle un papel a cada sector social, en función de sus capacidades y producir una complementación, para fusionar y hacer útil los múltiples saberes que la sociedad multicultural provee.

Las asociaciones de viejos radioaficionados han perdurado a los embates de las nuevas tecnologías, organizándose en pequeños clubes distribuidos por el país. Con recursos propios, han mantenido una red inalámbrica que tiene más de cuarenta años. Asimismo, es necesario reconocer el trabajo realizados por lo que se llaman las redes sociales virtuales (“Google”, “Facebook”, “Twitter” y “WhatsApp”), en aquellos lugares donde la catástrofe no produjo fallas en el sistema de distribución de energía.

En estos casos se puede entender la idea de García Canclini cuando habla de la integración de los diferentes grupos sociales que constituyen las actuales sociedades hibridas. El desafío por parte de los aparatos del Estado es potenciar estas formas de asociación diferenciada y reconocer el gran valor en casos de emergencia y en la comunicación dentro de la pluralidad simbólica de la sociedad posmoderna.

El centrar las comunicaciones exclusivamente en las nuevas tecnologías, de manera vertical y centralizada, es una estrategia poco realista en la diversidad cultural de nuestras sociedades, ubicadas en una accidentada geografía y con un capital económico y cultural muy diverso. Por ello se hace necesario levantar una red de comunicaciones integral, que aproveche los múltiples acervos y saberes culturales, producto de múltiples prácticas acumuladas desde los adultos mayores hasta las generaciones más jóvenes. El intercambio intergeneracional debe ser una tarea prioritaria para quienes tienen la capacidad de planificar estratégicamente los temas de seguridad, por cuanto es necesario rescatar las experiencias en cuanto a situaciones de crisis. Es importante tener el conocimiento sobre el comportamiento histórico de los ríos, el mar y la tierra en general. Esta información puede ser gravitante a la hora de tomar decisiones en como planificar los asentamientos humanos y como diseñar los respectivos planes de emergencia. En este sentido, muchos arquitectos e ingenieros de la construcción han comenzado a estudiar la historia de las ciudades y los desastres ocurridos en el pasado, permitiendo nuevos estándares para la construcción.
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