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En la ciudad de Santa Fe, a los 31 días del mes de Marzo del año dos mil catorce, se reunió en Acuerdo Ordinario la Sala Primera de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Santa Fe, integrada por los Dres. Edgardo I. Saux, Abraham Luis Vargas y María Cristina De Césaris de Dos Santos Freire, para resolver el recurso de apelación extraordinaria interpuesto por los apoderados de la demandada (v. fs. 745/762), contra la sentencia de fecha 28.12.2012 (v. fs. 712/740) dictada por el Tribunal de Responsabilidad Extracontractual N° 4, Primera Secretaría, en los autos caratulados "C., A. M. I. Y OTRO C/ CLUB ATLETICO COLON S/ DAÑOS Y PERJUICIOS" (Expte. Sala I N° 165 - Año 2013). Acto seguido el Tribunal estableció el orden de votación conforme con el estudio de los autos -Dres. Saux, Vargas y De Césaris- y se planteó para resolver las siguientes cuestiones:
1era.: ¿Corresponde la apertura de la instancia?
2da.: ¿Encuentran sustento las causales de impugnación invocadas?
3era.: ¿Qué pronunciamiento corresponde dictarse?
A la primera cuestión, el Dr. Saux dijo:
Habiendo esta Sala concedido, por vía de queja, el recurso de apelación extraordinaria que la codemandada "Club Atlético Colón" interpusiera a fojas 745 a 761 vta. contra la sentencia definitiva expedida en estos actuados por el Tribunal Colegiado de Responsabilidad Extracontractual n° 4 de esta ciudad de Santa Fe a fojas 712 a 740 (acogiendo en un 70% la pretensión resarcitoria contenida en la demanda, condenando a la entidad recurrente y a los concesionarios de la pileta de la misma institución a la fecha del hecho dañoso, C. A. N.y Carola Andrea L., en forma concurrente o "in solidum" frente al actor), elevadas por el Tribunal a quo las actuaciones principales en cinco cuerpos -además de las medidas preparatorias, las previas y el incidente de declaratoria de pobreza-, y ante la consulta que de las mismas he podido efectuar en relación con los agravios en cuya virtud oportunamente la representación de la parte actora radicara el planteo revisor extraordinario no constitucional -que fuera denegado por el Tribunal a quo y concedido por esta Sala por vía de queja-, advierto que no encuentro razones que justifiquen variar el criterio que postulara (y a la postre, fuera consensuado por mis colegas) al disponer la concesión del remedio cuya consideración nos ocupa, en cuya virtud a la cuestión bajo tratamiento me manifiesto por la respuesta positiva.
El Dr. Vargas expresó, a su vez, iguales razones en parecidos términos y votó, por lo tanto, en igual sentido.
A la primera cuestión, la Dra. De Césaris dijo:
Habiendo tomado conocimiento de estos autos y existiendo votos totalmente concordantes de dos jueces, de conformidad al art. 26 de la Ley 10.160 y a la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, me abstengo de emitir opinión.
A la segunda cuestión, el Dr.Saux dijo:
Antes de adentrarnos a la consideración de los agravios que la codemandada recurrente postula y de su efectiva (o no) conformación a la luz de las constancias de autos, resulta imprescindible, en la intención de dotar a este pronunciamiento de autonomía conceptual y lógica, reseñar, aun sucintamente, las constancias de este penoso, largo y dotado de profuso aporte probatorio y de arduo debate dogmático proceso judicial.
En esa intención, hago la salvedad liminar de que en dicho relato priorizo (ahora) el contexto fáctico y la prueba que se relaciona con la faceta esencial de los agravios que sostienen esta instancia revisora (digo con ello, la inherente al factor de atribución aplicable al hecho bajo juzgamiento, las atribuciones legales de responsabilidad que de él puedan derivarse, y la eventual existencia de alguna eximente que, en la posición del apelante, justificaría revocar el fallo a quo, y, en función casatoria, desestimar integralmente la demanda, toda vez que la profusa prueba y también algún agravio puntual que se relacionan con la extensión del resarcimiento declarado en anterior instancia quedan para un segundo estadio, supeditado a la respuesta que se confiera al primero: si no hubiera responsabilidad, no habría debate sobre el alcance de los rubros indemnizatorios).
Básicamente, conforme al relato de los hechos que propone el escrito introductivo de la instancia (fojas 10/26, en la cual accionan los padres de la víctima directa del daño, el por entonces menor F. M. M. C., en representación de este último), el día sábado 10 de febrero de 2.007, el joven M., junto con otros amigos y amigas invitados a tal fin por la familia de S. M. (quien cumplía exactamente un mes después sus quince años), concurre a las instalaciones del Club Atlético Colón de esta ciudad de Santa Fe (en particular, al Estadio "Brigadier Lopez" sito en Avda. Juan José Paso y Bvard.Zavalla en el sur de la misma), para realizar una serie de actividades previstas para la confección de un video que se presentaría en el festejo del cumpleaños, y en el cual los amigos y amigas de la menor M., a instancia de la familia de esta última, simularían realizar un partido de fútbol en dicho estadio, y luego pasarían a la pileta del establecimiento. Viene al caso poner de resalto que he tenido oportunidad de ver el video de marras acompañado como prueba y reiteradamente citado en el decurso de esta causa, el cual es de escasa duración y registra los dos ámbitos premencionados: en el campo de fútbol, con los chicos y las chicas simulando enfrentarse en un partido, y luego en la pileta de natación olímpica del Club, en el cual prioritariamente se enfoca a la destinataria del festejo y a alguna amiga, pero sin la presencia de los amigos varones.
Relata el escrito introductivo de la instancia que para que pudieran llevarse a cabo esas actividades programadas (que comenzaron alrededor de la media mañA. de ese sábado estival del año 2.007), la familia de la joven M. (en concreto, su padre, J. M.) había celebrado un contrato oneroso con las autoridades del Club Colón por el cual se les permitiría el ingreso irrestricto a las instalaciones (vestuarios, campo de juego y luego pileta y quincho), se les proveería de indumentaria deportiva para el partido simulado, y además se incluía el almuerzo, que les "venderían los concesionarios" de la piscina.
Señala la demanda -en síntesis- que habiendo ingresado al Club sin restricción alguna los invitados, habiéndose cambiado en el vestuario donde se les proveyó la ropa deportiva para el encuentro ficticio, y desplazándose luego hacia la zona de pileta y quincho, sin que hubiera allí advertencia alguna del peligro que representaba el muy bajo nivel del agua de la piscina olímpica y sin que hubiera guardavidas que previnieran eventuales accidentes, se produjo el lamentable accidente que generó en F.M. un cuadro irreversible de incapacidad total derivada de cuadriplejia por fractura y aplastamiento de vértebras cervicales, producido cuando éste, no advertido debidamente del riesgo premencionado, se zambulló de cabeza en el natatorio sin poder prever las consecuencias, y golpeó con su cabeza contra el fondo produciéndose las terribles secuelas que lo tienen desde entonces y para siempre postrado, sin control de esfínteres, sin sensibilidad, y sin movilidad en ninguna de sus extremidades.
Aluden los demandantes que si el natatorio hubiera tenido el caudal adecuado de agua, o si se hubiera advertido debidamente a los jóvenes del riesgo que implicaba la escasa profundidad con que contaba, el accidente no hubiera ocurrido, siendo que -y esto es relevante dentro del contexto de la prueba, a evaluar infra-, "pasó mas de una hora desde que llegaron al sector de piletas" hasta que ocurrió el infausto accidente, "sin que nadie los advirtiera de los riesgos".
A los efectos de subsumir los hechos en el contexto normativo aplicable, la demanda alude a que por una parte, siendo una pileta de natación una cosa claramente riesgosa, el factor de atribución aplicable a la responsabilidad civil operativa en el caso es nítidamente objetivo, sustentado en la norma del artículo 1.113 del Código Civil; agregando que mediando un contrato entre la familia M. y el Club Colón (y los concesionarios), hay en el caso una estipulación a favor de terceros (los invitados al evento) que lleva las cosas al resguardo de la obligación de seguridad derivada de ese vínculo convencional, siendo además dicho contrato típicamente consumerista, lo que suma a ese deber de indemnidad personal la obligación del prestador del servicio de brindar información adecuada a ese consumidor (ya sea que se lo considere, a M., consumidor directo o indirecto -o "by stander"-), todo lo cual fue claramente incumplido.Agrega el escrito introductivo de la instancia que en el caso del Club Colón, se suma además otro factor de atribución de rango objetivo, que es la responsabilidad del principal por los hechos de sus dependientes (en el caso, de los concesionarios de la pileta), siendo además claramente inoponible a la víctima la cláusula de exoneración de responsabilidad que se pactó en el mencionado contrato de concesión, lo que hace meramente al estatuto interno entre concedente (el Club) y concesionario (los codemandados N. y L.). En relación a estos últimos, la demanda postula que hay responsabilidad subjetiva culposa, por mantener el nivel de agua de la pileta en un límite harto riesgoso para la seguridad de los bañistas, y por no haber informado a los asistentes el riesgo que ello implicaba. Califican a la explotación comercial de un natatorio como una actividad riesgosa, que vincula el débito resarcitorio por los daños que pudieran derivarse a terceros de la misma.
A partir de ese contexto fáctico y normativo, postulan una indemnización comprensiva de varios rubros resarcitorios (incapacidad sobreviniente, daño emergente, daño moral, lesión estética y daño sicológico), que cuantitativamente importa una suma elevada, proporcionada al nivel terrible e irreversible de las lesiones corporales sufrida por el joven M., y ofrecen la prueba que da sustento a su pretensión.
Al contestar la demanda el Club Atlético Colón (fojas 71/94), niega enfáticamente no la existencia en sí del hecho (el accidente, y sus circunstancias de tiempo y lugar), sino el contexto fáctico que en relación con él proponen los actores. Mencionan que es absolutamente falso que la familia M. hubiera celebrado un contrato oneroso con esa institución para que su hija y sus amigos disfrutaran de un día dentro de sus instalaciones, que M.(padre) realizara gestiones previas para obtener la autorización correspondiente y que realizara "un importante esfuerzo económico" para concretarla, que las instalaciones del Club les fueran alquiladas o que dirigente alguno del Club tuviera ni siquiera noticias de lo acontecido, señalando que este último no alquila las instalaciones a particulares y que las únicas veces que lo hizo, institucionalmente, constan en los contratos que se acompañan en copia y se relacionan con importantes eventos deportivos (partidos internacionales de fútbol y de rugby, o festivales musicales) que son de público conocimiento. Niegan que existiera "un programa convenido" y que el Club se haya ofrecido de modo alguno en "prestar ese servicio", agregando que es totalmente falaz que incluso se aluda a que el concesionario de la pileta se comprometía a "venderles el almuerzo", siendo que tal tipo de prestaciones, además, está concesionada al Buffet (por entonces, bajo el nombre comercial de "Brazas Negras"), y que por ende resultaba imposible que aquello fuera cierto. Niega que personal del club les proveyera a los jóvenes de la vestimenta para el partido de fútbol simulado para el video, y que dirigentes o dependientes de la institución autorizaran luego el acceso a la zona de pileta, manifestando desconocer -y en su caso, si así fuera, sería responsabilidad exclusiva de ellos- que los concesionarios del natatorio hubieran autorizado ese acceso. Niegan que la situación de la pileta olímpica del Club (en relación con el nivel del agua que tenía a esa fecha) fuera riesgosa en absoluto, dado que la misma estaba en ese tiempo estival asignada a la colonia de vacaciones de niños menores de edad que en número de 400 estaban inscriptos y practicaban actividades acuáticas cotidiA.s en el lugar; y niegan la inexistencia de guardavidas el día del hecho, ya que ambos concesionarios (N. y L.) son precisamente guardavidas profesionales. Agregan que ninguno de los asistentes (ni M., ni sus hijos, ni los invitados) eran socios del Club, y que si como se aprecia en el video acompañado como prueba la joven S.M., estando dentro de la pileta, tenía el agua a la cintura, era de toda obviedad que zambullirse de cabeza como inopinadamente lo hizo M. resultó la única causa relevante para el lamentable desenlace del cual él fuera víctima directa, sin que quepa derivar responsabildades a nadie mas que a él mismo. Puntualiza que si como la propia demanda lo postula, pasó mas de una hora desde que los jóvenes llegaran a la zona de piletas (lapso en el cual se llevó a cabo el video), es lo lógico que ellos tuvieron tiempo mas que sobrado para advertir la profundidad del agua (que, se aclara, estaba así cumpliendo disposiciones reglamentarias nacionales y comunales vinculadas al desarrollo de colonias de vacaciones de niños), lo cual refuerza nítidamente la imprudencia del joven M. al hacer lo que hizo.
En relación con el fundamento normativo de la pretensión de los accionantes, niegan que una pileta de natación por sí misma deba ser catalogada como cosa riesgosa, lo cual sólo puede suceder en función de las circunstancias que rodean el hecho que activa un reclamo puntual; negando además, al negar la existencia de un contrato entre M. y el Club, que mediara una obligación de seguridad, que tal contrato fuera consumerista y por ello implicara un deber u obligación singularizado de información, que pudiera predicarse una supuesta e inexistente "estipulación a favor de un tercero", y que el Club sea responsable como principal de sus concesionarios (supuestamente dependientes), así como también niega que el quehacer de estos últimos pueda ser calificado como "actividad riesgosa".
Niegan también los alcances de los rubros resarcitorios invocados, y ofrecne prueba de descargo.
A fojas 103 comparece como citada en garantía la aseguradora de los concesionarios N. y L., contestando la citación y oponiendo el límite de la cobertura, conforme a la póliza oportunamente suscrita entre ellos.
Los codemandados N. y L.contestan a su vez la demanda mediante el escrito glosado a fojas 125/136, en el cual, luego de una negativa genérica de los hechos postulados en la demanda, niegan singularmente que M. hubiera alquilado la zona de pileta y de quincho, que mediara un contrato de ninguna naturaleza, que se hubiera convenido la prestación de servicios adicionales (almuerzo, buffet, etc.), que se le cediera la indumentaria deportiva oficial de la institución para el partido de fútbol simulado para el video, que los jóvenes participantes de la reunión se encontraran habilitados para disfrutar de la piscina, que el acceso a la misma fuera libre o ilimitado, que el nivel del agua en la pileta fuera riesgoso para la salud o integridad de los bañistas, y que no hubiera guardavidas presentes. Niegan también la aplicación del contexto normativo propuesto en el escrito introductivo de la instancia, y proponen (como corresponde en purismo procesal) un relato alternativo de los hechos -básicamente, similar al formulado por el Club codemandado- . Añaden que codemandados como guardianes de la cosa riesgosa (pileta) en la cual acaeciera el lamentable accidente al hijo de los accionantes, no son jurídicamente "guardianes", sino meros tenedores, toda vez que el contrato de concesión que oportunamente suscribieran con las autoridades del Club Colón claramente así lo dispone al conferirles el rol de concesionarios, señalando el mismo que reciben "la mera tenencia de las instalaciones y los muebles..." y que llegado el fin del vínculo "deberán proceder a la restitución de las mismas". Abundan consignando que en realidad, aunque el contrato alude a la figura de la "concesión", técnicamente es sólo un "permiso de uso precario", oneroso, que no implica la guarda, y con ello es sabido que no habiendo guarda sino tenencia no es predicable al respecto del mero tenedor el deber de seguridad.A todo evento, y si se pretendiera imputarle "culpa" en sentido genérico, pasa revista a las diversas configuraciones del término (tanto en orden a los conceptos de "imprudencia", "negligencia", "impericia en el arte o profesión" e "inobservancia de los reglamentos, ordenanzas o deberes a su cargo", afirmando que su quehacer en el hecho dañoso nada tuvo que ver con tales caracterizaciones, ya que nada puede imputárseles a él y a su esposa en relación con lo acontecido, que fue producto exclusiva y excluyentemente de la imprudencia del joven M., al arrojarse de cabeza en la pileta, contraviniendo las claras indicaciones en contra de tal accionar y sin advertir la evidente -también- circunstancia de que el nivel de agua, así predispuesto para el uso de los niños colonos de la temporada veraniega, no era apto para esa riesgosa práctica. "Ad eventum", argumentan también con que aún suponiendo que quisiera atribuírseles alguna forma de responsabilidad -que niegan-, operaría en la especie una eximente singularmente prevista en el propio artículo 1.113 del Código Civil, cual es la del uso de la cosa riesgosa contra la voluntad expresa o presunta del dueño o guardián, toda vez que el ingreso del grupo invitado por M., tanto al Club como a la zona concesionada de pileta y quincho, fue claramente cA.lizado por vía de la figura de abuso de confianza del propio M., y sin el conocimiento ni mucho menos el consentimiento de las autoridades respectivas.Cuestionan también, independientemente, la cuantía de la demanda y ofrecen prueba en apoyo de sus dichos.
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