1996 Análisis estructural de contenidos y de modelos culturales






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Lógica fundamental de composición de los Materiales
“Cuando se reúnen, para ponerlos en relación, hechos de toda procedencia, se está obligado a tomarlos “a manos llenas”, sin que se disponga de los medios ni aún del tiempo necesarios para hacer su crítica. (...). El método comparativo (...) no puede arrojar resultados serios si no se aplica a un número suficientemente restringido [ de observaciones ] de modo que cada una de ellas pueda ser estudiada con una precisión suficiente. Lo esencial es la escogencia de aquellas sobre las cuales la investigación tendrá mayores oportunidades de ser fructífera. Asimismo, el valor de los hechos importa mucho más que su número. (...). Para establecer las relaciones, no es necesario, ni siempre útil, el amontonar las experiencias unas sobre otras, es mucho más importante el haberlas realizado bien, y que ellas sean en verdad significativas (...). El investigador, en todo tipo de ciencia, se hallaría sepultado por los hechos que se le ofrecen, si no hiciera una selección entre ellos. Es necesario que él discierna cuáles de entre ellos prometen ser los más instructivos, y que concentre su atención sobre éstos y se desentienda provisionalmente del resto (...). Un único hecho puede hacer salir a la luz una ley general, mientras que una multitud de observaciones imprecisas y vagas no puede producir sino confusión.

(...) Cuando una ley ha sido probada por una experiencia bien hecha, tal prueba es válida universalmente. Si, en un caso incluso único, un investigador llegase a sorprender el secreto de la vida, fuese el caso del ser protoplásmico más simple que se pueda concebir, las verdades así obtenidas serían aplicables a todos los seres vivos, aún los más complejos.”
Fuente: Émile Durkheim (19121). Las formas elementales de la vida religiosa. Paris: PUF, 1990. p. 133-135, 593-594.

Al escoger, se prefiere pues, a las observaciones numerosas y a los materiales relativamente pobres, las observaciones escasas dentro de materiales ricos, susceptibles de revelar tipos o modelos con una densidad de información óptima. Siendo la comparación una clave de la construcción tipológica y una función de la variedad, se prefiere también a la multiplicación excesiva de lo idéntico, la selección intencional de diversidades típicas. Si tenemos entonces, la posibilidad de tratar de modo rápido cuarenta unidades de observación, o bien veinte en profundidad, escogeremos la segunda solución. Y, presentando diversidades entre estas unidades, escogeremos más bien el incorporar éstas a la veintena escogida, que el amplificar su homogeneidad. Se aumentan así las oportunidades de descubrir una variedad de modelos, de captar lo que es típico a cada uno, o aún más, de verificar la persistencia de un modelo común más allá de las diversidades, las cuales, desde este punto de vista, aparecerían como superficiales. Las observaciones en número reducido, pero recogidas de manera estratégica, y tratadas en profundidad, proporcionan pues un rendimiento óptimo.
Es de este modo como aún el caso único puede tener todo su valor, en tanto nos permite extraer un modelo o comprender un funcionamiento típico, susceptible -así fuera en principio- de observarse o de reproducirse igualmente en otros sitios. Este “modelo” representaría, pensamos, un conocimiento cierto y universalmente generalizable para todo montaje que responda a las mismas condiciones. Bastaría pues constatar los indicios significativos de “montajes” similares para otros casos, para ya disponer de un conocimiento sobre su modo de funcionamiento y estar en capacidad de manejarlo.
Por cierto, los “montajes” culturales suelen ser complejos. Pero la lógica de tratamiento en términos de “modelos”, es constante. Extraído de modo adecuado de las bases empíricas donde se da, un “modelo” forma un conocimiento generalizable a todo caso que presente características similares: el análisis puede así anticipar datos sobre el comportamiento de esos otros casos posibles. Confrontarlos es pues una manera de poner a prueba el “modelo”, y una condición para su corrección o su refinamiento. Y cuando al conocimiento de los modelos que guían los comportamientos se añade el de las condiciones sociales que engendran tales modelos, el análisis puede -a su modo, es decir, lógicamente antes que estadísticamente- anticipar también las posibilidades de aparición, de conservación o de decadencia de los modelos mismos. Al confrontar esos pronósticos con las evolucione observables, el análisis se abre así a las pruebas en este segundo nivel.
En fin, los modelos pueden construirse en niveles de abstracción variable. Todo nivel de abstracción creciente integra un mayor número de casos y da cuenta de ellos trascendiendo los detalles individuales. Así, si el caso único puede liberar un modelo de alcance general , se debe a que ha sido tomado en el nivel adecuado de abstracción. Alcanzarlo, es responsabilidad tanto del analista como del material. Del analista, por su capacidad de observación y de lógica, por cierto, pero también por su experiencia. Ésta integra un potencial de comparación más o menos latente, ligado entre otras cosas a sus análisis anteriores, a partir del cual “se siente” -de hecho, se establece- el nivel óptimo de abstracción requerido por la descripción. Para el analista menos fogueado, la capacidad de captar el nivel de abstracción adecuado, recae un tanto más sobre la composición del material. Ante una pluralidad de unidades de observación, somos efectivamente conducidos a captar lo que, más allá de los detalles, reúne un cierto número de tales unidades al mismo tiempo que las diferencia de otras, de igual modo reagrupadas. Estos conjuntos son los puntos de partida de los “modelos”. Se buscará pues el incluir dentro del número limitado de casos de observación, a la vez una variedad óptima -para estimular el descubrimiento de modelos diferentes- y un número óptimo de casos más o menos homólogos, los cuales ayudarán a extraer los “trazos comunes” a cada uno de los modelos. La experiencia muestra que, para producir los puntos de partida de la abstracción necesaria, este último número no debe, de manera general, exceder la decena y podría incluso resumirse, las más de las veces, a la mitad.
Anotemos, finalmente, que un modelo es considerado como “saturado”, es decir “perfecto”, cuando al tomar en conjunto los hechos y la lógica, aquel se revela adecuado para dar cuenta del funcionamiento común de un conjunto de casos típicos que se remiten a él. La observación de nuevos casos de la misma especie no aporta entonces nada más en cuanto al conocimiento del “modelo” o del tipo. Para alcanzar este estadio, se requiere un volumen variable de materia, según las circunstancias. Ello depende de la calidad de los materiales y, una vez más, del valor del analista. Con materiales ricos en informaciones pertinentes y un analista aguerrido, la saturación se alcanza más pronto que en las condiciones inversas. Aquí también, el razonamiento cuantitativo cede ante la estrategia y la lógica. Una colección de materiales, incluso restringida, puede dejar aparecer su “saturación” aún antes mismo de ser materialmente agotada; su “resto” es en ese caso un “lujo de verificación”. Otra colección, eventualmente más voluminosa, puede, aún si ha sido materialmente agotada, estar todavía lejos de la saturación: hacen falta pues más materiales. En lugar de fijarse un volumen de materiales a priori, podemos pensar en tratar pequeños conjuntos, etapa por etapa, hasta alcanzar la saturación deseada.
Si toda ciencia permanece siempre abierta, ninguna investigación puede darse jamás por terminada. Es así como nuevas variedades de “modelos” pueden quedar siempre por descubrir, y venir a ocupar un lugar al lado de las que constituyen ya nuestras colecciones. Modelizaciones cada vez más radicales pueden recubrir aún las que ya conocíamos, y que no se dejan captar sino por fragmentos y retazos.
En el parágrafo siguiente, usaré tres ejemplos de recolección de datos para ilustrar y completar los elementos evocados hasta el momento. Se presentan también las investigaciones cuyas etapas serán asimismo examinadas en seguida.
Ilustraciones
 “Jóvenes no-calificados”.
El objetivo de esta investigación es el de comprender cómo y porqué, alrededor de la mitad de los alumnos de la enseñanza profesional3 son conducidos a abandonar la escuela antes de la terminación normal de sus estudios. Para hacerlo partimos de las experiencias y de las percepciones de los jóvenes mismos. Con los medios de investigación disponibles, es posible organizar alrededor de cuarenta entrevistas. Éstas se limitarán a la fracción masculina de los jóvenes en cuestión, tomada en su composición más crítica : el grupo de jóvenes que, habiendo abandonado la escolaridad, se han convertido además en desempleados4, en muchos casos, después de haber ensayado algunos empleos inestables y mediocres. Los archivos de la oficina de desempleados hacen posible contactar tales jóvenes.
Para controlar las variaciones eventuales provenientes de los tipos de establecimientos escolares frecuentados, se incluye un número más o menos equivalente de jóvenes que han abandonado respectivamente, establecimientos de medio urbano o de medio peri-urbano, y tanto de la red de educación privada como de la pública. Estos jóvenes provienen, por demás, de secciones diversas en cuanto a especialidades. Incluyen asimismo, individuos de origen nacional, tanto como inmigrantes.

Las entrevistas verifican, por demás, -en su parte final, como es más conveniente-, los datos sociográficos al respecto de dichos jóvenes. Así, se precisa que éstos pertenecen al estrato inferior de los medios populares : padres no-calificados, de ingresos débiles, en familias las más de las veces numerosas (para los nacionales en promedio 4 hijos, para los inmigrantes, 5.5 hijos en promedio).
Estas informaciones proporcionan una primera caracterización del estatuto teórico de los materiales : nos informan sobre la franja masculina procedente del medio que acabamos de definir, sobre sus elementos con los cuales la escuela establece las relaciones más problemáticas, y que reproducen las precariedades sociales, culturales y socioprofesionales típicas.
Con cada uno de los jóvenes seleccionados, tiene lugar una entrevista de una hora y media a dos horas. En ella, el joven cuenta y comenta los diversos aspectos de su experiencia de escolarización, los contextos de ésta, su manera de verla y experimentarla. Las conversaciones se establecen del siguiente modo : “estamos interesados en comprender un poco mejor, a partir de aquellos que la han vivido, la experiencia que se tiene de la escuela, sobre todos los aspectos que puedan parecerte significativos. Nos podrías contar un poco tu experiencia, cómo lo viviste, cómo viste la escuela, lo que se hace ahí, su interés, el de las materias, las relaciones con los profesores, el ambiente ; cuáles eran tus reacciones, a qué y porqué, lo que te gustaba y lo que no, cuál fue tu historia en ese mundo ?” Progresivamente, van surgiendo profundizaciones, precisiones, ejemplos concretos, al tiempo que se “hace un barrido” de diversas temáticas : la imagen del oficio futuro y su relación con la formación, la relación con los diplomas, el relato de experiencias donde se tuvo el sentimiento de un verdadero aprendizaje. Estas temáticas se refieren evidentemente a las preguntas e hipótesis particulares de la investigación. Si el abandono de la escolaridad -el objeto inmediato- no es evocado de modo espontáneo, su discusión no se suscita sino al final de la entrevista.
Estas modalidades de recolección de datos precisan aún el estatuto teórico de los materiales. Así, el no plantear de entrada la pregunta sobre el abandono de la escolaridad, sino más bien recoger primero una serie de informaciones más englobantes, proporciona -sobre el tema- informaciones que van más allá de las explicaciones directas, las autojustificaciones o las censuras de los sujetos. A partir de estas informaciones, el análisis podrá aclarar por sí mismo, la cuestión del abandono de la escolaridad, e incluso verificar el alcance y la coherencia de las declaraciones explícitas y directas de los individuos al respecto. Lo que se observa, por cierto, no es la práctica del abandono como tal, sino más bien un conjunto de percepciones que se le relacionan de modo directo o indirecto. Si a pesar de todo estas percepciones retrazan lo que es generalmente verosímil ante los ojos de los sujetos, se cuenta con un buen número de oportunidades para poder captar las evidencias que operan en la práctica misma del abandono.
Grabadas y transcritas, las entrevistas conforman un material de varios cientos de páginas. Podemos anticipar ya la estrategia global del análisis. En un primer nivel, se puede esperar extraer del material, uno o varios modelos culturales -una o varias maneras típicas de percibir y reaccionar- que dan cuenta del abandono de la escolaridad. Éste nivel se puede alcanzar cuando el contenido del o de los modelos muestre la imposibilidad lógica de continuar los estudios si se asume tal contenido. Se podría decir : “Éstos son los modelos culturales que conducen a los jóvenes en cuestión a abandonar sus estudios”. Se podría asimismo formular de manera más generalizante: “Cualquiera que se halle provisto de tal(es) modelo(s) está, en las mismas condiciones compelido al abandono de la escolaridad”. El corolario sería : “aquellos que no abandonan no tienen tales modelos, sino otros”. Se podría también observar la correspondencia entre la presencia de uno o varios modelos y las características de sus “portadores”. Así, si se extrajera un modelo común al conjunto de jóvenes observados, ése haría referencia a las características que les son comunes. Sus diferencias, por lo demás, -nacionalidad de origen, tipos de establecimientos frecuentados, especialidades seguidas- aparecerían, desde este punto de vista como no significativas. Se podría pues decir :”He aquí las características sociales de van a la par con la presencia del modelo en ellos”. Y aún se podría formular de una manera más generalizante : “Estas son las características que van de la mano con el modelo observado”. Se procedería del mismo modo si se extrajeran varios modelos, correspondientes cada uno a condiciones específicas, las de las fracciones determinadas de los jóvenes observados.
Pretender, más allá, que las características sociales puestas en evidencia no sólo van de la mano con el o los modelos culturales, sino que además los inducen en todos los casos, o incluso que son las únicas en inducirlos, implica una serie de niveles ulteriores. Su establecimiento implicaría cada vez, sobre la base de los materiales analizados y eventualmente de otras fuentes utilizables, otras tantas observaciones y análisis adecuados a la vez lógica y empíricamente. Las generalizaciones podrían entonces tender hacia formas tales como : “Aquel que se encuentra afectado por dichas características manifestará necesariamente el modelo en cuestión” o de modo más específico aún, “todos aquellos que, y sólo esos ...”
Y constituiría aún otro nivel más, por cierto, el establecer que sólo ese o esos modelos identificados producen el abandono de la escolaridad. Puesto que, evidentemente, otros modelos o condiciones diferentes de los observados podrían “en la realidad” conducir siempre al mismo efecto. Tal cosa no puede ser controlada en el seno del material, una vez que éste ya está constituido. Pero se habrá cuidado antes, en particular incluyendo entre la población observada, las variedades posibles a priori, o al menos las principales de entre ellas. Es evidente que, salvo que se suponga que todos los modelos y todas las circunstancias posibles se puedan agregar al material, no se podrá excluir nunca el que existan hechos que la observación no haya podido conocer. Pero esto, empero, toca sobre todo al conocimiento de la gama de posibles que a las generalizaciones a partir de lo que ya se dispone.

 “Simbólicas rurales” :
Esta investigación toma cuerpo al comienzo de los años setenta. Los efectos del Concilio Vaticano II se hacen sentir : misa los sábados por la noche, lengua vernácula, clergyman... Pero Mayo del 68 tampoco está tan lejos. En la escuela y en la pedagogía se desatan una serie de reformas : “no-directividad”, centración sobre el sujeto, desarrollo personal ... En este contexto, el objetivo de la investigación es captar el estado de los modelos culturales tradicionales. Se supone como medio típicamente tradicional el de las pequeñas aldeas o villas alejadas de los centros urbanos y de los ejes de comunicación más importantes. Se escoge un pequeño valle de las Ardenas (zona belga) con una veintena de poblados de 300 habitantes en promedio, con un 60% de población agrícola activa y una movilidad laboral muy débil : sólo el 25% de los activos trabajan fuera del municipio, y no más del 10% lo hacen fuera de la localidad.
La zona se compone, por demás, de dos sub-conjuntos : la parte “alta” del valle (altitud 300 a 650 metros, relieve muy quebrado, boscoso en su mayor parte, agricultura bastante difícil, menos de 20 habitantes por kilómetro cuadrado, 61% de población agrícola activa, 19% de movilidad global, 5% de movilidad hacia las zonas urbanas) ; y la parte “baja” del valle (altitud 300 metros, relieve suave, en su mayor parte pastizales, agricultura menos difícil, 20 a 40 habitantes por kilómetro cuadrado, 50% de población agrícola activa, 26% de movilidad global, 8% de movilidad hacia las zonas urbanas). Para controlar estas variaciones, se seleccionan cinco unidades urbanas en cada una de los subconjuntos, incluyendo los dos poblados más diferenciados de la zona. Para el estatuto teórico de los materiales, se puede así estimar una buena representación lógica del conjunto de las zona y del “mundo típico” que ella ilustra.
Para recolectar los datos, temiendo un débil expresión a nivel individual, se opta por organizar debates en grupo : uno en cada una de los poblados seleccionados. Participan cinco o seis aldeanos cada vez. Se buscó representar también la variedad en cuanto a sexo, edad y estatuto profesional. A pesar de ello, los dos tercios de los participantes serán hombres, un tercio del total tendrá más de 50 años (todos hombres), más de un tercio entre están entre 25 y 50 años y un cuarto solamente, menores de 25 años. Casi todos son “sedentarios” que no dejan el pueblo. Estos datos precisan el estatuto de los materiales : ellos se refieren, para el “mundo típico” ya caracterizado, sobretodo a la fracción masculina, de edades entre media elevada y elevada, y socioprofesionalmente sedentaria, es decir, sin duda, la fracción más tradicional del mundo tradicional.
Se introducen los debates de manera simple y abierta : “Seguramente ustedes tienen conocimiento (y opiniones) sobre los cambios recientes en materia de religión y de enseñanza o de educación, tienen aquí pues la oportunidad de hablar y de discutir con los otros de lo que les ha impactado y de lo que ustedes piensan de todo esto. Ese es nuestro único objetivo”. La dinámica misma del grupo estimula aquí las explicitaciones y las profundizaciones.
Los materiales grabados y transcritos integralmente constituyen también en este caso, un conjunto de varios centenares de páginas. Para su explotación, se podría pensar en aislar las secuencias propias a cada fracción de hablantes con el fin de extraer eventualmente, los “modelos” típicos de los hombres o de las mujeres, de los jóvenes o de los más viejos, o aún de las fracciones definidas por la combinación de dichos criterios. De modo alterno, se podría también identificar y reunir primero, las secuencias de discursos homólogos, extraer sus modelos respectivos y luego verificar las correspondencias con ciertas características de los

informantes, etc.
En el caso particular del material reunido aquí, se evidenció si embargo, que los grupos, lejos de ser lugares de contradicción, funcionaron mas bien según la “presión a la conformidad”. Como las orquestas que se afinan en el “la”, los hablantes se focalizaron de modo general y bastante rápido, sobre las orientaciones de contenido a las cuales adhería el conjunto de los participantes, bien para reforzarlas o completarlas, o bien, al menos para no contradecirlas. Tal situación hace tender el material hacia un “texto único”, o se expresa como la lógica de un solo locutor. En términos de estatuto teórico, se puede considerar que los debates de grupo mismos realizaron de este modo la puesta al día de un “modelo” común. Éste puede entonces analizarse como un sólo discurso donde la articulación de las intervenciones de los diversos locutores, que se completan los unos a los otros, deja salir una “misma lengua”. Queda por situar socialmente esta “lengua”. Teniendo en cuenta la composición del público, y también de la dinámica observada en los grupos, se podría decir que se trata aquí de un “discurso oficial”, marcado por los grupos de “edad madura” y en mayor parte masculinos, sobre el cual todo el mundo se pone de acuerdo en público, al menos para no crear un diferendo. Sería pues, a este “modelo cultural oficial” referido a la religión y a la educación, al que este material daría acceso. Si se verificara en todos los grupos, más allá de las diferencias representadas por lo demás, nos remitiría a las condiciones sociales comunes al conjunto de los sujetos en cuestión.
 “Simbólicas sociales”.
Esta última investigación retoma a más vasta escala, la de las “simbólicas rurales”. En relación al “modelo” típico identificado en ésta última, se trata esta vez de extraer comparativamente, sobre varios materiales de origen diverso, tanto los modelos alternativos como las condiciones sociales que tienden a asociarse respectivamente a cada uno de estos modelos.
Desde el punto de vista de la recolección de datos, la originalidad aparente consiste en trabajar con un “corpus abierto”, es decir, con una colección de materiales cuyos límites y orígenes no están definidos de antemano. Son sacados de todos los medios de comunicación que -como los discursos de las “simbólicas rurales”- representan “palabras públicas” : artículos y obras de naturaleza diversa, panfletos y volantes, declaraciones y tomas de posición, publicidad... Se han recogido al azar de su aparición : el o los modelos ya conocidos permiten identificar, de un lado, las “piezas” que los confirman ; y de otro, aquellas que sugieren variantes o incluso nuevos tipos de modelos. Este procedimiento, sin embargo, no hace sino hacer más visible la estrategia que ponen en práctica del mismo modo las investigaciones “a corpus cerrado”. En efecto, allí también, es en ese ir y venir constante entre el “modelo” en vías de afinación y los materiales que desfilan ante el observador, donde se desarrollará el análisis. Cada nueva observación es suscitada y guiada por el esbozo o los esbozos de modelo(s) ya en curso. Al mismo tiempo, ella pone a prueba los modelos, favorece su puesta a punto o genera otros alternativos. Esto vale tanto para pasar de una “pieza” de material a otra en un “corpus cerrado” como para hacerlo de un material al otro en un “corpus abierto”.
La práctica del “corpus abierto” -centrado sobre el conocimiento como tal de los modelos, y de las gamas de modelos y de sus condiciones y efectos- concretiza de manera específica el hecho de que en ningún caso, una investigación nunca está terminada del todo. Para la construcción científica, en efecto, todo corpus cerrado no es sino un momento dentro de un corpus necesariamente abierto, en el sentido en que todos los datos ulteriores reabren el proceso sobre aquello que se tenía como adquirido hasta entonces. Y esto revela el vínculo entre la estrategia de recolección de datos y la estrategia de construcción del saber. Los datos son concienzudamente recogidos y escogidos porque se tienen modelos para esbozar, probar o superar. La práctica analítica constituye esta puesta a prueba y se organiza sobre esta base. Los resultados de una etapa anterior motivan y guían las etapas ulteriores, y al hacerlo, son por obligación, puestos en cuestión.

El tratamiento de materiales voluminosos
El tratamiento de materiales voluminosos se fundamenta en dos claves de base que presentamos de entrada : la “isotopía” y la “condensación descriptiva”. Describiremos luego las operaciones prácticas. Estas serán ilustradas por los ejemplos concretos presentados en la última parte de nuestro texto.
Dos claves : las isotopías y la condensación descriptiva
Las isotopías
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