San José de Calasanz, maestro y fundador






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A nadie se le oculta la importancia de este documento, como base del breve fundacional y paso intermedio, en el que la «nueva Congregación luquesa», no realizada, se transforma en la Congregación Paulina de las Escuelas Pías. No es fácil, sin embargo, ni tampoco tiene gran importancia, determinar quién redactó el documento. Por el texto del mismo parece suficiente deducir que fue producto de las conversaciones de los cardenales Giustiniani y Cobelluzzi con Calasanz y Ruzola, en base a la famosa «fórmula». El texto presentado al papa fue escrito en limpio por Casani, como ocurrirá luego en tantísimos documentos oficiales de las Escuelas Pías, dada la elegancia y claridad de su caligrafía. (28)
Presentado, pues, este informe al papa, fue debidamente examinado y corregido en algunos detalles, (29) redactándose luego la «minuta» del breve, que fue aprobada por el papa el 15 de febrero de 1617, añadiendo junto al placet pontificio que las Escuelas Pías no se extendieran más allá de las veinte millas de Roma y que las Constituciones -sólo ellas- fueran aprobadas por la Santa Sede 30. Y en los veinte días siguientes se compuso el breve fundacional.

3. El breve fundacional
El día 6 de marzo lo firmaba Pablo V en Santa María Mayor y empezaba con las palabras ‘Ad ea, per quae’. Con él nacía en la Iglesia la nueva Congregación Paulina de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías.
En términos generales se puede decir que el breve recoge las ideas contenidas en el memorial-relación que hemos examinado, con las matizaciones, añadiduras y omisiones que hemos notado. Y a todo ello añade todavía algunas particularidades. Veamos, pues, en síntesis su contenido, cotejándolo en primer lugar con el citado memorial en que se apoya.
También este documento empieza con una alusión histórica a la unión de ambas corporaciones y al breve apostólico que la sancionó y aduce las dos razones por las que se pide la separación: los luqueses no quieren renunciar a los bienes estables y prefieren dedicarse a sus propios ministerios, según sus estatutos, antes que al de las Escuelas Pías. (31) Por tanto, para que no sufra detrimento alguno «tan piadosa obra», anula sin más el papa su propio breve anterior y «erige de nuevo e instituye» (32) la que ha de llamarse Congregación Paulina de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías.
No hay alusión alguna a la petición del memorial y de la «fórmula» de que nadie pueda enseñar o abrir casas con el título de Escuelas Pías salvo los de esta congregación. (33) Quizá parecía demasiado obvio y se omitió; pero en realidad, ya entonces existían Escuelas Pías en Bolonia y se iban a abrir pronto en Florencia, si no estaban abiertas antes que las de Bolonia, ambas por el antiguo colaborador de Calasanz, don Juan Francisco Fiammelli. (34). Incluso, más adelante, otras fundaciones homónimas movieron a Calasanz a pedir y obtener breve de Urbano VIII para mantener la exclusividad del nombre de Escuelas Pías. (35)

Omite también el breve la concesión de que dentro de los veinte días siguientes a su publicación puedan incorporarse a la nueva congregación los luqueses que lo deseen. Pero aunque se omitiera en el breve, la concesión se mantuvo, pues hubo en efecto un grupo que la aprovechó.
Respecto a los seis puntos numerados que forman la segunda parte del memorial-informe, he aquí lo que se decidió en el breve:
1. Se mantiene todo lo contenido en este punto, salvo que los votos serán simples, pero se omite la palabra «perpetuos». (36) Y en cuanto a la pobreza suma, en el memorial se especificaba el sentido de bienes inmuebles con casos concretos, mientras el breve prescinde de detalles, dejando escuetamente la referencia a bienes inmuebles y a los que se tienen por tales. (37)
2. Este punto quedó ya eliminado en la «minuta», pero Calasanz lo volvió a incluir en términos equivalentes en sus Constituciones. (38)
3. En términos generales hay que lamentar el estilo confuso, desordenado, poco elegante, impreciso, impropio de un texto constitucional, con que se ha redactado este breve. Y particularmente este punto 3, el párrafo más largo de todos y el más importante, es un verdadero cajón de sastre, sin puntos intermedios, plagado de comas y puntos y comas, con un hipérbaton enrevesado, laborioso, plúmbeo. En una sola parrafada -más que párrafo- se engarzan los puntos 1, 3, 4 y algunas ideas más de la parte primera del memorial-base. Concretamente el importantísimo punto 3 del memorial, referente a la gratuidad y al ministerio de enseñar-educar, propio de las Escuelas Pías, viene transcrito casi literalmente, aunque con dos omisiones de detalle, además de la relativa a la Filología, ya hecha en la «minuta». Las dos nuevas se refieren a la «oración continua» y al «acompañamiento de los niños a sus casas», ambas prácticas entrañablemente estimadas por Calasanz y consideradas como medios eficaces de formación cristiana. (39)
4. Se mantiene el texto del memorial, eliminando la referencia a casas de ejercicios, ya tachada para la minuta.
5. Este número fue eliminado por completo, acentuando con ello el carácter mendicante de la Congregación y renunciando así a toda clase de seguridades económicas. (40)
6. Se concede al P. José y a su Congregación, con el consentimiento del cardenal Giustiniani, que compongan toda la legislación necesaria y pertinente, acomodada a la normativa eclesiástica, y que deberá ser aprobada por la Santa Sede, tal como se proponía en el memorial y se matizaba luego. (41)
Indudablemente las disposiciones más importantes de este breve fundacional son, a nuestro juicio, estas cuatro: abolición del breve de unión con los luqueses, fundación de la nueva Congregación, título propio de la misma y nombramiento del P. Prefecto, José de Calasanz, para Superior General a beneplácito del papa. (42)
Hay, además, un inciso en este breve inexplicado hasta hoy, y al parecer inexplicable por falta de documentos o simples datos que lo aclaren. Dice Pablo V: «habiendo sabido que la obra de las Escuelas Pías, erigidas por Nos en nuestra Urbe para enseñar y educar a los pobres, daba frutos abundantes…». (43) ¿Cuándo y en qué sentido erigió Pablo V las Escuelas Pías en Roma? Si tal afirmación sólo constara en este breve, podría interpretarse en el sentido de que al confiar la obra de las Escuelas Pías a los luqueses con el breve de -unión del 14 de enero de 1614, elevaba la obra al rango de congregación pontificia, tal como había hecho Clemente VIII con la Congregación luquesa. Por ese motivo, considerando que el resultado de la unión era una creación distinta, le había cambiado el nombre, llamándola «Congregación (conjunta) de la Madre de Dios». Al separarlas ahora, podía decir que «de nuevo» (por segunda vez) volvía a erigir y fundar la Congregación de las Escuelas Pías, a la que daba un nuevo nombre, el suyo propio, de «Paulina». (44)
La suposición, empero, no tiene consistencia, pues la enigmática expresión del breve fundacional de 1617 está tomada literalmente del breve de unión de 1614. (45) No hay ningún otro breve de Pablo V en que ni antes ni después repita la expresión, en circunstancias similares. (46) De aceptarse, pues, la supuesta «erección» o fundación de Pablo V habría ocurrido antes de la unión con los luqueses. Nos consta, por otra parte, que el primer papa que aprobó, al menos de viva voz, la corporación de las Escuelas Pías fue su antecesor Clemente VIII, por lo que respecto a Pablo V no podría hablarse de «erección o aprobación primera», sino en todo caso de confirmación oral o escrita. Pero no consta por referencia ni tradición alguna. (47)
El enigma es todavía más inexplicable si se piensa que el papa Borghese debía estar enterado de los-orígenes de las Escuelas Pías, por obra del P. José Calasanz, dada la estima que le profesaba y las conversaciones que tuvo con él. Y por si fuera poco, no faltan memoriales de Calasanz, personales o firmados también por otros, en que se recordaba al papa que las Escuelas Pías habían sido instituidas por el P. José Calasanz. (48) De todos modos, «es absolutamente absurdo –escribió Sántha- atreverse a afirmar que la Congregación Paulina fue fundada por Pablo V solo, casi contra la voluntad de Calasanz o por sorpresa». (49)
Renunciando, pues, a entender la enigmática frase de ambos breves paulinos, lo históricamente cierto es que la «acción fundadora» del papa Borghese respecto a las Escuelas Pías no va más allá de la de otros papas que con sus bulas o breves aprobaron otras congregaciones religiosas.

4. Los pobres, sobre todo
Otra cosa había cambiado también definitivamente en las Escuelas Pías: en adelante no se exigiría a ningún alumno el certificado de pobreza. En el breve de unión con los luqueses ya había conseguido Calasanz -con miras a la futura expansión de sus Escuelas Pías por todo el mundo- que el certificado de pobreza quedara restringido a la ciudad de Roma, pero que no se exigiera fuera de ella. (50) Ahora, el breve fundacional abolía el anterior, y con él la prescripción relativa al certificado de pobreza, que tampoco había sido recordado en el memorial que le sirvió de base. En adelante, pues, no vuelve ya a mencionarse el controvertido certificado, ni nadie lo echará de menos. Si Calasanz lo hubiera considerado un elemento esencial para definir su obra, ésta era la ocasión de pedir su restitución plena, al separarse de los luqueses, causantes -según Vilá- de la restricción impuesta por el breve de unión. (51)
A Calasanz no le interesaba el certificado, sino la dedicación de sus escuelas a los pobres. Y ésta quedaba solemnemente confirmada en ambos breves, y era una cosa tan obvia que el segundo no hizo más que repetir literalmente lo que se había dicho en el primero por dos veces. Ambos definen las Escuelas Pías como «pía y muy laudable de enseñar y formar ‘a los pobres’», (52) y también: «da obra de las Escuelas Pías, erigida por Nos en nuestra ciudad, para enseñar y formar ‘a los pobres’». (53) Y en el breve fundacional todavía se repite la idea tercera vez: «Nos, a fin que no sufra detrimento alguno una obra piadosa y provechosa parala cristiana educación y erudición de los niños ‘sobre todo pobres…’». (54)
Hay, sin embargo, otro inciso en que vuelve a repetirse –por cuarta vez- la misión de la nueva congregación de enseñar y educar a los niños, pero esta vez no añade pobres, por la sencilla razón de que repite literalmente la frase de los dos documentos consecutivos anteriores que sirven de base al breve papal. (55) Esta omisión, no obstante la considera Vilá algo así como una definición «ex cathedra» por la que el papa, contra el sentir fundacional del propio José de Calasanz, habría decidido que el carisma propio de la nueva Congregación Paulina fuera enseñar y educar gratis a los niños, sin más, sin referencia ni preferencia alguna por los pobres. Lo cual sería, lógicamente, transtornar desde sus cimientos la idea fundacional y el carisma del Fundador, precisamente en el momento histórico en que su obra es reconocida oficialmente como congregación religiosa en la Iglesia. Por ello Vilá llega incluso a proclamar a Pablo V como el verdadero fundador de la Congregación Paulina, que lleva su nombre por haber hecho prevalecer su decisión sobre la primigenia del resignado José de Calasanz. (56)
Sin exigir más pruebas, sería suficiente la simple lectura del mencionado breve fundacional -como lo hemos hecho- para desechar la tesis del P. Vilá como absurdas. (57) Pero además es abrumadora la cantidad y variedad de textos del Fundador, de sus colaboradores y contemporáneos, de documentos oficiales de la Orden y de la Santa Sede que coinciden asombrosamente en la idea de que las Escuelas Pías, como Congregación Paulina y como Orden, fueron instituidas sobre todo y ‘principalmente para los niños pobres’. Es inútil querer probar lo evidente. Pero dada la trascendencia del asunto, no podemos menos de aducir algunos textos, como ejemplo.
Empecemos con un precioso ‘Sumario del Instituto de la Congregación Paulina, del que se conservan cuatro copias, dos de las cuales autógrafas de Calasanz. Las cuatro -y probablemente alguna más perdida- fueron redactadas en castellano, con italianismos, para informar sobre lo que era, lo que hacía, el modo de vivir, etc., de la recién fundada Congregación Paulina; por consiguiente, interpreta en parte las ideas fundamentales del breve fundacional. Aunque el contenido es el mismo, no hay ninguna literalmente idéntica a las demás, pero las variaciones son mínimas, salvo en una de las dos copias autógrafas, en que el texto es algo más largo y detallado, por lo que parece ser el primero de la serie. Y en éste precisamente se lee: «tienen por su instituto propio y particular la buena eruditión y pía educatión de Niños de todo stado particularmente de los pobres». En las otras tres copias se lee: «tienen por su instituto la pia educatión y diligente eruditión de los niños». Con lo que no corrige lo dicho en la primera copia, sino que simplemente lo abrevia, como se ve en el resto de todos los Sumarios. (58) Véanse además, sin comentarios, estos textos:
«El instituto de estos Padres es dedicarse a la pía erudición y educación de los niños, sobre todo pobres, empezando por los primeros elementos…». (59) «La Religión de los Clérigos pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías tiene por instituto particular la pía educación de los muchachos y particularmente los pobres». (60) «El Instituto de las Escuelas Pías, que consiste en la erudición y cristiana educación de los niños, sobre todo pobres…». (61) «La mente del P. General -dice de sí mismo Calasanz- ha sido siempre de deber enseñar a los chicos más pobres y abandonados. Pues para los alumnos ricos hay otras escuelas… Quiero decir que nuestras reglas son para enseñar a los pobres y no a los ricos (a no ser por falta de otros maestros), siendo para los ricos todas las demás Religiones, pero solos nosotros para los pobres». (62) «El Prefecto debe con gran caridad recibir a los pobres, aunque vayan descalzos o harapientos o sin ferreruelo, dado que para ellos se ha fundado principalmente nuestro Instituto» (63) «Al banquete de la Sabiduría… las Escuelas Pías llaman a todos, sobre todo a los pobres». (64) «Esta Religión, instituida sobre todo para la educación de los pobres, no es inútil, sino necesaria, a fin que los pobres -no menos amados por Dios que los ricos- no sean excluidos de la debida formación moral y literario». (65)
Volviendo al breve fundacional, fue providencial que al redactarlo tuvieran presente el que iban a abolir y entres acaran al menos dos frases en que expresamente se hablaba de los pobres, pues en el memorial-anteproyecto las dos únicas veces en que se alude a la enseñanza y educación de los niños se omite la palabra pobres66. Y ello porque ambas alusiones están sacadas de la «fórmula de concordia», (67) en la cual no ya dos sino seis veces se alude al tema, sin que ni una sola se añada ‘pobres’ a la palabra ‘niños’. (68) Y quizá la explicación esté en el hecho de que lo que se discutía o se trataba de acordar no era la ‘cualidad de pobreza de los alumnos’ -ni siquiera se discutía la oportunidad de conservar o abolir el famoso certificado-, sino ‘la calidad de la pobreza de los religiosos’ y la exclusividad o al menos preferencia del instituto de las escuelas sobre el tradicional de los luqueses.
A muchas cosas debió renunciar Calasanz y someterse a ideas ajenas, pero a lo que no podría nunca ceder era a su dedicación preferencial a los pobres. Eso era como la columna vertebral de toda su vida y de su obra. Precisamente en estos años de convivencia con los luqueses tuvo ocasión de escribir a su amigo don Jaime de Palafox, marqués de Ariza, «el último de Hebrero 1615», esta frase memorable: «Plegue a su divina Majestad me inspire lo que sea para mayor gloria suya y ayuda de los pobres, en servicio de los quales pienso emplear lo poco que me diere de salud y vida». (69) Y plugo a Dios que no fuera poco, sino mucho.

5. El grupo inicial y la primera vestición
Un elemental sentido de prudencia aconsejaba a Calasanz y a quienes con él planearon la institución canónica de la nueva Congregación Paulina hacer un previo recuento de fuerzas antes de lanzarse a la ventura. En el que he llamado «memorial de quejas» de finales de 1616 o principios de 1617, terminaba diciendo el P. Prefecto al papa que si los luqueses no querían cumplir, que dejaran las escuelas, «pues no faltarían sujetos aptos para llevar dichas escuelas con toda diligencia y perfección». (70) Y lo más probable es que no fuera una simple conjetura o deseo, sino el resultado de cálculos más o menos aproximados.
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