Diplomado en actualización teológico pastoral






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INSTITUTO SUPERIOR DE ESTUDIOS ECLESIASTICOS

DIPLOMADO EN ACTUALIZACIÓN TEOLÓGICO PASTORAL

DIÓCESIS DE TEOTIHUACÁN

ECLESIOLOGÍA.
MÓDULO 1.1

ENFOQUES ECLESIOLOGICOS FUNDACIONALES

Descripción del módulo: El presente curso analiza algunos temas históricos que permiten visualizar el fenómeno fundante de la Iglesia como un movimiento religioso que desarrolló la difusión de un mensaje de la salvación con un estilo y técnicas propias, las cuales pueden ser reactualizadas en los procesos pastorales.

Justificación: La praxis pastoral requiere de una fundamentación teológica con base en el análisis de las experiencias eclesiales, inspiradas por desarrollos espirituales e históricos. Es por eso que la revisión de los modelos eclesiales de la antigüedad cristiana permite confrontar la acción eclesial con el espíritu que se pretende transmitir, es decir, el cristianismo no es sólo una propaganda ideológica sino un sacramento de salvación. Es por esto que la reflexión sobre los elementos fundantes de la acción pastoral deben ser enfocados bajo la acción del Espíritu, a través de los testimonios de quienes fueron los primeros testigos de la fe.

Objetivo general del curso: Al finalizar la presente exposición el participante habrá realizado un analisis histórico teológico sobre algunos elementos fundacionales de la acción pastoral con el fin de comprender y complementar, con el recurso de las fuentes del cristianismo, la propia teoría y praxis pastoral.

Temas

Juan Pablo II. La renovación en sus fuentes:

La obra apareció por vez primera en Cracovia, a principios de octubre de 1972, cuando se cumplía el X aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. El estudio llevado a cabo por el entonces cardenal Karol Wojtyla se sitúa en el centro mismo de la reflexión conciliar sobre las implicaciones pastorales de muchos aspectos esenciales de la fe cristiana y, sobre todo, sobre la realidad y misión de la Iglesia. El título que lo encabeza nos indica muy a las claras que el autor considera el Vaticano II como la piedra angular de la renovación del Pueblo de Dios, como la «imagen, adaptada a nuestro tiempo, de la autorrealización de la Iglesia».

Lo esencial es la clave según la cual Karol Wojtyla lleva a cabo esta sistematización y el objetivo que con ella persigue. Porque, en definitiva, La renovación en sus fuentes constituye una respuesta al interrogante que, desde la raíz de su existencia, se le plantea al creyente de nuestros días: ¿qué significa ser cristiano y vivir la Iglesia en el mundo contemporáneo? La aplicación del Vaticano II constituye la línea programática fundamental del ministerio pontificio de Juan Pablo II. El Papa lo expresó con toda claridad en su primer discurso a la Iglesia y al. mundo: «El concilio, igual que no termina en sus documentos, tampoco acaba con las aplicaciones que se han realizado durante estos años. Por eso juzgamos que nuestro primer deber es promover, con la mayor diligencia posible, la ejecución de los decretos y normas directrices del mismo».

En cincuenta años casi de la clausura del Concilio Vaticano segundo, la praxis eclesial se ha concentrado sobre la renovación (tema que empezó en el Renacimiento), pero ha acudido poco a las fuentes: a la Tradición, a la crítica y al Espíritu.

  1. Martiría y diaconía: la predicación y los estilos de vida cristiana

Martirio

El martirio no es un acontecimiento histórico específico sino la forma activa de la transmisión de la fe. La martiría se debe asimilar como kerigma en general: anuncio, credo, teología, mística. Cuando se habla de testimonio, la referencia más inmediata es la impronta moral del ejemplo. Los cristianos antiguos desarrollaron un estilo de vida impactante y persuasivo, sin embargo en la conciencia de la Iglesia, el testimonio es la enseñanza.

La acción martirial no fue exclusivamente la muerte cruenta sino el ejercicio de ir, evangelizar, bautizan hacer discípulos. Durante los primeros decenios la acción cristiana fue la enseñanza simultánea al culto. La pragmática de la fe consistía en misión, difusión, propagación del Evangelio; acción carismática que agregaba otras actividades.

Los ministerios fueron la expresión del servicio, pero más como una estructura político administrativa se instauraron como una forma carismática de acción (Vease punto 3: Fisonomía carismática, gobierno y participación eclesial, en esta exposición).

El Kérygma, médula de la predicación cristiana
La concepción del kérygma que hasta ahora conocemos es un encapsulamiento del concepto de predicación apostólica, es decir del “testimonio (martyria) del ministerio, la muerte y resurrección de Cristo”. De tal modo que los Padres, predicadores y ministros de la comunidad antigua mantuvieron el “testimonio” apostólico como clave didáctica y espiritual para la enseñanza. Por tanto el significado de kérygma se asociará fuertemente y como un sinónimo de enseñanza.
Terminología del kérygma

Siendo un concepto griego, el kérygma aparece como un termino técnico de la predicación del Nuevo Testamento emparentado con la semántica de la cultura. Son tres los términos que figuran en el uso coloquial: keryx, mensajero, heraldo, público blandidor; kerysso, hacer anuncios, pronunciar un bando, llamar, invocar, predicar y enseñar públicamente; kérygma, anuncio, proclama, edicto, comunicación predicación, dogma doctrina y tradición.
Kérygma y profetéia

Los Apóstoles son testigos autorizados porque han visto. El ejercicio del ver les da el contenido para comunicar, porque han “visto con el ojo de la fe”, “han visto para creer”, “lo que hemos visto lo que hemos oído os lo transmitimos”. Es un ejercicio de epifanía, una percepción histórica y espiritual intensa, una sensibilidad religiosa como la del profeta porque no se ha recibido un conocimiento humano sino un misterio que se traduce en el encuentro personal con Cristo. En cuanto a las características cristianas la profecía no dista mucho de aquella del Antiguo Testamento, sin embargo se pueden extraer algunos rasgos de identificación más relacionadas con el verdadero sentido kerygmático:

  1. El contenido de la epifanía es Jesús mismo, el reconocimiento de sí mismo (Rm 10,9).

  2. A quienes se encuentran con Cristo resucitado llegan a ser testigos y por lo tanto apóstoles de Jesucristo.

  3. Los sentimientos y experiencias apostólicas creativas generan una narrativa de la transmisión de ese testimonio epifánico (experiencias y significado).


Profecía como fenómeno

A partir de Pentecostés se da un fenómeno pneumático: expresiones de inspiración sorprendentes e proclamación e interpretación de un contenido ininteligible (1 Cor 2,13-3,3; Gal 6,1). La profecía se ha entendido siempre como “anuncio y juicio”, “anuncio salvación”, sin embargo el kerigma cristiano se convierte en “anuncio y revelación” (se crea el género apocalíptico). Es el testimonio de las cosas trascendentes en materia de fe; el apóstol es testigo del Jesús celestial que anuncia lo esencial de la conducta cristiana.
Kerygma y paradosis

La Tradición es el mismo contenido de la predicación pero “sin negar ni quitar nada”. De frente a las interpretaciones y experiencias temerarias de las corrientes heréticas se instituyó una forma de doctrina segura. El kérygma también es tradición.
Kerygma y paráclesis

La palabra paráclesis es otro sinónimo de kerigma pero con una semántica más versatil: llamar, convocar, invocar, solicitar, incitar, exhortar, dar consuelo o bienestar, pedir indulgencia y perdón. Y mientras el kérygma dirige hacia la fe, la paráclesis reclama la esperanza del creyente en una forma actuante.
Kerygma y parénesis

Dios ha hablado a los hombres con el fin y la intención de conducirlos hacia la meta de la salvación. Pero el hombre no es sólo cabeza, sino también corazón. Por eso, Dios ha hablado al entendimiento y también al corazón del hombre. Ha propuesto unas verdades y ha impuesto unas prácticas. Todo para obtener una conversión. Para ella Dios y los ministros de la Palabra han empleado no sólo razones, sino exhortaciones, parénesis.
Conclusión

El kérygma es anuncio, enseñanza y forma de comunicación de lo sagrado. Las formas cristianas de evangelización después del período apostólico asumen el kerygma dentro de toda forma de predicación.


  1. Acción humana y acción de Espíritu

Los cristianos, siguiendo las enseñanzas y ejemplos de su Señor, pudieron realizar las siguientes muestras de generosidad, pero no como un simple lenguaje sino como una fuerza de acción, como un modo de vida traducido desde la fe: práctica de la limosna en general, sobre todo para sostener el culto y a los ministros; mantenimiento y hospitalidad a doctores y ministros; cuidado de huérfanos y viudas; cuidado de los enfermos, débiles, desocupados, de los prisioneros y condenados en las minas; encargo de la sepultura de los pobres y por los muertos en general; atención de los esclavos; trato especial por los indigentes en casos de calamidad; colocación y derecho al trabajo en las comunidades cristianas; cuidado de forasteros y socorro a las comunidades pobres y en peligro a través de colectas1.

Todo esto constituyó un estilo impactante que tomó el calificativo de: pístis kaì eusebéia; fe y piedad. La propagación intensa del cristianismo forjó una comunidad evangelizadora que predicaba el mensaje de la salvación y lo vivía con coherencia. De este modo la difusión del evangelio entre las clases ricas y pobres no se hizo esperar, de modo que pronto penetraría también en el ejército romano y en la misma nobleza imperial, precisamente por su simpatía y autenticidad. La doctrina social en la predicación de los Padres, en un principio no apareció como un compendio de principios teóricos, como una doctrina prediseñada, sino como evangelio puro. Con base en la exégesis de la Sagrada Escritura los autores quisieron individuar una serie de conceptos bien establecidos como valores del Reino, implícitos en la predicación de la Buena Nueva.

No odiarás a hombre alguno, sino que a unos los convencerás, por otros rogarás, a otros los amarás más que a tu propia alma... Sé manso, pues los mansos heredarán la tierra. Sé paciente, compasivo, sin malicia, tranquilo y bueno, temeroso en todo momento de las palabras que has oído. (Didajé II,7; III,7)

No seas de los que extienden la mano para recibir, pero la retiran para dar. Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados. No vaciles en dar, ni murmurarás mientras das, pues has de saber quién es el buen recompensador de tu limosna. No rechazarás al necesitado, sino que tendrás todas las cosas en común con tu hermano. (Didajé IV,5-8)

Estaba claro, los cristianos se presentaron ante el mundo con ideas de máxima audacia, ya que eran actividades que causaban el desprecio de los poderosos: “perdonar hasta setenta veces siete”, “poner la otra mejilla”, “al que te pida dale”, “no llevar bastón ni bolsa”, “no temer a los que matan el cuerpo sino a aquellos que pueden matar el alma”. Un grupo con esas ideas estaba condenado a la burla y a la pronta desaparición. Nadie en su sano juicio podía tener una mentalidad como esa en un mundo violento, dominado por las discordias y los intereses personales, estructurado en una pirámide de clases sociales que marcaba graves diferencias.

El cristianismo original practicó no una doctrina sino una vivencia de la fe, caracterizada por los principios de la piedad y la beneficencia. Era natural el espíritu de justicia y salvación que se compartía como un ideal ante la inminente venida del Señor.
La Iglesia se opuso a una sociedad imperial romana basada en los principios de la razón y la fuerza, del politeísmo y la degradación moral. Los cristianos actuaron de manera pacífica pero tuvieron que enfrentar un proceso doloroso de ataques. La relación entre comunidad cristiana y sociedad civil fue el choque de dos mundos totalmente diferentes y en principio incompatibles.
Los primeros Apologistas buscaron la conciliación pero refutando la absurdidad de la cultura pagana, proponiendo el cristianismo como la única verdad digna de ser creída.
El Imperio romano toleró al cristianismo y lo adoptó como religión oficial. Tras la aparente paz constantiniana se dieron formas de manipulación y corrupción del verdadero espíritu cristiano. El Estado entró en las decisiones de la Iglesia y la desvió de su modo de ser espiritual, convirtiéndola en una institución controlada por el gobierno.
Poco a poco, la reflexión de los Santos Padres contribuyó a la recuperación del verdadero estatuto de la Iglesia, alejándola paulatinamente de las formas seculares para regresarle su fisonomía de sacramento de Cristo para la salvación de los hombres en el mundo.
Los Padres fueron los primeros en dar ejemplo de rectitud moral tanto con su vida como con su obra escrita. Fueron verdaderos profetas de las causas de la Iglesia, del pobre y del rico que atentaba siempre su propia condena.
Los temas centrales de la reflexión patrística en torno a lo social están matizados dentro del marco del tema de la justicia, de la equidad, de los bienes, las riquezas, y la comunicación de los mismos bienes.


  1. Pedagogías de transmisión

Educar para la salvación

La educación es una nueva metafísica del cuerpo, inclusive es un atletismo del espíritu, de ahí que los antiguos propusieran el lema citius, altius, fortius, por eso el entrenamiento del cuerpo es del alma y del alma a la carne.

La ilustración de la mente equivale al logro de la persona, sobre todo cuando su ser alma y cuerpo quedan custodiados bajo la acción del Espíritu de Dios. El proceso de enseñanza – aprendizaje no es el elemental ejercicio de la alfabetización ni de la escolarización, de hecho la educación se ha confundido por cualificación de contenidos, la aprobación del individuo radica, entonces, en el constante énfasis sobre la certificación.

La educación es un proceso de construcción personal, de acuerdo a patrones referenciales socioculturales.2 La didaskalía cristiana es una alternativa de educación en la fe que capacita a la persona para un proceso ascético,3 es decir de cualificación individual y grupal, comienza con una instrucción similar a la de la disciplina al infante y concluye con la preparación al misterio del adulto; inicia en la gramática y concluye en la teoría.4

La especulación se transforma en interpretación y método para influir en los demás, no quizá a las mayorías sino a los grupos discipulares. En sentido más amplio es un modo de enseñar con una tecnología del progreso doctrinal y humano en pro de la salvación,5 es un proceso de unción pedagógica, de fe, de gracia hasta la configuración, la mímesis, la total asimilación al Cristo de Dios, es una metafísica de la existencia hacia la divinización, hacia la eternidad, la inmortalidad, el poder; la pretensión humana y divina en un ser con cuerpo y alma.

El cristianismo y su pedagogía enfrentaron desde sus orígenes un debate entre el concepto de conocimiento y felicidad (gnosis – eudemonia). El efecto educativo se da sobre la carne en la comprensión del Verbo, siempre oculto pero siempre revelador, de hecho la Palabra es la única mediación educativa, el vehículo material y formal, por eso la palabra debe ser corporal (signo) y espiritual (significado), debe ser icónica (representación) y biológica (relación con la vida y la existencia).

El maestro (didáskalos) induce a su interpretación y a sus más profundos significados, de modo que el discípulo capte la esencia transformadora del Logos quien perfecciona el sentido y el ser de los seres pensantes. La pedagogía cristiana es de reestructuración de la naturaleza, de purificación del pecado, de recreación ontológica. El proyecto educativo institucional del cristianismo es una empresa solidaria, de salvación corporativa y universal (Mt 28,19); así como se salva la humanidad individual en cuerpo y alma también el corpus ecclesiae es llevado a la integración del Corpus Christi. En síntesis, la didaskalía cristiana es un proceso educativo con una didáctica propia de la fe que faculta la interpretación del misterio para la transformación ontológica del discípulo.

La homilía como recurso didáctico
Elocuencia sagrada
Son tres los géneros utilizados en el campo patrístico: tractatus, homilia y sermo, el primero tiene una clara intención didáctica, los otros dos una intención oratoria, tal para ser proclamados y gustados.
El sermón es la catequesis en sentido estricto. Predicar.
La homilía era un acto litúrgico que transmitía lo esencial, sobre todo para expresar ideas de carácter exegético.
Las Homilías disponen al alma al nacimiento del Verbo.
Con el homileta (Orígenes) asistimos al trabajo metódico del agricultor que escava las profundidades, siembra y cultiva en el ansia del fruto.
En las escuelas filosóficas y oratorias del mundo antiguo aquel que se ejercita en el uso de la palabra está asimilado al atleta, por la resistencia y la rapidez en la captatio de los estados de ánimo, fruto de un largo ejercicio.
Como entre los atletas, también entre los oradores, solo uno llega a ser campeón y sólo él afronta la disputa (Plat. Soph. 231 d.e.).
Tomamos en nuestro Diálogo el fruto de la exercitia spiritalis intelligentiae que son la sustancia de las Homilías y de los Comentarios (doctrina).
La homilía cristiana reservaba un tipo de enseñanza a los alumnos más íntimos en un tono familiar (simplex).
Para el maestro Alejandrino la homilía cristiana toma aquel carácter de efusión lírica que continua en el mundo greco latino de los primeros siglos. En la exégesis bíblica, de hecho, las palabras pasan del significado común al místico, la Sagrada Escritura, verdaderamente, tiene una armonía interior con las realidades espirituales que el exegeta busca percibir.
Mientras la homilía sinagogal permanece limitada dentro de los temas exegéticos – parenéticos, la homilía cristiana desarrolla rápidamente temas exegéticos y dogmáticos.
Las normas de la enseñanza cristiana.

1.- Revelación divina

Unión de los dos testamentos.

2. Tradición

(Griego) = transmisión –sucesión

3. Iluminación del Espíritu Santo

Carismas y ministerios.
La homilía cristiana quiere proponer a los auditores la interpretación completa y orgánica del texto leído en precedencia y pre escogido por el orador para la homilía. Orígenes de hecho mira a enseñar sobre todo para familiarizar a los escuchas con el contenido y el significado de la Escritura, de textos, eso es que a pesar que constituyendo el fundamento de la doctrina y de la vida de la Iglesia, sólo no muchos fieles conocían suficientemente y cuyo significado no era, medianamente de fácil acceso, sobre todo el significado cristiano del A.T.
Las Homilías poseen un carácter propedéutico y que están dirigidas al público más amplio: incluso se encuentra en ellas una alusión explícita a los catecúmenos.



  1. Formas religiosas y desarrollos espirituales

  1. Religiosidad, misticismo, esoterismo

Para el público católico, el tema sacramental está muy relacionado con los esquemas tradicionales del desarrollo eclesiástico y de la expresividad de la fe. Sería ingenuo pensar que los Santos Padres tuvieron una vivencia sacramental como la nuestra. Es hasta la época de San Agustín que se constituyó una teología sacramental, pero no con las categorías que ahora asumimos. El tema patrístico retoma el estudio desde diferentes ángulos del mismo desarrollo de la fe: Cristo, la Iglesia, la iniciación cristiana, la predicación, la liturgia, el signo, la oración (ecologías, epíclesis, doxologías, etc.). Nunca encontraremos el tema tratado desde una perspectiva sistemática de carácter moderno.

La metodología que se sugiere entonces en el tratamiento del presente argumento consiste en la lectura de textos para destacar los matices, expresiones y deducciones que los Padres elaboraron, primero, como traducción del misterio revelado, y luego como una formación espiritual del signo salvífico.

Los Padres colocaban el sacramento pero dentro de la relación con la historia de la salvación para evitar que los signos se convirtieran en una magia. Sin embargo no se contentan con una demostración tipológica o simbolista. Por consiguiente, la raíz más profunda de la práctica sacramental se encontrará en el mismo efecto de la Revelación y sus manifestaciones “mistéricas”6.

El sentido del Misterio y su traducción a Sacramento.

Los filósofos antiguos consideraban el mysterion como una iniciación a las verdades más profundas de la filosofía. En el cristianismo se retoma el sentido judío de las realidades celestes contenidas en la Revelación pero que se conocerán al final de los tiempos o bien gracias a la acción visionaria de los profetas. Los Padres comienzan por identificar el misterio con la intervención salvífica de Dios, con las prefiguraciones hechas por Cristo y de la Iglesia.

Para algunos autores como Justino y posteriormente Orígenes, el misterio está identificado con la historia que es dirigida por el Logos de Dios y sus mediaciones (Escritura, Encarnación e Iglesia); todo esto es símbolo y misterio del Logos. Es hasta el siglo IV cuando misterio encuentra una coincidencia con su más próximo sentido ritual, entendiéndose como cosas consagradas, especialmente la eucaristía.

El sentido mistérico sirve para demostrar el sentido de ascensión espiritual del alma hacia la visión del Dios trascendente, aunque en otros momentos específicos de la predicación y de la iniciación cristiana también toma el calificativo de doctrina secreta con un fuerte sabor apofántico como doctrina inefable de Dios, cognoscible sólo por una revelación gratuita de parte de Dios.

Sacramento

En sentido latino mysterion se tradujo a mysterium y a sacramentum, gracias a Tertuliano y los romanos que acuñaron el neologísmo. Sin embargo no tiene plena coincidencia con el término griego que prevé la variedad de sus acepciones bíblicas. Sacramento, desde su más radical sentido etimológico expresa la naturaleza de un hecho sacro, hierático. Otro elemento que está en la base de esta designación es el elemento jurídico del juramento o voto solemne, propio de la iniciación.

Ya en el campo cristiano, sacramento encuentra su primer eco en el bautismo por su carácter de vinculación con lo sagrado, con la profesión de la fe y con el reconocimiento de la Regla de fe. No obstante también implica el sentido de las verdades escondidas y reveladas de la economía salvífica. Es tardía la atribución de sacramento a las fiestas de Cristo y las demás fiestas litúrgicas, confeccionadas con signos sacros.

De la Instrucción para el estudio de los padres de la iglesia en la formación sacerdotal 1989.

Sentido del misterio, experiencia de lo divino

31.1 Si los Padres han dado en tantas ocasiones prueba de su responsabilidad de pensadores e investigadores en referencia con la Revelación, siguiendo, se puede decir, el programa del credo ut intelligam y del intelligo ut credam, lo han hecho siempre como auténticos hombres de Iglesia, verdaderamente crellentes, sin comprometer mínimamente la pureza o, como se expresa San Agustín, la “virginidad”7 de la fe. En efecto, ellos como teologos no se apoyaban exclusivamente en los recursos de la razón, sino también en los específicamente religiosos, ofrecidos por el conocimiento de carácter afectivo y existencial, centrado en la unión íntima con Cristo, alimentado por la oración y sostenido por la gracia y los dones del Espíritu Santo. En sus actitudes de teólogos y de pastores se manifestaba en grado altísimo el sentido profundo del misterio y la experiencia de lo divino, que los protegía de las tentaciones que podían venir sea de un racionalismo demasiado exagerado, sea de un fideísmo simplista y resignado.

38.2 Lo primero que impresiona en su teología es el sentido vivo de la trascendencia de la Verdad divina contenida en la revelación. A diferencia de no pocos pensadores antiguos y modernos, ellos dan ejemplo de la gran humildad frente al misterio de Dios, contenido en las Sagradas Escrituras, de las que en su modestia prefieren ser sólo comentadores sencillos, atentos a no añadirles nada que no pueda alterar su autenticidad. Se puede decir que esta actitud de respeto y de humildad no es otra cosa que el vivo conocimiento de los límites infranqueables que la inteligencia humana encuentra frente a la trascendencia divina. Basta recordar, además de las homilías de San Juan Crisóstomo Sobre la incomprensibilidad de Dios, lo que escribe textualmente San Cirilo, obispo de Jerusalén: “Cuando se trata de Dios, es una gran sabiduría confesar la ignorancia”8; como, después de él, el obispo de Hipona, San Agustín, dirá lapidariamente a su pueblo: “Es preferible ignorancia fiel, a una ciencia temeraria”9. Antes que ellos San Ireneo había firmado que la generación del Verbo es inenarrable y que aquellos que pretenden explicarla “han perdido el uso de la razón”10.

39.3 Dado este vivo sentido espiritual, la imagen que los Padres nos ofrecen de sí mismos es la de hombres que no sólo aprenden, sino también, y sobre todo, experimentan las cosas divinas, como lo decía Dionisio Areopagita de su maestro “Ieroteo”: non solum discens sed et patiens divina11. Son muchas veces especialistas de la vida espiritual, que comunican lo que han visto y gustado en su contemplación de las cosas divinas, lo que han conocido por la vía del amor per quandam connaturalitatem, como diría Santo Tomás de Aquino12. En su modo de expresarse es a menudo perceptible el sabroso acento de los místicos, que deja traslucir una gran familiaridad con Dios, una experiencia vivida del misterio de Cristo y de la Iglesia, y un contacto constante con todas las genuinas fuentes de la vida teologal considerada por ellos como situación fundamental de la vida cristiana. Se puede decir que, en la línea del agustiniano intellectum valde ama13, los Padres aprecian, ciertamente la utilidad de la especulación, pero saben que ella no basta. En el mismo esfuerzo intelectual para comprender la propia fe, practican el amor que, haciendo amigo al que conoce con el conocido14, llega a ser por su mínima naturaleza fuente de nuevo conocimiento. En efecto “ningún bien es perfectamente conocido si no es perfectamente amado”15.

40.4 Estos principios metodológicos, seguidos y vividos prácticamente antes que enunciados expresamente, fueron también objeto de las reflexiones explícitas de los padres. Basta referirse, al respecto, a San Gregorio Nacianceno que, en la primera de las cinco de sus famosas oraciones teológicas dedicadas al modo de hacer teología, trata de la necesidad de la moderación, de la humildad, de la purificación interior y de la oración. Lo mismo hace San Agustín, que recuerda el puesto que ocupa la fe en la vida de la iglesia y hablando de la función que desempeñan los teólogos, escribe que han de ser “piadosamente sabios y verdaderamente espirituales”.16 De ello da él mismo ejemplo cuando escribe el De Trinitate dirigido a responder a los “charlatanes”, que “despreciando a los humildes principios de la fe, se dejan extraviar por un inmaduro y perverso amor a la razón”17

  1. Fisonomía carismática, gobierno y participación eclesial

  1. Sacerdotes y laicos en la antigüedad

Ministros

Aspectos filológicos y semánticos.

La siguiente es una relación de los términos que hacen referencia a los principales ministerios mencionados en el Nuevo Testamento por orden de aparición. El propósito es tener una visualización del significado natural del término a partir del verbo, es decir desde el fenómeno de la acción concreta. Con el paso del tiempo la acción se convirtió en una sustantivación, es decir, a una personificación. Los autores clásicos usaban muchos de estos términos en un sentido coloquial, conforme la acción se fue especializando pasaron a ser paradigmas para algunos roles sociales, y aunque el término podía tener una importancia específica nunca pretendieron darle un uso religioso y mucho menos jerárquico.

APOSTOL

El apóstol generalmente desarrolla una acción pasiva “es enviado”, hace causa de algo, porta una señal no propia, repite lo que sabe de parte de otro. Forma parte de una organización. En el caso del cristianismo, es claro que el apóstol es enviado de Cristo. En otros autores clásicos se refiere a aquél que cumple con un mandato comercial o un encargo meramente de mensajero.
DIÁCONO

El término advierte inmediatamente un factor operativo y a la vez su referente sustantivo; quien ejerce la función automáticamente se convierte en servidor. Para Aristóteles y Platón el término identifica al funcionario público, seguramente con un alto rango civil. Es claro por un derivado diakonikós que advierte alguien meramente servil, servicialón [Platón Gorgias 5176; Aristóteles Pol. 1259 b 23 ss]. Sin perder estas significaciones, el cristianismo adopta el término en sentido técnico-práctico-nominal y jerárquico. El Servidor no es solamente el que desarrolla un servicio, sino es alguien en la comunidad con su similar femenino.

PROFETA

Este debió ser un término muy apreciado en la antigüedad por múltiples razones, más de tipo hierático que revelatorio, más de gusto esotérico que didáctico. Todo profeta antiguo tenía un nexo con la divinidad, por tanto, su trato humano tenía siempre una connotación de autoridad sagrada. El hecho de convivir con la palabra de lo sobrenatural adquiría prerrogativas terapéuticas, por tanto, lo dicho por el profeta pertenecía a la gama de la luz y las tinieblas. En el cristianismo, el rol de profeta podía matizarse en ciertos momentos de este mismo color. Sin duda el profeta cristiano era intérprete, exegeta, hermeneuta de la vida y del misterio pascual. En el cristianismo este término va casi siempre haciendo pareja con el término profetas.

MAESTRO (docente – magister)

El maestro es el que explica la palabra, a diferencia del profeta que la dice en nombre de otro. El término didáskalos fue usado por Platón y Protagoras en relación al que va a la escuela a frecuentar al maestro. El significado esotérico griego atribuía al maestro gracias especiales para enseñar a las ninfas vírgenes el arte mitológico, quienes a su vez interpretaban a los dioses. Socrates prefirió ser maieutós, es decir, partero, a diferencia de didáskalos, como los sofistas. En la biblia de los LXX el término maestro es aplicado a las personas que tienen el encargo de hablar en nombre de Dios (nabi).

EVANGELISTA

Seguramente este es un término más usado por la tradición cristiana y generalmente se entiende como el visionario itinerante (2 Tim 4,5); Felipe deja la ciudad para ir a predicar (Hch 8,26). En este sujeto se deja ver la misión de la Iglesia en acción. El evangelista es el emprendedor carismático ligado al kérygma inicial, quien genera la expectativa. Detrás de él vendrán los ministros de la palabra y luego los jefes.

PASTOR

El tratamiento de este término tendría un interés más tribal que jerárquico sacerdotal. Es un término más carismático que episcopal o presbiteral, correspondiente a una organización de tipo tribal como jefe de comunidad. Entre los griegos esta figura había aparecido sólo en la Odisea. Sn embargo no hay que olvidar que el paradigma del pastor es el Señor; Pastor Supremo que tiene otros pastores a su servicio (1 Pe 5,4),

PRESBITERO

El anciano cristiano puede ser un hombre mayor, sin embargo, como jefe, antropológicamente considerado es un notable venerable, sobresaliente, de modo que fuese electo por la comunidad para ser su jefe, representante, un hombre de honor. El presbítero es un jefe natural desde el punto de vista social y no político. Con el episcopado el rol de presbítero adquiere su encuadre jerárquico político estructural.

EPISCOPO

La figura episcopal es la menos definida en el encuadre neotestamentario. Principalmente relacionada con acciones de servicio y supervisión, el ministerio episcopal lo encontramos emparentado con la del presbítero en ambiente helenista. Los datos griegos no nos aseguran un perfil ministerial jerárquico, más bien una función de vigilancia y protección, a lo más es considerado como un inspector del magistrado ateniense (Aristófanes. Av. 1023). Es hasta el cristianismo cuando se le reconoce como cabeza y jefe de la comunidad en numerosas citas. El desarrollo político y religioso parte de la importancia de los autores del segundo y tercer siglo.

LAICOS

El sentido del término laico proviene del vocablo laos / pueblo

Prescripciones laicas: profanas, civiles, en contraste con las sacerdotales

Rasgos fundamentales: secular (que está en el mundo = saeculum: consecratio mundi)

Maestros de fe: Panteno, Clemente Alejandrino, Orígenes en su primera etapa (doctores, maestros, evangelistas, catequistas)

Apostolado organizado: clero mantenido por el laicado (administración para la manutención de los ministros de culto)

Referencia cristiana: hermanos cristianos, fieles (contra infieles: apistós = no creyentes, no hijos, no santos)

Idiotés – los que se dedican al ámbito privado, quien atiende los cuyo propio, sus ideas

Idiotés contra polités. El ciudadano atendía lo público

En sentido peyorativo el idiota fue el “privado de razón”, quien no es capaz de ocuparse de sí mismo, menos de algo público

En sentido civil el laico es un señor de la sociedad (seniores), cristianos que actúan en sociedad (laici seniores)

El laico cristiano es el fiel en la asamblea: ordo, plebs, Curia

Otras expresiones religiosas y espirituales agrupan a los fieles laicos como : rebaño de Cristo, ovejas de su rebaño, miembros de su cuerpo, escogidos, llamados de Dios

Las mujeres también entran a la denominación: laicas. Junto a los laici viri están las feminae: mujeres, madres, viudas, vírgenes, matronas, emperatrices, místicas, monjas, ministras.

De la Regla Pastoral del Gregorio Magno

Ha de amonestarse de distinta manera;

A los hombres, que a las mujeres.

A los jóvenes, que a los viejos.

A los pobres, que a los ricos.

A los alegres, que a los tristes.

A los súbditos, que a los superiores,

A los siervos, que a los amos.

A los sabios de este mundo, que a los idiotas.

A los descarados, que a los vergonzosos.

A los presuntuosos, que a los cobardes.

A los coléricos, que a los pacientes.

A los bondadosos, que a los envidiosos.

A los sencillos, que a los maliciosos.

A los sanos, que a los enfermos.

A los que, por temor del castigo, viven en la inocencia, que a los que están tan encallecidos en el mal, que ni aun con los castigos se enmiendan.

A los taciturnos, que a los habladores.

A los perezosos, que a los atropellados.

A los mansos, que a los iracundos.

A los humildes, que a los soberbios.

A los tercos, que a los inconstantes.

A los glotones, que a los sobrios.

A los que por caridad dan de lo suyo, que a los que acostumbran a apoderarse de lo ajeno.

A los que ni roban lo ajeno ni dan de lo suyo, que a los que, si bien dan lo que tienen, no dejan de apoderarse de lo ajeno.

A los perturbadores, que a los sosegados.

A los sembradores de discordias, que a los amadores de la paz.

A los que interpretan torcidamente las palabras de la Sagrada Escritura, que a los que, interpretándolas rectamente, las predican con poca humildad.

A los que, siendo capaces de predicar bien, no lo hacen por excesiva humildad, que a aquellos que, por más que estén impedidos para hacerlo por su edad o sus defectos, se lanzan precipitadamente a la predicación.

A los que prosperan en todo negocio temporal que emprendan, que a aquellos que, ambiciosos de los bienes del mundo, se ven desilusionados por los reveses de fortuna.

A los que están ligados con los vínculos del matrimonio, y a los que están libres de ellos.

A los que han experimentado las flaquezas de la carne, que a los castos.

A los que adolecen de pecados de obra, que a los que pecan de pensamiento.

A los que lloran los pecados cometidos y no se resuelven a abandonarlos, que a los que los abandonan pero no los lloran.

A los que se glorían de las malas acciones que comete, que a los que detestan sus pecados, pero no los evitan.

A los que caen vencidos por recias tentaciones, que a los que permanecen en la culpa deliberadamente.

A los que cometen continuas faltas, pero pequeñas, que a los que se guardan de las leves y a veces se precipitan en las más graves.

A los que ni siquiera emprenden obra buena que a los que no legan a terminarla después de comenzarla.

A los que obran el mal en secreto y el bien en público, que a los que ocultan el bien que hacen y, sin embargo, dan motivo con ciertas acciones para que se hable de ellos mal públicamente.

Pero, ¿a qué recorrer en sucinta enumeración todas estas materias, si no nos detenemos en describir, lo más brevemente posible, la manera de amonestar en cada uno de los casos?

De distinto modo, pues, se ha de amonestar a los hombres que a las mujeres; a aquéllos ha de hacerse con mayor severidad, y a éstas con menos, para que se sacudan aquéllos a fuerza de grandes reprensiones, y con las blandas y suaves se conviertan éstas.

De diversa manera habrá de amonestarse a los jóvenes que a los ancianos: pues mientras a los primeros les es a menudo de provecho una reprensión severa, a los segundos los reduce a mejor acuerdo una súplica afectuosa. Escrito está: No reprendas con aspereza al anciano, sino exhórtale como padre.

  1. Herejía, cisma, grupos cristianos de tendencia heterodoxa

La herejía no es una producción intencionalmente nociva sino la alternativa urgente por querer resolver los problemas fundamentales del hombre. De frente a la revelación es una interpretación condicionada ante las realidades culturales del momento. Con relación al dogma la herejía fue el aguijón oportuno para inocular la fe del riesgo del error a través de una aguda reflexión sistemática. La orientación de los Padres de frente a la heterodoxia siempre fue de mucha desconfianza pero a la vez desarrollaron una alta sensibilidad y precisión para discernir la verdad de fe de entre otras tantas opciones netamente antropologizantes. Con el paso del tiempo el recurso de la herejía cobró nuevas y más sutiles habilidades porque se producía dentro de la Iglesia, el caso concreto lo encontramos en el arrianismo, el cual se valió, además de muchos otros recursos para difundirse y afirmarse.

La herejía y los cismas tiene tres detonadores fundamentales: 1. La exasperación filosófica; 2. La exageración espiritual; 3. El rigorismo o laxismo moral.

Sin lugar a dudas la claridad de la fe dependió y dependerá del consenso. Fueron muchos los intentos por extirpar la herejía como a tumor maligno, sin embargo el argumento de la salvación se impuso por la vía de la caridad, de la unidad y, por supuesto, de la santidad del Espíritu que inspiró a quienes enfrentaron el problema. Por otro lado, todo sistema heterodoxo se marchitó una vez que los intereses de sus miembros cambiaron.

Clemente Romano, Primea Carta a los Corintios
La situación de la Iglesia de Corinto.

“A causa de las inesperadas y sucesivas calamidades que nos han sobrevenido... hemos tardado algo en prestar atención al asunto discutido entre vosotros, esa sedición extraña e impropia de los elegidos de Dios, detestable y sacrilega, que unos cuantos sujetos audaces y arrogantes, han encendido hasta tal punto de insensatez, que vuestro nombre honorable y celebradísimo, digno del amor de todos los hombres, ha venido a ser objeto de grave ultraje...Surgieron la emulación y la envidia, la contienda y la sedición... se levantaron los sin honor contra los honorables, los sin gloria contra los dignos de gloria, los insensatos contra los sensatos, los jóvenes contra los ancianos...A hombres establecidos por los apóstoles o por otros preclaros varones con la aprobación de la Iglesia entera, hombres que han servido irreprochablemente al rebaño de Cristo con espíritu de humildad, pacífica y desinteresadamente, que han dado buena cuenta de sí durante mucho tiempo a los ojos de todos; a tales hombres, decimos, no creemos que se pueda excluir en justicia de su ministerio. Cometemos un pecado no pequeño si destituimos de su puesto a obispos que de manera religiosa e intachable solían ofrecer los dones. Felices aquellos ancianos que ya nos han precedido en el viaje a la eternidad, que tuvieron un fin fructuoso y cumplido, pues no tienen que temer ya que nadie los eche del lugar que ocupaban. Decimos esto porque vemos que vosotros habéis depuesto de su ministerio a algunos que lo ejercían perfectamente con conducta irreprochable y honorable... No será un daño cualquiera, sino más bien un grave peligro el que sufriremos si temerariamente nos entregamos a los designios de esos hombres que sólo buscan disputas y sediciones, con la voluntad de apartamos del bien. Tratémonos mutuamente con bondad, según las entrañas de benevolencia y de suavidad de aquel que nos creó, pues está escrito: “Los benévolos habitarán la tierra, y los que no conocen el mal serán dejados sobre ella, mientras que los inicuos serán exterminados de ella” (Prov 2, 21; Sal 36, 9.38)

 

¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, partidos, escisiones y luchas? ¿Acaso no tenemos un solo Dios, un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia, el que ha sido derramado sobre nosotros, así como también una misma vocación en Cristo? ¿Por qué desgarramos y descoyuntamos los miembros de Cristo, y nos ponemos en guerra civil dentro de nuestro propio cuerpo, llegando a tal insensatez que olvidamos que somos unos miembros de los otros?... Vuestra división extravió a muchos, desalentó a muchos, hizo vacilar a muchos y nos llenó de tristeza a todos nosotros. Y, con todo, vuestra división continúa...Cosa vergonzosa es, carísimos, en extremo vergonzosa e indigna de vuestra profesión cristiana, que tenga que oírse que la firmísima y antigua Iglesia de Corinto está en rebelión contra sus ancianos por culpa de una o dos personas. Es ésta una noticia que no sólo ha llegado hasta nosotros, sino también hasta los que no sienten como nosotros, de suerte que el nombre del Señor es blasfemado a causa de vuestra insensatez, mientras vosotros os ponéis en grave peligro. Enhorabuena que uno tenga el carisma de fe, que otro sea capaz de explicar con conocimiento, que otro tenga la sabiduría del discernimiento en las palabras y otro sea puro en sus obras. Pero cuanto mejor se crea cada uno, tanto más debe humillarse y buscar, no su propio interés, sino el de la comunidad”.

Cipriano de Cartago La Unidad de la Iglesia Católica

6.- La esposa de Cristo no puede ser adúltera, inmaculada y pura como es. Ella sólo ha conocido una casa y ha guardado con casto pudor la santidad de su único tálamo. Ella nos guarda para Dios, nos encamina al reino de los hijos, que ha engendrado.

Quien, separándose de la Iglesia, se une a una adúltera, se separa de las promesas de la Iglesia, y no alcanzará los premios de Cristo quien abandona su Iglesia. Éste se convierte en un extraño, un sacrílego y un enemigo. No puede ya tener a Dios por padre quien no tiene a la Iglesia por madre.

Si pudo salvarse alguien fuera del arca de Noé, también se salvará quien estuviera fuera de la iglesia. Nos lo advierte el Señor, diciendo: Quien no está conmigo, está contra mí, y quien conmigo no recoge, desparrama18. Quien destruye la paz de Cristo y la concordia, actúa contra Cristo. Y Quien recoge en otra parte, fuera de la iglesia, desparrama la Iglesia de Cristo.
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