San martíN, la expedición libertadora del sur y la independencia de los pueblos del perú (1819 – 1821) segunda parte






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títuloSan martíN, la expedición libertadora del sur y la independencia de los pueblos del perú (1819 – 1821) segunda parte
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Con la salida de las fuerzas comandadas por La Serna la ciudad de Lima quedaba totalmente desamparada. El Virrey había dispuesto, el 2 de julio, que José de La Mar, con todos los de la Subinspección General, se trasladasen al Real Felipe para encargarse de su defensa. El mando político y militar de la ciudad quedaba en manos del criollo don Pedro José de Zárate Navía y Bolaños. Marqués de Montemira y del Valle de Oselle. Como único resguardo de Lima quedó una guarnición de doscientos milicianos del regimiento de la Concordia. El mando le entregado a Montemira el 4 de julio. El día 5 el Virrey, por intermedio de la Junta de Pacificación se dirigió por escrito a San Martín recomendándole la protección de la ciudad y de sus pobladores. La madrugada del 6 se inició la evacuación realista. Aquel mismo día, a las 11 de la mañana, hacía su ingreso a Lima Vidal y sus guerrilleros.

El día 7 una avanzada del ejército patriota se acercó como a media legua de las murallas de Lima, verificando su entrada en la ciudad los parlamentarios, con corneta y bandera blanca.

La ciudad de Lima totalmente abandonada, con una minúscula custodia militar, alborotada por el caos y la indecisión, se vio sometida a una serie de fechorías llevadas a cabo por partidas de bandoleros, los que asaltaron locales comerciales, entre ellos los de Manuel Godoy y Pedro Villacampa, cuyos establecimientos se encontraban situados en la calle Bodegones. Pero como bien hace notar Vargas Ugarte, estos desmanes habíanse desatado ya con anterioridad a la evacuación del ejército realista, lo que habla bien a las claras el desorden en el cual vivía la ciudad de Lima.

El domingo 8 se reunieron Montemira y las autoridades del Ayuntamiento para tomar una decisión sobre el ingreso del ejército patriota, punto que había planteado el parlamentario enviado por San Martín el día anterior. Acordaron enviar una comisión integrada por cuatro miembros para que le comunicaran a San Martín la decisión del cabildo y de Montemira en el sentido de estar de acuerdos con el ingreso del ejército patriota. La comisión salió en la tarde del mismo 8 y se entrevistó con San Martín en el cuartel general de la Legua. Quedaba así informado San Martín de la decisión de las autoridades limeñas, quedándole campo abierto para ingresar en la ciudad capital.

San Martín antes de recibir esta información ya había iniciado los preparativos para el ingreso en Lima. Ordenó a Necochea que con la caballería se trasladase a Lurín. En cumplimiento de esta orden la caballería capitaneada por Necochea entró en la ciudad de Lima por la Portada de Guía, aunque ya de noche, (lo que no fue óbice para que un sector de la población detectase el movimiento) pero solo para atravesarla y salir por la Portada de Cocharcas rumbo a Lurín.

El 11 de julio las avanzadas patriotas se acercaban a escasa distancia de la ciudad de Lima. El jueves 12, según Basilio Hall, se produjo el ingreso de San Martín. Muy de mañana comenzó el ingreso de la tropa patriota. San Martín hizo su ingreso recién en horas de la noche, sin acompañamiento, tratando de impedir a como diera lugar, los recibimientos pomposos. Después de las siete de la noche San Martín traspasaba el portachuelo de San Jacinto (esquina de los actuales jirones Chota y Quilca), dirigiéndose a la casa particular del Marqués de Montemira, ubicada en la esquina de las calles Zárate y Trapitos. Refiriéndose a este día, Basilio Hall dice: “Este día es memorable en los anales del Perú a causa de la entrada del general San Martín en esta capital”. (1) Casi todos los autores coinciden en señalar el día 12 como fecha de entrada de San Martín, aunque el bien documentado Vargas Ugarte señala que fue el 13.

En casa del Marqués de Montemira San Martín recibió un grandioso recibimiento. Después de la entrevista que tuvieron estos personajes, en la que San Martín dejó señalado que sus pasos a seguir tendría siempre como norte las decisiones del propio pueblo, San Martín se retiró a su cuartel de La Legua. Al día siguiente, viernes 13, después de haber dispuesto el estrechamiento del asedio de los castillos del Real Felipe del Callao, se trasladó a Lima y esta vez se estableció en el Palacio de Gobierno a invitación del cabildo. En la tarde recibió a los miembros de la Junta de Pacificación, los cuales no cejaban en sus negociaciones de paz.

Aquel mismo 13 San Martín nombró como Segundo Comandante General de Armas de Lima al Coronel José Manuel Borgoño, para que actuase conjuntamente con el Marqués de Montemira.

Aquel 13 de julio San Martín se quedó por vez primera a dormir el palacio de los ex virreyes del Perú. Al día siguiente le esperaba un día muy agitado y de gran trascendencia.

En las primeras horas del sábado 14, un poco antes de las nueve de la mañana, llegó a Palacio el Excmo. Sr. Arzobispo don Bartolomé María de Las Heras, manteniendo con san Martín una entrevista muy amigable aunque muy breve. Habiéndose retirado ya el Arzobispo, San martín, en ese misma mañana, se dedicó a redactar un oficio dirigido al cabildo limeño, documento de vital importancia porque ponía la suerte toda de la expedición en la decisión del Ayuntamiento, aunque valgan verdades ya San Martín, por lo conversado con anterioridad, sabía cual sería la decisión. El documento en referencia es el siguiente:

“Lima, 14 de julio de 1821

Al Excelentísimo Ayuntamiento de esta capital.

Excelentísimo señor:

Deseando proporcionar cuanto antes sea posible la felicidad del Perú, me es indispensable consultar la voluntad de los pueblos. Para esto espero que V.E. convoque una junta general de vecinos honrados, que representando al común de habitantes de la capital, expresen si la opinión general se halla decidida por la independencia. Pera no dilatar este feliz instante, parece que V.E. podría elegir, en el día, aquellas personas de conocida probidad, luces y patriotismo, cuyo voto me servirá de norte para proceder a la jura de la Independencia o a ejecutar lo que determine la referida junta, pues mis intenciones no son dirigidas a otro fin que a favorecer la prosperidad de la América.

Dios guarde a V.E. muchos años.

José de San Martín” (2)

Remitido el oficio, San Martín salió de Palacio un poco antes del mediodía con el objeto de visitar, en corté retribución, la visita que horas antes le había hecho el Arzobispo Las Heras. Después de la breve conferencia que tuvieron estos personajes, San Martín se dirigió a la casa particular del marqués de Montemira. De regreso ya a palacio, recibió la visita de un oficial enviado por Cochrane, el cual le entregó un oficio del citado Almirante, en el cual le proponía atacar por mar y tierra los Castillos del Real Felipe. San Martín que no quería emplear la violencia, teniendo en consideración que utilizando medios pacíficos de las entrevistas con connotados personajes y con la decisión, a última hora, de la veleidosa élite criolla limeña había conseguido que se aceptase la independencia, le respondió tajantemente a Cochrane que no era conveniente dicho plan. Y más bien le ordenó que desembarcara las veinte mil fanegadas de trigo que se encontraban en las bodegas del navío “San Martín”, con lo cual se lograría aliviar totalmente las necesidades de la población limeña. Pero, por desgracia, este navío encalló en Chorrillos, donde iba a realizarse el desembarque, rompiéndose su casco y yéndose la nave a pique y con ella todo el trigo. (Esto ocurrió el 16 de julio).

En la tarde del mismo 14 de julio San Martín recibió respuesta del Cabildo al oficio que le había remitido en horas de la mañana.

El Ayuntamiento limeño estaba presidido por don Isidro de Cortázar y Abarca, conde de San Isidro. Al recibir el oficio de San Martín el conde de San Isidro reunió de inmediato a sus regidores, acordando ellos que al día siguiente debería realizarse un cabildo abierto, el cual decidiría la respuesta que se daría a San martín. De lo acordado se dio de inmediato informe a San Martín, mediante el siguiente oficio:

“Sala Capitular de Lima, 14 de julio de 1821

Excelentísimo señor:

Con arreglo al oficio de V.E. recibido en este momento, se queda haciendo la elección de las personas de probidad, luces y patriotismo, que unidos en el día de mañana, expresen espontáneamente su voluntad por la independencia. Luego que se concluya, se pasará a V.E. el acta respectiva.

Dios guarde a V.E. muchos años.

El conde San Isidro.- Francisco Zárate.- Simón Rávago.- El Conde la Vega.- Francisco Valles.- El Marqués de Corpa.- Pedro Puente.- José Manuel Malo de Molina.-Francisco de Mendoza Ríos y Caballero.- Manuel Pérez de Tudela.- Manuel Tejada.- Juan Esteban Gárate.- Manuel del Valle.- Miguel Antonio Vértiz y García.- Manuel Alvarado.- Juan Echevarría.- Tiburcio José de la Hermosa, síndico procurador general.- Antonio Padilla, síndico procurador general.” (3)
La tarde y la noche del 14 de julio transcurrieron en Lima con el alboroto natural del ambiente de inquietud e impaciencia por la importante decisión que debería tomarse al día siguiente. Los mensajeros del ayuntamiento se movilizaban llevando las invitaciones suscritas por el Conde de San Isidro a los principales vecinos de la ciudad, citándolos a cabildo abierto para las once de la mañana del día 15.

El tan esperado 15 de julio llegó. Los vecinos notables de Lima comenzaron a llegar al cabildo y muy pronto la sala de sesiones estaba totalmente copada. Abierta la sesión se comenzó a leer el oficio que San Martín había remitido al cabildo. Terminada la lectura los asistentes fueron invitados a manifestar sus opiniones. Solicitó el uso de la palabra el Dr. José de Arriz, destacado abogado, y catedrático de la Universidad de San Marcos, quien en breve pero vibrante discurso expresó el sentir general de todos los asistentes y de los limeños y peruanos en general. En pocas palabras expresó que la voluntad de Lima estaba por la independencia y que por ello no había nada que deliberar, que era necesario no dilatar más el tiempo de la declaración de la independencia. No hubo pues necesidad de deliberación, pasándose de inmediato a la tarea de redactar el acta de la declaración de la independencia. Fueron encargados para su redacción el mismo Dr. Arriz y don Manuel Pérez de Tudela. Concluida su redacción, la sesión fue reabierta dándose de inmediato lectura a la misma. Concluida la lectura comenzó la suscripción de la misma. Como los firmantes serían numerosísimos el acta fue dejada en la secretaría durante varios días para que la suscribiesen todas las personas que desease. El mismo 15 llegaron a suscribirlo trescientos cuarenta personas. El número total de los que la suscribieron llegó a tres mil ciento cuarenta y cinco personas. El ayuntamiento de inmediato hizo un traslado del acta a San Martín, enviándosela con un oficio. El oficio de remisión y el acta de la independencia del Perú, son los siguientes:

“Sala capitular de Lima, 15 de julio de 1821.

Al Excelentísimo Señor General en Jefe del Ejército Libertador del Perú don José de San Martín.

Por la adjunta acta que en copia certificada se acompaña a V.E., se manifiesta la decidida adhesión de los que componen esta capital, a que se proceda a la jura de la independencia: cuyo voto debe servir a V.E. de norte para los ulteriores procedimientos que anuncia en su oficio del día de ayer.

Dios guarde a Ud. muchos años.

Excelentísimo señor.

El conde San Isidro.- Francisco Zárate.- Simón Rávago.- El Conde la Vega.- Francisco Valles.- El Marqués de Corpa.- Pedro Puente.- José Manuel Malo de Molina.-Francisco de Mendoza Ríos y Caballero.- Manuel Pérez de Tudela.- Manuel Tejada.- Juan Esteban Gárate.- Manuel del Valle.- Miguel Antonio Vértiz y García.- Manuel Alvarado.- Juan Echevarría.- Tiburcio José de la Hermosa, síndico procurador general.- Antonio Padilla, síndico procurador general.”

Manuel Muelle, Secretario. ” (4)
“En la Ciudad de los Reyes del Perú, 15 de julio de 1821.

Reunidos en este excelentísimo Ayuntamiento los señores que lo componen, con el excelentísimo e ilustrísimo señor Arzobispo de esta Santa Iglesia Metropolitana, prelados de los conventos religiosos, títulos de Castilla y varios vecinos de esta capital, con el objeto de dar cumplimiento a lo prevenido en el oficio del excelentísimo señor General en Jefe del ejército Libertador del Perú don José de San Martín, el día de ayer, cuyo tenor se ha leído, e impuestos de su contenido, reducido a que las personas de conocida probidad, luces y patriotismo que habitan esta capital, expresasen si la opinión general se hallaba decidida por la independencia cuyo voto le sirviese de norte al expresado Señor General para proceder a la jura de ella. Todos lo señores concurrentes por sí y satisfechos de la opinión de los habitantes de la capital, Dijeron: que la voluntad general está decidida por la independencia del Perú de la dominación española y de cualquier otra extranjera y que para que se proceda a su sanción por medio del correspondiente juramento, se conteste con copia certificada de esta acta al mismo señor excelentísimo; y firmaron los señores:

El conde de San isidro.- Bartolomé, Arzobispo de Lima.- Francisco de Zárate.- Simón Rávago.- Francisco Javier de Echagüe.- Manuel de Arias.- El conde de la Vega del Ren.- Fr. Jerónimo Cavero.- José Ignacio Palacios.- Antonio padilla, síndico procurador general, etc.” (5)

El oficio de remisión y la copia certificada del acta de la independencia les fueron remitidos a San Martín a su cuartel general de La Legua a donde se había retirado en las primeras horas del 15 de julio, a la espera de la decisión del cabildo. Recibido estos documentos, San Martín envió de inmediato una nota de respuesta y agradecimiento al ayuntamiento. La nota fue la siguiente:

“Excmo. Sr. Con el mayor placer he leído el oficio de hoy que acabo de recibir de V.E. con el que me acompaña copia certificada de la Acta en que se han subscripto la independencia las recomendables personas que fueron convocadas al acabildo abierto. Siempre había considerado las virtudes que adornan a ese ilustre vecindario; pero de aquí adelante seré el mayor panegirista y admirador de la energía de esos habitantes, que conocen perfectamente sus verdaderos intereses. El mundo entero hará justicia a los pueblos del Perú por sus luces y amor patriótico, como también por su constante aversión a la tiranía. En el momento he participado esta feliz nueva al ejército y armada, para que se feliciten con un suceso tan plausible. Espero que V.E. corone la obra, disponiendo que lo más pronto posible se proceda a hacer los preparativos para solemnizar el augusto acto en que esa populosa población proclame su anhelada independencia; y que sea con la pompa y majestad correspondiente a la grandeza del asunto y al decidido patriotismo de sus moradores.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Cuartel General en La legua, julio 15 de 1821.

José de San Martín.

Excmo. Cabildo de la capital del estado.” (6)

¿Y cuál fue la actitud de la “populosa población” limeña en aquel 15 de julio de 1821? Desde temprano el pueblo se había trasladado a las inmediaciones del cabildo y allí vieron ingresar, entre aplausos y vítores, a los connotados personajes que habían sido invitados al cabildo abierto y que, en su representación, iban a decidir la suerte del Perú al manifestarse por la independencia. Cuando fueron informados de la decisión del ayuntamiento, el entusiasmo se acrecentó y se llegó a derribar el busto del monarca, así como también “las armas reales que decoraban la fechada del cabildo y demás oficinas públicas, sustituyéndolas por letreros que decían: « Lima Independiente.” Fue arrancada asimismo una placa recordatoria de la Constitución de 1812. En fin, todos los signos que recordaban la etapa de la dominación fueron violentados, expresándose de manera tan popular sentimientos guardados de disconformidad con el régimen de dominación española.

Aquel mismo agitado y trascendental 15 de julio San Martín tomaba medidas drásticas tendientes a castigar los desórdenes que continuaban produciéndose en la capital. Establecía, por decreto, la pena de muerte para “Todo individuo que se encontrase robando el valor de dos pesos para arriba.” En la parte considerativa del citado decreto San Martín señalaba: “Con sentimiento veo que algunos malvados, denigrando el nombre americano, se han entregado a cometer excesos, especialmente en las chacras de esta ciudad...” Establecía una junta militar constituida por cinco vocales y dos defensores para juzgar sumariamente a los delincuentes. (7)

El problema de la presencia de miembros del ejército realista en la ciudad de Lima fue también tratado por San Martín ese mismo día 15. Al respecto decretó que: “Todo militar del ejército español deberá presentarse al señor marqués de Montemira en el término de cuarenta y ocho horas de publicado este bando, quien tomando un conocimiento de sus graduaciones, profesiones y lugares en que habitan, me pasará este conocimiento”: El infractor sería reducido a prisión (8)

El día martes 17 Tomás Alejandro Cochrane hizo su ingreso en la ciudad de Lima, a invitación del cabildo de Lima y después de haber desembarcado en Chorrillos. Su ingreso a la ciudad de Lima lo hizo a eso de las cinco de la tarde. En Palacio se le hizo un gran recibimiento. Asistieron las más connotadas personalidades de la ciudad, aunque hubo un gran ausente: nada menos que San martín. Este se había retirado a su cuartel general de La Legua. En realidad el gesto era un verdadero desaire al jefe de la escuadra. Así lo tomó el propio Cochrane, quien advierte el hecho en sus Memorias.

Aquel 17 San Martín dispuso la extirpación de todo símbolo que recordadse la etapa de dominación española. El decreto al respecto fue el siguiente:

“No concertando el sistema de independencia que ha adoptado espontáneamente esta capital, con la conservación de las insignias que había puesto para ligar estos pueblos a su obediencia la anterior dominación y tiranía calculada; es necesario se borre, quiten y destruyan los escudos de armas del rey de España que se hallen colocados en los edificios públicos pertenecientes al Estado, como toda otra cualquiera demostración que denote la sujeción y vasallaje a que antes pertenecían vergonzosamente estos pueblos. Va a proclamarse la independencia en esta capital, y deben desaparecer antes esos monumentos de la antigua opresión y servidumbre. En su lugar dispondrá el excelentísimo cabildo que se ponga un letrero con el siguiente mote: LIMA INDEPENDIENTE: no comprendiéndose en estos aquellos timbres de honor de las familias, adquiridos por servicios de sus antepasados.

Dado en el Cuartel General de La Legua, a 17 de julio de 1821, 1° de la Independencia del Perú.

José de San Martín” (9)

El 18 de julio San Martín remitió al Cabildo el diseño de la bandera que sería utilizada el día de la proclamación de la independencia. Como el cabildo estaba encargado de todos los preparativos para este acontecimiento, recibió con beneplácito esta nueva tarea, y de inmediato pensaron no solo en su elaboración sino en la persona que tendría el altísimo honor de portarlo en la citada fecha. Este honor recayó en D. José Matías Vásquez de Acuña, conde la Vega del Ren, personaje que n tiempos atrás había sido el portador del pendón real. Las personas encargadas de elaborar el pabellón fueron José Arellano, Manuel Ramírez, Pedro Alvarado y Agustín Larrea.

El 18 de julio San martín volvió a desechar un nuevo plan militar de Cochrane. Este le aconsejó enviar parte del ejército en persecución de La Serna, para batirlo aprovechando las dificultades que le habían puesto las guerrillas en su marcha hacia la sierra. San Martín se negó a llevar a cabo este plan.

El día 21 San Martín expidió un decreto tendiente a “cimentar la mejor armonía entre todos los habitantes del estado del Perú independiente, y de que en lo sucesivo no asome el menor espíritu de partido”, para lo cual abría una suscripción de todos aquellos que gustasen obligarse voluntariamente a sostener la independencia. Las personas disconformes con el nuevo sistema, podrían obtener sus pasaportes respectivos para abandonar el Estado. El decreto en referencia es el siguiente:

“Deseando cimentar la mejor armonía entre todos los habitantes del Estado del Perú independiente, y de que en lo sucesivo no asome el menor espíritu de partido, he ordenado lo siguiente:

1° Que desde el día de la fecha de este bando hasta el término de ocho perentorios en esta capital, y en todo otro lugar en que sea publicado, concurra a las casas capitulares todo individuo que habite en el territorio del Estado, bien sea americano o español, en donde hallará una comisión compuesta de cuatro regidores y su secretario en esta capital, y dos en los cabildos subalternos de los departamentos del Estado, desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, un libro en que escribirán y firmarán sus nombres todos aquellos que gusten obligarse voluntariamente a sostener con sus personas, opinión y bienes la independencia del Perú.

2° A cada firma se acompañará una rúbrica de los regidores que forman la comisión.

3° Los individuos que no se acomoden a vivir bajo las nuevas instituciones del Perú, conforme a la voluntad general de sus habitantes, obtendrán su pasaporte para salir del territorio del estado, lo que se verificará en plazo de veinticuatro días, los que residen en esta capital, y en el de sesenta los que se hallen en las provincias; para lo que el gobierno proporcionará los buques correspondientes, a fin de que se transporten con sus familias e intereses.

4° El transporte de los individuos a que se refiere el artículo anterior. Será satisfecho por ellos.

5° El excelentísimo ayuntamiento de esta capital y los demás de las ciudades, villas y pueblos del Estado del Perú independiente, procederán en virtud de este edicto, sin necesidad de otro oficio o mandato expreso, a observar y mandar cumplir puntualmente lo contenido en él, para lo que nombrarán las comisiones respectivas, según el tenor del artículo 1°.

Publíquese y circúlese en todo el distrito de este Estado para su más estricta y rigurosa observancia.

Dado en Lima, a 21 de julio de 1821, 1° de su independencia.

José de San Martín.” (10)
El 22 de julio San Martín rubricó el bando que fijaba oficialmente como fecha de proclamación de la independencia del Perú el sábado 28 de julio. El bando fue comunicado al vecindario limeño aquel mismo domingo 22, desde la Plaza Mayor, en la forma tradicional usada para la lectura pública de los bandos. El lunes 23 pudo ser leído en el N° 4 –número extraordinario- de La Gaceta, el aviso de la dación del bando, el cual vino a ser publicado en su edición acostumbrada del miércoles 25 (La Gaceta se publicaba los sábados y miércoles). El aviso en referencia era el siguiente:

Por disposición del Excelentísimo Señor General en Gefe se está designando el sábado 28 próximo para el acto solemne de proclamar nuestra gloriosa independencia. En la Gaceta del miércoles saldrá el bando en que se publicó la orden esta mañana. Apresuraos heroycos compatriotas a manifestar nuestro júbilo con demostraciones tan extraordinarias como la acta (sic) dignidad de ciudadanos libres que gozáis: de manera que la memoria de la generosa esplendidez con que celebráis este acto le inmortalice junto con vuestra ventura en la sucesión perpetua de los siglos”

El bando sobre la proclamación fue el siguiente:

“Por cuanto esta ilustre y gloriosa capital ha declarado, así por medio de las personas visible, como por el voto y aclamación general del público, su voluntad decidida por su independencia, y ser colocada en el alto grado de los pueblos libres, quedando notado en el tiempo de su existencia por el día más grande y glorioso el domingo 15 del presente mes, en que las personas más respetables suscribieron el acta de su libertad, que confirmó el pueblo con voz común por medio del júbilo. Por tanto, ciudadanos, mi corazón que nada apetece más que vuestra gloria, y a la cual consagro mis afanes, he determinado que el sábado inmediato 28 se proclame vuestra feliz independencia, y el primer paso que dais a la libertad de los pueblos soberanos, en todos los lugares públicos en que en otros tiempos se os anunciaba la continuación de vuestras tristes y pesadas cadenas. Y para que se haga la solemnidad correspondiente, espero que este noble vecindario autorice el augusto acto de la jura concurriendo a él; que adorne e ilumine sus casas en las noches del viernes, sábado y domingo, para que con las demostraciones de júbilo se den al mundo los más fuertes testimonios del interés con que la ilustre capital del Perú celebre el día primero de su independencia, y el de su incorporación a la gran familia americana.

Dado en Lima a 22 de julio de 1821 y 1° de su independencia

José de San Martín” (11)
Al día siguiente, 23 de julio, San Martín hizo la invitación del caso al Arzobispo, al cual, asimismo, le oficio en el sentido que dispusiera todo lo necesario para la celebración de una misa solemne de acción de gracias y Te Deum, a realizarse el domingo 29, así como también el escoger a un sacerdote para que pronunciara un discurso en dicho acto. El Arzobispo escogió para esta misión al franciscano Jorge Bastante.

San Martín también ofició invitaciones a las corporaciones tanto civiles como religiosa y al Cabildo Eclesiástico Metropolitano, entre cuyos egregios miembros se encontraban Toribio Rodríguez de Mendoza y Francisco Javier de Luna Pizarro.

El día 24 la escuadra libertadora llevó a cabo, en El Callao, un nuevo audaz plan, concebido por Cochrane. Este encargó al capitán Crosbie la realización del plan. El citado capitán, al frente de un bien seleccionado grupo de combatientes a bordo de varios botes, penetró, en la noche del citado 24, al fondeadero del Callao donde se encontraba la escuadra realista, y a pesar de haber sido descubierto el movimiento por los centinelas de los Castillos del real Felipe, desde comenzó de inmediato los fuegos de fusiles y cañones, pudieron los intrépidos marinos patriotas llevar a cabo su misión, logrando apoderarse de tres navíos(San Fernando, Milagros y Resolución) e incendiar dos mas. (12)

Tendiente a lograr nuevos recursos económicos para la guerra, pero sin tener que recurrir a las “contribuciones forzosas” que siempre generaban descontento, San Martín decretó, el día 25, lo siguiente:

“1° Que en las casas capitulares se suscriban los vecinos para un empréstito voluntario por el término de seis meses, enterando cada mes aquella cuota que puedan contribuir; lo que será satisfecho por el Estado al término de un año.

2° Los que quieran donar espontáneamente aquellas cantidades mensuales, durante los seis meses, podrán verificarlo.

3° Para la mejor claridad y arreglo, se llevarán por el excelentísimo Cabildo dos libros, uno para asentar los nombres de los patriotas y prestamistas, y el otro para el de aquellos que quieran y puedan donar las cantidades mensuales que gusten; para cuyo efecto se pasarán las normas que dicho excelentísimo Cabildo hará imprimir”. (13)

El día 27 el Ayuntamiento cursó una invitación especial, para el gran acontecimiento que sería la proclamación de la independencia, al jefe de la escuadra libertadora, el Almirante Cochrane. Pero éste, comprendiendo que su categoría de extranjero lo ponía de hecho al margen de ese magno suceso, respondió que solo presenciaría el solemne acto desde Palacio, como un simple espectador más.

Y el tan ansiado veintiocho de julio llegó. Los pobladores de Lima desde muy temprano se fueron ubicando en la Plaza de Armas, lugar escogido para el solemne acto. En dicha plaza se encontraba instalado un tabladillo, que al igual que el levantado en otras tres plazas públicas donde se repetiría la proclamación, había sido construido por el maestro de obras Jacinto Ortiz, por orden expresa del Ayuntamiento. A eso de las diez de la mañana San Martín y su comitiva salieron de Palacio. Según La Gaceta esta salida fue impresionante:

“...salió éste de Palacio a la plaza mayor, junto con el excelentísimo señor teniente general marqués de Montemira, gobernador político y militar, y acompañándole el estado mayor y demás generales del ejército libertador. Precedía una lucida y numerosa comitiva compuesta de la universidad de San Marcos con sus cuatro colegios, los prelados de la casa religiosa, los jefes militares, algunos oidores y mucha parte de la principal nobleza con el excelentísimo ayuntamiento: todos en briosos caballos ricamente enjaezados. Marchaba por detrás la guardia de caballería y la de albarderos de Lima; los Húsares que formaban la escolta del excelentísimo señor general en jefe; el batallón número ocho con las banderas de Buenos Aires y de Chile, y la artillería con sus cañones respectivos” (14)
La comitiva no se dirigió directamente al tabladillo sino que dio una vuelta completa a la Plaza, desplazándose por delante del edificio del Ayuntamiento para luego seguir por Escribanos y Botoneros, la fachada de la Catedral y enseguida dirigirse hacia la parte central de la plaza, al lugar donde se levantaba el tabladillo. El bullicio, según los relatos de la época, era enorme, pero cuando la comitiva llegó al tabladillo se produjo un emotivo silencio, en espera de las palabras con las que se sellaría la independencia del Perú. San Martín tomando el estandarte de la patria dirigió a la multitud las siguientes palabras:

“El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende” (15) Y batiendo el pendón bicolor repitió muchas veces: “¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia! Palabras estas “que como eco festivo resonaron en toda la plaza, entre el estrépito de los cañones, el repique de todas las campanas de la ciudad, y las efusiones de alborozo universal que se manifestaba de diversas maneras, y especialmente con arrojar desde el tablado y los balcones, no solo medallas de plata con inscripciones que perpetúen la memoria de este día, sino también toda la especie de monedas pródigamente derramadas por muchos vecinos y señores; en que se distinguió el ilustre colegio de abogados” (16)

Las medallas de plata arrojadas en este solemne día habían sido mandadas a fabricar por el ayuntamiento limeño, encargando esta labor a la Casa de Moneda. En ellas se representaba por el anverso un sol con el siguiente lema a su alrededor: “Lima libre juró su independencia en 28 de julio de 1821”; por el reverso un laurel circundado por la siguiente inscripción: “Bajo la protección del ejército libertador del Perú mandado por San Martín”.

Concluido el acto de la proclamación en la Plaza Mayor, San Martín y la comitiva se dirigieron a las otras plazas públicas programadas para repetirse el mismo acto. Estas plazas fueron las siguientes: La Merced, Santa Ana y la Inquisición, es decir en aquellas plazas, según palabras de San Martín, en las cuales en tiempos anteriores “se comunicaba al pueblo que debía aún soportar sus míseras y pesadas cadenas”

Habiendo concluido el ceremonial de la proclamación en la Plaza de la Inquisición, la comitiva se dirigió hacia Palacio. Allí esperaba, en una de sus galerías, “el inmortal e intrépido lord Cochrane” que, como ya hemos señalado, no creyó oportuno participar en el solemne acto que se había llevado a cabo.

En la noche del 28 el Cabildo limeño brindó una gran fiesta a todos los que habían participado en el acto de la proclamación de la independencia. El recibimiento fue extraordinario:

“La asistencia de cuantos intervinieron en la proclamación de la mañana; el concurso numeroso de los principales vecinos, la gala de las señoreas, la música, el baile, sobre todo la presencia de nuestro libertador que se dejó ver allí mezclado entre todos con aquella popularidad franca y afable con que sabe cautivar los corazones, todo cooperaba a hacer resaltar más y más el esplendor de solemnidad tan gloriosa”. (17)

Aquel mismo 28, San Martín, por la tarde, dio un decreto por el cual se fijaban los medios para perennizar el día de la proclamación de la independencia del Perú:

“El día más augusto y solemne de una nación independiente no debe quedar sepultado en el olvido del tiempo. Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la glorias de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos. La memoria del gran momento en que por la unión y el patriotismo se dio la libertad a medio mundo, es el legado más sublime de un pueblo a la posteridad. El Perú se ha impuesto estos deberes desde que pertenece a sí mismo; y rotos hoy para siempre los vínculos que ataban a los habitantes de Lima al carro de la esclavitud, por la libre y espontánea declaración que ha hecho de defender y sostener la independencia del Perú del gobierno español y de cualquiera otra extranjera, ordeno lo siguiente:

1° Se levantará un monumento en el camino del puerto del Callao hacia esta capital, que inmortalice el día primero de su independencia.

2° Los días 26, 27 y28 de julio de cada año se harán fiestas cívicas en esta capital, en memoria de la libertad del Perú.

Publíquese por bando: comuníquese al excelentísimo ayuntamiento; fíjese en los lugares de estilo; circúlese, archívese en el departamento de gobierno.

Dado en Lima, a 28 de julio de 1821, 1° de la libertad del Perú.

José de San Martín” (18)
Todo el 28 fue de jolgorio y de gran actividad. La noche de aquel día no vendría a ser sino un pequeño compás de espera para la ceremonia no menos trascendental a realizarse al día siguiente: la jura de la independencia.

El 29, al mediodía, San Martín con la misma comitiva del día anterior, se dirigió a la Catedral, donde se realizaría una misa de acción de gracias y un Tedeum, a cargo del Arzobispo Bartolomé de Las Heras. El sermón, según lo ya acordado previamente, estuvo a cargo del franciscano Jorge Bastante, de gran “valía intelectual y reconocido fervor patriota, nombrado «Capellán del Gobierno» al presentarse en Pisco solicitando su incorporación al Ejército Libertador”. (19) En cuanto al coro y orquesta de la Catedral para dicho acontecimiento estuvo bajo la dirección, como nos lo recuerda Fernando Gamio Palacio, del Maestro de Capilla D. Andrés Bolognesi, padre del héroe peruano en la batalla de Arica, durante la guerra del Pacífico (1879-1883). Concluido el ceremonial religioso el séquito volvió a Palacio. De allí los miembros de las diversas corporaciones, civiles y religiosas, marcharon hacia sus locales, donde llevarían a cabo el acto de la jura de la independencia. El juramento se haría según lo establecido por San Martín, según la siguiente fórmula:

“Juráis a Dios y a la Patria sostener y defender con vuestra opinión, persona y propiedades la independencia del Perú del gobierno español y de cualquiera otra dominación extranjera. Si así lo hiciereis Dios os ayude y si no, Él y la Patria os lo demanden”.

El día 29 juraron la independencia el Ayuntamiento, el Cabildo Metropolitano, y las comunidades de La Merced y de San Francisco. El día 30 lo hicieron, debido a que algunos miembros pertenecían a algunas de las instituciones que juraron el día anterior, la Universidad de San Marcos, el Colegio de Abogados, los párrocos y capellanes. A partir del día 13 de agosto lo hicieron también todos los vecinos de los cuarenta y un barrios de los cuatro cuarteles de la ciudad, citados por los comisarios de los barrios y en los domicilios de éstos. Posteriormente lo llevaron a cabo los comprendidos en la Capitulación del Callao y los pueblos de los Departamentos Libres, ante sus respectivos párrocos. (20)

Los miembros del Ayuntamiento efectuaron el juramento uno por uno, “por sí y en representación de la población”. Se levantó acta del juramento, cuyo texto fue redactado por Manuel Pérez de Tudela y por Manuel Muelle. El texto es el siguiente:

“En la Ciudad de los Reyes del Perú en 29 de julio y primero de su independencia: Congregados en esta Sala Capitular los señores que componen este Excelentísimo Ayuntamiento después de concluida la Misa de Gracia que se celebró en la Iglesia Catedral, se leyó el oficio del Excelentísimo Señor Capitán General Don José de San Martín, de 23 del presente, en el que designa el día en que esta Corporación había de prestar el juramento de la Independencia de esta capital; y todos los señores juraron a Dios y a la Patria mantener y defender con su opinión, persona y propiedades, la Independencia del Perú del gobierno español y de cualquiera otra nación extranjera. A continuación prestaron igual juramento los señores que no habían suscrito la acta del 15 de corriente, de que certifico”.
Los miembros del Ayuntamiento limeño que el 15 de julio declararon la independencia, el 28 participaron en la proclamación, y el 29, por sí y en representación del pueblo limeño, juraron la independencia, fueron los siguientes:

Alcaldes: Isidro de Cortázar y Abarca, Conde de San Isidro.- Dr. José María Galdiano.

Regidores: Francisco de Zárate.- Simón Díaz de Rávago.- Juan de Echevarría y Ulloa.- José Matías Vásquez de Acuña, Conde la Vega del Ren.- Francisco Valdés.- Lorenzo de la Puente, Marqués de la Corpa.- Pedro de la Puente.- José Manuel Malo de Molina.- Francisco de Paula Mendoza Ríos y Caballero.- Mariano Vásquez.- Dr. Manuel Pérez de Tudela.- Dr. Manuel Sáenz de Tejada.- Juan Esteban Gárate.- Dr. Manuel María del Valle.- Dr. Miguel Antonio Vértiz.- Manuel Alvarado.

Síndicos Procuradores Generales: Dr. Tiburcio José de la Hermoza.- Dr. Antonio Padilla.

Secretario: Dr. Manuel Muelle.
La actuación de estos connotados miembros de la élite criolla peruana fue representativa del difícil tránsito del fidelismo al separatismo de la alta clase colonial peruana. El Ayuntamiento ya había entrado en graves conflictos con el virrey La Serna, a raíz de la posición totalmente hostil e irreconciliable que adoptó este virrey con relación a San Martín y a la expedición libertadora. Gamio Palacio ha destacado la decisiva actitud del cabildo limeño en defensa de los intereses de los vecinos frente a las pretendidas exacciones que quería imponer La Serna.(21) Pero, como bien señala Timothy E. Anna, no es menos cierto que a Lima, abandonada por las fuerzas realistas, la situación misma la empujó a tomar una decisión y ella tenía que compatibilizarse con los intereses de los sectores alto y medio. Por otra parte está documentado que hubo una fuerte coerción para que se firmase la declaración de la independencia. Thimothy E. Anna ha puesto mucho énfasis en esto e incluso uno de sus trabajos (que no hemos consultado) lleva el sugestivo título de “The Peruvian Declaration of Independence: Freedom by Coercion” (citado en: Anna, 2003 p. 237). Con toda la brillantez y solidez que le reconocemos a los análisis de T. Anna, que en realidad nos da una nueva perspectiva sobre la independencia peruana en su magistral libro “La caída del gobierno español en el Perú. El dilema de la independencia”, sin embargo consideramos que en algunos casos sus juicios pretenden ser definitivos, cuando en realidad no lo pueden ser aún a estas alturas del estado actual de las investigaciones. Gustavo Montoya señala, por ejemplo, que “un aspecto de la independencia del Perú que aún requiere un análisis cuidadoso, es el referido a la defensa del sistema de dominio colonial por parte de la clase dominante peruana de la época y a sus acuerdos y discrepancias con el Estado colonial. Y esta es una línea de investigación de suma importancia, pues su conocimiento permitirá explicar la tardía independencia del Perú con relación al resto de comunidades americanas, la naturaleza política y social de las elites coloniales peruanas, sus proyectos de gobernabilidad, sus concepciones ideológicas, la idea de nación implícita en sus discursos, la identidad de las mismas y el lugar que ocupaban en el proceso general de la guerra” (Montoya, 2002, pp. 59-60) Por eso es que Gustavo Montoya nos habla de la singularidad de la independencia peruana, su carácter atípico con relación al resto del continente. ¿Fue la aceptación de la independencia peruana el mal menor? No debemos pasar por alto lo que G. Montoya ha señalado acerca de: “la mutua oposición que la etapa final de la defensa del virreinato produjo entre las distintas facciones de la clase dominante. Si los grandes comerciantes exigieron la cerrada defensa del sistema de dominio colonial, un significativo sector de la aristocracia terrateniente no sólo aceptaría la independencia, sino también apostó por un régimen de transición constitucional entre la colonia y una posible “república aristocrática”. Pero en medio de estos dos grupos también se situaban los intereses del propio Estado colonial español y sus beneficiarios americanos.

La ruptura y la desintegración de estos tres grupos que constituía la clase dominante, fue una de las razones que influyeron en el largo proceso de consolidación de la independencia que abarca entre el desembarco del ejército libertador en 1820 y el cese de la influencia bolivariana en 1826. Por ello, no es exacto seguir afirmando que frente a la independencia, los grupos sociales dominantes cerraron filas para asumir la defensa del virreinato” (Montoya, 2002, pp.82-83)

Otra ilustre institución que juró la independencia del Perú fue el Cabildo Metropolitano, integrado por destacadas figuras de aquel entonces, entre las cuales podemos mencionar al Dr. Ignacio Mier, Rector de la Universidad de San Marcos, al Dr. Toribio Rodríguez de Mendoza, que habíase destacado con Rector del Convictorio de San Carlos, y al Dr. Francisco Javier de Luna Pizarro. La juramentación del Cabildo Metropolitano limeño se llevó a cabo en la su Sala Capitular, en la Catedral. La juramentación fue hecha en forma individual y según la fórmula establecida. El acta de la jura fue firmada por los siguientes connotados personajes: Francisco Javier de Echagüe (Santa Fe), Ignacio Mier (Lima), Pedro del Toro (Santiago).- Pedro Bravo del Rivero (Lima), José Manuel Bermúdez (Tarma), Manuel Arias (Arica), Pedro Antonio Fernández de Córdova (Arequipa), Luis de Santiago (Lima), Toribio Rodríguez de Mendoza (Chachapoyas), Fermín Bernales (Ica), José Mariano Aguirre (Lima), Cayetano Erazo (Lima), Bartolomé Orduña (Lima), José Antonio Hurtado (Lima), José Ignacio Moreno (Guayaquil), José Benavente (La Paz), Carlos Orbea (Lima), Mariano Tagle Izázaga (Pisco), Javier de Luna Pizarro (Arequipa) (22)

Las comunidades religiosas de San Francisco y La Merced también realizaron el juramento el mismo 29 de julio. Respecto a la primera de las comunidades mencionadas, ella involucraba a los sacerdotes, novicios y legos del convento de San Francisco (presididos por el R. P. Guardián Fray Eusebio Casaverde), a los de la Santa Recolección de Nuestra Señora de los Ángeles (con su Guardián el R. P. Fray Carlos Lizárraga), y a los del colegio de San Buena Ventura de Nuestra Señora de Guadalupe (con su R. P. Guardián Rector Fray Juan Gavilán). Citados todos ellos por Fray Manuel Manzano, provincial de los Doce Apóstoles, se reunieron en la Sala de Estudios del Convento Máximo de Jesús de Lima, lugar en el cual el citado Fray Manuel Manzano les tomó a todos los miembros de esta corporación el respectivo juramento. Se levantó acta y original de ella fue remitido al supremo gobierno.

La comunidad de La Merced en pleno fue convocada para prestar su juramento el 29, en la Sala de Capítulo. El encargado de tomar el juramento fue el Padre Provincial Maestro Fray Anselmo Texero. Al término de la juramentación se realizó una misa de Acción de Gracias y un Tedeum.

La Universidad de San Marcos vino a prestar el juramento el día 30, debido a que su Rector, el Dr. Ignacio Mier, como miembro del Cabildo Metropolitano limeño, prestó juramento en dicha institución el día 29. Convocados por el rector, los miembros del cuerpo docente se reunieron el 30 en la capilla de la universidad, donde prestaron el juramento de independencia.

El ilustre Colegio de Abogados de Lima prestó su juramento el día 30 en la capilla de la Universidad de San Marcos. Ese mismo día también prestaron el juramento los párrocos y capellanes de Lima. Bartolomé de Las Heras, Arzobispo de Lima, habíales oficiado el 25 al Dean Francisco Javier Echagüe para que tomara el juramento a los párrocos, capellanes de monasterios y demás eclesiásticos. El Dean Echagüe convocó a reunión en la sacristía de la Catedral para el día 30, llevándose a cabo en aquel día la juramentación de la independencia.

Habiendo reseñado los actos de declaración, proclamación y jura de la independencia del Perú, debemos ver ahora el significado de estos tres actos, los cuales tienen una trascendental importancia jurídica para el naciente estado peruano, en la medida que constituye su partida de nacimiento como estado independiente. La declaración abrogó los títulos de España sobre el virreinato del Perú, en atención a la voluntad general de los pueblos del Perú que eran manifiestos por la separación. Es por esta razón que la declaración de la independencia lo hace el cabildo de Lima (con anterioridad ya se había llevado a cabo en otros lugares del Perú, como hemos analizado), porque dicha institución representaba al pueblo peruano. San Martín y el ejército libertador no lo hubieran podido hacer, y de haberlo hecho no hubiera tenido ninguna validez jurídica histórica. Su acto hubiera sido nulo, en cuanto que por ser extranjeros no representaban al pueblo peruano.

Pero una vez declarada la independencia ya San Martín, como jefe del ejército libertador, podía proclamar esta independencia, es decir hacerla conocida por todos. La proclamación de la independencia abrogó la proclamación que se había hecho de Fernando VII.

La juramentación echó por tierra la jura de la Constitución española, que se había realizado en 1820. (23) Estos tres actos, como bien señala Fernando Gamio Palacio, autor al cual venimos reseñando en estos hechos, constituyen “los elementos formales de un solo todo: la fundación de la independencia por el derecho a declararla, y con el deber de sostenerla y defenderla, vigente desde su proclamación” (24)

El 29 por la noche San Martín dio un baile en Palacio de Gobierno, al cual concurrió lo más selecto de la sociedad limeña. Según la Gaceta de 1 de agosto de 1821, se repitieron, si no es que se superaron los regocijos logrados en la noche anterior en la fiesta dada por el cabildo. Basilio Hall, un testigo presencial de excepcionales dotes y de gran meticulosidad, nos dice: “Por la noche, San Martín dio un baile en palacio, de cuya alegría participó él mismo cordialmente; bailó y conversó con todos los que se hallaban en el salón, con tanta soltura y amabilidad, que de todos los asistentes, él parecía ser la persona menos embargada por cuidados y deberes”. (25)
NOTAS
(1) Hall, Basilio, El general San Martín en el Perú: extractos del diario escrito en las costas de Chile y el Perú en 1820 y 1821, Buenos Aires, 1918.

Hall, Basilio. “Entrada a Lima” (En: Busaniche, José Luis, San Martín visto por sus contemporáneos)

(2) DMSM, tomo XI, p. 363

Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de lunes 16 de julio de 1821.

(3) DASM, tomo XI, p. 364

Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de lunes 16 de julio de 1821.

(4) Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de Lunes 16 de julio de 1821.

DASM, t. XI, p. 365

(5) Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de lunes 16 de julio de 1821.

DASM, t. XI, p. 366

(6) Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de miércoles 18 de julio de 1821.

(7) DASM, t. XI, p. 398-399

(8) DASM, t. XI, p. 398

(9) DASM, t. XI, p. 400

(10) DASM, t. XI, pp. 408-409

(11) Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de miércoles 25 de julio de 1821.

Quirós, “colección de leyes...” t. I, p. 8

(12) Sobre esta acción naval del 24 de julio de 1821 consultar el suplemento al número 7 de la Gaceta de Gobierno, donde se publican la nota de Cochrane a San martín dándole aviso de la acción y la remisión del parte del Capitán Crosbie sobre dicha acción.

(13) DASM, t. XI, pp. 412-413

(14) Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de miércoles 1 de agosto de 1821.

Este artículo aparece reproducido en las siguientes obras:

DASM, t. XI, pp. 372-375

Herrera, J. H. El álbum de Ayacucho, pp. 41-42

Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia, publicado por el General Guzmán Blanco, t. VIII, pp. 5-7

Busaniche, J. L. San Martín visto por sus contemporáneos

(15) Gustavo Pons Muzzo en un artículo publicado en El Comercio de Lima, analiza la problemática en torno a cuáles fueron realmente las palabras que pronunciara San Martín en el acto de la proclamación de la independencia. Las versiones varían, aunque muy levemente, y siempre en la forma y no en el contenido o sentido de la misma, que consignan diversos testimonios de la época. Nosotros hemos reproducido las palabras que aparecen consignadas en la Gaceta de Gobierno, órgano oficial del gobierno.

(16) Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de miércoles 1 de agosto de 1821.

(17) Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, de miércoles 1 de agosto de 1821.

(18) DASM, t. XI, p. 416.

(19) Gamio Palacio, Fernando. “El proceso de la emancipación nacional y los actos de la Declaración, proclamación y jura de la independencia del Perú”

Gamio Palacio, Fernando. “Jura de la independencia del Perú” (En: El Comercio –Lima- del miércoles 28 de julio de 1971, pág. VII.

(20) Gamio Palacio, Fernando. “El proceso de la emancipación nacional y los actos de la Declaración, proclamación y jura de la independencia del Perú”

(21) Gamio Palacio, Fernando. La municipalidad de Lima y la emancipación. (Lima, 1944)

(22) Gamio Palacio, Fernando. Obras citadas.

(23) Gamio Palacio, Fernando. Obras citadas.

(24) Gamio Palacio, Fernando. Obras citadas

(25) Hall, Basilio, op. cit. (Ver nota 1)
Obras a las cuales se han hecho referencias:

-Anna, Timothy E. La caída del gobierno español en el Perú, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2003

-Montoya, Gustavo, La independencia del Perú y el fantasma de la revolución, Lima, Instituto de Estudios Peruanos (Colección Mínima, 53), 2002

Artículos periodísticos de gran valor.

El Comercio de Lima con motivo del sesquicentenario de la llegada de la expedición libertadora al Perú y de la declaración, proclamación y jura de la independencia, publicó importantísimos artículos de varios prestigiosos historiadores. Su enumeración sería muy larga por lo que recomiendo, a las personas interesadas en profundizar sobre los acontecimientos ocurridos entre setiembre de 1820 y agosto de 1821, consultar El Comercio de 1970 y 1971. En este último año se encontrará una importantísima sección titulada “Hace 150 años” donde diariamente narraba lo que en ese día había ocurrido 150 años atrás. Si se desea conocer la etapa del Protectorado también resultará de gran utilidad la lectura de diversos artículos publicados Agustín Tovar de Albertis, en 1972. Entre mis papeles guardo casi todos los artículos publicados por dicho diario limeño, en los años mencionados.
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