1: introduccióN: herencia natural y herencia cultural






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UNIDAD 5: NATURALEZA Y CULTURA
1: INTRODUCCIÓN: HERENCIA NATURAL Y HERENCIA CULTURAL

Lee y comenta el siguiente texto:
TEXTO 1:

Existen en la humanidad dos clases de herencia: la biológica y la cul­tural, que pueden ser también llamadas herencia orgánica y heren­cia superorgánica. La herencia biológica es, en el hombre, seme­jante a la de los demás organismos dotados de reproducción sexual y está basada en la transmisión, de padres a hijos y por medio de las células sexuales, de la información genética codificada en el ADN. La herencia cultural, por el contrario, es exclusivamente humana y reside en la transmisión de información mediante un proceso de en­señanza y aprendizaje, que es, en principio, independiente de la herencia biológica. La cultura no sólo se transmite por la instrucción y la enseñanza, sino también por el ejemplo y la imitación, por me­dio de los libros, los periódicos y la radio, la televisión y el cine, a través de los objetos de arte y por cualesquiera otros medios de co­municación.

La herencia cultural hace posible para el hombre lo que ningún otro animal puede llevar a cabo, esto es, la transmisión acumulativa de sus experiencias, de generación en generación. Los animales son ca­paces de aprender por experiencia, pero no de transmitir sus expe­riencias o «descubrimientos» a las generaciones futuras. Los anima­les tienen memoria individual, pero no «memoria» social; por el contrario, los seres humanos han heredado una cultura, precisamen­te debido a su capacidad de transmitir sus experiencias acumulativa­mente, de una a otra generación. [...]

La herencia cultural hace posible la evolución cultural; esto es, la evolución del conocimiento, la ética, las estructuras sociales y todos los demás elementos que constituyen la cultura, haciendo posible un nuevo modo de adaptación exclusivo de los seres humanos: la adap­tación por medio de la cultura. [...]

Sin embargo, la evolución biológica y la evolución cultural están re­lacionadas mutuamente, como las dos vertientes de una cordillera, que pueden ser muy diferentes en topografía, e incluso en flora y fauna, pero que conducen a las mismas cimas y que no pueden exis­tir la una sin la otra. La cultura sólo puede aparecer si existe una ba­se biológica adecuada y depende enteramente de la naturaleza y propiedades de tal base. Al mismo tiempo, la cultura extiende sobre­manera el poder adaptativo de la naturaleza biológica y constituye, hoy en día, la fuente más importante de los cambios ambientales que propelen la evolución biológica del hombre.

De ahí que, aun cuando la evolución cultural predomina sobre la biológica, ésta continúa aún en la especie humana y tal vez se haya acelerado en épocas recientes, precisamente debido a las nuevas condiciones ambientales creadas por la cultura.

(Francisco J. Ayala, Origen y evolución del hombre)
1. Establece las diferencias entre los dos tipos de herencia que posee el ser humano.

2. ¿Cuál es la interdependencia que existe entre la naturaleza y la cultura según el texto?

3. ¿Cuál es, según Ayala, el atribu­to distintivo de la humanidad y cómo lo justifica?
Por lo tanto, siguiendo le leído en el texto anterior podemos concluir diciendo que los seres humanos poseemos dos clases de herencia: la herencia natural y la herencia cultural. No nacemos desnudos, en el sentido metafórico del término: nacemos con una dotación genética que es prácticamente común con el resto de los miembros de la especie, adquirida a través de millones de años en el largo proceso evolutivo de la hominización. En cada uno de nosotros se encuentran prácticamente todos los genes responsables de las características físicas de nuestra especie, y la posibilidad de reiniciarla desde un principio mediante la reproducción sexual y los mecanismos responsables de nuestra variabilidad.

Además de esta herencia, nacemos a todo un mundo de objetos y de ideas ya desarrollado. Nacemos y adquirimos un lenguaje, vestidos, una forma de alimentarse, un hospital, unos conocimientos médicos, un sistema familiar, un cariño de nuestros progenitores, una televisión y una radio, una cuna… Sin embargo, todo este repertorio cultural no se encuentra almacenado en nuestros genes, sino en las neuronas de los cerebros de multitud de sujetos biológicos individuales y en el sinfín de objetos que nos acompañan. Si la herencia natural la cobramos en genes, en una cadena de ADN, la herencia cultural la cobramos en información.

La herencia biológica la recibimos toda ella por entero al nacer, cuando adquirimos individualmente los genes que determinan nuestro organismo; de la cultural sólo podemos recibir una parte (la cultura es necesariamente compartida), y no dejamos de seguir recibiéndola a lo largo de nuestra vida, mediante el aprendizaje social.
La herencia biológica es una condición necesaria para poder adquirir la herencia cultural. El desarrollo de la cultura exige unas complejidades y sofisticaciones biológicas que sólo se dan en el caso de los humanos. El texto lo expresa con un símil extraordinariamente gráfico: las dos herencias se relacionan como las dos vertientes de una montaña, puesto que la cumbre necesariamente se debe apoyar en las dos laderas.

La cumbre, en este caso, es la capacidad adaptativa humana; como vemos, se basa tanto en nuestra herencia biológica como en nuestra herencia cultural. Por eso podemos alcanzar un punto tan alto de éxito adaptativo (la cumbre es siempre lo más alto); porque poseemos dos tipos de herencia, frente al resto de los animales, que sólo reciben una de ellas. Los seres humanos somos las altas montañas; los demás animales se establecen por los valles.
Sin embargo, llegados a tener que decidir sobre cuál sea el atributo distintivo de la humanidad (estamos analizando la Pregunta 3), no cabe duda que se trata, sin duda, de la posesión de la cultura. ¿Por qué? Porque precisamente es lo que nos distingue del resto de los animales, que no la tienen, pero sobre todo, porque, como fuerza adaptativa, puede superponerse a la propia naturaleza y a las condiciones de la selección natural. Y ello, de dos manera diferentes y a la vez complementarias: por un lado, porque la herencia cultural aumenta de forma brutal la capacidad de la especie humana para sobrevivir enfrentándose a cualquier exigencia de la naturaleza; por otro lado, porque la propia cultura puede modificar enormemente las condiciones ecológicas y medioambientales (en otras palabras, transforma y modifica la naturaleza) en las que se juega la lucha por la existencia


  1. EL HECHO DE LA DIVERSIDAD CULTURAL


Hay un aspecto, sin embargo, en el que ambas herencias se contraponen de forma casi absoluta. La herencia natural de la especie humana es única para toda la especie. El proceso de hominización es todo un proceso de convergencia biológica (de hecho, somos una población numerosísima -6000 millones- dentro de la que no existen subespecies; las razas humanas carecen de rigor clasificatorio, y en realidad resumen aspectos que pueden llamar la atención a las mentalidades racistas, pero son de escasísima relevancia biológica).

Sin embargo, el proceso de humanización, una vez puesto en marcha, no es convergente sino divergente. Admite y exige la posibilidad de multitud de variaciones culturales diferentes. La herencia cultural que es posible recibir es variadísima, y depende tanto del momento histórico en el que se nazca, como del lugar geográfico, puesto que al fin y al cabo las variaciones culturales expresan la capacidad humana para enfrentarse de innumerables maneras a sus condiciones de existencia, que están en continuo cambio. En conclusión: la diversidad cultural es un hecho genuino y específico humano. Lo peculiar y específicamente humano es la diversidad cultural, la heterogeneidad cultural (a la vez que la homogeneidad biológica).
El hecho de la diversidad cultural se aprecia de forma cruda y descarnada en el Texto 2 que vamos a comentar a continuación. Este texto nos enfrenta al modo de vida de unos seres humanos, los yanomamo, que habitan en las selvas del río Orinoco, en Venezuela.

TEXTO 2:

La vida de los hombres y mujeres yanomamo: En el momento en que un varón yanomamo típico alcanza la madurez, su cuerpo está cubierto de heridas y cicatrices como consecuencia de innumerables peleas, duelos e incursiones militares. Aunque desprecian mucho a las mujeres, los hombres yanomamo siempre están peleándose por actos reales o imaginarios de adulterio y por promesas incumplidas de proporcionar esposas. También el cuerpo de las mujeres yanomamo se halla cubierto de cicatrices y magulladuras, la mayor parte de ellas producto de encuentros violentos con seductores, violadores y maridos. Ninguna mujer yanomamo escapa a la tutela brutal de típico esposo-guerrero yanomamo, fácilmente encolerizable y aficionado a las drogas. Todos los hombres yanomamo abusan físicamente de sus esposas. Los esposos amables sólo las magullan y mutilan; los feroces las hieren y matan.

Un modo favorito de intimidar a la esposa es tirar de los palos de caña que las mujeres llevan a modo de pendiente en los lóbulos de las orejas. Un marido irritado puede tirar con tanta fuerza que el lóbulo se desgarra. Durante el trabajo de campo de Chagnon, un hombre que sospechaba que su mujer había cometido adulterio fue más lejos y le cortó las dos orejas. En una aldea cercana otro marido arrancó un trozo de carne del brazo de su mujer con un machete. Los hombres esperan que sus esposas les sirvan a ellos y a sus huéspedes, y respondan con prontitud y sin protestar a todas sus exigencias. Si una mujer no obedece con bastante prontitud, su marido le puede pegar con un leño, asestarle un golpe con un machete, o aplicar una brasa incandescente a su brazo. . . Las mujeres que huyen de sus maridos sólo pueden esperar una protección limitada por parte de sus parientes masculinos. La mayor parte de los matrimonios se contratan entre hombres que han acordado intercambiar hermanas. El cuñado de un hombre suele ser su pariente más próximo e importante. Ambos pasan muchas horas en mutua compañía, soplándose mutuamente polvos alucinógenos en las narices, y tendidos juntos en la misma hamaca. En un caso relatado por Chagnon, el hermano de una mujer fugitiva se irritó tanto con su hermana por perturbar la relación de camaradería que le dispensaba su marido que la golpeó con un hacha. Chagnon afirma que las mujeres yanomamo esperan ser maltratadas por sus maridos y que miden su estatus como esposas por la frecuencia de las palizas que les propinan sus maridos. Una vez sorprendió a dos mujeres jóvenes discutiendo sobre las cicatrices de su cuero cabelludo. Una de ellas le decía a la otra cuánto la debía querer su marido puesto que la había golpeado en la cabeza con tanta frecuencia. Al referirse a su propia experiencia, la doctora Shapiro cuenta que su condición sin cicatrices y sin magulladuras suscitaba el interés de las mujeres yanomamo. Afirma que decidieron que "los hombres a los que había estado vinculada no me querían en realidad bastante". Aunque no podemos concluir que las mujeres yanomamo desean que se las pegue, podemos decir que lo esperan. Encuentran difícil imaginar un mundo en el que los maridos sean menos brutales.

(M. Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas. Alianza Ed.,Pág.. 83-87)
1. ¿Cómo es el modo de vida de los varones y las mujeres yanomamo?

2. Explica si las palizas que se propinan a las mujeres yanomamo están institucionalizadas culturalmente (es decir: se consideran “naturales” dentro de esa cultura). Subraya las partes del texto que sirvan de base a tu explicación.

3. ¿Podemos establecer relaciones entre "institucionalización de conductas" (las prácticas “naturales” de esa cultura) y "valores" (lo que en esa cultura se considera “bueno” o “malo”)? ¿Priman los valores o las conductas?

Al ir contestando a la Pregunta 1, no salimos de nuestro asombro: son una gente cuya vida cotidiana consiste en la agresión y en la lucha (los hombres como sujetos activos; las mujeres como sujetos pasivos); el consumo de drogas; la violencia desproporcionada… Y además, un mundo mental perfectamente coherente y conforme con ese modo de vida: eso es lo normal para ellos, ese es el tipo de relaciones entre las personas, y entre hombres y mujeres…
Este texto nos plantea el hecho de la diversidad cultural de forma extraordinariamente cruda, precisamente porque no se queda en la descripción externa de conductas chocantes, sino que intenta entrar en las formas de pensamiento de las personas que comparten esa cultura. ¿Cómo es posible que las mujeres soporten semejante vida? ¿Cómo es posible que una conducta que nuestro sistema nervioso detecta como dolorosa y peligrosa, y tiene que generar enormes dosis de terror y estrés se pueda pensar como normal? Pues efectivamente, eso sucede; a las mujeres yanomamo eso les parece una institución cultural perfectamente normal y asumible, como lo es para nosotros vestir de rosa a los bebés del sexo femenino, y de azul claro a los del masculino. Al ver un bebé vestido de color rosa, esperamos que sea una hembra; del mismo modo la mujer yanomamo espera ser golpeada y agredida por su marido, y piensa, con perfecta lógica, que la antropóloga sin heridas no debía haber sido amada por ningún hombre. Este tipo de reflexiones serían la respuesta a la Pregunta 2.
La última conclusión que debemos sacar de este texto es que el hecho de la diversidad cultural es aún más radical y fundamental de lo que parece a primera vista. No consiste tan sólo vivir de forma diferente, más o menos exótica para nuestro punto de vista. Va mucho más allá: la diversidad cultural supone además pensar de forma diferente y sentir de forma diferente. La diversidad cultural supone construir un mundo mental de valores, de estimar las cosas como buenas o malas, apetecibles o despreciables, totalmente diferente. La diversidad cultural supone establecer mundos de valores radicalmente diferentes e incompatibles (podemos reproducirnos sexualmente con los yanomamo, puesto que tenemos la misma herencia biológica; en cambio, nos es imposible convivir culturalmente con ellos, porque nuestra herencia cultural respectiva no posee elementos en común).

Expresado esto en los términos precisos de la Pregunta 3: la institucionalización de conductas y formas de vida diferentes, lleva a establecer y fundamentar valores y formas de pensar diferentes. Vivir diferente lleva a pensar y sentir diferente.
Automáticamente surge un problema filosófico asociado a esta cuestión: ¿Qué cosa determina a qué otra? ¿Son nuestra forma de vida, nuestras condiciones materiales de existencia, las que determinan nuestra forma de pensar, nuestros valores, las ideas que hay en nuestra cabeza? ¿O es al revés, son los valores e ideas que pensamos los responsables del tipo de vida real y material que desarrollamos? ¿Es la materia la que determina las ideas, o por el contrario, son las ideas las que determinan la materia? Este dilema no admite una respuesta clara y plantea los puntos de vista generales del materialismo y el idealismo (en sentido filosófico).
Otra cuestión asociada a la diversidad cultural es la siguiente: ¿Es lo normal para los seres humanos reconocer el hecho de la diversidad cultural? ¿Es lo habitual para los seres humanos reconocer que cualquier forma cultural es tan humana como cualquier otra? ¿Es acaso nuestro punto de vista asumir que tan humano es el modelo cultural yanomamo como el nuestro? ¿O más bien pensamos que los yanomamo son bárbaros, salvajes o primitivos, y que, desde luego, nosotros estamos más civilizados, tenemos más cultura? ¿No estará la cultura yanomamo más próxima a la naturaleza, más próxima a lo animal y a lo instintivo, en un grado inferior a la nuestra…?

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