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fecha de publicación16.08.2015
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EFAM – Escuela de Formación y Animación Misionera – Pastoral Misionera Arquidiocesana – Salta

Antropología para la Misión




ANTROPOLOGIA PARA LA MISIÓN
Contenidos:

  • ¿Qué es esto de Antropología?

  • El hombre, ser social

  • El hombre, ser religioso

  • El hombre nuevo en Cristo


¿Qué es esto de antropología?

Cuando se habla de antropología se hace referencia al estudio del hombre; es la ciencia que estudia al hombre (antropología: del griego antropos, que significa hombre; y logos significa estudio). Pero hay muchas ciencias que estudian al hombre como la medicina, la psicología, la filosofía,…. Todas ellas nos presentan una faceta determinada del hombre.

El hombre ser racional y libre; el hombre es un ser capaz de hablar; es un ser capaz de crear; un ser capaz de grandes sacrificios pero también de grandes iniquidades

El hombre hoy es un ser inseguro, sin amor, abandonado, sin esperanza, sin sentido de la vida, el hombre que busca el silencio, el hombre que se olvida de los demás, el hombre filantrópico, el hombre vacío, el hombre sin trabajo, el hombre piquetero, el hombre de los comedores, el hombre que se olvidó del esfuerzo, el hombre light ……..

Ya en el año 1979 el Documento de Puebla nos llamaba a ver los ROSTROS del hombre latinoamericano (31-50).

El hombre de hoy es un hombre que sufre que se siente solo

Pero ese hombre se desarrolla en diferentes ámbitos y lugares, por ejemplo no es lo mismo el porteño que el cordobés, no es lo mismo la gente del Barrio Solidaridad de la gente de Castañares, no es lo mismo la gente de la Puna que la de los Valles Calchaquíes.

Cada situación geográfica también determina comportamientos, gestos, costumbres, modos de pensar (cultura).

Por tanto a la hora de evangelizar debemos tener presente todas estas cosas, porque por medio de esos gestos entra la evangelización.

El hombre es ese ser envuelto en misterio, pero con su propia historicidad.

Vamos a desarrollar tres puntos:

  1. El hombre como ser social, hecho para la comunión.

  2. El hombre ser religioso

  3. El hombre nuevo en Cristo

Ahora bien, la antropología para la misión ¿qué aspecto del hombre estudiará? Eso es lo que trataremos de ver.

Tema 1: El hombre, ser social

El acento está puesto en lo social, nos enseña el Concilio en el número: “Pero Dios no creó al hombre en solitario. Desde el principio los hizo hombre y mujer (Gn. 1,27). Esta sociedad de hombre y mujer es la expresión primera de la comunión de personas humanas. El hombre es, en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás” (GS.12).

El Concilio acentúa fuertemente esta dimensión social del hombre, y este es un punto común con todos los demás hombres y creencias, se afirma a nivel social y científico que nadie puede alcanzar por sí mismo su desarrollo como persona y realizar plenamente su humanidad.

Pero también hay antropologías que se centran sólo en el propio hombre, quizás no es una declaración explícita su postura ante la concepción de hombre pero sí se esclarece a la hora de manifestar al hombre en relación con sus semejantes. Veamos por ejemplo lo que propone el filósofo René Descartes, el propone un dualismo psico-físico con lo cual condujo antropología hacia el estudio de estos dos polos: el alma y el cuerpo. Es decir el hombre es este compuesto alma – cuerpo, pero ambos son independientes, a esto se le llama dualismo. A partir de ahí se originó la separación entre una antropología física y una antropología del espíritu o filosófica que, marcadas por aquel dualismo, se mantuvieron separadas y sin apenas conexiones entre sí. De esta manera Descartes legará a la posteridad un dualismo extremo entre el hombre máquina y el “fantasma en la máquina”. Pero este planteamiento, al tratar el cuerpo como mera extensión, tenía la ventaja de desvincular el cuerpo humano de la correspondencia mágica entre macrocosmos y microcosmos, y de dejar de considerar al hombre como imagen de Dios, aparecía la posibilidad de constituirse una antropología o ciencia del hombre, independizada de Dios puesto que el estudio del hombre ya podía entenderse independientemente del estudio de su “creador”. Además con este pensador el hombre se vuelve sobre sí mismo, y cambia su relación con su entorno social.

Otro pensador fue Kant, filósofo alemán, él resume las grandes cuestiones filosóficas, ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo esperar?, en esta última y definitiva cuestión: ¿qué es el hombre? Kant distinguirá entre antropología fisiológica que estudia lo que la naturaleza hace del hombre (¿Qué es el hombre?), y antropología empírica (conocimiento del hombre en tanto que ciudadano del mundo), que trata del hombre “como ser que obra libremente”, y de lo que “hace o puede y debe hacer de sí mismo”. Aquí el hombre es relegado al ámbito de su subjetividad.

Otro pensador es Karl Marx, si bien hablará del hombre como aquel que forma parte de una gran estructura, considera que el hombre allí es como absorbido por esa estructura alienante y él sólo se relaciona con la sociedad por medio de su trabajo, sostiene una concepción mecanicista del hombre. El hombre máquina es una expresión elaborada por Julien Offray de La Mettrie en su obra L´homme machina; aquí se desarrolla consecuentemente las concepciones del materialismo mecanicista que le permiten considerar al hombre como una máquina. Esto se genera a partir del siglo XVII por los grandes avances en la mecánica lo cual fomenta una corriente de pensamiento fuertemente mecanicista. Es este cuerpo-máquina quien piensa. Los efectos inmediatos de esta consideración fueron la anulación de la diferencia de género, o de naturaleza, entre el hombre y el animal, que pasa a ser una diferencia de grado, y la extensión del mecanicismo filosófico a todo el universo, transformándose en materialismo. (Modernamente, con la aparición de los sistemas cibernéticos, las computadoras y la denominada “inteligencia artificial”, se plantea de nuevo esta cuestión, aunque desde la perspectiva, fuertemente influenciada por la idea de la máquina de Turing, de si las máquinas piensan).

Otro pensador es el psicólogo suizo Jean Piaget su gran aporte a la humanidad fue estudiar la génesis del pensamiento de una forma empírica, basada en la observación; de allí que su teoría se llama “genética”. La idea fundamental de la epistemología genética es que el conocimiento, y con él la inteligencia, es un fenómeno adaptativo del organismo humano al medio; es una relación del individuo con el medio.

Otro pensador es J. P Sartre que considera al hombre como un ser libre; un ser que no es una cosa existente del mundo, sino un yo constantemente por hacer, condenado a hacerse y, por lo mismo, a ser libre, pero la libertad no es una cualidad de ningún sujeto, sino el mismo hacerse de la conciencia humana; más que “ser” el hombre es “hacerse”» y no se es nada que no se haya elegido. Por eso mismo el hombre es fundamento de todos los valores, cuya existencia decide. Obligado el hombre a decidir lo que es y a decidir el sentido que da a las cosas y al mundo, no puede por menos de experimentar la angustia que nace de esta responsabilidad consustancial a la estructura misma de la conciencia. De allí su necesidad de un constante replanteo de su existencia.

Otro pensador que no podemos dejar de citar es Friedrich Nietzsche, filósofo alemán, nació en el seno de una familia profundamente protestante (tanto sus abuelos como su padre fueron pastores protestantes). Estudió teología pero luego la abandonó para dedicarse solamente a la filología clásica, luego se dedicó a la filosofía.

La filosofía de Nietzsche en su conjunto es, por una parte, una crítica radical a los fundamentos de la cultura occidental basada en una metafísica, una religión y una moral que han suplantado e invertido los valores vitales; por otra parte, es un intento de superación de esta cultura a la que califica como producto del resentimiento contra la vida. Es quien propone “La muerte de Dios”, o sea que la religión es el conjunto de trasmundos inventados por la religión, gran mentira que convierte la vida en una mera sombra. La idea de Dios, entendida como el fundamento del mundo verdadero, es la gran enemiga. El espíritu libre es aquél que es capaz de perderle el respeto, capaz de asumir que “Dios ha muerto”, es decir, capaz de asumir que se debe acabar con el “mundo verdadero”. En lugar de Dios propone la nada. Asumir la muerte de Dios implica saber que se está sin brújula, sin valores. Esto es el nihilismo que, en su aspecto negativo, es el movimiento histórico propio de la cultura occidental en cuanto cumplimiento de la esencia de la metafísica, que había puesto lo verdaderamente ente como un más allá y, por tanto, conduce a una aniquilación de los valores vitales. Esta es la base que permite la aparición del superhombre: un dios terrenal capaz de recuperar los predicados divinos para el hombre. El superhombre es el que asume con todas sus consecuencias la muerte de Dios y no lo sustituye por otros valores (la ciencia, el Estado, la comunidad, la técnica, etc.), sino que asume plenamente la vida. En este sentido, es propiamente el más fuerte, el más noble, el señor, el legislador, el auténtico filósofo, en cuanto que no precisa de unos falsos valores; es el que supera la prueba del eterno retorno. Es el creador de “otro sentido”, no meramente el inversor del sentido de lo decadente, sino creador de nuevos valores, razón por la que aparece como un demente para los últimos hombres. No se trata, pues, de un hombre biológica o racialmente superior, sino que el superhombre, que es “el sentido de la tierra”, es el más real de los hombres, el que se opone al “último hombre”, es decir, el que se opone al hombre caracterizado por el resentimiento contra la vida.

Frente a todo esto el Concilio reafirma que el hombre no se realiza por sí mismo, sino que es un ser social y aquí encuentra su plena realización.

Es importante frente a estas concepciones del hombre recordar lo siguiente: “En la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, es una síntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su más alta cima y alza la voz para libre alabanza del Creador” (GS. 14).

Finalmente, la consideración de lo que es el hombre no puede agotarse simplemente con un tratamiento de orientación antropológico-biológica. El hombre no se caracteriza solamente, aunque sí primaria y principalmente, por el lugar que ocupa en el mundo, sino que es, además, un ser es esencialmente cultural; de allí su necesidad intrínseca de relacionarse.

Tema 2: El hombre, ser religioso

Pero ese hombre que se muestra a veces vacío es un hombre hecho para la comunión, es un hombre religioso (que no es lo mismo que tener fe, o sea un hombre de fe).

Nos enseña el catecismo de la Iglesia que el hombre es por naturaleza un ser religioso y por vocación, el salió de Dios y a Dios regresa.

El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre.

También nos enseña la GS. Nos habla de que la grandeza del hombre está en su ser creado a imagen y semejanza del Creador (nº 12 ss).

Por tanto este hombre es fundamentalmente un hombre sediento de algo superior, de trascendencia, de lo absoluto…. De Dios diríamos nosotros.

Por eso este hombre sediento de lo Alto, se manifiesta así como todos los días lo hace. O sea por medio de gestos, de cantos, de oraciones, de ritos,….. Veamos lo que nos dice el documento de Puebla:

El DP 444 : “por religión del pueblo, religiosidad popular, entendemos el conjunto de hondas creencias selladas por dios, de las actitudes básicas que esas convicciones derivan y las expresiones que las manifiestan...”, un rápido análisis de esta definición nos dice tres cosas: la fe (conjunto de hondas creencias); la ética (actitudes básicas) y el rito (expresiones que manifiestan). O sea que no es una experiencia individual sino el modo cultural que la religión adopta en el pueblo. Dicho de otra manera se entiende por religiosidad popular los gestos modelados, las creencias y los valores que han sido asumidos por el pueblo a diversos niveles, como expresiones espontáneas de su vivencia religiosa.

Los rasgos dominantes están marcados por: la imagen de Dios (un sentido de la paternidad divina, de la creación y de la providencia), la imagen popular de Cristo (adoración a Cristo crucificado, la adoración de la cruz, el valor del sacrificio personal, la presencia de Jesús entre los pobres y los que sufren, el poder de su divinidad- adoración al niño Dios), devoción a la Virgen Maria y la devoción a los Santos, considerados como poderosos intercesores y auxiliadores.

El hecho de acentuar religiosidad y no piedad, es porque en el término piedad popular se designa las diversas manifestaciones cultuales, de carácter privado o comunitario, que en el ámbito de la fe cristiana se expresan principalmente a través de las prácticas piadosas y muchas veces encerrarse en una propuesta meramente cultual; se trataría de un reduccionismo impropio de la fe cristiana, o sea caer en un mero ritualismo, propio de las religiones mágicas. La categoría religiosidad es un ámbito de elaboración más abarcativo, ya que incluye el dato de la fe como don divino (hondas creencias selladas por Dios....) pero además incluye el dato de la ética fundamental (actitudes básicas) que afirma el valor de la vida humana, su dignidad y las manifestaciones o expresiones populares.

Lo que hasta aquí se ha llamado religiosidad popular, recibe el nombre de catolicismo popular, ya que la religiosidad latinoamericana no es cualquier clase de religiosidad que surgiera por ejemplo del islamismo o del hinduismo o del budismo sino que se trata de una religiosidad que específicamente nace de la religión católica. Es la religiosidad de una inmensa mayoría de latinoamericanos bautizados dentro de la Iglesia católica, por la aceptación de ciertos valores, con muchas imperfecciones, pero así y todo, religiosidad popular católica. Tratase de formas de pertenencia a la Iglesia, de aquello que quiere vivir, en la sinceridad de la fe cristiana y en la adhesión a la Iglesia.

Y esto es el conjunto de creencias, de valores, de ritos, organizaciones y normas, que surgidas del dogma católico han hecho nacer un pueblo en América latina, de su origen común y de su destino histórico. De esta forma el catolicismo popular latinoamericano, como expresión cultural, brota del hondo sentido religioso del pueblo, desde sus raíces ancestrales previas a la evangelización y de la misma evangelización. Se expresa y brota también en mutua relación de las creaciones culturales más profundas: de la literatura latinoamericana, de su poesía, filosofía, teología y de una experiencia acumulativa de vivencias.

El sistema religioso popular, a pesar de ciertos rasgos ritualistas y que a muchos pueden parecer de escaso valor, implica una ligazón vivida con el hondo sentido de la existencia, en donde se proporciona respuesta a las preguntas básicas del hombre: ¿de dónde viene y a dónde va?. En su fe, el pueblo sabe que todo está gobernado por la providencia de Dios. Por eso la religión sigue siendo un ingrediente esencial del mundo latinoamericano y no puede entenderse al hombre de nuestro continente si se prescinde de tal dimensión.

De esta manera se constituye en América Latina el prerrequisito hondo de toda cultura: “la memoria cultural”, que significa recuerdo, permanencia y semilla del futuro y esto es una memoria cristiana.

En P.457 se afirma que la Iglesia en esta evangelización ha de apelar a la “memoria cristiana de nuestros pueblos”, significa que así como los evangelizadores en África y Asia deberán salir al encuentro de las semillas del Verbo, en nuestro continente la búsqueda del Dios que vive en el pueblo ha de hacerse por las huellas de esa memoria cristiana.

Sigue diciendo p. 457 “...será una labor de pedagogía pastoral, completado y dinamizado por el Evangelio,...en la práctica será reanudar un diálogo pedagógico, a partir de los últimos eslabones que los evangelizadores de antaño dejaron en el corazón de nuestro pueblo. Para ello requiere conocer los símbolos, el lenguaje silencioso, no verbal del pueblo, con el fin de lograr, un proceso de reinformación catequética”.

Aquí cabe una pregunta ¿la religiosidad popular evangeliza o es necesario evangelizar a la religiosidad popular? Son necesarios los dos caminos hoy, ya que la religiosidad popular está mezclada con “...creencias de superstición, magia, fetichismo, ritualismo; por deformación de la catequesis a nivel interno y por amenazas externas, secularismo, consumismo, desarraigo, etc, que son verdaderos obstáculos para la evangelización..” P456. Es necesario dar adecuadas catequesis y evangelización a las grandes mayorías que han sido bautizadas y que viven el catolicismo popular debilitado; en esa catequesis deberá preocuparse que la fe desarrolle una personalización creciente y una solidaridad liberadora. Si la Iglesia evangeliza a la religiosidad popular, ella es capaz de permanecer con la dimensiones amplias de un pueblo, y no precisa refugiarse en una Iglesia de la minoría. Sabiendo que el mensaje no está reservado a un pequeño grupo de iniciados, de privilegiados o elegidos, sino que está destinado a todos, ya que la Iglesia logra la amplitud de convocación de las muchedumbres en los santuarios y fiestas religiosas. Además “... será una labor de pedagogía pastoral, en la que el catolicismo popular sea asumido, purificado, completado y dinamizado por el Evangelio...” P 457.

Pero “...la religiosidad popular no solamente es objeto de evangelización sino que, en cuanto contiene encarnada la palabra de Dios, es una forma activa con la cual el pueblo se evangeliza continuamente así mismo...” P 450; el mismo documento nos dice “...que la religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responden con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia...” P 448. Ese núcleo central, es el lugar desde donde se estructura una jerarquía de valores, que son las pautas de comportamiento humano de un pueblo. Ellas se expresan en los modos domésticos, vecinales y los espacios más próximos de la vida laboral.

Por tanto a la hora de hablar de antropología para la misión no podemos dejar pasar por alto este dato fundamental porque es el modo de cómo el hombre religioso se expresa (veamos nuestro pueblo de los cerros, de la ciudad, de los barrios, cómo manifiestan ese ser religioso?)

Y aquellos que se muestran indiferentes, se declaran ateos,…… esos también buscan a Dios, aunque lo llame de otro nombre, nos dice el Concilio: LG: 16; NA. 2

Tema 3: El hombre nuevo en Cristo

Pero no podemos dejar de ver un gesto que cambió el curso de la historia de la humanidad; leamos Fil. 2, 5-11, aquí está el mayor gesto de un Dios que es persona, que ama, que nos buscó primero. Leamos la plegaria IV y escuchemos.

Catecismo de la Iglesia Católica nº 50 ss: Dios que sale al encuentro del hombre por medio de la Revelación. Aquí esta la novedad de la Iglesia, le Revela que el no es sólo un hombre religioso sino que es un ser creado a imagen y semejanza de Dios y por eso mismo esta llamado a ser un hombre de fe, ¿Qué es la fe? Un don de Dios, pero que exige este don un acto libre y voluntario, que no violenta nuestra libertad. Sino que nos pide asentimiento, adhesión.

Por ello mismo en aquella expresión del libro del Gn. 1,31 descubrimos que somos seres que llevamos en nosotros la huella de la belleza que el Creador esculpió en nuestro corazón. San Agustín dirá: “Tarde te amé hermosura tan antigua y siempre nueva tarde te amé. Te buscaba tan fuera de mí, pero Tú estabas tan dentro de mí. Me llamaste y quebrantaste mi sordera” (Confesiones).

El hombre nuevo es aquel que desde lo más profundo de su propia humanidad descubre que su propia naturaleza clama por algo mucho más profundo, más verdadero, lo único que es inmutable y que da un nuevo sentido a toda su persona. San Agustín lo dice así: “Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en TI” (Confesiones).

Este descansar el corazón en Dios, es descubrir el profundo llamado de nuestra humanidad, es escuchar el grito de nuestra condición de creaturas de Dios, es descubrir que esto que somos y tenemos es un reflejo de algo mayor, de Cristo el Hombre Nuevo, y por ello es que nuestra vida, nuestra humanidad, nuestro ser hombre clama por esta nueva humanidad (Col. 1, 15-20). Y este grito de humanidad que desea la plenitud de la Vida sólo se esclarece a la luz de Cristo, el Redentor del Hombre: “En realidad, el misterio del hombre en el misterio del Verbo encarnado…porque en Cristo, la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS.22). Aquí encontramos el porqué el corazón del hombre grita por la auténtica humanidad y su plena realización; aquí encontramos porqué el corazón del hombre siempre estará inquieto; aquí nos respondemos a nosotros mismos el porqué de nuestras propias búsquedas de sentido… porque sólo en Cristo, el Hombre Nuevo, el hombre perfecto y pleno, nuestra propia humanidad no es absorbida, sino llevada, elevada a una dignidad sin igual (GS. 22).

Aquí está el objetivo de la antropología para la misión, su fundamento: llevarnos a la profunda reflexión de nuestra propia humanidad, de nuestras propias búsquedas, de nuestras propias aspiraciones como hombres y desde allí abrirnos al encuentro co Cristo el Hombre Nuevo, sólo así nuestra antropología será capaz de abrazar a todo el hombre que encontramos en el camino de misión; de abrazar a todo hombre que en su corazón lleva la dignidad de hijo de Dios y el deseo de su plena realización; y sólo así entenderemos que la promoción del hombre debe ser integral.

Esto es lo que nos enseñaba el querido Juan Pablo II:

El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social, este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión, él es el primero y fundamental camino de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo, vía que inmutablemente conduce a través del mistrio de la Encarnación y de la Redención” (Redemptor Hominis 14).

Por ello para una evangelización integral, plena, debemos sedimentar nuestra antropología y orientarla desde ella nuestra misión.-


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